Fin Guerra: Narwä Hilyatâri deja de Atacar
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 28
Armadas perdidas por "Maianor" = 16
Victoria para Maianor.
No se produce el saqueo de la ciudad.

Fin Guerra: Narwä Hilyatâri deja de Atacar
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 28
Armadas perdidas por "Maianor" = 16
Victoria para Maianor.
No se produce el saqueo de la ciudad.
12 Aqua Duir, Afueras de Nyarôsto.
-Está anocheciendo, y volvemos a estar en la misma situación que hace unos días -rezongó Myodul-. En serio, ¿por qué tuvimos que marcharnos de Nyarôsto? Si por mi fuera, podríamos dejar tranquila a esa maldita ciudad del sur.
-Por suerte, tú no decides lo que conviene al clan y lo que no. Probablemente tu primera orden, si te hiciesen Bali, sería empezar a plantar arboles a lo largo de Rómenia Al'Varantar.
-¿Y qué habría de malo en ello? -protestó el joven elfo, que tardó unos segundos en darse cuenta de que Erjândako bromeaba-. Ey, estoy hablando en serio -dijo ofendido-. Ahora estamos en un buen lío, no podremos entrar en la ciudad con facilidad.
-Tranquilízate -dijo Erjândako, alarmado-. Al menos ahora conocemos el aspecto de sus murallas y no caeremos en el mismo truco.
-No, pero seguro que han aprovechado nuestra ausencia para reclutar a más elfos, entrenarse, fortificar la ciudad... -Myodul suspiró-. Ya viste la advertencia, ¿verdad?
Se refería a algo que había sucedido horas antes, al poner el pie en el bosque. Una andanada de flechas cayó a sus pies, dejando bien claro que Nyarôsto no toleraría amablemente otra intrusión. Aunque Erjândako había liderado a un grupo de exploradores para perseguir a los arqueros, sin duda estos iban bien camuflados, con el cuerpo pintado con los colores del bosque. Pocas probabilidades de encontrarlos había.
Así pues, mantuvieron el rumbo fijo y apostaron una cantidad inusitada de exploradores en torno al grueso principal de las tropas. El riesgo de ser aseteados por sorpresa era demasiado alto. Ahora que habían acampado prácticamente la mitad de los soldados hacían guardia mientras la otra mitad descansaba. Sin embargo, ninguna otra flecha se dejó ver durante aquella jornada.
A la mañana siguiente, Myodul despertó y acudió a la hoguera. Con la vaga idea de conseguir algo de desayunar, se detuvo repentinamente al ver a un mensajero de pie, aguardando formalmente a que Erjândako acabase de leer una carta de aspecto oficial. El elfo devolvió la carta cuando la hubo acabado y el mensajero realizó una inclinación antes de marcharse.
-¿Noticias? -preguntó ansioso Myodul, acercándose-. ¿Han abortado la orden de atacar Nyarôsto?
-No, no es nada de eso -suspiró Erjândako-. No era más que una tontería, no le des importancia...
-¿Seguro? -era evidente que no iba a sacarle nada, tal vez tendría más suerte persiguiendo al mensajero, aunque tampoco era buena idea: probablemente se resistiría.-. Bueno, ya va siendo hora de ponernos en marcha, ¿verdad?
-Es cierto -admitió Erjândako, y procedió a gritar unas ordenes a los soldados en guardia. Mientras tanto, Myodul cogió los planos que habían tenido la oportunidad de dibujar en la última ocasión; si atravesaban los muros de Nyarôsto rápido, tendrían alguna posibilidad. Si bordeaban la ciudad para atacar desde la costa, tal vez funcionaría, aunque esa era la estrategia que habían utilizado la última vez, y dudaba que les permitieran llegar hasta allí de nuevo. Finalmente, tras una breve discusión sobre la estrategia a seguir, Erjândako dio una orden y la compañía comenzó a avanzar al fin hacia Nyarôsto.
[Editado por Mafÿ13 el 06-07-2008 11:57]
13 Aqua Duir, Nyarôsto, Sala de la Conjunción.
-¿Está listo el Ritual de la Pintura del Bosque? -preguntó Nalakyel con voz cortante. No eran un pueblo guerrero, pero antes de cada batalla los elfos de Nyarôsto se pintaban el cuerpo con los colores del lugar donde lucharían, con tal realismo que les daba una verdadera superioridad. Y la encargada de dirigir aquel Ritual era Syeluze.
