La Guerra de los Clanes

Tulkatumbo. Ciudad Aldalânta.

Escribiéndose...
Escrito el 30-07-2008 18:42 #1

El Valle Poderoso. Éste es el nombre del sitio desde que los antiguos mercaderes establecieron aquí sus tiendas y sus factorías, al amparo de los muchos peligros del mundo. En este boscoso e impenetrable valle, que se abre en la más austral de las estribaciones de Ondoninkwê, los mercaderes acopiaban los productos de toda Rómenor para intercambiarla entre ellos, y para luego partir en nuevas gestas comerciales. El Valle Protegido se beneficia de un puerto natural al Mar Interior de Kelkaranî, y desde aquí los navegantes alcanzan Nirent para llevar las mercaderías al mar oriental, o bien hacia Ahyamára -100 millas al sur-, desde donde parten las caravanas del desierto y desde cuyo embarcadero también las barcazas de Etzenselon remontan los ríos hacia el sur y hasta las costas occidentales de Rómenor. Pero los mercaderes antiguos asimismo comerciaron con los Hombres del Bosque y con los Enanos de las Montañas, e incluso desde los primeros tiempos establecieron lazos mercantiles con los Edlâr abarî, y la ruta marítima hacia Airalondë fue siempre una de las más importantes.

Con el tiempo, muchos mercaderes se convirtieron en artesanos, y herreros, y tejedores, y leñadores. Y Tulkatumbo creció. Y también los mercaderes extranjeros, desde los confines más remotos de Rómenor comenzaron a llegarse hasta aquí para comprar y para vender, y cientos de ellos se establecieron en nuestra villa. Y con los siglos el Valle se convirtió en un enorme mercado, siempre atiborrado de gentes de todas las razas y culturas: una plaza franca para toda Rómenor donde las mercaderías más exóticas del Sur y del Norte se intercambiaban, donde los rateros y los artistas ambulantes medraban, y donde algunos de los más grandes mercaderes pronto comprendieron que necesitaban proteger tanta riqueza.

Pero no sólo el comercio da renombre a esta hermosa villa, existe en las afueras de la ciudad un pequeño edificio visitado desde antiguo, es la Biblioteca de Tulkatumbo. Muchos escritos sobre la historia de Rómenor se hallan en sus estantes, pero lo más característico de esta biblioteca es una pequeña sala dedicada a "Desastres provocados por el Agua". Esta sala se creó por eruditos de la Casa Borhala tras su encuentro con Balcnîn a modo de recuerdo de todos los daños infligidos por el malhadado Señor de las Aguas.

En el año 1326 de la Segunda Edad del Sol en Tulkatumbo se instauró un poder militar de policía y de guardia de frontera, financiado por los mercaderes del Valle pero comandado por un Elfo Oscuro a quien en el Valle llamaban El Gran Yustë. La Guardia de Tulkatumbo resultó en un gran beneficio para todos, pero siempre los tributos a mercaderes y artesanos fueron considerablemente grandes, y los comerciantes no estaban muy seguros de comprender la necesidad de tal cantidad de fuertes y fortalezas, de murallas y de barcazas militares en sus aguas. Sin embargo el mercado de Tulkatumbo crecía y medraba, y los resquemores y las sospechas de sus gentes eran muy prontamente olvidadas debido a las grandes ganancias que recogían año tras año.

Hace ya dos siglos que Tulkatumbo es el centro de intercambio comercial más notable de Rómenor. Y su población, aunque relativamente pequeña y constreñida en los límites del Valle y por el Mar, es floreciente y muy opulenta, y sorprendentemente llamativa por una característica muy por fuera de lo común: la pacífica y cordial convivencia de Hombres, Elfos y Enanos bajo los fragantes árboles frutales y en torno a las mismas plazas y edificios de piedra blanca. Tulkatumbo parece ser, a los ojos del visitante, una de esas grandes excepciones y agradables sorpresas a las que el mundo nos expone muy de tanto en tanto.

Tulkatumbo cuenta con numerosas ferias anuales, y algunas bianuales, a las que suelen concurrir comerciantes y viajeros de todo Rómenor, e incluso de fuera-de-Rómenor.

