La Guerra de los Clanes

Batalla 57. Ataque De La C1 Narwa A La Ciudad De Truskan Ocupada Por Norë.

Terminada
Escrito el 17-07-2008 14:32 #1

Fin Guerra: Nórë rá Rilmalotsë se retira del Combate

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 16

Armadas perdidas por "Nórë rá Rilmalotsë" = 14

Victoria para el clan Narwa. Se produce saqueo, pero como las pérdidas de Norë no superan en un 25% a las de Narwa, no se producirá ocupación.

Escrito el 19-07-2008 20:50 #2

Hacía apenas una hora que se había ocultado el sol y las tropas estaban dispuestas para marchar, dejando a la mayor parte en reserva pues no había intención de tomar la ciudad. Tan solo se trataba de una primera incursión para tantear al oponente, y de paso para probar a sus propias tropas.

Tanto el Artakano como los Arken de la compañía habían decidido atacar de noche contando únicamente con las tropas noveles. Los más veteranos quedarían en reserva y sólo actuarían en caso de extrema necesidad, ya que los informes que los exploradores y espías habían enviado hablaban de la presencia de una pequeña guarnición, bastante inferior a la suya en número de unidades.

Truskan se hallaba construída sobre un montículo que dominaba parte de aquellas amplias llanuras onduladas que copaban toda la región, lo que hacía bastante evidente la presencia del numeroso ejército nurulantë. La región ofrecía pocos o ningún lugar donde pasar inadvertido pero habían mantenido, a lo largo del día, un avance del ejército que no se dirigía a la ciudad. Ahora que estaba oscureciendo habían hecho uso de la movilidad de la infantería y la caballería ligera para acercarse a gran velocidad.

Contaban a su favor con una noche sin luna y un cielo repleto de estrellas, y aunque los informes indicaban que se había preparado una defensa fuerte intramuros, el ataque se dirigiría sobre todo a los arrabales, que serían arrasados hasta los cimientos.

Serkendil montaba su caballo y miraba inexpresivo el horizonte que se escondía tras la ciudad.

- Mi señor, han apostado un ejército fuera de la ciudad para defender los barrios periféricos.

Aquello no supuso una gran sorpresa, era de esperar que imaginaran la jugada. Lo que no sabían en la ciudad era lo que pretendían realmente los nurulantar, puesto que aquello era para ellos una mera maniobra de entrenamiento para las tropas más jóvenes, no un ataque serio. Y para aquellos más experimentados, los mandos de los Nurulântar, apenas se trataba de un divertimento, y de una maniobra para conocer cómo luchaban aquellos extranjeros.

Lentamente se colocó el yelmo de bronce bruñido, pues aunque el resto de la armadura estaba compuesta por partes blandas de lino y pequeñas placas sobrepuestas de acero, a Serkendil le gustaba el bronce para su yelmo. Éste tenía una forma poco común en las tropas nurulantar pues había procurado que se asemejara a la cabeza de su Onnar. Desde la parte superior caía una cascada de crin de caballo de color negro azabache, y le cubría hasta la zona de las cejas, dónde la forma del yelmo recordaba a la misma parte del lobo; en el interior, cerca de las orejas, llevaba los enganches en los que sujetaba la máscara labrada con la forma de la quijada de un lobo que cubría su rostro, dejando a la vista únicamente sus ojos, que destellaban en medio de la oscuridad que había en el interior del yelmo. El resto de la armadura combinaba el lino teñido de rojo y el acero que había sido lacado con un color negro liliáceo que daba un aspecto poderoso a su portador. Los brazales eran de hueso y las grebas de bronce, las cuales junto con el yelmo marcaban la excepción al equipamiento común.

