Osto Ohtalossê. Primavera del año 1599 S.E.
La lluvia tenue que cubre la ciudad desde primera hora de la mañana me recibe con los brazos abiertos al salir de casa. El manto de crepé azul que cubre mis cabellos apenas sirve para protegerme de la lluvia, por lo que acomodo sobre él la capucha de piel blanca de la capa.
Quizás la lluvia amaine a lo largo del día. Eso nunca se sabe. La primavera alterna días fríos y lluviosos con días espléndidos de sol y calor; incluso a lo largo de un mismo día el tiempo puede cambiar sorprendentemente.
Pero aquella lluvia matinal no supone en modo alguno un impedimento al ajetreo primaveral de la ciudad. Asciendo a través de una calle lateral que conecta directamente con Taratiê, la avenida principal que desemboca ante las grandes puertas de Parma Thyr. La guardia del Balî permanece de pie ante los grandes portones, aparentando mantener la mirada fija en el infinito, aunque sé muy bien que observan atentamente a todos los que traspasamos las puertas.
Paso por alto la exquisita ornamentación escultórica y arquitectónica del Khotsê. Subo rápidamente por la amplia escalinata de piedra blanca hasta resguardarme de la lluvia bajo el frontón tallado que sostienen las grandes columnas estriadas.
Nada más atravesar las grandes puertas acristaladas retiro la capucha de piel hacia atrás, y desato los nudos que cierran la capa, sin dejar de avanzar por el enorme pasillo de mármol blanco y rojo. A ambos lados se abren puertas lisas de madera blanca, algunas de ellas dobles, y la mayor parte cerradas. Sin embargo, no aminoro el paso hasta casi el final del mismo. Me detengo ante una de las puertas situada a mi izquierda, y la golpeo suavemente con los nudillos.
- ¡Adelante! – la voz que llega desde el otro lado de la puerta es dulce pero autoritaria a la vez. Abro la puerta rápidamente y entro en la habitación al tiempo que retiro la capa de mis hombros.
Elesinyê se encuentra sentada ante una gran mesa de madera roja atestada de papeles, sonriéndome amablemente.
- Cierra la puerta – me dice al tiempo que se incorpora lentamente, y yo cumplo rápidamente su petición. Después añade – Me alegro de verte Syâra.
- He venido en cuanto he podido – respondo con semblante serio – Pero no ha sido fácil escabullirme de Thyrost sin dar explicaciones Elesinyê. Por lo que supongo que tus motivos para hacerme venir han de ser verdaderamente importantes.
Elesinye señala el sillón que se encuentra a mi derecha, y una vez me acomodo en él, ella se sienta de lado en la mesa.
- Es un asunto más que importante – sus ojos dorados me miran con intensidad, y puedo ver una sombra en su mirada – Se trata de algo extremadamente grave. Algo que requeriría de mi más dedicada atención si no fuera porque aquí en Ohtalossê cada día se me complican más las cosas. Tú lo sabes bien…
- Entonces no se trata de nada relacionado con el Balî – concluyo con cierta decepción en la voz.
Ella sonríe abiertamente, y por un momento las sombras de sus ojos desaparecen.
- En cierta forma, todo lo que ocurre en Ohtalossê tiene que ver con el BalÎ – responde – El Balî personalmente ha requerido voluntarios para ésta… misión. Supongo que pronto encontrará alguno de su entorno, dispuesto a ocuparse de ella. Y por supuesto, sea lo que sea lo que vaya a descubrir, quiero ser la primera en enterarme. Si puede ser, antes que el propio Balî.
- Comprendo – por primera vez una amplia sonrisa asoma a mis labios - ¿De qué se trata entonces?
- Tú misma estás al corriente de la extraña plaga que se está extendiendo sobre Dakondor procedente de los pantanos del Este. No es nada nuevo, y aunque gracias al toque de queda hemos conseguido detener su avance, las cosechas merman, y en los campos aldeas enteras han sucumbido a sus efectos.
- Sin embargo eso es algo de lo que el Airassê y los Envinyar deben encargarse, ¿no es así? No veo la relación de esa plaga con el Otomassê. Ni conmigo.
- Y así ha sido, al menos hasta ahora, Syâra. Lamentablemente ni las ofrendas y oraciones del Airassê, ni los conocimientos curativos de los Envinyar, han servido de nada hasta ahora. Y mucho me temo que seguirá siendo así. No obstante, hemos descubierto que quizás hay algo más de lo que parece a simple vista en éste asunto. Y ahí es donde entra el Otomassê, y más concretamente, donde entras tú.
