La Guerra de los Clanes

Batalla 55. Intento De Saqueo De Dahald Por La C2 Nensir.

Terminada
Escrito el 08-07-2008 17:10 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 15

Armadas perdidas por "Maianor" = 35

Victoria para Nensir.

Se produce el saqueo.

Escrito el 12-07-2008 23:35 #2

Los aldalantar estaban a medio día de Dahald con el fin de tomarla. Al frente iban Tathâral y Vorondhisiê, ya con experiencia militar, discutiendo sobre la técnica que debían seguir. Aún no se ponía de acuerdo, uno decía que debían centrarse en atacar frontalmente la ciudad, asediándola, pero el otro defendía una variante, conseguir que el ejército saliera de la ciudad y asaltarla por detrás. Ya era mediodía cuando decidieron descansar en un claro y preparar bien el ataque, los aldalantar afilaban sus espadas y preparaban flechas, escalas, y todo aquello que pudiera hacer falta. Mientras tanto, en una tienda estaban hablando los dos elfos sobre los que deberían hacer, sin probar apenas la comida y concentrados en un mapa de la región, que, sin embargo, no contenía un plano de la ciudad, lo que retrasaba sus planes.

En ese mismo momento, un humano salía de la ciudad tras someterse a un estricto control por parte de los guardias de la ciudad. Su nombre era Balaran, un artesano habilidoso con algunas dotes de combate, pero también el líder del movimiento contrario a los Uonu-Nyrr, los elfos oscuros que se habían apoderado con una facilidad vergonzosa del gobierno de Dahald. Hacía tiempo que sospechaba que lo estaban espiando, por lo que consideró prudente alejarse unos días de la ciudad. Mientras se internaba en el bosque no dejaba de dar vueltas a la cabeza a la forma de librarse de las extorsiones y la esclavitud de los elfos oscuros, pero tras muchos años de pensarlo la Resistencia nunca había encontrado un plan perfecto. Sin embargo la suerte o lo que fuera estaba de su parte esa vez, pues un ruido lo distrajo de sus pensamientos. Con cuidado se acercó al foco del ruido, un claro en donde se habían asentado soldados y por la insignia diría que eran aldalantar; siguió acercándose sin que lo detectaran hasta que captó una palabra:

- Dahald…

Balaran prestó atención y, con lo que oyó, empezó a tener una idea.

- … dicen que vamos a tomarla por asalto directo.

- Pero eso es una locura, nos verán venir y antes de que hagamos algo estaremos llenos de flechas.

- Aún no hay nada seguro aunque…

Con eso era suficiente. Se alejó de nuevo y empezó a pensar. Debía presentarse con normalidad y ganarse su confianza. Si todo salía bien, podría estar contribuyendo activamente a la realización de los sueños de la Resistencia. Reuniendo todo el valor que podía alzó los brazos y entró en el claro.

Tath y Voron estaban discutiendo sobre los planes cuando un soldado entró y, tras disculparse, dijo:

- Ha venido un habitante de la ciudad de Dahald con los brazos alzados y pidiendo hablar con vosotros. Lo hemos registrado y no tiene ningún arma. ¿Qué hacemos con él?

- Hazlo pasar- dijo Tath y el soldado se retiró.

- ¿Crees que es buena idea? – preguntó Voron.

- Por probar no perdemos nada y si da información valiosa la conquista será más sencilla- mientras dijo mientras entraba el humano-. Que Nensir te bendiga desconocido. ¿Cuál es tu nombre?

- Balaran, mis señores.

- ¿Y qué quieres, Balaran? – preguntó Voron.

- Soy líder de la Resistencia contra los Uonu-Nyrr y he venido a prestaros mis servicios para ayudaros a tomar la ciudad y echar a esos elfos – los dos elfos se miraron.

Antes de darles tiempo a replicar se acercó al mapa y empezó a hablar de la ciudad y de su urbanismo, fuerzas y defensas materiales. Los dos aldalantar estaban pendientes de sus palabras, ideando nuevos planes.

- Por último, hay un pozo seco en los alrededores de la ciudad que comunica con mi casa el cual puede ser útil para introducir gente de forma discreta y evacuar rápidamente; lo malo es que es un poco estrecho.

- Lo tengo – exclamó Tath. Balaran y Voron se le quedaron mirando-; escuchad – y empezó a explicar la idea que se le había ocurrido.

- Es muy buena idea, discreto, rápido y no perderemos tantos hombres - dijo entusiasmado Voron-, es más, yo me voy a encargar de la primera parte.