Recordó el día en que celebró su Onnar Tenwê. Apenas cumplió los 15 años fue abandonado en la profundidad de un bosque, alejado de todo y de todos, con una mera daga para defenderse. No tardó mucho en encontrarse con un gran lobo negro que lo miró y gruñó. Serkendil no tuvo miedo aquél día. Sabía tan bien que su yo iba a morir que poco le importaba el cómo. Aquél día debía renacer, y cuando el lobo se abalanzó sobre él, la lucha fue encarnizada. Estuvo a punto de morir, pero con cada mordisco que recibía se sentía imbuido de una nueva fuerza hasta que finalmente tumbó al animal. Respirando pesadamente, cubierto de su propia sangre y de la de la bestia observó a su alrededor al resto de la jauría. Pero ningún otro lobo se acercó a él, ninguno de ellos le mostró hostilidad. Así supo que él era un lobo y su objetivo sería cazar a sus enemigos sin piedad... Conservaba con orgullo las cicatrices de aquél día y jamás olvidaría aquella dura prueba, pero como siempre, salía victorioso, tarde o temprano.

Una vez el yelmo y la máscara estaban bien sujetos, se acercó a los Hyólar para que a una señal tocaran a carga, cientos de antorchas estaban preparadas para ser encendidas a la vez para crear una gran luz tan cerca de la ciudad como para que sus habitantes temblaran temiendo su muerte y su destrucción.

Una leve brisa se alzó haciendo volar su capa de color sangre, el ataque iba a dar comienzo.

Escrito el 22-07-2008 20:21 #3

El día despertó con nubes negras en el horizonte. Los ojos grises de la Rilië contemplaron la ciudad respirando hondo. Evendim permanecía en la ciudad desde el día de la batalla, pues quería asegurarse de que todo seguiría su rumbo como estaba previsto.

Sin embargo, en aquella fría mañana, algo le inquietaba y ensombrecía su ser. Algo que estaba fuera de su comprensión. La sensación regresaba de nuevo a ella despues de tanto tiempo. La última vez que le había pasado había sido en el Hada Verde, en el hogar del clan Narwa Hilyatari. Entre el general Tath y la elfa... lo había sentido todo. Era un don que pocas veces afloraba, un don, si podía llamársele de tal manera. El legado de su madre residía ahora en su alma y aunque Evendim no podía controlarlo era algo que jamás sacaría de su ser. Era una parte de su madre y de su antiguo linaje élfico, algo que muy pocos sabían de ella... aunque muchos lo intuían.

Poco a poco, voces lejanas comenzaron a resonar en su interior. Su visión se volvió negra y comenzó a flotar en un vacío de sensaciones. Difícil era de explicar pues ni ella misma encontraba las palabras para hacerlo. Las voces se hicieron más fuertes, sus párpados se apretaron y lo sintió: Eran muchos, muchos se acercaban en silencio... sentía sus espíritus cerca y el peligro acechar. Entonces ocurrió algo que nunca había ocurrido. En el negro vacío se desplegó un rostro, un rostro en el que lo único conocido eran los ojos. La joven abrió los suyos aterrada y cayó en el suelo fulminada... sus fuerzas se habían agotado.

-¿Evendim? ¡Despierta!- Una voz masculina muy conocida para ella resonó en su cabeza para sacarla de su sueño. Sentía una mano sobre su frente, una mano fría y no muy grande. Abrió los ojos como pudo, ante ella estaba Eruanne.

Lucía el ceño fruncido y rostro de preocupación mientras la miraba con los ojos como platos. La joven se levantó rápidamente y se sacudió el vestido. Todo le dio vueltas cuando se incorporó, aunque trató de disimular. Eruanne insistió.

-¿Estás bien? ¿Que te ha pasado?

La joven tragó saliva y miró a un lado y a otro recordando el rostro que había visto. Jamás había tenido una visión sino sensaciones sueltas e intensas.

-Estoy bien. No... no te preocupes... ¿que haces aqui?

-Vine a llamarte para informarte pero te encontré asi...

-Siento asustarte, lo que pasa es que...- la joven sonrió.- me maree. Pero nada más. Tranquilo. - Evendim le miró confusa.- ¿De que querías informarme?

-Un joven dijo que ayer vió a un extraño jinete merodeando la ciudad. Dicen de atuendo extranjero y extraño peinado.

La joven Rilië apretó su mandíbula y se dirigió a la puerta a toda prisa.