La feria de los textiles

De todas las ferias comerciales de Tulkatumbo, una de las más vistosas y curiosas, y que más gentes atrae de todo el mundo es la feria de los textiles. Anualmente se reúnen los vendedores y compradores de pieles y cueros, de tejidos y forjas de todo Rómenor; y las mercaderías comprenden los más variados estilos y las más diversas calidades; y las más de las veces el viajero encontrará productos insospechados de las más lejanas tierras. Hace ya veinte años que incluso se han acercado a la feria los grandes comerciantes de fuera-de-Rómenor, los Númenóreanos, unas gentes de piel blanca y de ojos oscuros que comprenden el élfico común, aunque lo hablan de un modo muy particular, y que suelen adquirir productos del país en grandes cantidades.

Para la estadía de los visitantes y viajeros, Tulkatumbo dispone de enormes posadas en el puerto, en el centro, e incluso a la sombra de las montañas, en los rincones más umbrosos de la ciudad. Para estas épocas de multitudes extraordinarias, la Guardia suele reforzarse y sus actividades se incrementan en mucho. No es raro que el extranjero sea sometido a un breve interrogatorio, o que ocasionalmente algún visitante sospechoso deba ser alojado por una o dos noches en una Fortaleza, hasta aclarar su situación y sus intenciones.

(por Seregruin)

Escrito el 30-07-2008 18:44 #2

Verano de 1601 de la Segunda Edad

El año 1601 de la Segunda Edad fue un año intranquilo para Tulkatumbo. Su carácter cosmopolita le convirtió en el enclave perfecto para todo tipo de intrigas, complots y acuerdos secretos en aquella época en que una gran guerra se fraguaba en los rincones de Rómenor: la guerra de los Taltarilli. Especialmente complicadas fueron las relaciones con los elfos de Galador, más al norte de la ciudad del Valle. Seis meses antes de que empezara el año 1601, Tathâral Âryon, miembro importante del consejo que gobernaba a los elfos de Galador, fue encarcelado en Tulkatumbo acusado de espía y de escándalo público debido a ciertos hechos ocurridos en la feria del textil de aquel año. El elfo fue liberado pocos días después, pero las tensiones continuaron. Es más se agravaron por varios hechos. Primero la alianza de los elfos de Galador con los piratas de Eglamar y una intriga secreta que se había gestado en todo el Numenya Aldalaurë en contra de los preciados y divinizados dragones de agua de aquellos elfos.

Por si no fuera poco, durante los primeros meses del 1601 SE, Tulkatumbo se convirtió en el núcleo de asalto de los llamados lóceroquen, aliados del que se reveló como el Gran Enemigo de Rómenor, Balcnîn. Todo esto condicionó que, los Elfos de Galador aliados con los piratas de Eglamar, atacaran la ciudad el 7 Aqua Duir.

Esto había escrito Tathâral Âryon, de los aldalântar, a Ramjakhîn, Gran Pirata de Eglamar:

“Mi estimado Ramjakhîn.

El Aratûre ha decidido que ha llegado el momento de invadir Tulkatumbo. En los últimos meses como bien sabéis de primera mano, las acciones comerciales en esta ciudad no han estado en su mejor momento, impuestos cada vez más desorbitados, mercancías deterioradas, pillajes, etc, han hecho que la fluidez comercial de norte a sur del continente con eje central en Tulkatumbo se vea detenida.

Hace poco menos de un año, yo mismo, Artadâko de los ejércitos de Galador, fui encarcelado en aquella ciudad cuando me hallaba inmerso en una misión secreta por la caza ilegal de dragones yondeneni.

Desde ese tiempo, mis espías no han dejado de estudiar la situación en aquella ciudad, escudriñando la trama interna que se gestaba en aquella ciudad. Y las sorprendentes investigaciones de las últimas semanas han descubierto la existencia de una mafia poderosa que va más allá de la ciudad del valle y se extiende por todo Rómenor, estando relacionada con el enemigo que se nos rebeló en las ruinas de Nilme Istyalvao hace un mes.

