Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 15
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 9
Victoria para Nensir. Conservan el control de la ciudad.

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 15
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 9
Victoria para Nensir. Conservan el control de la ciudad.
Ya la noche caía sobre la ciudad de Breald. El nochero pregonaba en las calles y en la taberna de la ciudad se sentía tal jolgorio entre música y risas dando a entender que la fiesta para algunos estaba recién empezando.
Sentada en una esquina, una figura observaba expectante, mientras aspiraba de vez en cuando el humo del tabaco, cosa que hacía sólo de vez en cuando al ver que se aproximaban tensiones.
Sobre la mesa, una copa de un licor típico de la región y, entre sus dedos, una carta arrugada por la presión que ejercía sobre el delicado papel.
<< Esto me lo esperaba >> pensó para sí, mientras daba otra bocanada de humo y se prestaba para ir su cuarto temporal.
Pero no alcanzó a dar dos pasos cuando sintió un golpe en su espalda a traición, cayendo sobre una mesa donde dos feligreses cantaban sobre lo bueno que era beber.
No alcanzó siquiera a levantarse cuando se dio cuenta de la trifulca que se había armado en la taberna. Mesas rotas por espaldas voladoras, sillas planeando sobre su cabeza. Golpes iban y venían, los gritos de las jóvenes meseras mientras algunos resbalaban tanto por la cerveza local que recorría el piso, como por la que más de uno llevaba dentro de sí.
- ¡Esto si no me lo esperaba! – gritó para sí la ainadaka, mientras intentaba de salir de ese embrollo.
Tras su llegada a la ciudad, no había tenido la oportunidad de ver la efusividad con que aquella gente se batía por lo que creía, o por lo que perdía,- aunque fuese una común jarra de cerveza. Sólo conocía a ese pueblo por los informes que le enviaron tras pedirle cortésmente que hiciera una visita para ver cómo estaba la situación en aquel lugar.
Muchos de los soldados preferían a aquella ainadaka lejos pues su carácter duro y lo exigente que era le había dado dolores de cabeza a más de uno pero, en los momentos difíciles, la experiencia era apreciada a pesar del carácter y la dureza de quienes quedaran a cargo... aunque nadie se imaginaría que la dura mujer se viera metida en medio de una pelea de taberna - o intentando salir de ella-, con el paso ágil que le caracterizaba.
En ese momento, no estaba para trifulcas por que, mientras gateaba entre las últimas mesas para salir de aquella movida taberna, chocó con unos pequeños pies que le cortaban la salida. Al levantar el rostro, unos ojos infantiles y una expresión entre duda y risa le saludó afablemente.
- No se te ocurra decir palabra alguna Ramj- masculló la elfa mientras se ponía en pie e intentaba estirar su capa.
El rey pirata no dijo nada, sólo una sonora risa brotó de sus labios al ver cómo la ainadaka alcanzó en último momento a hacerle el quite a una silla que salía volando desde la taberna a la calle, seguida por el feligrés que supuestamente la ocupaba.
- Cuando organices una reunión Ramj, por favor que sea en un lugar menos concurrido - susurró la elfa mientras miraba con los ojos como platos al borracho que, roncando, se abrazaba a la silla destrozada en medio de la calle.
Un centenar de sombras caminaban raudamente con un sólo plan en la mente. Venganza.
La necesidad de soberanía, el tan apreciado poder arrebatado y que por culpa de unos extraños, modificaron sus tan opulentas vidas, y la desaparición de quién les permitía ciertos beneficios por sobre el resto de la comunidad, les dio las fuerzas para revelarse.
Namnatur iba a la cabeza. Con su poder de convencimiento y las promesas de cambiar las cosas establecidas por los aldalântar había logrado reunir a un grupo de renegados que en ese momento avanzaban como serpientes a través de la oscuridad subterránea en búsqueda de su presa: Los soldados aldalântar y el oficial a cargo, Kelnêtir.
Muy pocos en Breald tenían conocimiento de que, en otra época, una pequeña corriente subterránea, cuyas aguas pertenecían al Kelara, pasaba bajo la ciudad y que, con el paso del tiempo, brotó a la superficie transformándose en un apreciado manantial de puras y frescas aguas.