-Ven conmigo.- le dijo a su compañero.

Ambos descendieron a la ciudad y montaron sobre sus caballos. Uno cabalgó hacia las lomas del sur y otro hacia las del norte. Ambos rastrearon las colinas silenciosamente, como solo un Rilië haría en un descampado semejante. Lo que sus ojos vieron les obligó a regresar a toda prisa a la ciudad.

Un inmenso ejército se dirigía a Truskan... y por lo que se veía no iban a pedir hospitalidad.

Al llegar de nuevo, ambos dieron la nueva y en el ejército la compañía se organizó.

Al atardecer se convocó una reunión enfrente de las murallas.

-Será mejor defender la ciudad desde el interior. Hay más posibilidades.- dijo Evendim convencida.

Su primer oficial, Gouron, le recomendó apostar un pequeño ejército fuera de las murallas para barrer las primeras filas. Todos se preguntaban quienes eran y por qué les atacaban.

Evendim lo sabía, conocía aquellos ojos pues los había visto en Laiquamiril, y en Nilme Istyalvao. Era un elfo llamado Serkendil y pertenecía a Narwa Hilyatari. No respondió a las preguntas de los demás porque querrían saber como sabía ella todo aquello, asique calló.

Lo único que no entendía la joven era por que les atacaban... pues para ella las guerras entre los clanes no eran más que una muestra de la infinita avaricia humana y de la muestra de la barbarie. Jamás había simpatizado con Narwa Hilyatari, y ahora por primera vez en su vida, deseaba que llegase el momento de cruzar su espada con ese clan. No perdonaba jamás la amenaza a su pueblo.

[Editado por Galath_Undome el 23-07-2008 20:13]

Escrito el 23-07-2008 21:44 #4

Sobre la muralla de Truskan se apostaron los soldados que la defenderían a vida o muerte. Muchos observaban a lo lejos, tratando de distinguir las formas en la noche, pero pocas se veían pues no había luz procedente de la luna en aquella noche.

Evendim se encontraba en el adarve de la muralla, tranquila y serena. Lucía su armadura de cuero negro, con un cinturón plateado rodeando sus caderas en el que resplandecía la insignia de su clan. En su frente, la cinta fina y blanca parecía enmarcar su rostro, y su pelo, recogido por la misma, esperaba a ser manchado con la sangre venidera. Sus manos apenas temblaban, pues ya se iba acostumbrando a las batallas. Nunca le habían gustado, especialmente porque le traía los recuerdos del comienzo de su viaje. Sus ojos ojeaban el horizonte con miedo, pero sabía ocultarlo bien.

A su lado, algun que otro soldado murmuraba de lo que él no conocia, como por ejemplo que los combatientes eran de un clan antiguo residente de Truskan.

"¿De donde sacarán esas cosas?"

De pronto, y como una ola de luz, miles de antorchas se encendieron a un mismo son dejando al descubierto la multitud de guerreros ansiosos por pelear. A lo alto entonaron un grito, y el corazón de la joven les reconoció corroborando lo que se temía: Narwa Hilyatari.

Los demás se miraron confusos.

-¿A que vienen? ¿Que quieren?

-Quieren la ciudad.- respondió Evendim impasible.

-Pero... ¿Y si son más que nosotros? La tomarán...

La joven agravó su voz y gritó altamente mirándole a los ojos:

-¡Silencio! ¡Si todos os dejáis impresionar como él, ya tenemos perdida la batalla desde el comienzo! ¡Agarrad vuestras espadas, si quieren guerra, se la vamos a dar! - muchos alzaron su metal gritando a un mismo son y sujetaron con fuerza sus armas.

Evendim miró al frente y una brisa fresca le sacó de la multitud y le cegó la visión.

"No, ahora no"

Un mar de sensaciones recorrió su alma, su mente y su cuerpo.

"Ahora no "

Y de pronto, como nunca había sucedido, recobró la visión y no sintió más que su propio cuerpo.