Mediante la mafia de Tulkatumbo, la guardia que controla la ciudad comercial se ha encargado de abastecer de víveres a los aliados del Enemigo, de los que ahora mismo conocemos a los lóceroquen, una casta de trasgos de las Ondoninkwê y a los elfos uonu-nyrr, para sufragar los gastos de la guerra que aún preparan en la tierra del sol. Esta mafia se vio tambaleada cuando, hace ya casi un año, nuestro pueblo puso freno al comercio ilegal de las pieles de nuestros queridos dragones. Pero este hecho no hizo sino aumentar el desconcierto y el miedo en Tulkatumbo aunque aparentemente siga siendo la ciudad cosmopolita del pasado.

Son estas razones las que ha estimado el Aratûre para iniciar la campaña militar en el Valle Poderoso. Junto a tus corsarios, contaréis con un ejército de elfos aldalântar a cargo de la ainadaka Sûra.

Confiamos en el triunfo de esta campaña.

Tathâral Âryon, Artadâko de Galador”.

Fue así, como, en el verano de 1601 SE, Tulkatumbo cayó bajo el control de los aldalântar y los corsarios de Eglamar.

[Editado por aratir el 01-08-2008 09:47]

Escrito el 01-08-2008 13:10 #3

Empezaba a amanecer y el aroma a sal que salpicaba el puerto de Tulkatumbo acariciaba el ambiente veraniego, sofocando el calor y el bochorno que por aquella época visitaba la ciudad del valle.

12 Aqua Duir 1601 SE

Ninthë, un elfo de cabellos dorados y rasgos suaves, paseaba por el puerto atento a la actividad frenética que se estaba desarrollando aquel día. Los barcos no cesaban de llegar de distintas partes del Kelkarani, llenos de pasajeros y mercancías. Ninthë esperaba que la actividad comercial y los mercados de Tulkatumbo siguieran siendo igual de exitosos como lo eran antes, confiaba en que el hecho de hubieran más barcos piratas en las aguas no impidiera para que los pueblos de Rómenor trajeran sus productos al Valle. La ocupación aldalânta y eglamari había tenido ventajas sobre la actividad cotidiana de la ciudad y del comercio de la misma pues otros pueblos se habían unido, voluntaria o forzadamente, a aquella alianza creando un flujo comercial desde Formenyaelen hasta las villas de los Hombres del Bosque. Pero por el contrario, la inestabilidad de los últimos meses en aquella parte del continente, había sembrado la incertidumbre y el miedo alrededor de Tulkatumbo.

Ninthë había vivido desde siempre en aquella ciudad, incluso varios siglos antes de que el Gran Yustë concibiera Tulkatumbo tal y como era en ese momento, aunque hubiera sido sustituido por el Gran Pirata, como llamaban a aquel extraño niño elfo que era el líder de los piratas. ¿Un infante élfico a cargo de los temibles corsarios del norte? ¿Quién lo hubiera dicho? Afortunadamente, la Guardia, tras una profunda remodelación, se había mantenido como órgano de control de la ciudad al tiempo que los visitantes aldalântar empezaban a ser más asiduos. Ninthë confraternizaba con aquellos elfos de los bosques y sus curiosos rituales, que no dejaban de tener como fondo la ancestral cultura élfica. Según sabía por sus abuelos, todos los elfos de Rómenor, hasta incluso los más oscuros y de negro corazón, provenían del mismo tronco élfico que avistó las costas romenoreanas cuando la tierra del sol era una tierra virgen y deshabitada. Así que el elfo se esforzaba por aprender todo lo que pudiera de aquellos elfos y sobre su veneración al dios que ellos llamaban Nensir. Su buena disposición le había hecho ser nombrado Segundo Oficial, estando por debajo de Sûra Eliaheri, que era la actual Oficial Mayor tras el encarcelamiento de Finnul, el anterior oficial mayor.

Su mirada se posó en uno de los grandes galeones de los piratas eglamari. Aún no terminaba de entender como los elfos aldalântar tenían trato con aquellos hombres sin escrúpulos ni moral. Aquel aspecto de la nueva situación política de la ciudad era el que no terminaba de aceptar. Mientras los visitantes aldalântar no ocasionaban ningún incidente a pesar de la mala fama que tenían antes de su llegada en Tulkatumbo, los corsarios eglamari ya habían producido algunos incidentes en algunas tabernas. Su actitud provocadora no terminaba de ser bien vista en la ciudad por los habitantes de la misma.

