Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 19
Armadas perdidas por "Maianor" = 31
Victoria para Al Varant.
Se produce el saqueo.

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 19
Armadas perdidas por "Maianor" = 31
Victoria para Al Varant.
Se produce el saqueo.
Algo había cambiado, aquel color invadiéndoles seguía siendo el mismo. El calor era muy parecido a cuando abandonaron esa ciudad, con sus aromas, colores, con las costumbres que ella les había impregnado. Para un elfo sería insufrible allí, con aquel amarillo y aquel brusco cambio de temperatura de la mañana a la noche, para ellos era su “casa”. Porque las paredes y las costumbres de Lambar, sin darse cuenta les habían oprimido el corazón, se convirtieron en parte de su cuerpo y sus quehaceres diarios, de sus pasos lentos y pausados, incluso de su forma de respirar, pues en el desierto todo cambia de manera más rápida, más brusca.
Para ella, una nurenae cualquiera, era igual que para un general, se sentía fuera de sí, no entendía como los lambarianos habían conseguido expulsarlos en una sola noche y, sin embargo ¡les comprendía tan bien! el senado no tenía ningún derecho a, a…acalló sus pensamientos de golpe y se sacudió la ropa, ya no podían hacer nada, ella en especial no podía hacer nada, sólo le quedaba esperar.
La odiaba, odiaba aquella incestuosa espera, no podía hacer más que caminar de un lado a otro, muchos de sus compañeros la miraban sin comprender, no hacía más que ir y venir, sin hacer nada. La única verdad, es que sentía un poco de frustración, si tan sólo…
Aquel sólo se quedo en el aire, petrificado, abandonado por un simple ¡Ah! de sorpresa, a lo lejos alcanzó a distinguir figuras blancas cruzando las dunas, dunas que comenzaban a dejarle terreno a la tierra llana, que se expandía hasta llegar al campamento improvisado de la compañía. Entornó los ojos ¿quiénes eran? se talló, nómadas, eran nómadas del desierto y eran muchos, se dio la vuelta y comenzó a correr.
-¡Han venido!-gritaba-¡Los nómadas han venido!
Otra fémina salió de la tienda principal, era la elfa L'nh-rêl, una de las generales de la compañía, ésta suspiró y una sonrisa se dibujó en su rostro. El grupo de nómadas terminó por llegar a los lindes del campamento, la nurenae corrió y se abrió camino entre otros soldados que miraban con curiosidad la escena, pero no fue la única, no muy lejos de ella, dos muchachos, una joven pelirroja y otro de cabellos oscuros llegaron a la primera fila. Hubo un momento en el que no entendió nada, del grupo de los nómadas salió un hombre de cabellos rubios ¡sí lo conocía! ¡era el senador Athran! Un noble guardián de los muertos. Él hizo ademán de acercarse a la elfa, pero se quedó a medio camino.
-¿Thara?, pero ¿qué haces aquí?-le preguntó.
Sin embargo, no recibió respuesta, la muchacha le miró orgullosa. La elfa intervino y se llevó al senador a su tienda, junto a los demás generales. La nurenae alzó los hombros, al fin y al cabo eso a ella no le importaba; luego se dirigió hacia los nómadas, había que instalarlos en alguna parte.
La mañana aún no lo saludaba, cuando una trompeta rompió el silencio nocturno, se levantó de golpe y se enlistó rápido, había llegado la hora, regresarían a Lambar y recuperarían por fin, lo que otrora fue perdido.
Los batallones una vez listos, comenzaron a avanzar, las estrellas comenzaban a declinar poco a poco y el frió remitió lo suficiente para avanzar sin problemas, una última oración a la triple madre salió de su boca, luego calló, pues para ella el silencio era la mejor herramienta para luchar.
Silencio que duró muy poco, apenas avanzaban a las murallas, cuando la puerta se abrió y un tropel de lambarianos salió a defender lo suyo, aunque ella considerase que también les pertenecían a ellos… a todos.
[Editado por tari el 18-07-2008 06:42]
Y ahí estaba, la ciudad que nos llamaba una y otra vez, agazapada ante la furia del sol, y altiva sobre los brazos fuertes de sus hijos montados a caballo, aquéllos que sus entrañas vieron nacer. La presencia de Athran había impuesto brios renovados, decían, “es un gran guerrero bendecido por Adhrant, a batalla que fuera la victoria es nuestra”, al menos ese era el dicho que todos los varantes repetían alborozados y sonrientes.