La caballería Aldalântar se precipitó sobre el ejército apostado a las afueras de la ciudad. Elfos, hombres y enanos lucharon ardientemente sobre los campos de Truskan. Y muchos cayeron. Y cuando las estrellas cambiaron de posición, la principal defensa de la ciudad cayó. Entre un mar de sangre y de angustia llegó Eruanne.

-Defendámosla como podamos, son demasiados.

[Editado por Galath_Undome el 23-07-2008 21:46]

Escrito el 25-07-2008 22:44 #5

- No deberías haber venido, Elesinyê – la voz de Serkendil parece tensa. Apenas puede vislumbrar sus ojos bajo el yelmo de bronce, pero eso no evita que pueda percibir su inquietud.

- ¿Acaso pensabas que iba a dejarte venir sólo? – pregunta ella cortante – El que no esté de acuerdo en esto no significa que vaya a dejar que lo hagas tú solo.

- Sabes que si sale bien será un gran golpe de efecto en Dakondor… - responde él, con un argumento que ya antes había esgrimido.

- Sabes que si sale mal serán un montón de vidas malgastadas inútilmente – contesta ella interrumpiendo sus palabras – Ya lo hemos discutido. Tú eres el Artakano, y yo obedezco. Aún cuando cada uno tengamos muy claro lo que opina el otro, tú decisión prevalece. ¿Por qué discutirlo más?

Turó parece sentir la tensión a su alrededor, y se agita inquieto. Ella se acomoda sobre la montura, intentando al mismo tiempo calmar su inquietud.

- Han llegado los últimos informes. Hay una mujer al mando de la defensa de la ciudad. – añade finalmente.

- ¿Qué importancia tiene eso?

- El que sea mujer no es realmente importante, pero sí de quien se trata. Pensé que deberías saberlo. Es alguien a quien ya conocemos.

- ¿Quién? – pregunta Serkendil con curiosidad.

- Evendim. Luchó con nosotros en Nilmê Istyalvao. Seguramente conoce algo más de nuestras tácticas de lo que nos convendría.

Serkendil se mantiene en silencio. Quizás ella tenga razón a fin de cuentas. ¿No están menospreciando al enemigo? Aquella noticia sin duda es un revés para sus planes. Aunque no tengan intención de tomar la ciudad realmente, aunque sólo se trate un entrenamiento… ¿no estarán pagando un precio demasiado alto?

- Es demasiado tarde para echarse atrás – Elesinyê interrumpe sus pensamientos, como si hubiera podido penetrar en su mente.

- Demasiado tarde – sentencia él.

El sonido de los tambores inunda el aire, y ambos guardan silencio. Un mar de antorchas ilumina el cielo nocturno, creando un aura dorada a su alrededor. Truskan sin embargo permanece expectante en la oscuridad, altiva y silenciosa, observándolos desde la colina que la alberga desde hace cientos de años.

El ritmo de los tambores golpea en su pecho como si fuera el latido de su propio corazón. Elesinyê respira hondo, mientras su mente se evade por un instante lejos de aquella batalla.

“Acuérdate de nosotros, Thyr, los que morimos. Los que quedamos tendidos al paso del camino.”

Sus manos encajan torpemente el yelmo sobre la cabeza. Sus cabellos negros se rebelan ante su prisión, y se agitan al compás de la brisa.

Los tambores aceleran sus ritmos de guerra, y su corazón enloquece, a punto de estallar.

“El ciclo renace eterno y por siempre. ¡De la oscuridad a la luz! ¡De la Muerte a la vida eterna!”

Cierra los ojos un instante, espada en mano. Un redoble de tambores anuncia el ataque inminente. La voz de Serkendil llega hasta ella como un eco lejano, como una voz de ultratumba, como un fantasma cansado.

Abre los ojos, como dos soles rebeldes iluminando la noche.

“La vida hiende vida en plena vida. Y aunque la Muerte gane la partida, todo es un campo alegre de batalla.”

Como si de un solo ser se tratara, los Rokkerni avanzan dejándose llevar por el frenesí de sus monturas. Sus capas rojas ondean tras ellos creando una estela roja como la sangre que pronto teñirá los campos de Truskan.