El antiguo camino formado por sus aguas se transformó en una vía que aprovechaban contrabandistas y algunos bandidos como escondite al abrir con pequeñas excavaciones algunas entradas a dicha extensión bajo tierra.
Si querían tomar la ciudad y a los soldados por sorpresa, y dar un golpe que les otorgaría el tan ansiado poder, aquella era la vía más apropiada. Ellos serían los dueños y señores de cada uno de los bienes y, porque no, de las vidas de la ciudad.
Atacarían aquella noche, bajo el resguardo de las sombras… y nadie descubriría que fue lo que pasó, brotando como aguas pestilentes sobre la ciudad.
...
- ¿Estás seguro de la información de tus espías? - Preguntó una vez más Kelnêtir, mientras observaba no con buenos ojos al renombrado pirata de Eglamar.
- ¿A caso dudas de la autoridad que nos envió a esta ciudad? ¿A caso dudas de Tathâral? ¿O dudas de Branda y el Consejo? - Encaró Ramjakhîn mientras le miraba con sorna y, a la vez, con un aire de superioridad.
Para sus adentros, Kelnêtir no entendía cómo era posible que tanto en Dakôsto como en el Aratûre confiaran tanto en el hereje, dándole el poder de manejar asuntos de los aldalântar. Es más, no le daba buena espina la complicidad con que había visto, en más de una ocasión, hablar al pequeño pirata de Eglamar con aquella elfa, Sura Erialheri... quien en años posteriores fue tachada de traidora al pueblo alda y, según rumores que escuchó de algunos soldados pertenecientes a la cuarta compañía, actualmente hacía trabajos de limpieza y espionaje al mejor postor, bajo el apodo de “Manos de serpiente”.
En fin, sólo rumores; pero algo le decía en su interior que no se debía fiar.
...
Todo estaba en silencio. Un grupo de elfos aldalântar, liderados por Sura Erialheri, se desplegaron bajo la tierra y esperaron pacientemente.
A la señal de la comandante atacaron al unísono a los sorprendidos hombres de Namnatur, que no daban crédito a lo que veían bajo la luz de las cálidas antorchas.
Cada uno de los soldados aldalântar, bajo el mando de la ainadaka, empuñaba asombrosas espadas y ejecutaban movimientos de ataque tan veloces, que apenas podía distinguirse dónde acababa una espada y dónde empezaba la otra, demostrando las largas horas de entrenamiento bajo la dura mirada de la elfa aldalânta.
Pero los sorprendidos hombres de Namnatur no se aminoraron. Se mantuvieron firmes, parando y desviando los golpes, así como cargando con la furia que podían entre las estrechas galerías, reprimiendo el impulso de cargar ciegamente contra los rivales.
Namnatur y sus hombres conocían aquellas grutas como la palma de su mano y no daban crédito al hecho de que aquel grupo de extranjeros pudiesen manejarse con tal soltura en aquella oscuridad. Pero de a poco empezaron a entender la razón. Así como aquellos se prepararon firmemente para atacar el corazón de Breald, aquellos experimentados en batallas, conociendo sus planes, se prepararon para dicho encuentro.
La lucha bajo tierra se prolongó por varios minutos. Los soldados mantenían la posición sin seguir ni dejar avanzar a ninguno de ellos. Mantener posición había sido la orden y mantener vivos a los cabecillas de dicho asalto.
Mientras la lucha se mantenía en las profundidades de la tierra, Namnatur, junto a un grupo de sus hombres, lograron filtrarse por las calles de Breald, pero un destacamento de soldados aldalântar y soldados de Breald, guiados por Kelnêtir, les salieron al paso, prolongándose la lucha por las calles de la ciudad.
Los mercenarios de Ramjakhîn arrollaron a los soldados de Namnatur y encerraron al resto en medio de la plaza de la ciudad.
El líder de Eglamar, mientras, observaba atento las espadas con las que Namnatur había equipado a sus soldados. Eran dignas oponentes de las armas de sus corsarios, pero no habían conseguido que la revuelta tuviera éxito. Todo había acabado.