Se habían reducido los impuestos en Tulkatumbo pero habían aumentado los incidentes y el vandalismo.

Los guardias a su cargo iban y venían por el puerto, apuntando y vigilando las entradas y salidas del puerto, controlando las mercancías y pasajeros de cada uno de los barcos que llegaban o partían. Ninthë se encargaba de supervisar aquellos trabajos, de responder ante cualquier incidente y de recoger los informes.

Estaba distraído contemplando aquellos barcos eglamari cuando alguien tropezó con él. Se trataba de un hombre pequeño que cayó al suelo junto a las pertenencias que llevaba con él. Venía corriendo por el puerto y por eso no había visto al elfo.

- ¡Maldiciones!- se quejó mientras se levantaba apresurado por recoger aquellas cosas que se le habían caído. Cuando Ninthë pudo verlo mejor, vio que se trataba de un trasgo. Pero cuando reaccionó, el trasgo ya había guardado todo en su bolsa y se disponía a seguir su camino.

Ninthë lo agarró de un brazo antes de que se escapara. Los trasgos solían ser rateros o ladronzuelos y no sólo eso sino que en Tulkatumbo, desde siempre, todo aquél que pudiera parecer sospechoso de robo, espionaje o cualquier actividad que afectara a la ciudad, debería ser apresado e interrogado. Y más aún después de ser descubierta la mafia que Finnul, el anterior Oficial Mayor había mantenido en Tulkatumbo durante un año.

- ¿Dónde crees que vas? Estás detenido.- dijo Ninthë

El trasgo intentó desprenderse pero varios miembros de la guardia llegaron para ayudar al elfo.

[Editado por ingaran el 01-08-2008 13:30]

Escrito el 02-08-2008 01:37 #4

Un soldado, un joven de grandes rizos y nariz aguileña, llegó apresuradamente.

-Señor Ninthë, el Gran Pirata lo requiere en la Casa de Congresos.- anunció mientras resoplaba del cansancio de la caminata.

Ninthë ordenó a los guardias que llevaran al trasgo a uno de los recintos de detención más cercanos y les pidió a los guardias que buscaran a Verekh’tooh para que se encargara de interrogarlo. Mientras, las pertenencias que el trasgo llevaba en la bolsa le serían confiscadas.

El joven de grandes rizos se sentó entonces en un bloque de piedra. Estaba cansado después de correr por toda la ciudad hasta el puerto. Otro hombre se acercó hacia él.

-¡Buenos días, Tinekh! Te veo cansado.- indicó con una voz chistosa.

-¡Vengo corriendo desde la Ainak! Ya sabes cómo se las gasta el niño elfo y tenía que traerle una información a Ninthë.- explicó Tinekh.

El otro hombre se rio a carcajadas y le pasó una cantimplora con agua al muchacho.

-¿Qué tipo de información será para requerir a Ninthë tan temprano? Estos extranjeros son muy extraños.

Tinekh tomó la cantimplora y bebió abundamente. El agua era fresca.

-Parece ser que ha venido alguien importante de la tierra de los elfos aldalântar. Un tal Tathâral Âryon…

- Oh, recuerdo ese nombre. ¿Sabías que fue encarcelado en esta misma ciudad hace casi un año? ¡Cómo han cambiado las cosas en tan pocos meses!

Cerca de allí, tras unas cajas vacías y apiladas, una sombra se escabulló. Tinekh y su compañero siguieron charlando de las excentricidades de los extranjeros.

Entretanto, Ninthë se encaminó hacia el interior de la ciudad. Se preguntaba qué era aquello tan importante que el pirata elfo tenía que hablar con él a aquellas horas tan tempranas.

La Casa de Congresos estaba situada en Ainak, una de las mayores plazas de Tulkatumbo y que aglutinaba los más importantes edificios de la ciudad, como era la Casa Mercantil o aquel edificio al que se dirigía Ninthë, un tipo de palacio destinado a las reuniones de los dirigentes de la ciudad y en la que se trataban los asuntos más importantes concernientes a la misma. Era un edificio de piedra blanca y base redonda, con grandes ventanales y gran portón que daba entrada a la construcción. Cuando el elfo la cruzó, dos soldados le salieron al paso.

