Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 8
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 2
Victoria para Nensir. Conserva el control de la ciudad.

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 8
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 2
Victoria para Nensir. Conserva el control de la ciudad.
Tres caballos transitaban el Ankwak, el camino sombrío en dirección a Tuyrozd. En uno de ellos, la elfa llamada Northiêl, llevaba todo el día intentando convencer a Tathâral, el Artadâko de los aldalântar, mediante razones absurdas e infundadas, de que lo mejor era dar la vuelta. Por alguna razón no le gustaba la idea de visitar esa ciudad y Tathâral había tenido que aguantar todo el viaje sus quejas. Sin embargo, cuando a media tarde llegaron a la ciudad, hasta a Northiêl le dio un vuelco el corazón al observar que tenía más razón de la que ella misma había creído.
- ¿Ésto es lo que venimos a controlar? ¿Una ciudad en ruinas? Capi aquí no hay nada... ¿a esto le llamas tú buen estado? -preguntó Nor atónita.
- Estaba peor cuando estuve aquí la última vez -fue la simple respuesta que recibió la elfa.
(...)
- ¿Cuál es la situación? -preguntó Tathâral cuando se reunieron con Târîs, la oficial que estaba a cargo de las tropas que ocupaban Tuyrozd. -¿Nos han dado los Uonu-Nyrr algún problema?
- No. Apenas se les ha visto el pelo desde que los echamos. Presuntamente siguen escondidos en Nurr-Orr - aseguró la oficial.- Lo cierto es que la ciudad está muy tranquila...
- ¿Y los alrededores?
- Extraños. No podría asegurarlo, pero los dâkar están convencidos de que los campos están malditos. Tenemos exceso de comida por el simple hecho de que las tropas se niegan a comer más de lo estrictamente necesario... Lo cierto es que todo el mundo aquí está deseando volver a casa. Éste no es un sitio agradable.
- Sólo son ruinas. No lo veo más desagradable que otras ruinas... -dijo Northiêl. -Lo que yo no le veo es utilidad. ¿Qué te hace tener tanto interés en este sitio? -dijo mirando a Tathâral.
- Los campos que rodean la ciudad son fértiles y la comida buena aunque los soldados digan que no. - respondió él.- Nuestro pueblo crece y no está de más buscar nuevos campos de cultivo...
- Venga Tath, ese tipo de argumentos se los cuentas al consejo...- inquirió Northiêl.
Tathâral miró con aire ausente la ciudad. Apenas quedaban edificios en pie, y los que quedaban no aguantarían mucho. Los soldados aldalântar habían tenido que montar improvisadas cabañas para vivir y habían intentado recuperar parte de lo que quedaba de ciudad, pero era evidente que iban a tardarse años en recuperar lo que había sido, si es que realmente había sido algo más que ruinas en algún momento.
- En su día ésta fue una gran ciudad -dijo finalmente el Artadâko. -Una ciudad esplendorosa con una luz élfica envidiable. Que algo tan bello termine así es una lástima... quiero que recupere el brillo que tuvo antaño. Y que se diga que fueron los aldalântar los que le devolvieron la prosperidad a una ciudad que se consideraba maldita.
- Las ruinas no son actuales -dijo Aiwëndil, que había ido a dar una vuelta por la ciudad mientras Tathâral y Northiêl se informaban sobre la situación. -Hay edificios que se han desplomado hace poco; sin embargo, la mayoría deben llevar siglos tal como están. ¿Qué demonios le ha pasado a esta ciudad? Es como si hubiera estado desierta los últimos años...
- A los Uonu-Nyrr no les interesaba mucho reconstruirla cuando la recuperaron. Podría decirse que sólo querían un lugar para vivir y las ruinas de la ciudad les servían -contestó Tathâral.
- En realidad, podría decirse que sólo querían esta ciudad para vivir -contradijo Târîs. -Esta era su ciudad antes de que, Nensir sabrá por qué, se convirtieran en lo que son. Por eso las tropas están intranquilas. Y, por eso, hemos empezado por reconstruir el muro exterior. No tardarán en volver a intentar recuperarla…
- Dejó de ser su ciudad cuando dejaron de ser los elfos que la fundaron. Si quieren recuperarla, pueden intentarlo. Pero no lo conseguirán. Les estaremos esperando -dijo finalmente Tathâral mientras se dirigía al interior de la ciudad. Aiwëndil y Northiêl intercambiaron una mirada y lo siguieron a los pocos segundos.