- Me parece muy bien, yo me encargaré de dirigir el asalto y espero que Balaran – dirigiéndose expresamente a este- me acompañe.

- Por supuesto, estaré en primera línea de fuego.

Los tres siguieron ultimando los planes mientras Balaran esbozaba una sonrisa, aquel sin duda era el día de suerte, la compensación a todos los problemas y dolores pasados. Esa noche los Uonu-Nyrr caerían para siempre.

Escrito el 12-07-2008 23:36 #3

Vorondhisiê avanzaba en total y absoluto silencio junto a cinco soldados especialmente elegidos por él. Habían estado esperando toda la noche para poder realizar el arriesgado plan y el elfo pedía a Nensir que funcionara porque como los pillaran estarían muertos. Si no les habían engañado había un pozo seco a unos 100 metros de la muralla oriental de la ciudad, y ésta contaría con unos peldaños para descender, llegando a un pasadizo que conducía a unas escaleras que terminaban en el interior de una casa. Vorondhisiê se dirigió a los soldados y les ordenó en un murmullo:

- Buscad el pozo seco, tiene que estar por aquí.

Los seis empezaron a remover lo más silenciosamente la maleza hasta que dos palabras rompieron el silencio:

- Lo encontré.

Tathâral estaba en lo cierto, habían conseguido pasar totalmente desapercibidos a los ojos de los Uonu-Nyrr. A su lado estaba Balaran, el humano que les estaba ayudando, llevando una espada y armadura. No terminaba de fiarse de él pero se había mostrado servicial y les había dado información muy útil para atacar Dahald sin muchos riesgos, siempre y cuando Vorondhisiê y sus soldados fueran muy discretos. El tiempo pasaba lentamente pero ni Tath ni ningún soldado hacía el menor sonido para evitar dar al traste toda la operación, aguardando a que la puerta se abriera y pudieran entrar.

Por ahora todo estaba saliendo a pedir de boca. Habían encontrado el pozo, habían bajado y habían salido a la casa de Balaran, ahora es cuando más discretos tenían que ser. La puerta se encontraba en la zona sureste y ellos estaban en el este por lo que no tendrían que andar mucho pero los soldados estarían protegiendo la puerta. Voron se asomó por la ventana, estaba totalmente en silencio y sólo había unas antorchas iluminando la calle. Al parecer los Uonu-Nyrr mantenían con mano de hierro a la población. Volvió dentro y expuso el plan a los soldados:

- Hasta ahora hemos tenido suerte y Balaran ha sido de fiar. Ahora toca la parte complicada del plan. Si no hay ningún cambio imprevisto encontraremos dos soldados delante de la puerta haciendo guardia y uno en la muralla, encima de la puerta…

- ¿Por qué tan pocos?

- Al parecer esos elfos oscuros creen que si ellos no han detectado movimientos extraños no necesitan más vigilancia. Vosotros dos – y señaló a dos de ellos- os encargareis de los dos soldados de la puerta. Procurad hacer el menor ruido posible.

- Tranquilo, los soldados no harán ningún ruido – dijo uno de ellos con voz siniestra mientras comprobaba el filo de su puñal.

- Y tú – dirigiéndose al arquero que había traído- dispararás contra el que está arriba. Sólo tienes una oportunidad, porque en caso de fallar dará la señal de alarma y entonces si habrá problemas. ¿Alguna pregunta? - y esperó unos instantes.- Adelante y que Nensir nos ampare.

Ya había pasado la medianoche cuando salieron en silencio de la casa, nadie los había visto. Con cuidado se habían acercado a la puerta. Los dos que había señalado Voron se colocaron más cerca en un sitio oscuro para no ser detectados mientras el arquero preparaba su arco. El que había hablado de forma siniestra antes miró a su compañero y efectuó un gesto apenas perceptible, ambos tomaron sus puñales y con una sincronización perfecta los lanzaron contra los guardias; los puñales fueron veloces y mortíferos llegando a su destino, las gargantas de los soldados. Éstos no vieron nada y, antes de poder hacer siquiera un gesto o un sonido, los puñales les había atravesado la laringe, impidiéndoles hablar y respirar y sólo dejando salir sangre a borbotones; los dos cayeron muertos al suelo. Cuando los dos guardias habían sido heridos, otro elemento volátil surcó el aire. Era una flecha silenciosa que buscaba a otro soldado desprevenido y, al igual que sus compañeras de metal, dio en el blanco pero en vez de ser la garganta fue la frente. El soldado cayó muerto en el acto pero imprevisiblemente la fuerza de la saeta le había empujado hacia atrás y cayó fuera de las murallas y el estrépito rompió el silencio nocturno.