-Señor Ninthë. Ramjakhîn os espera en la gran sala.

Los soldados le acompañaron a través de varios pasillos hasta una gran sala, alargada y decorada por varios tapices. Un niño elfo se hallaba sentado en un asiento aterciopelado aunque su semblante distaba mucho de ser infantil. Aquello era lo que más le inquietaba del actual dirigente de la ciudad. A su lado, estaba la elfa Sûra, con su cara seria y firme. Y, junto a ellos, había un elfo alto fornido, de cabellos castaños y mirada altiva.

-Gran Pirata…- dijo Ninthë en actitud respetuosa.

-Ninthë. Nos ha honrado con su visita Tathâral Âryon, un sacerdote assana de Galador, y general de los ejércitos. Viene en representación del Consejo de Neitillot para tratar la política y el estatus de Tulkatumbo a partir de ahora. – explicó Ramjakhîn en referencia al elfo que les acompañaba.

- Encantado.- dijo Ninthë a lo que el elfo respondió con una sonrisa.

Escrito el 04-08-2008 11:42 #5

Los dos soldados que custodiaban las puertas de la Casa de Congresos volvieron a interrumpir. Esta vez acompañaban a dos hombres, uno de ellos de baja estatura y bigote prominente, con facciones rechonchas y cabello negro; el otro era un poco más alto, con grandes ojos y facciones marcadas.

- Fehran, Maestro Mayor del Gremio del Textil y Birak, Capitán del Gremio del Puerto. – anunciaron, tras lo cual abandonaron la sala.

- ¿Estamos todos? – preguntó entonces Tathâral, sin mostrar interés apenas por los recién llegados.

Se había dispuesto una mesa redonda en medio de la sala para aquella reunión. Se presentaba un día bastante agotador, había muchas cosas qué debatir sobre la nueva organización de la ciudad y muchos intereses en juego. Tathâral intuía que no sería fácil. A su lado, Ramjakhîn sonreía orgulloso. Sin duda, el puesto de honor en aquella reunión le producía una satisfacción que iba más allá de lo que realmente aparentaba. Tath conocía el interés que siempre había tenido el caudillo de los corsarios por sobre Tulkatumbo desde el momento en que Branda, la balta de los aldalântar le había dado la máxima potestad en la actividad comercial de Galador con otros pueblos de Rómenor. Aquel hecho le producía un enorme disgusto a Tath, aún no sabía cual era exactamente lo que unía a Branda y Ramjakhîn y, Sûra, no había averiguado mucho desde que había sido destinada militarmente a las empresas emprendidas conjuntamente entre Eglamar y Neitilllot, cuya alianza era bastante compleja desde el principio. Con la reciente ocupación aldalânta de una gran parte de las ciudades del Aldalaurë, los intereses de ambos miembros de la alianza se entremezclaban de una forma cada vez más enmarañada. El Gran Pirata no había permitido la existencia de sacerdotes de Nensir en Eglamar ni el someterse a las órdenes que le llegaban del Aratûre porque en verdad tuviera sangre aldalânta sino porque podría sacar a la larga una buena tajada de aquella alianza. ¿Pero qué esperaba conseguir Branda con aquella alianza cuando había tenido a casi todos los sacerdotes en contra? Aún lo que más rabia le daba a Tathâral era que, siendo él el precursor del acercamiento entre los piratas y los elfos, Ramjakhîn se hubiera puesto del lado de Branda a la larga.

”¿En qué te has convertido hermano?” , pensó Tath mientras miraba de soslayo al infante.

- Quisiera empezar con la situación en el puerto.- sugirió Birak mientras su arrugaba frente miraba atentamente al Gran Pirata. Había tensión en sus ojos. Los barcos corsarios de Eglamar, en apenas unos pocos días, habían arrojado una red de imposición dejando en desventaja a los habituales barcos tulkatumbianos. Habían ocurrido ya algunas trifulcas entre algún corsario y marineros y comerciantes de la ciudad.- En el Gremio no estamos de acuerdo con los privilegios que se les han dado a vuestros corsarios, Gran Pirata. Es más, los corsarios que comercian en Tulkatumbo deberían formar parte del Gremio y someterse a sus leyes.