Intenté concentrarme en lo que se venía enfrente de mí, pero el temor desviaba mis pensamientos a esa frase, debía creer, debía sentir mi corazón convencido de que volveríamos a recuperar Lambar y yo seguiría ahí, al lado de mi pueblo, mis amigos de guerra, mis hermosos y altivos capitanes. Por Al’Varant. El ruido estrepitoso de la lluvia de flechas me llevó de golpe a la realidad. Las murallas estaban nuevamente atestadas de lambarianos, sólo que descargaban continuamente, sin darse tiempo de centrarse en algún blanco certero, parecía que sólo desesperaban por acabar cuanto antes con todo lo que se movía a las afueras.
Athran nos dirigía e indicó que nos protegiéramos anteponiendo los escudos, a pesar de eso, las flechas eran demasiadas; a la izquierda y derecha, adelante y atrás, se escucharon gritos de dolor, varios jinetes estaban heridos de muslos o brazos, otros habían caído ya fuera por su propia muerte o por la de sus caballos que tropezaban de boca y entonces otros más caían por impacto ante el refreno. Aun así, todos seguimos. La avanzada lambariana ya casi estaba próxima, creían que podrían detenernos, evitar que entrásemos a la ciudad. Pero se equivocaron. Subestimar nuestras fuerzas, fue el peor de sus errores.
¡Tontos! Confiaron en nuestros temores pasados, ellos ignoraban quién comandaba ahora. Por fin la espera concluyó, nuestras armas chocaron con las suyas ¡malditos miserables! Muchos de ellos traían puestas cotas de malla de nuestros muertos y usaban sus espadas, pocos eran ya los que traían armaduras viejas y oxidadas, pues sus originales hace tiempo que se las habíamos quitado.
Las flechas habían cesado un tanto, la multitud estaba revuelta y hasta para ellos era confuso saber quiénes pertenecían a su bando, sólo la lucha cuerpo a cuerpo nos permitía develar su verdadero rostro. Me acerqué poco a poco a donde estaba el capitán, para mí era un honor volver a verlo y pelear a su lado. Athran había sido siempre mi inspiración, su soltura y valentía eran dignos de preciarse. No obstante, sangraba un poco de su muslo izquierdo, al parecer él había sido impactado por una de las flechas iniciales, tal vez era sólo una rosadura, pero aguantaba y mataba sin cesar.
Los lambarianos comenzaron a ceder, lentamente se replegaban a la ciudad, nuestros refuerzos habían sido bastantes, y eso se notaba en la considerable baja que estaban teniendo. Al otro extremo, más cerca de la puerta, distinguí a la elfa L'nh-rêl, combatía con los jóvenes que Athran había saludado, la pelirroja estaba un tanto a la retaguardia, se le veía tímida al asestar, parecía que aborreciera matar, no entiendo ¿qué hacía entonces ahí? ¡¡cómo podían elegir un soldado tan rebelde, para eso nos habían preparado, para luchar y finiquitar!! Sin embargo, el chico valía por dos o más, había creído que era un chaval, pero ahora me callaba la boca de una manera tan salvaje.
Le había rebanado la garganta a un par de lambarianos, esa era mi especialidad, qué mejor manera de morir, pronunciando en gorgoteos la última queja, para qué escuchar más. Alcancé a desviar un enemigo y Athran le partió la espalda, no sin dejar de sonreirme. Me hubiera distraído una vez más con aquella sonrisa en mi cabeza, pero el caballo de la elfa de pronto se desbocó, daba saltos como si la arena quemara sus pies ¡pero qué estoy diciendo! ya no es arena, brinca entre los cuerpos caídos y sus armaduras, seguro que cualquier herrumbre se le clavó al pobre animal. La elfa no logra contenerlo, aplasta en su locura a unos cuantos lambarianos más que se aferraban a las puertas, se levanta estrepitosamente con un último relincho y cae llevándose a L'nh-rêl consigo.
