Fin Guerra: Narwä Hilyatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 3
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 7
Victoria para Maianor. La ciudad de Thertan queda libre de la ocupación.

Fin Guerra: Narwä Hilyatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 3
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 7
Victoria para Maianor. La ciudad de Thertan queda libre de la ocupación.
20 Aqua Duir (doce días antes de la batalla).
-Esto es, sencillamente, una locura -dijo Erjândako-. Y pensar que he descuidado mis obligaciones para venir aquí.
-Ambos estábamos presentes cuando acordamos la liberación de Jeque Jaavik -señaló Myodul-. Es lo correcto que ambos presenciemos el acto.
-¿Los recompensas por sublevarse devolviéndoles a su líder?
-Si no hubiese ofrecido aquel trato -explicó Myodul-, habríamos muerto en aquella cueva.
-Cobarde -insultó Erjândako-. Habríamos muerto en batalla. Tú, mejor que nadie, deberías saber lo que eso significa.
Myodul no respondió.
Caminaban por el oscuro pasillo de una mazmorra. Al llegar frente a la última celda, Myodul hizo una señal y el soldado que les seguía abrió la puerta. Una mirada anciana y temblorosa les escudriñó desde las sombras.
Minutos más tarde, se entregaba al Jeque en una de las calles principales. Los ciudadanos abucheaban a los elfos pero Jhade, la líder en ausencia de Jaavik, parecía sorprendida de que hubiesen cumplido el trato.
-Señor, me alegro de que hayáis vuelto -dijo Jhade, adelantándose ante él-. Hicimos lo posible por liberaros, pero al fin...
-¡Matadlos! -gritó Jaavik. Su anciana voz estremeció las piedras cercanas-. ¡Matad a los elfos!
Sorprendidos, los hombres permanecieron inmóviles. Myodul y Erjândako desenvainaron las armas y comenzaron a alejarse.
-¡Atacadles! ¡No dejéis que salgan de aquí con vida!
-¡Ya basta, anciano! -exclamó Jhade. Pero algunos de los hombres decidieron hacerle caso. Varias flechas cayeron alrededor.
-Creo que es hora de irse de aquí, ya hemos cumplido el trato -comentó Myodul, y se alejó corriendo. Incrédulo, Erjândako le siguió.
4 Aqua Tinne, Afueras de Thertan.
-Maldita sea, ¿qué sentido tiene cambiar de compañía si me siguen mandando a la misma estúpida ciudad una y otra vez? -preguntó Myodul.
-Deja de quejarte, me das dolor de cabeza -respondió Hisiê-. Ya que has estado en esta ciudad antes, haz algo útil y ponme al corriente de la situación.
-Verás, los hombres de Thertan llevan rebelándose una y otra vez, desde que pusimos un pie en sus arenosas calles. Han caído tantos que me da pereza nombrarlos a todos, sinceramente. El caso es que, antes de mi llegada, recluyeron al Jeque como castigo por tantas rebeliones; a mí me pareció una medida algo tonta, dado que el tal Jaavik era pacifico y podría haber calmado los ánimos tras la muerte de la líder rebelde. En fin, el caso es que en la última batalla, decidí devolverles al Jeque a cambio de su rendición. Pero la reacción no fue precisamente la esperada. Ese anciano se ha vuelto belicoso y violento...
-La prisión puede afectar a la forma de ser de los humanos -señaló Hisiê, con algo de desdén.
-Puede, pero no creo que sólo sea eso -dijo Myodul pensativo-. ¿Te he comentado ya cuanto odio los desiertos? Vale, vale, no me mires así... Lo importante es esto: al parecer la voz del Jeque tiene un poder de convocatoria que las líderes que fomentaban la sublevación no poseían. Todas las alimañas que vivían por aquí se han arrastrado hasta la ciudad, con lo que ahora, meter la mano, vendría ser como acariciar un nido de escorpiones.
-No me asustan los escorpiones -dijo Hisiê-. Creo que habéis sido demasiado blandos con esta ciudad... Si se niega a aceptar las condiciones, ¡la eliminaremos del mapa! -gritó alzando la mano. El gesto coincidió con el momento en que los muros de Thertan se volvían visibles en la distancia. El ejército gritó como uno sólo.
Myodul sonrió; sabía que sus palabras habían logrado enfurecerles.
Cuevas de Thertan.
-El enemigo se aproxima, señor -dijo Jhade.
-Bien, espero que la emboscada esté en su sitio -dijo Jaavik-. Tenemos que desviarlos hacia la parte vieja de la ciudad; allí los reduciremos y acabaremos con todos.
-Están en su sitio, señor -dijo la muchacha-. Pero daremos a los nuestros con las flechas si el plan sigue adelante.
-¿Y?
-No importa, señor...
-Jhade -dijo el Jeque-, siento lo de Maara.
-No se preocupe, señor -respondió Jhade con voz fría.
Afueras de Thertan.
Avanzaban directamente hacia la ciudad, pero en guardia. Los arqueros apuntaban directamente a los muros, pero no se veía a nadie tras ellos. Todo estaba tan desierto que resultaba inquietante.
La primera en notar la trampa fue Hisiê. Rebajó el paso hasta quedar a la altura de uno de los arqueros, y le dijo en silencio que disparase a un montículo del suelo que había a un lado. Algo desconcertado, el arquero obedeció.
Se oyó un alarido, y uno de los hombres salió de bajo la arena. Había estado oculto bajo una manta cubierta de ella, pero su respiración le había traicionado. Cuando gritó, otros muchos hombres salieron igualmente de la arena. Myodul supo que estaban rodeados... Aunque tampoco había una gran cantidad de enemigos. No entendió qué pretendían.