Tath estaba pendiente en todo momento de la puerta de la ciudad, apenas pestañeaba para no perder ningún detalle mientras observaba detenidamente al soldado que estaba encima de ella, vigilando los alrededores. Sin previo aviso vio como el soldado trastabillaba y caía delante de la puerta, parecía tener una flecha en la frente. Era la señal. Sin duda, Voron y los demás habían conseguido entrar en la ciudad y ya sólo faltaban unos minutos para que las puertas se abrieran y pudieran entrar.

Voron y los cinco se acercaron rápidamente a la puerta. Les había salido casi perfecto el plan y sólo hacía falta que el ruido hubiera pasado desapercibido. Rápidamente se acercaron a la puerta y quitaron los travesaños de madera que cerraban la puerta por detrás; ya quedaba menos. Los seis, todos a una, empezaron a empujar la pesada puerta y, ya habían abierto un resquicio por donde podían pasar dos hombres, cuando empezaron a oír sonidos, sonidos metálicos. Siguieron abriendo lentamente la puerta cuando:

- ¿Qué es eso?

Enfilando la calle que conducía a la entrada de la ciudad venía un nutrido grupo de soldados, perfectamente preparados. Los habían pillado, pensó Voron, pero era imposible reunir a tal cantidad de soldados a no ser que… a no ser que los Uonu-Nyrr lo hubieran planeado de antemano. Pero nada podían hacer salvo seguir empujando. Los soldados ya estaban cerca y los aldalantar los estaban viendo pues empujaban con la espalda a la puerta. Una negra figura salió de entre los militares se acercó con rapidez diciendo tenebrosamente:

- Ya sois míos malditos intrusos.

Alzó su espada con una velocidad que parecía sobrenatural dispuesto a descargarlo sobre Vorondhisiê, sin que pudiera sacar su espada. Ya caía sobre él cuando un brillo metálico se interpuso entre él y su destino, Tathâral y los aldalantar habían llegado.

Con la furia de las aguas de Nensir cayendo por las cataratas, así entró el ejército, estando a su cabeza Balaran que gritaba con furia “Por la libertad de Dahald, muerte a los Uonu-Nyrr.” Los soldados de la ciudad estaban bien situados y resistieron bien la primera embestida, produciendo bastantes bajas; la segunda embestida les hizo flanquear y, en la tercera, Voron, espada en mano, y sus compañeros estaban a la cabeza, dirigiendo el ataque. La batalla se extendió por toda la ciudad mientras los soldados se replegaban lentamente intentando mantener la compostura pero los aldalantar no dejaban de hacer bajas. Pasaba el tiempo lentamente y, aunque caían también atacantes, las caídas por parte de los defensores doblaban a las del ejército invasor. La situación era insostenible. Voron estaba en el fragor de la batalla, lanzando estocadas y apuñalando con total seguridad. No le preocupaban las heridas en absoluto y sólo la herida que le abrieron en el antebrazo izquierdo le hizo retroceder un tanto para volver a luchar con mayor furia, había estado trabajando demasiado como para permitir que todo lo que había hecho no sirviera de nada. Aún no había saciado su sed de venganza contra aquellos elfos oscuros.

Tathâral, por su parte, se había quedado atrás, encontrándose frente a frente con el Señor de Dahald, Mormorsil. Sin dar tiempo, Mormoril empezó a descargar golpes contra Tath, lanzando estocadas y haciendo amagos, todo con una frialdad pasmosa y una gran habilidad. Sin embargo el alda era un digno rival con mucha experiencia. Los ataques se sucedían constantemente y sin pausa, sin ceder nada envueltos en lo que parecía un baile, pero un baile mortal. Ya había pasado algo de tiempo cuando Mormorsil consiguió engañar a Tath y, antes de que éste reaccionara, el elfo oscuro estaba detrás de él, y con la espada le hizo una gran herida en la espalda, una raja que iba de la parte superior hasta la cadera. El alda dio un grito pero se volvió y detuvo otro golpe que habría sido mortal de haberle alcanzado. Tath volvió a la carga y renovó la fuerza de sus ataques; la venganza le llegó al poco. Un novato no habría podido detectarlo pero el elfo oscuro había tardado unos milisegundos en descargar su golpe y Tath se aprovechó de la situación. Sin que Mormorsil pudiera hacer nada, Kalgorô, la espada del alda, había entrado en su vientre. El Señor de Dahald soltó la espada y miró la herida mortal de su vientre, y cayó muerto cuando un imprevisto puñal se clavó en su corazón.