(…)
Días después, en los alrededores de Nurr-Orr, una espesa niebla oscura y tenebrosa se alzaba envolviendo el lugar en aquella nube negra. En aquel lugar, no muy lejos de Tuyrozd, se habían reorganizado las fuerzas supervivientes de los uonu-nyrr.
Bajo la gruesa capa de niebla, Attagarr levantó los brazos hacia el cielo y salmodió una plegaría en el oscuro lenguaje de los uonu-nyrr. La melodía sonaba tétrica, gutural, oscura y se extendía entre los árboles sin hojas, entre la hierba pálida y entre el aire rancio. Attagarr era de los elfos más antiguos, había vivido tantas centurias como su piel demacrada podía recordar. Muy en el fondo de su mente aún estaba la imagen de la bella “ciudad primaveral”, aquella que su tribu creó con tanto esmero como delicadeza y aquella que el mal se llevó como un temblor de la tierra. Pero en la retina de sus ojos sólo había fango y ruinas, nieblas y humos, y sed de venganza, de mucha venganza.
Varias figuras aparecieron de pronto entre la negrura alterando el salmo de Attagarr.
-Budu-Uott’ur. Aún esperamos respuestas.- indicó una voz suave para ser un uonu-nyry.
Attagarr, visiblemente molesto por la intromisión, ladeó su rostro hacia aquellos que habían osado romper aquel salmo.
- El Budu-Kwak está en coma y no hemos recibido la señal. No sabemos nada del Gran Cuervo.- la voz de Attagarr sonó con pesadumbre.
-¿Qué ha podido pasar? Pensábamos que la esperada guerra estaba ya aquí y ahora no sabemos nada del Gran Cuervo ni del Señor de los Mares. Ni tampoco de los caballeros de dragón que han abandonado misteriosamente el bosque. ¿Qué ha pasado?
- No tengo ni idea.- gruñó con rabia Attagarr. Se veían solos, completamente solos.
- Aquello sólo fue una provocación de los lóceroquen, la verdadera guerra aún no ha estallado.- respondió una voz a la derecha del grupo, escondida entre las sombras.- Por lo pronto, nosotros deberiamos atacar Tuyrozd. No pierdas más el tiempo esperando una señal, Attagarr.
- Está bien. Mañana atacaremos la ciudad.- concluyó Attagarr.
[escrito por Nemarie y Aratir]
[Editado por Nemarie el 28-07-2008 23:53]
Un espeluznante grito bramó en el interior de las salas de Nurr’Orr. Era un gruñido mezclado con rabia, una ansiosa llamada a la batalla. Se trataba del grito de guerra de los uonu-nyrr.
Una pequeña figura, entretanto, se escabulló entre la puerta semiabierta de una de las salas, atravesó un pequeño pasadizo de forma laberíntica y alcanzó el exterior, que no dejaba de ser igual de oscuro que las estancias de Nurr’Orr. El lugar que abandonaba la pequeña figura escurridiza era uno de los asentamientos de los Señores Oscuros, una especie de almacén y laboratorio a gran escala y que, ahora, se había convertido en el núcleo de actividad de la Resistencia Negra, después de haber perdido casi todas sus posesiones en el Bosque Sombrío.
El resbaladizo ser, que no era otra cosa que un trasgo de las Odoninkwê, Lombö de la familia de los Lanudos Pardos, continuó trotando atravesando la niebla negra y cerrada propia de aquella zona. Tosía mientras se alejaba del lugar.
- ¡Malditas nubes apestosas! - exclamó para sí mismo. A pesar de ser un trasgo y estar acostumbrado a cualquier ambiente de humo y polvo, no terminaba de adaptarse a las neblinas de asqueroso olor que emanaban de las posesiones de aquellos elfos oscuros.
Continuó avanzando a trompicones mientras, más allá de la amalgama de ramajes, sombrías copas y niebla espesa, el sol se ponía sobre las ciénagas.
(...)
Tathâral revisaba un sinfín de documentos en una de las improvisadas tiendas situadas en el corazón de la fortaleza. La mayoría se trataba de informes de los exploradores cuya labor en el Bosque Sombrío era inspeccionar cada rincón de tierra y de bosque que hubiera pertenecido a los uonu-nyrr.