Aquella mañana las cosas cambiarían nuevamente en Breald. La plaza estaba completamente concurrida por los lugareños que observaban como los sobrevivientes al fallido ataque de la ciudad eran sometidos a juicio públicamente.
Los más influyentes de la ciudad, junto al oficial Kelnêtir -quien intentaba llamar a la calma -, exponían públicamente los planes descubiertos de aquellos hombres y del maquinador de dicho plan: Namnatur, un conocido matón y traficante de los bajos fondos.
Pero entre los habitantes, quienes más elevaban las voces por justicia no eran de Breald... en las artes del engaño, los piratas de Eglamar, los mejores en las prácticas de la pillería, fácilmente podían pasar desapercibidos como uno más de los lugareños.
La condena de los actos no se hizo esperar. El pueblo airado decidió la pena máxima: la ejecución de los cabecillas y el destierro de sus cómplices.
Kelnêtir no daba pie a lo que estaba ocurriendo, pero aquella era la decisión del pueblo y no quería tener más problemas con sus habitantes.
Los ya condenados a pesar de los ruegos, quejas y gritos no pudieron hacer nada. De una u otra forma su suerte ya estaba lanzada.
Un hombre algo extraño pasó al frente, vestía albornoz y bajo él un chaleco sin mangas. Un sombrero de ala ancha con un penacho emplumado cubría su calva cabeza. Si su presencia era ya un espectáculo para los eglamarinos, más lo era para los nativos de Breald.
Gadusth era un bribón sin casa, cosa no muy bien vista entre los habitantes de Eglamar, pero que por ser una importante pieza en la valiosa venta de información, se le dejaba tranquilo, a parte de ser la mano derecha de la ainadaka le otorgaba cierta libertad en su labor ya conocida.
Levantó su espada dando a entender que el sería quien ejecutaría aquella sucia misión. Sin inmutarse colocó el filo de su reluciente espada en la garganta de Namnatur. Su muerte fue rápida, Su espada reluciente se elevó envuelta en sangre antes de dejar caer ya sin vida al infortunado.
El griterío del pueblo estalló en el instante. Unos a favor de lo ocurrido, otros no muy convencidos. Mientras, se veía a mujeres cubriendo el rostro de los pequeños que se habían acercado al lugar.
Al mismo tiempo, en una esquina, Sûra Erialheri observaba pacientemente. Una fuerte venda le cubría el brazo desde el codo al hombro y una magulladura le recorría su mejilla señal del fuerte golpe recibido después de ser herida al intentar desviar una estocada directa a su corazón.
A su lado, Ramjakhîn contemplaba impávido la reacción del pueblo y la decisión de los ahí convocados.
- Todo está resultando como fue planeado - dijo al final la elfa ainadaka.
- Así es...uno tras otro caerán…cada uno de los que manejan este gran mercado negro. La necesidad sólo es cuestión de tiempo Sura. Y el resto, será sólo beneficios para Eglamar.
-¿Sólo Eglamar? - dijo con picardía la ainadaka mientras miraba de reojo a un compungido Kelnêtir, quien, al cruzar la mirada con la elfa, sintió que el frío le recorría el cuerpo.
Muy pocos soldados habían sido heridos. Pero nadie le podría quitar aquel gusto amargo de la boca al oficial aldalânta ni la sensación de que se confabulaba lentamente el mal en las Tierras del Sol.
Resumen de la batalla.
Nensir ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.
Recuperables: 252 puntos.
Valoraciones: 7.8 + 7.8 + 7.8 + 7.48 = 7.7075
Recupera: 194 puntos. Han solicitado daños por valor de un 20% lo que supone una recuperación adicional de 70 puntos.
Recupera: 252 puntos
Por el retraso en la publicación de historias acumula una sanción de 2 armadas, es decir, 70 puntos.
Pierde: 133 puntos.
Compañías actualizadas y listas.
Por la batalla Nensir recibe 150 monedas.
Por la participación en la batalla se reparten 150 Nóti.
Por las historias se entregan 84 Nóti.
Saludos!
Historia finalizada.
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