Ramjakhîn soltó una carcajada que, con su voz infantil, sonó cómica.

-Los corsarios nunca se han sometido a ningún tipo de ley, ni siquiera en Eglamar, ¿por qué lo iban a hacer aquí?- preguntó jocosamente.

-¡Porque no estamos en Eglamar sino en Tulkatumbo! – exclamó enfurecidamente Birak, alzándose de su asiento. Cerca de Ramjakhîn, Sûra se movió en alerta. Tathâral se percató de aquel gesto.

Tathâral se reía por dentro. Mal camino estaba emprendiendo Ramjakhîn en Tulkatumbo si iba por aquella vía. Creía que en Tulkatumbo podría hacer lo que le viniera en gana como así hacía en Eglamar pero al menos los habitantes de Tulkatumbo parecían tener agallas.

La discusión entre Birak y Ramjakhîn fue en aumento y, cada vez se ponían menos de acuerdo. Birak seguía exigiendo que los eglamari se sometieran a las leyes del Gremio y Ramjakhîn no estaba dispuesto a dar concesiones a los marineros de Tulkatumbo. Fehran se unió a la causa de Birak y sacó a relucir las complicaciones que, en los pocos días de ocupación, habían ocasionado los corsarios por las distintas tabernas de la ciudad.

-…Tus corsarios hacen y deshacen a su antojo por las calles de la ciudad. Ni siquiera se someten a la Guardia. ¿No es así, Ninthë?- hablaba Fehran que se dirigió al elfo, segundo en la jerarquía de la Guardia.

El elfo se había mostrado en silencio durante toda la disputa. Movió el rostro cuando Fehran le dio vía para participar en la discusión.

- Creo que debería responderte a esa pregunta la Oficial Mayor aquí presente.- respondió, haciendo referencia a Sûra.

Tathâral miró entonces a la aindâka. Hubiera jurado que intentaba en ese momento fulminar con la mirada al elfo. Pero fue Ramjakhîn quién habló.

- Tanto Sûra como Ninthë responden en última estancia al Gran Pirata y vais a tener que empezar a admitir que ya no es el Gran Yustë quién impone orden en esta ciudad. Ahora soy yo quién manda.

Cuando Tath escuchó hablar del Gran Yustë, cayó en la cuenta de algo y preguntó de pronto:

-Por cierto, ¿qué ha sido del Gran Yustë? ¿Está encarcelado al igual que el antiguo Oficial Mayor de la Guardia?

Todos le miraron perplejos, sin duda, no esperaban esa pregunta.

[Editado por aratir el 04-08-2008 12:12]

Escrito el 08-08-2008 20:39 #6

Ninthë se sentía bastante incómodo en aquella reunión. Aunque estaba de parte de los Maestros Mayores de los Gremios de Tulkatumbo, se estaba mostrando ausente y distraído. Quizás supiera que aquello no iba a servir para nada. El Gran Pirata no cesaría en sus deseos de beneficiar lo posible a sus barcos eglamari y convertir a Tulkatumbo en el apéndice de Eglamar. La reducción de impuestos no había sido más que una concesión engañosa porque no sólo beneficiaba a los tulkatumbianos, sino que beneficiaba sobre todo a los barcos eglamari. Además, había visto que Tathâral, el que supuestamente venía en nombre de los aldalântar no había participado en la discusión. Parecía que aquellos elfos iban a permitirles a los piratas hacer lo que quisieran en Tulkatumbo. Le pareció, además, bastante extraño que Tathâral sacara a relucir el tema del paradero del Gran Yustë. Todos sabían que había desaparecido días antes de la ocupación.

Nadie respondió algo contundente sobre el paradero del Gran Yustë, algunos quizás hubieran deseado que no hubiera salido aquel tema a relucir.

Cuando el silencio que acompañó a la pregunta del aldalânta se había extendido lo suficiente, Ninthë decidió que era el momento de abordar a Tathâral y que éste le resolviera las dudas que tenía sobre el papel de aquellos elfos en Tulkatumbo.