“Elévame en la Muerte, Innana, hasta los Campos del Eterno Verano.”

Desde los altos muros de Truskan desciende una lluvia de flechas. Sus puntas de acero atraviesan fácilmente la carne, incrustándose en ella, creando un camino desgarrado por el que brota la sangre.

“Déjame beber de la Sangre de Narwa. Déjame beber de mis hermanos caídos.”

Pero nada puede detener a las tropas Nurulântar. La lluvia de flechas arrecia poco a poco, al tiempo que se internan entre las filas enemigas, desarmando su defensa.

El filo de su espada pronto se tiñe de sangre. Sus ojos encendidos buscan una víctima tras otra. Hombres, elfos, enanos. No importa raza o condición del enemigo.

“Sólo en la Batalla alcanzaré el Honor. Sólo en la Batalla encontraré la Gloria. Cuando mi cuerpo yazca inerte sobre la sangre de mis enemigos, dejad que me eleve en la muerte, en los brazos amantes de la Diosa.”

Escrito el 25-07-2008 22:47 #6

El campo de batalla se encuentra salpicado ya de innumerables charcos de barro ensangrentado, creados por la sangre de los cientos de cadáveres y heridos que lo cubren.

Elesinyê hunde el pie en uno de esos charcos, trastabillando y perdiendo el equilibrio, para caer finalmente sobre un montón de cuerpos caídos.

- ¡Maldición! – su voz se pierde entre los gritos de batalla.

A lo lejos puede ver el yelmo de bronce de Serkendil.

- ¡No dejéis que se replieguen en la ciudad! ¡Cerradles el paso! ¡Mantened el círculo!

Son órdenes que de momento ella no puede cumplir. Sentada en el suelo, se quita el yelmo y lo arroja lejos con ira, maldiciendo de nuevo mientras introduce las manos por debajo de la bota para palpar el tobillo.

“No esta roto, aunque no por eso dejes de ser una estúpida”, piensa, mientras siente una punzada de dolor. “Y si no está roto, puede mantener en pie a un soldado Nurulântar”.

Los tambores de la batalla cada vez se alejan más de ellos, a medida que el ejercito de Nore se repliega hacia la ciudad, y el de Narwa lo acosa en su retirada. El campo de batalla parece ahora un desierto, si no fuera por los gemidos que escapan de los heridos, ocultos entre los muertos.

Finalmente se decide a incorporarse, a pesar de que el tobillo está cada vez más hinchado dentro de la bota, cuando siente el filo de una hoja pequeña aferrándose a su cuello, y unas manos rugosas que la retienen desde atrás.

- ¡Maldición! – parece condenada a encadenar un error tras otro, pese a que su mente comienza rápidamente a intentar encontrar una salida.

- Maldices demasiado, elfa – la voz es áspera, a pesar de la ironía de sus palabras.

- Sólo lo hago en momentos como éste – responde ella – Pero creo que estás cometiendo un gran error, señor enano.

Silencio. La hoja de la daga tiembla ligeramente, mientras su captor duda.

- ¿Cómo sabes que soy un enano? – pregunta finalmente.

- Principalmente porque aunque estás de pie y siento tu aliento en el cuello, tu bota acaba de golpearme en la espalda. Pero si no fuera suficiente con eso, el olor a cueva siempre os delata.

- Muy gracioso, elfa. Muy gracioso. Al menos morirás con una sonrisa en el rostro.

- Eso espero – Elesinyê sonríe, pero él no puede ver la ironía en sus ojos – Sin embargo no será hoy.

- ¿Acaso crees que no terminaré lo que he empezado? – el enano presiona nuevamente la daga en su garganta, y Elesinyê siente como la sangre brota en una pequeña herida.

- No en cuanto te des cuenta de qué es lo que está presionando bajo tu estómago – responde.

Un nuevo silencio, y una nueva duda. El enano cobra conciencia entonces de la presión que ejerce la espada de la elfa en su entrepierna. No ha tenido que moverse mucho para colocarla en esa posición, y ni siquiera se ha dado cuenta hasta ahora.