-Lo está -dijo ella. No se atrevió a decir nada más, pues pese a conservar su rango, había caído muy bajo a los ojos de su pueblo... Todo por intimar con un general enemigo tras la última batalla. Si no había sido expulsada era porque, al igual que los tatuajes que los designaban como líderes eran imborrables, ser un Nyarainthar tenía igualmente un carácter permanente. A menos que muriese, claro... Muchos sospechaban para entonces que la Sacerdotisa no viviría mucho más.
Con aire vengativo, Nalakyel incluso había traído a la sala el dibujo del enemigo, hecho por Syeluze. La Señora de la Guerra había reconocido en él al elfo que le había amputado una mano. Myodul...
Aunque era algo que un elfo de Nyarôsto jamás debía hacer, Nalakyel tomó un puñal e hizo trizas el lienzo. Los demás elfos de la sala aplaudieron, mientras Syeluze se alejaba con aire consternado.
Afueras de Nyarôsto.
-Han tapiado la entrada principal -informó Talien, el explorador-. No veo manera de que podamos derribar el muro sin que una lluvia de flechas diezme nuestras tropas en el proceso.
-Había algunas otras entradas, la última vez... -sugirió Myodul, pensativo.
-Ni hablar, si han tapiado la principal, lo mismo habrán hecho con ellas. Sé lo que vas a decir -añadió Erjândako, al ver que Myodul se disponía a replicar-, y es cierto que tienen que haber dejado alguna para entrar y salir ellos mismos. Tardaríamos unas horas en hallarla, ¿crees que viviremos tanto tiempo si nos ponemos a andar de un lado para otro?
-Bueno, ¿y qué sugieres tú? -preguntó Myodul.
-Fácil, escalaremos el muro.
No era tan fácil. Tenían algunas cuerdas con ganchos que podían usar para ascender, pero los arboles del bosque estaban pegados al muro por lo que, si trataban de lanzarlas desde el suelo, quedaban enganchadas en las ramas. Tendrían que subir a los árboles.
En un par de minutos, Myodul se vio trepando a un árbol, con una cuerda a la espalda. Se produjo una breve lucha cuando el joven elfo descubrió que un par de arqueros de Nyarôsto estaban apostados sobre sus ramas. Desenvainando con rapidez la falcata, dio cuenta de ellos antes de que pudiesen tensar sus arcos. Trepó a las ramas más altas y lanzó la cuerda sobre el muro, cuya parte superior resultaba indistinguible del cielo debido a la pintura. Sin embargo, la cuerda quedó fijada con éxito. Desde los arboles situados a ambos lados, el elfo comprobó satisfecho que otros aliados repetían su hazaña. Unos segundos después, el muro era escalado por montones de soldados. A veces una cuerda era cortada, y los elfos que estaban debajo morían sepultados por el peso de los escaladores más avanzados. Todo esto sin olvidar la lluvia de flechas que provenía de los arboles que aún no habían escalado. La situación era crítica, tal como estaban ahora aún podían ganar... Siempre y cuando no sufriesen demasiadas pérdidas.
Sobre el Muro de Nyarôsto.
Myodûl alcanzó la parte superior del muro y aferró la falcata, dispuesto a defenderse de lo que fuese. En aquel momento su único objetivo era defender la cuerda por la que sus compañeros aún tenían que ascender. Al ser el primero en ascender, corría un gran peligro, pues estaba totalmente rodeado y debía confiar íntegramente en su destreza para enfrentarse a varios oponentes. Acabó con un arquero que no llevaba armamento apropiado para un combate a corta distancia y con uno que portaba un cuchillo pero no sabía manejarlo. Acto seguido, sin embargo, se acercó un individuo con espada que le obligó a esforzarse al máximo... Habría corrido un grave peligro si los demás elfos no hubiesen comenzado a aparecer a su espalda en aquel momento. Entre él y otros tres soldados, derrotaron al oponente y avanzaron. Con suerte, podrían tomar el muro y...
Fue entonces cuando el suelo se derrumbó. Aquellos que estaban sobre él, sintieron aterrados como las piedras se despegaban bajo sus pies y caían al vacío... Para quedar empalados en un foso lleno de estacas erizadas. Myodul se salvó de correr aquella suerte, solo porque logró clavar su falcata en una pared y quedar colgando de una mano. Se oyó una risa sobre él. Sentada en los restos del muro, se hallaba Nalakyel.