Nada nuevo...Ninguna novedad...Similar al otro informe...¿Otra vez la misma conclusión?...
-¡¿Cuántos han descubierto ya que esos asquerosos hechiceros tienen su escondite principal en Nurr-Orr?! - preguntó en voz alta mientras arrojaba el papel que contenía último informe que había leído a una esquina de la tienda.
- Hacen lo que pueden.- observó una voz. Una elfa entró entonces en la tienda al tiempo que Tathâral alzaba la mirada. Se trataba de Târîs.- Deberías salir un momento. Tengo buenas noticias. Nuestro espía ha llegado.
Cuando salió de la tienda, un trasgo esperaba con impaciencia e intranquilidad.
- ¡Noticias, traigo noticias! - dijo en voz alta cuando lo vio salir de la tienda mientras agitaba los brazos de una manera cómica.
Tathâral miró con resignación al trasgo.
- Oh, sí. Buenas noticias para usted. Muy buenas, si señor- aclaró el trasgo por si acaso el gran guerrero dudaba de la calidad de las noticias que traía y se decidía a terminar con su vida antes de que pudiera hablar.
Pero a Tath la paciencia se le empezaba a terminar:
- Como no hables pronto, no lo volverás a hacer jamás.
- ¡No! Déjeme hablar. Lombö trae buenas noticias sobre esos apestosos brujos. Sí. Son apestosos. Y preparan un ataque...Antes que amanezca...Sobre este lugar- añadió esto último por si acaso su interlocutor dudaba donde se iba a producir el ataque.
El Artadâko contempló unos instantes al trasgo sin decir nada. Lo habían hallado merodeando los alrededores de Tuyrozd unos días antes de que Tathâral, Northiêl y Aiwendil llegaran a la ciudad. Cuando fue informado de ello, el elfo tuvo la idea de utilizarlo como espía a cambio de una suculenta bolsa de monedas. En el caso de que lo hubieran descubierto, ningún uonu-nyry hubiera sospechado de un trasgo menudo e insignificante. Aunque Tathâral había llegado a dudar del éxito del trasgo.
- Son buenas noticias, trasgo. Has cumplido bastante bien con lo que se te encargó.- añadió el general.
- Lombö quiere su recompensa- dijo mientras la boca se le hacía agua al pensar en la bolsa de monedas que se le prometió por traer información sobre los movimientos de los elfos oscuros.
Tathâral llamó la atención de dos elfos que se hallaban no muy lejos de allí y les dio las órdenes pertinentes:
- Dadle a este trasgo su bolsa con monedas. - ordenó mientras se daba la vuelta para empezar a organizar la defensa del lugar. No hacía falta mirar hacia atrás para saber que el rostro del trasgo dibujaría una sonrisa de oreja a oreja. Entonces, añadió una nueva orden.- Y encerradlo de nuevo en los calabozos. Mañana veremos qué hacemos con él.
Conforme se alejaba, Tathâral pudo oír los gruñidos e improperios que lanzaba por la boca el trasgo cuando los dos elfos lo apresaban. Lombö no estaba satisfecho con el resultado de su misión.
(...)
Northiêl y Aiwendil esperaban impacientes la llegada de los atacantes.
- Mucha suerte, compañeros.- les dijo Tathâral, que se hallaba junto a ellos, sobre su caballo, expectante. – Tened cuidado con los mordiscos de los zrour, os pueden dejar un bonito tatuaje en la piel. – aconsejó por último.
-¿Qué quiere decir, Aiwe?- le preguntó Northiêl a su amigo en un susurro.
El elfo se encogió de hombros.
- Muchas cosas se dice sobre esas criaturas. Habrá que tener cuidado con esos zrour, parecen ser más peligrosos que los propios orcos. – respondió y alzó su cimitarra, Rakkaia. Northiêl comprobó que tenía a punto sus dos dagas y el puñal.
Habían estado despiertos durante toda la noche. Nadie había podido pegar ojo en Tuyrozd durante las largas horas que separaban al anochecer del amanecer. Los aldalântar, sabiendo que los uonu-nyrr no esperarían a la llegada de la luz diurna para cargar contra el corazón de sus antiguas posesiones, les estuvieron preparando una bienvenida.