Athran y el joven guerrero intentan llegar hasta ella para ayudarla, brazos y cuerpos mutilados caen a sus pasos, la pelirroja se ve alterada, parece que ha reaccionado, tal vez el joven sea su hermano, o su amante; pero éste ha llegado primero a ayudar a la elfa. Las puertas se abren de par en par, más guerreros intentan repelernos, pero la situación ya es irreversible. Todos los varantes estamos henchidos de júbilo. Athran había conseguido una vez más, la gloria para Al'Varant.
La noche estaba llevándose al viejo sol, enrojecido por tanta sangre que bebió ese día, por fortuna, más sangre del enemigo que nuestra. Aunque "Ay de mí" cuando destapé los rostros de los muertos y eran tantos tan queridos, no volvería a beber con ellos ni a escuchar las composiciones de sus risas afables. Mas he de seguir narrando lo que mis ojos vieron al final del día.
Un cuerpo completo de varantes había entrado a la ciudad, arengados por Athran, por lo que aprovechamos para reunirnos con el joven y L'nh-rêl, ella se veía pálida, tal vez del susto, aunque al levantarse el vestido, cosa curiosa que siempre llevara vestido, incluso en batalla debajo de la cota, la pierna se le veía destrozada, una herida fea, aunque Athran asegurara que no era grave después de revisarla, había mencionado que sólo se había quemado por el arrastre de la caída, sangraba, pero sanaría después de un buen reposo.
Había escuchado el nombre del joven, Tharion le dijo la elfa para agradecerle, y enseguida nos abandonó para seguir con su festín encarnizado. La mujer pelirroja hacía esfuerzos para seguirlo, no había alcanzado a llegar hasta nosotros cuando tuvo que entrar a la ciudad para ir tras él. Noté que Athran también se fijó en ella, pero su mirada parecía un poco ¿triste? Algo le había recordado aquella mujer, y sin duda, no era algo bueno, definitivamente no pensaba simpatizar con ella. Aunque por supuesto tampoco le deseaba mal, justo pensaba esto cuando Tharion cayó rodeado de seis lambarianos rabiosos. La mujer se alarmó tanto que muy tarde vio venir la espada del hombre con el que combatía y cuyo destino era llevarse su cabeza, quiso Adhrant perdonarle la vida ya que nosotros sólo vimos salir la espada seguida de un chorro de sangre. Athran ya corría enfurecido, creo que lo escuché gritar, y con la agilidad como se toma una daga, lanzó su espada hacia el atacante y lo cruzó por el pecho.
Muchos corrimos a proteger al capitán, mientras él se inclinaba para sostener a la muchacha, ella llorando sólo tenía una herida por debajo de la mejilla, muy cerca al cuello, había alcanzado a desviar la cabeza hacia atrás. Ambos se abrazaron unos instantes en los que recordó a Tharion y acudió a él de rodillas. Los gritos de "victoria" se elevaban por distintos colores de voces. Lambar volvía a ser nuestra. Como siempre debió haber sido.
Miré el cielo y las estrellas titilaban con una luz cegadora, o creo más bien que eran mis lágrimas. Bajé los ojos y derredor se oían también los llantos de los civiles, no sabía si lloraban de felicidad como yo por ser liberados de los rebeldes, o si lloraban la agonía de sus pérdidas, una dolor más lacerante que la propia muerte. Entonces volví a toparme con la imagen de los jóvenes, ella continuaba en su lamento, y Athran le tocaba el pulso al caído.
- Está vivo... aún está vivo.
Los ojos grandes de ella se volvieron expresivos y sin soltar a Tharion, volvió a darle un abrazo de gratitud a nuestro capitán. Enseguida todos nos movilizamos para montar las casas de curación. Esa noche sería eterna, pues mientras unos festejaban con alegría, otros lamentaban sus heridas en camas, y otros más, partían de noche al llamado de la Invocadora, dejando en sus labios, un silencio que jamás romperían.
Resumen de la batalla.
Al Varant ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 532 puntos.
Valoraciones: 7,75+6,2+7,6+7,8= 7,3375
Recupera: 390 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes de la compañía recupera 140 puntos. Total recuperación: 530 puntos.
Pierde: 135 puntos.
Por la participación en la batalla Al Varant obtiene 600 monedas.
Por el saqueo de la ciudad se entregan 300 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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