-¿Te gusta, extranjero? -se burló-. Fue idea mía; considéralo una venganza por la muerte de muerte de Malkûrind. Sin embargo, me alegro de que hayas sobrevivido. Por haberme cortado una mano, te mataré con la otra.
Nalakyel cogió un puñal y lo arrojó con tino a Myodul. No podía hacer nada por esquivarlo, y se dirigía directamente a su cuello... En ese instante, Erjândako apareció en el aire y dio una fuerte patada a un puñal. Éste salió volando, pero hizo una herida enorme y sangrante al elfo en el pie. Luego, Erjândako quedó colgado a solo unos centímetros de las estacas. Había atado una cuerda a las ramas de un árbol cercano y había saltado al interior del muro hueco. ¿Había hecho todo aquello para proteger a Myodul?
En aquel instante, sin embargo, el elfo sintió la sed de sangre. Quería matar a Nalakyel, y pronto. Arrancando la falcata del muro, saltó sobre la elfa... Que esquivó su tentativa de ataque sin ningún esfuerzo. Myodul cayó a las calles de la ciudad, recibiendo un fuerte impacto contra el suelo. Notó una herida sangrante en la cabeza y oyó la voz de Nalakyel solicitando que alguien le disparase. Su imprudencia le había conducido al interior de la ciudad enemiga. Aterrado, Myodul corrió por las calles en busca de un escondite. Forzó la cerradura de una pequeña casa y se introdujo en ella.
Su situación no era muy buena. Tarde o temprano, registrarían la ciudad y le encontrarían. Y no podía esperar ayuda del ejército: habían perdido demasiadas tropas; en aquel momento Erjândako debería estar organizando la retirada.
Repentinamente, una figura se movió y Myodul descubrió que no estaba solo. Había una delicada silueta sentada en una silla, en el centro de una habitación a oscuras.
-¡Syeluze! -exclamó Myodul. Se detuvo... No tenía ninguna intención de matar a la elfa, pero tal vez era lo adecuado en aquella situación. Estaban en una batalla, en última instancia, y ella era una dirigente enemiga. Sin embargo, sus siguientes palabras resolvieron el problema:
-Puedo llevarte fuera de la ciudad, Myodul, y ayudarte a llegar hasta tu compañía.
-Estás traicionando a los tuyos -señaló Myodul.
-Cierto, pero no me queda mucho tiempo de vida si me quedo aquí, sin duda seré asesinada -se lamentó Syeluze-. Yo puedo guiarte fuera de la ciudad, y tu puedes protegerme en ese trayecto. Luego iré a Hyôsto, donde tengo familia. Allí estaré a salvo...
Y así lo hicieron. Antes de que hubiesen transcurrido un par de horas, Syeluze y Myodul se despidieron en el bosque. Después el alcanzó a su ejército.
Habría jurado que Erjândako se alegró de verle con vida. Sus ojos centellearon, pero enseguida su boca se torció y dijo despectivamente.
-Saltar de esa forma sobre tu enemigo, dándole la oportunidad de esquivar tu ataque... Podría haberlo esperado de un niño sin instrucción, pero no de ti -masculló.
-Me salvaste la vida -dijo Myodul, mirando el pie vendado del elfo-. Gracias.
Por un momento, pareció que la corteza de soledad que envolvía a Erjândako iba a quebrarse, pero al fin se encogió de hombros y dijo enigmáticamente:
-Puede que esta haya sido nuestra última batalla juntos. No quería que acabase con la muerte de uno de los dos.
Resumen de la batalla.
Narwa ha perdido 28 armadas x35= 980 puntos.
Recuperables: 441 puntos.
Valoraciones: 7.2 + 9.1 + 7.8 + 7.9 + 7 = 7.8
Recupera: 344 puntos. Han solicitado daños por valor de un 30% lo que suponen 105 puntos.
Total recuperación: 441 puntos
Pierde: 539 puntos.
Por la participación en la batalla, Narwa obtiene 450 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Por la participación en la batalla se reparten 160 Nóti.
Por las historias se entregan 84 Nóti.
Saludos!
[Editado por Indil el 10-07-2008 19:52]
Historia finalizada.
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