-¡Hay un hueco en el flanco izquierdo! -gritó el elfo-. Por allí, rodeadles.
Atravesaron la brecha, y se reagruparon al otro lado. Pero, cuando fueron a cargar, una gran nube de flechas ascendió desde el otro lado del muro y cayó sobre ellos. Habían dado a su propio bando, pero las bajas para los elfos habían sido mucho peores. Cuando una segunda andanada de flechas cayó sobre el camino cortado, llegó el momento de retirarse y buscar otro camino.
-Podríamos entrar por la ciudad vieja -dijo Myodul echando un vistazo al mapa.
-¿Quién te dice que no es eso lo que quieren que hagamos? -replicó Hisiê.
-Puede que sea una trampa, pero la otra opción es tratar de volver a la puerta principal... Creo que no estamos en condiciones de atravesar esa línea de arqueros.
-Bien, supongo que no hay otra opción -suspiró ella-. ¡A la ciudad vieja!
¿Por qué se defendían con tanta ferocidad? Myodul no podía entenderlo. Tal vez podría haberlo hecho si hubiese meditado sobre ello más de unos segundos; pero para él aquella ciudad no era el hogar de nadie, no era el lugar donde cientos de familias tenían sus raíces, sus recuerdos y sus vidas. Sólo era un montón de rocas en medio del maldito desierto, un montón de rocas que debería haberse mostrado agradecido de ser gobernado por Narwä.
Y sin embargo, aunque no comprendiese aquello, se veía obligado a enfrentarlo. ¿Cuántas veces había subestimado a Thertan aquel año? Casi no podía contarlas. Hiciesen lo que hiciesen, la ciudad volvía a resurgir con una ira nacida del rechazo a la opresión.
Además, esta vez le atormentaba aquella duda. ¿Qué había cambiado en el Jeque Jaavik? ¿Por qué se había vuelto violento? Aquella había sido su baza, su maniobra para tratar de apaciguar los ánimos de Thertan.
Necesitaba saber en qué se había equivocado.
Thertan, Parte Vieja.
No había arqueros allí; sólo espadas en las manos de ambos bandos. A ambos lados de una calle vieja y destrozada, los enemigos se observaban entre sí. Las miradas chocaban en un punto vacío, un punto contra el que sabían que acabarían estrellándose ellos mismos: en ese punto sería donde se encontrasen, cuando se diese la orden de cargar.
Tanto Jaavik como Jhade estaban sobre un tejado cercano. No podían guiar la carga, pues ninguno de los dos podía correr a gran velocidad, uno debido a su edad, y la otra por su mutilada pierna. Era Bertho, el amigo de Jhade, quien lideraría la carga final.
La cuestión se resolvió rápido. Ambos bandos cargaron y lucharon con todas sus fuerzas, pero los hombres de Thertan no tenían heridos entre ellos, ni acababan de efectuar un largo viaje por el desierto. Además, conocían la zona: no les costó trabajo emboscarlos usando los túneles de la zona. La orden de retirada llegó bien rápido; más tarde Myodul averiguó que Hisiê tenía la orden de retirarse si se oponía demasiada resistencia: Thertan no valía los recursos que estaban gastando para mantenerla sometida. ¿El destino de cientos de vidas había vuelto a depender de un simple cálculo?
Pero por ahora, Myodul tenía que acallar su obsesión. Aprovechando los barrotes de una ventana, trepó hasta el tejado de la casa donde Jaavik y Jhade contemplaban el desarrollo de la batalla. La joven se puso en guardia al verle.
-¡Tú...!
-No he venido a luchar, humana -dijo Myodul, y se volvió a Jaavik-. ¿¡Por qué!?
-¿Por qué, preguntas? -dijo el anciano-. Somos enemigos, ¿no?
-¿Qué sentido tenía continuar esta guerra? -insistió Myodul-. Para mí, esta ciudad sólo es un lugar horrible donde tengo que venir una y otra vez; pero supongo que si mi ciudad fuese conquistada, no querría que se convirtiese en un lugar donde la sangre lloviese casi a diario.
-Eso significa que no amas tu ciudad -dijo Jhade.
-¡¿Cómo podéis amar este sitio?! -gritó Myodul-. Hace calor, estoy cansado y tengo ARENA en las botas. Odio este lugar y os odio a todos vosotros; en realidad, debería haberos matado ya...
-¿Y por qué no lo haces? -preguntó Jaavik.
-Tengo que saber -explicó Myodul-. Pensé que si te liberaba, convencerías a tu pueblo para acabar de una vez por todas con la guerra. ¿Por qué no ha funcionado mi plan?
-Estúpido obseso perfeccionista -rió el Jeque-. No puedo creer que hayas venido sólo para eso. ¿Tanto te interesa?
-Sí.
-Mi mujer no hizo nada a nadie... Pero no sobrevivió al cautiverio; aunque sea lo último que haga, la vengaré.
-Patético -dijo Myodul, sorprendido-. ¿Todo se reduce a mera venganza?
-Tu ejército se está retirando, deberías marcharte -se burló el Jeque-. Supongo que nosotros no podríamos matarte, pero enseguida vendrán refuerzos.
-Adiós, estúpida ciudad -dijo Myodul, y fue a reunirse con sus tropas.
Así la ciudad de Thertan consiguió ganarse su libertad; al igual que se ganó una eterna enemistad con Osto Ohtalôsse.
Resumen de la batalla.
Narwa ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 110 puntos.
Valoraciones: 8,6+8,18+8,4= 8,39
Recupera: 92 puntos.
Pierde: 153 puntos.
Narwa entrega 100 monedas por la retirada de la batalla.
Compañía actualizada y lista.
Historia finalizada.
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