Al mismo tiempo, junto al silencio de la noche, las hordas enemigas avanzaban por la espesa maleza del bosque sombrío. La quietud y el sigilo eran las armas elegidas para no levantar las sospechas de los ocupantes de Tuyrozd y poder contar con el factor sorpresa.
Machacar…Golpear…Matar… , esas palabras eran las normas básicas con las que contaban las filas de orcos, trolls y zrour capitaneados por los generales uonu-nyrr.
Tuyrozd, la fortaleza oscura, apareció ante ellos. Tras ella, la oscuridad de la madrugada daba paso a una temprana luminosidad grisácea. El lugar había cambiado en los pocos meses en los que los aldalântar habían puesto sus manos allí. No había nubes negruzcas que cubrieran la ciudad y, gran parte de ella, estaba cubierta por una nueva muralla exterior de reciente construcción. Apenas cubría pocos palmos de altura y, por eso, la muralla no servía de mucho desde el punto de vista defensivo.
Attagarr, el Budu-Uott’ur, sonrió sabiendo que no tendrían problema alguno en recuperar la que era su ciudad por derecho propio y que aquellos elfos de los árboles habían ocupado. A una señal suya, los trolls se acercaron hacia la baja muralla con mazos en sus brazos para hacerla caer. De repente, varias antorchas se alzaron en lo alto de la muralla exterior, balancearon en la noche y cayeron en medio de las hordas enemigas. Un gran fuego se propagó en el seno de las tropas invasoras separando a los grandes trolls que se habían acercado a las murallas del resto del ejército. Una gran lluvia de flechas acompañó a la bienvenida.
El Budu-Uott’ur llamó a la organización pues vio con rabia que las filas de sus tropas se disolvían ante la incertidumbre de aquella inesperada bienvenida. Fue entonces cuando los cuernos sonaron detrás. Cuando giró su cabeza hacia atrás, vio como un ejército de elfos salía de entre los árboles y se lanzaba hacia ellos con las lanzas y espadas en mano al mismo tiempo que, desde las copas de los árboles, las flechas silbaban hacia ellos. No le dio tiempo a llamar a los suyos a la protección, el choque fue directo. Los uonu-nyrr y su ejército quedaron atrapados.
Aquella embestida se saldó con un importante número de víctimas dentro del bando de los Hechiceros. Por cada aldalânta muerto, el ejército sombrío tenía tres bajas. Las espadas chocaron contra el pecho de unos y otros.
- Zâ Nensirarit! Zâ Nensirarit!, bramaban los elfos insistentemente mientras los rugidos de los orcos y los zrour se perdían en la mudez de sus gargantas sesgadas.
En la retaguardia de las fuerzas aldalântar, Tathâral espoleó su caballo y se hizo hueco en la batalla mediante su espada, sesgando cualquier vida que se encontrara a su paso. El desconcierto y la desorganización que cubría las filas enemigas supuso una ventaja considerable para los aldalântar que tuvieron la batalla controlada desde el primer momento.
Conforme iban pasando las horas, el desequilibrio entre las fuerzas ocupantes de la ciudad y las fuerzas atacantes era cada vez mayor. Attagarr veía impotente como, los pocos miembros de su ejército sobrevivientes poco podían hacer contra la superioridad de los aldalântar. Llamó la atención de los pocos uonu-nyrr que estaban cerca de él y huyó hacia el interior del bosque.
Una bandada de cuervos sobrevoló la zona de batalla pero poco podían hacer ya, salvo lamentar el fracaso de la ofensiva de los brujos en el intento de recuperar Tuyrozd. Las defensas aldalântar habían sido muy superiores y la fortaleza Negra seguía en poder de Nensir.
Los cuervos dieron media vuelta y volaron hacia Nurr-Orr. Una vez allí, uno de ellos entró por una pequeña ventana al interior de una gran sala. Alguien esperaba sentado en una silla de piedra. En su regazo estaba el cuerpo herido de un gran cuervo negro.
Los ojos negros de aquél que estaba sentado en la silla de piedra, de rasgos élficos, se abrieron de par en par mientras su cabeza se giraba para leer en los ojos del cuervo que se posó en su hombro derecho. Y así fue como supo del fracaso en el corazón del Bosque Sombrío.
El tenebroso graznido que brotó de la garganta de aquel elfo oscuro hizo temblar los cimientos de Nurr-Orr.