Llegó el amanecer a la ciudad de Dahald y, con la aurora, vinieron los ecos de la victoria. Los aldalantar habían vencido con rotundidad, la ciudad era suya.

Escrito el 12-07-2008 23:38 #4

Los aldalantar entraron triunfalmente en la ciudad. Una ciudad dañada no sólo por aquella batalla sino por la larga esclavitud a la cual habían estado sometidos aquellos habitantes. Los señores oscuros de Tuyrozd habían controlado Dahald desde hacía mucho tiempo, algunos hasta incluso sólo la recordaban controlada políticamente por ellos.

Mientras Tathâral paseaba por las calles sentía un profundo sentimiento llenar su cuerpo, una mezcla entre satisfacción, orgullo pero también pena por aquellos habitantes. Aunque los uonu-nyrr no habían sido aún derrotados aquello le parecía el fin de un camino que había comenzado tantos meses atrás. Era más, casi un año había pasado desde el inicio de todo cuando los dragones yondeneni habían empezado a verse alterados. Cuando la trama de la caza ilegal de sus pieles había sido descubierta, una trama que se extendía por parte del gran bosque. Con Tuyrozd, Breald, Dahald y Tulkatumbo, las ciudades que, directa o indirectamente habían participado en la trama del comercio ilegal de pieles de dragón, bajo su control se terminaba una larga empresa de venganza. Pero Tath sabía que aquello no era el fin, muchos de aquellos elfos oscuros permanecían escondidos, quizás en las otras ruinas de su reino o quizás en lo más profundo del bosque sombrío.

Conforme cabalgaban por las calles de Dahald, los lamentos de las viudas, padres e hijos de los combatientes caídos se entrelazaban con los gritos de alegría de los que odiaban a los Uonu-Nyrr y deseaban que se fueran.

(…)

Tath y Voron volvieron a las afueras de la ciudad mientras que los aldalantar que estaban en buenas condiciones se encargaban de recoger los cadáveres de sus compañeros y de los combatientes dentro de la ciudad. Los dos jefes estaban en una tienda, hablando animadamente sobre el desarrollo del combate, mientras unos sanadores se encargaban de sus heridas. Al poco entró una persona, Balaran, que llevaba un brazo en cabestrillo y cojeaba, estaba radiante:

- Que Nensir te bendiga Balaran – dijo Tath, asintiendo también Voron.

- Os doy las gracias en el nombre de Dahald por habernos librado de la esclavitud de los elfos oscuros.

- ¿Se sabe algo de los otros elfos oscuros? – preguntó Voron.

- No se sabe nada. Han desaparecido, hemos registrado el palacio y no queda nada de ellos, ni siquiera sus pertenencias. Como si nunca hubieran estado aquí.

- Qué extraño – dijo Tath un tanto preocupado. -No bajaremos la guardia. Os hemos liberado pero tendremos que mantener un protectorado militar en Dahald a fin de protegeos. Tú controlarás la ciudad pero elfos de mi entera confianza se quedarán en la ciudad asistiéndote.

- Por ahora no hay de qué preocuparse, vuestra gesta de matar a Mormorsil es muy celebrada y disuadirá a los elfos oscuros de que vuelvan. Ahora tengo que retirarme para dirigir a los ciudadanos y, en cuanto enterremos a los caídos, celebraremos una fiesta en honor de los héroes que nos liberaron.

Y haciendo una inclinación de respeto hizo ademán de retirase. Partió montado en un caballo rumbo a la ciudad, sin percatarse en unos ojos oscuros como la noche que lo observaban desde la espesura del bosque.

Escrito el 16-07-2008 00:38 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.

Recuperables: 420 puntos.

Valoraciones: 8 + 7.8 + 9.2 + 8.4 + 8 = 8.28

Recupera: 348 puntos. Han solicitado daños por valor de un 30% lo que suponen 105 puntos.

Total recuperación: 420 puntos

Pierde: 105 puntos.

Por la participación en la batalla, Nensir obtiene 600 monedas.

Por el saqueo de Dahald obtiene 300 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Por la participación en la batalla se reparten 350 Nóti.

Por las historias se entregan 96 Nóti.

Saludos!

Historia finalizada.