-Assana.- empezó lo más cortés posible.- Creo que ya ha quedado más o menos claro las pretensiones de los corsarios sobre esta ciudad. Pero aún no sabemos cual es el papel que los elfos aldalântar tenéis en Tulkatumbo.

Ninthë notó la mirada inquisidora del Gran Pirata mientras que el elfo al cual se había dirigido se mostraba inalterable. Tardó en responder.

-Nuestra alianza con Eglamar es básicamente comercial, así que el hecho de que nuestras tropas hayan ocupado Tulkatumbo no tiene otro objetivo que mejorar las condiciones mercantiles y la fluidez comercial entre todos los pueblos del Aldalaurë. No obstante, aunque Ramjakhîn haya sido nombrado dirigente de la ciudad, tendrá que dar cuentas ante el consejo de Neitillot en todo momento. En Tulkatumbo no tiene la misma autonomía que disfruta en Eglamar.- añadió esto último mirando de reojo al pirata. Quizás en tono de advertencia.

Birak saltó entonces de su asiento, visiblemente alterado.

-¿Tratas de engañarnos, elfo? ¿Quién puede creerse que atacáis una ciudad con la única idea de mejorar el comercio con ella?- bramó, acusando a Tathâral de querer engañarles.

- De ningún modo. Es cierto que las relaciones entre esta ciudad y mi tierra nunca ha sido la mejor, sobre todo en el último año. La mafia que había instalado Finnul en secreto en esta ciudad nos afectaba claramente a los elfos de Galador. Pero no tenemos nada en contra de los habitantes de Tulkatumbo.

Birak soltó una carcajada tras la cual añadió:

-Ya habéis obtenido vuestra revancha y Finnul está encarcelado junto a los instigadores conocidos de esa mafia. ¿Por qué no simplemente os vais con los piratas a vuestras tierras y nos dejáis gobernarnos a nosotros mismos? Quizás podríamos firmar un acuerdo comercial y una alianza como la que tenéis con Eglamar y listo.

Por unos instantes, Ninthë notó que Tathâral dudaba ante el comentario de Birak.

-Queremos asegurarnos de que los aliados de Finnul no vuelven a reorganizarse en Tulkatumbo. Además hace un mes se nos reveló un gran Enemigo para todos los pueblos de Rómenor, un enemigo que tiene aliados y espías en todos los rincones de la tierra del sol. – dijo al fin.

[Editado por ingaran el 08-08-2008 20:42]

Escrito el 08-08-2008 21:53 #7

Tathâral sabía que aquella razón no iba a convencer a aquellos tulkatumbianos, pero aquella ciudad debía seguir bajo control de los aldalântar y los piratas de Eglamar. Al menos así, de aquella manera, él podría tener la oportunidad de investigar más sobre las acciones que Finnul había desarrollado en la ciudad del valle y conocer la trama en la que todo se conectaba con el Gran Enemigo que fue conocido en las ruinas de Nilme Istyalvao.

Decidió que aquella reunión empezaba a hartarle y, además, ninguna de las partes iban a ceder.

- Creo que podríamos dejar esta reunión por hoy. Estamos todos muy cansados. Podríamos continuar mañana.- sugirió al tiempo que se levantaba.

Afortunadamente, los demás parecieron estar de acuerdo con aquella idea. Al día siguiente se verían las cosas más claras. Se fueron levantando para abandonar aquella sala.

- Por cierto, deberías recordar que esta ciudad no es Eglamar, mi querido pirata.- le dijo Tathâral a Ramjakhîn antes de abandonar la sala.

[Editado por aratir el 08-08-2008 23:18]

Escrito el 08-08-2008 23:12 #8

Un insulto se dejó oir en la sala, dirigido a Ramjakhîn, se hizo el silencia ante tanta osadía. Tatharal estaba saliendo por la puerta cuando la tensión se adueño de la estancia. Un segundo apenas se necesitó para que se produjera lo que a continuación voy a contar.