- Sin duda no será una herida mortal de necesidad. Es más, te aseguro una muerte lenta y muy, muy dolorosa. ¿Qué decides?

- Eres astuta, sin duda. ¿Pero por qué habría de fiarme de ti? Si accedo a liberarte, puede que me mates de todas formas.

- Puede. No creas que no estaré tentada de hacerlo – responde ella con sinceridad – Pero te doy mi palabra de que no será así.

Un olor a humo llega hasta ellos desde la ciudad. Elesinyê fija la mirada en la colina, y en los muros de piedra y hiedra verde, y la ciudad parece una enorme hoguera encendida para dar la bienvenida a las primeras luces del amanecer.

- Está bien – el enano parece haber decidido por fin que prefiere vivir – Contaré hasta tres, y retiraré la daga mientras tú bajas la espada.

Ella asiente en silencio. La espada tiembla en su mano, ya que la postura es bastante incómoda. Sin embargo no puede dejar todavía de sostenerla. Todavía no.

Uno. El corazón parece querer estallar en su pecho, de tan fuerte que late.

Dos. Las tropas de Narwa comienzan a abandonar la ciudad. No irán más lejos. Al menos no todavía. Y ella todavía tiene oportunidad para alcanzarlos y abandonar el campo de batalla.

Tres. La hoja se aleja y ella baja la espada rápidamente. A pesar del dolor punzante en el tobillo, se incorpora rápidamente. Justo en el momento en que la daga lanzada por el enano rebota en la coraza de acero.

- Me diste tu palabra… - la voz del enano pierde fuerza, mientras éste observa el shai de ella clavado en su pecho.

- Los enanos sois traicioneros. He luchado muchas veces contra vosotros, y tú no ibas a ser diferente. Al menos no me has defraudado en eso.

Él cae de rodillas y finalmente se tiende sobre la hierba ensangrentada, mirando la luz de las estrellas cada vez más pálidas ante el fulgor de la aurora.

Elesinyê se arrodilla y observa sus ojos vacíos, mientras retira lentamente el shai de su pecho.

- Has sido un digno enemigo – y le ofrece sus palabras aunque él ya no pueda escucharlas, mientras con la mano izquierda cierra sus ojos para siempre.

Después se incorpora mientras llama a Turó con un silbido. Apenas unos minutos más tarde su figura se recorta contra el cielo sombreado de añil, y llega hasta ella al galope. Elesinyê no puede ocultar una sonrisa, mientras monta sobre el caballo y le premia con unas palmadas en el cuello.

--------------

- Te perdí de vista en la batalla.

El campamento de Narwa se encuentra a una distancia segura de Truskan, al amparo de otra de las numerosas colinas que salpican las llanuras de Hyarmenyalaire.

- Me di cuenta de ello – Elesinyê entra en su tienda cojeando, seguida de Serkendil.

- Veo que tuviste dificultades – observa él, mirándola preocupado.

- Nada grave. Sólo un tobillo torcido.

Se siente molesta, sobre todo por haber sido lo suficientemente estúpida como para caer, y por dejar que la pillaran desprevenida. Sentada sobre la cama, intenta descalzar el pie hinchado, pero todos sus intentos son en vano.

- Deja que te ayuda – ofrece Serkendil, acercándose hasta ella.

- ¡No! – grita ella obcecada - ¡Puedo sola!

Él parece no haberla escuchado, y se sienta junto a ella en la cama con una sonrisa irónica. Sostiene el pie de ella sobre el regazo, y con mucho cuidado consigue retirar la bota.

- Deberías dejar que un Envinyâ echara un vistazo. Tiene mal aspecto.

Elensinyê tiembla ante su contacto, y asiente sin decir nada. Finalmente Serkendil la mira a los ojos, y añade con voz cansada:

- El ataque ha sido un éxito. Como te dije, será un gran golpe de efecto en Dakondor – y antes de que ella pueda protestar añade – Sin embargo, tú también tenías razón. Han sido muchas vidas malgastadas inútilmente.