[Editado por aratir el 29-07-2008 23:39]
Algunas horas hacía ya del amanecer y Tathâral estaba sentado en el interior de la tienda que hacía de improvisado despacho acompañado por algunos de sus elfos.
- ¿Cuál es la situación actual? –preguntó, refiriéndose a cómo habían quedado sus propias tropas.
- Podría decirse que la situación es inmejorable, Artadâko. Hemos sufrido muy pocas bajas y los heridos están siendo atendidos ya. En cuanto todos se hallen fuera de peligro prepararemos los ritos funerarios –contestó Târîs.
- ¿Qué hay de los prisioneros? –inquirió Tathâral como respuesta. Sin embargo, era una pregunta retórica. Fue Northiêl quien confirmó sus sospechas.
- Los uonu-nyrr que no han muerto, han huido. No hay prisioneros esta vez.
- Han muerto más de los que han huido, Artadâko. Dudo mucho que tengan fuerzas para atacarnos en los próximos meses –dijo Aiwëndil.
- De eso no podemos estar seguros. En cuanto haya acabado el ritual funerario lo primero será acabar de reconstruir el muro exterior. Y reforzarlo. Es un poco enclenque. ¡Ah! Y las torres. Quiero a alguien vigilando las veinticuatro horas del día –Tathâral daba las órdenes con ligereza, como si todo estuviera ya hecho. –Que no nos puedan pillar desprevenidos. Quiero que, si algún día intentan atacar la ciudad de nuevo los veamos venir y las defensas sean impenetrables.
- Así se hará –dijo Târîs antes de salir de la tienda para ver cómo seguía la situación.
Aiwëndil, Tathâral y Northiêl se quedaron callados durante unos minutos.
- Yo no sé que pasa, pero siempre que salimos de Neitillot acabamos en medio de una batalla –dijo finalmente Northiêl para romper el hielo.
- Es culpa tuya, Nor. Seguro que la mala suerte te persigue y vas creando revueltas a tu paso –dijo riendo Aiwëndil para seguirle la broma.
- ¡Que más quisieras! –gruñó Northiêl haciéndose la ofendida.
Los dos elfos mantuvieron esa discusión absurda un rato hasta que Tathâral los interrumpió.
- Bueno, no ha ido mal del todo –dijo. Parecía cansado.
- ¿Bromeas? La batalla no podría haber ido mejor. ¡Estoy segura de que les hemos espantado por un buen periodo de tiempo! –dijo Northiêl con intensidad. Todavía le duraba la emoción de la batalla.
- Y ese tiempo nos permitirá reconstruir las defensas de la ciudad para cuando se les ocurra volver –completó Aiwëndil de forma más calmada. –Tú mismo lo has dicho, Tath. ¿Dónde está el problema?
- En ningún sitio. Supongo que estoy un poco cansado. Iré a descansar. –dicho esto, el artadâko aldalânta se levantó y salió de la tienda.
- ¿Tú sabes qué le pasa? –preguntó Aiwëndil extrañado cuando Tathâral se marchó.
- Creo que está cansado. Bueno, eso y que durante unos instantes ha visto en peligro su idea de convertir esta ciudad en lo que un día fue. Los uonu-nyrr difícilmente nos van a dejar en paz… -contestó la elfa.
- Creo que no van a tener más remedio que hacerlo. Cada vez que vengan les estaremos esperando. Al final desistirán, ya lo verás. Lo cierto es que yo también tengo ganas de ver en esta ciudad algo más que ruinas. Me encantaría verla tan próspera como dicen las leyendas que era en el pasado… ¿a ti no se te hace extraño que esto fuera en su día una gran ciudad? –preguntó el elfo mientras los dos se levantaban y salían de la tienda para dar una vuelta por los alrededores.
- Yo aquí no veo más que ruinas, Aiwë. Y no sé si dejaré de ver ruinas en algún momento –contestó ella una vez fuera, mirando la destrozada ciudad.
[escrito por Nemarie]
Resumen de la batalla.
Nensir ha perdido 2 armadas x35= 70 puntos.
Recuperables: 56 puntos.
Valoraciones: 8.5 + 9.2 + 8.4 + 7.8 = 8.47
Recupera: 47 puntos.
Pierde: 23 puntos.
Compañías actualizadas y listas.
Por la participación en la batalla se reparten 80 Nóti.
Por las historias se entregan 96 Nóti.
Saludos!
Historia finalizada.
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