La ofensa fue un latigazo en el orgullo del pirata, se le borró la sonrisa irónica de golpe. Cayó en la cuenta que les había subestimado y que ahora debía ganarse el respeto, pero, la cólera le recorría el cuerpo y tenía que hacerse respetar. Se levanto y en dos segundos se subió a la gran mesa y corrió extremadamente rápido hacia su enemigo. Cuando se quisieron dar cuenta la cabeza de este volaba contra la pared, rebanada de un solo tajo…el silencio fue perpetuo

¿Alguien más tiene que decirme algo?

Escrito el 08-08-2008 23:47 #9

Tathâral andaba a paso lento a través del pasillo principal de la Casa de Congresos. No terminaba de convencerle que el aratûre hubiera decidido que Ramjakhîn y los eglamari se encargaran de controlar la ciudad ocupada del valle. Conocía lo suficiente al pirata para saber que sus métodos no eran muy sutiles y que pronto se ganaría la enemistad de unos cuantos tulkatumbianos, dispuestos a no permitir un gobierno tan autoritario como el que Ramjakhîn estaba acostumbrado a emplear. Pero eran tantas las cosas que habían tenido que gestionar los aldalântar tras la llegada del grupo de la misión de Nilme Istyalvao que la empresa en Tulkatumbo había tenido que ser dejada en manos del gran pirata.

Por otra parte, aún Tathâral no había averiguado por qué Ramjakhîn lo había perseguido en aquella misión. Además que todo lo que había averiguado en aquellas ruinas también lo había hecho el pirata. ¿Le había revelado información privada a Branda de lo sucedido en Nilme Istyalvao? Posiblemente eso podría haber sucedido. Y si había sido, Branda sabría ya que él había sido demasiado escueto con los informes aportados al aratûre de la misión en el sur. Esperaba, no obstante, que la leyenda del caldero aún permaneciera en secreto para Branda y sus allegados. Si las sospechas de su hermana eran ciertas, el aldakune y los taltarilli tendrían mucho que ver.

En esos pensamientos estaba cuando algo le distrajo la atención. Varios soldados iban en dirección opuesta a él.

-¿Qué ha ocurrido?- preguntaron.

-La reunión ha terminado. El resto está saliendo de la sala de reuniones.- respondió Tathâral, aún ajeno a lo que había sucedido tras abandonar él la sala.

-Hemos escuchado unos gritos. Han sido bastante…

Tathâral comprobó los rostros realmente preocupados de los soldados. Decidió ir con ellos de regreso a la sala. Y cuando llegaron, se encontraron con la escena: la cabeza rebanada de Birak en una esquina de la sala y Ramjakhîn en actitud amenazante encima de la gran mesa. Aquello no pintaba nada bien para los intereses de los aldalântar en Tulkatumbo.

-¡Por Nensir! ¿Qué has hecho?- preguntó Tathâral a Ramjakhîn con un tono bastante enfurecido.

[Editado por aratir el 08-08-2008 23:48]

Escrito el 09-08-2008 06:35 #10

Sura se encontraba en una esquina de la sala, sabía que el pirata no tardaría en descargar su rabia sin medir consecuencias.

La vida de aquel infortunado no le importaba para nada, pero sabía que aquello traería complicaciones.

- Cada acción trae consecuencias, y hay que ser lo bastante cauto para medir nuestras acciones, en especial si se trata de intereses comerciales - dijo la elfa algo irritada ante el actuar poco razonable del pequeño-. Cuando aprenderás que hay trabajos que es mejor hacer cuando nadie vea o escuche - fue lo último que pronunció recalcando las últimas palabras, antes de que la sala fuera inundada por algunos curiosos y por Tathâral que miraba al gran pirata con una expresión entre perplejidad y furia convinada.

El elfo miró a la elfa con la misma furia que antes había usado con el ya caído Birak, pero se encontró con una mirada de igual fuerza, un tempano de hielo dificil de derretir, manteniendo las miradas por un momento, antes de que la elfa diera la media vuelta para llamar a algunos hombres de confianza, debían recoger el cuerpo del caído y limpiar aquel desastre ante la atónita mirada de los ya ahí presentes.

<< Razonamiento y mente fría por sobre las fútiles emociones, te han mantenido viva, será mejor que pienses en algo >> se dijo a si misma antes de salir de la sala en calma, en dirección de sus aposentos.

<< Ramj está acostumbrado a esto, sabrá como solucionarlo>>