Y entonces ella cierra los ojos, intentando contener las lágrimas.

“La vida hiende vida en plena vida. Y la Muerte siempre gana la partida.”

Escrito el 28-07-2008 19:26 #7

Cuando las tropas de Narwa se retiraron, tras dar muerte a aquellos que pudieron persiguiéndoles por las llanuras de Truskan, en la ciudad el ejército se amontonó entre una vaho de sudor y sangre.

Pocos eran los que habían regresado, y muchos los que yacían muertos sobre la verde hierba teñida de rojo. Muchos compañeros... y tambien enemigos que en su día podían haber sido hermanos de nacer en otro lugar o en otro tiempo.

La pausa en la batalla no significaba la derrota ni la victoria, pero Evendim sabía que el final estaba cerca y que Truskan no soportaría tal embestida de nuevo. Aunque le pesaba decirlo, era un enemigo difícil de combatir.

Sentada en una escalera de piedra pasándose la mano por la nuca estaba la joven, cuando Eruanne se sentó a su lado. No tuvo que preguntarle como estaba, pues era evidente ante la visión desoladora de los llanos de la ciudad.

-¿Sabías que era Narwa...?

La joven abrió los ojos para mirarle con el ceño fruncido y luego miró hacia el suelo sin decir palabra. Su compañero retorció la boca y asintió.

-No te preguntaré como...

-Gracias.- dijo ella cortante.

Ambos se levantaron y se dirigieron a la muralla.

-Que desolación...- susurró ella.

-Lo hemos visto otras veces. Cuando asaltamos esta misma ciudad ellos sufrirían el mismo miedo...- dijo mirando a los aldeanos asustados.

-Lo sé. Pero una misión es una misión... y no puedo echarme atrás tras aceptarla. Muchas veces sufriremos esto mismo, pero es lo que hemos elegido.

Al pasar un par de horas y el sol empezó a descender de nuevo, un último ataque cayó sobre Truskan. Asaltaron la ciudad con flechas, antes de tirar la puerta abajo y entrar en ella.

Evendim cruzó la espada con el enemigo hasta que el filo comenzó a traicionarla, y sus fuerzas a menguar.

Se organizó una retirada ordenada de la ciudad y las tropas de Nöre la tuvieron que abandonar.

-¿Por que nos retiramos ahora? - protestó Eruanne.

-Hay que proteger a los aldeanos a costa de todo.

-No creo que en manos de esos salvajes se queden muy protegidos...

-Yo creo que solo quieren sacarnos de aqui... no harán daño a sus aldeanos. Vámonos, es lo mejor. No hay fuerza en nuestro ejército capaz de menguar su número. Vámonos a Nimost.

El ejército se dirigió al sur y así terminó todo.

Nöre no olvidaría esa batalla fácilmente ni tampoco a su combatiente, pues tarde o temprano les haría pagar por los compañeros muertos sin necesidad.

Escrito el 01-08-2008 10:40 #8

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 448 puntos.

Valoraciones: 6.6 + 8.5 + 9.1 + 7.8 = 8

Recupera: 358 puntos.

Pierde: 202 puntos.

Por la participación en la batalla Narwa obtiene 140 Nóti.

Por las historias Narwa obtiene 96 Nóti.

Nore ha perdido 14 armadas x35= 490 puntos.

Recuperables: 220 puntos.

Valoraciones: 7.8 + 7.3 + 7.4 + 7.8 = 7.575

Recupera: 167 puntos.

Por el retraso en la publicación de historias acumula una sanción de 5 armadas adicionales, es decir, 175 puntos.

Pierde: 498 puntos.

Por la participación en la batalla Nore obtiene 160 Nóti.

Por las historias Nore obtiene 84 Nóti.

Por el saqueo de Truskan, Narwa obtiene 300 monedas abonadas por Nore.

Por la victoria en la batalla Narwa obtiene 300 monedas.

Por la retirada en la batalla, Nore entrega 100 monedas a Narwa.

Compañías actualizadas y listas.

Saludos!

Historia finalizada.