- No se por qué me sorprendo de tu capacidad para la intriga, después de tanto tiempo – sonrío con cierta ironía en la voz. Una ironía que a ella no le pasa desapercibida, y ella ríe abiertamente.
- ¡Hay cosas que el tiempo no cambia! Y por lo que veo, todavía conservas hacia mí parte del rencor que nos tuvimos durante el Narwanolmë.
- No te equivoques, Elesinyê. – sostengo con una sonrisa velada – No hay rencor. Todo aquello pertenece al pasado, y creo que ambas lo hemos superado. Rivalidad, competición. Ahora soy maestra en Thyrost, y comprendo mejor que nadie cómo se fomentan esos sentimientos entre los alumnos más sobresalientes. Pero también hay valores. Compañerismo, lealtad, hermandad. Somos hermanas de armas y eso no cambiará nunca – mis ojos de un intenso color añil se funden con los suyos – Pero hay cosas que el tiempo no cambia. Confío en ti, pero he aprendido a mantenerme en guardia.
Ella asiente con una sonrisa. Se incorpora rápidamente y rodea la mesa para sentarse ante la mesa del despacho.
- Te diré entonces qué es lo que he podido averiguar hasta ahora – dice, recostándose despreocupadamente sobre el respaldo – Ni que decir tiene que todo esto ha sido informado directamente al BalÎ, y después ha llegado a mí de forma, digamos, discreta. Según parece nuestros espías han informado que ésta plaga afecta a diferentes pueblos de Rómenor. Mal de muchos, consuelo de tontos, dicen. Esa información, por sí sola, no sirve de mucho. Pero algunos de estos pueblos se han puesto en marcha, intentando averiguar de dónde procede, y si existe alguna forma de detenerla. En concreto, los más útiles han sido nuestros espías en Neilillot. Según parece, la mismísima Branda y el General Tatharal – pronuncia sus nombres con evidente repulsión, y lo comprendo – han viajado a la Biblioteca de Tulkatumbo en busca de alguna información. Y para nuestra sorpresa, algo deben de haber encontrado. No estamos seguros, pero nos han informado que han enviado un grupo a investigar hacia el sur de aquella ciudad. Nuestros informadores todavía les están siguiendo, y sus últimos mensajes indican que acaban de alcanzar la ciudad de Ahyamára.
Elesinyê toma aliento, antes de continuar.
- El mismo Engrel ha decidido enviar un grupo en barco, remontando el Kelkaranî, y seguir desde allí sus pasos. Todo lo que ellos averigüen, nos servirá a nosotros. Quizás incluso vosotros mismos podáis descubrir algo que ellos pasen por alto, si es que conseguís descubrir a dónde se dirigen.
- Acepto la misión, sin duda – sonrío – pero quienes formaremos el grupo, y quién estará al mando.
Mi última pregunta no la sorprende, al fin y al cabo, ambas somos soldados nurulântar.
- Tú misma estarás al mando, Syâra. Es posible que mi hermana se incorpore a la misión, su ayuda será fundamental, pues es una experta en hierbas y curas. Pero desde el punto de vista militar, tú estás al mando.
- ¿Y el enviado por Engrel? – pregunto, insistiendo en ese punto, pero sin poder ocultar en la voz la satisfacción que me produce el saberme al mando.
- Se trata del Arkên Vintur – dice finalmente.
- Dudo mucho entonces de que esté dispuesto a cederme el mando – indico arqueando una ceja.
- Sin duda no le será fácil – ríe Elesinyê – Pero nuestro buen Vintur tendrá que hacer lo que el Khotsê determine. Y eso, Syâra, corre de mi cuenta.
Su risa es contagiosa, y no puedo evitar reir con ella.
- ¿Cuándo partimos? – pregunto finalmente.
- El Khotsê se reunirá de urgencia ésta misma tarde. El barco está preparado en Airalondê, por lo que es posible que se os requiera para partir hoy mismo, al anochecer.
Me levanto rápidamente, mientras en mi mente se agolpan ya cientos de tareas, pendientes de organizar con urgencia.
- Estará todo dispuesto para ésta misma tarde.
Ella se levanta también, y me acompaña hasta la puerta.
- No esperaba menos de ti, Syâra. En cuanto esté la orden, te enviaré un mensajero – me mira fijamente antes de abrir la puerta – No obstante, ten mucho cuidado. Engrel sospechará que trabajas para mí, y eso te situará en su punto de mira.
- Entiendo. Y sin embargo, eso mismo es el mayor aliciente que ésta misión tiene para mí – respondo simplemente, y después me despido con una sonrisa – Haryalnâ Elesinyê.
- Haryalnâ Syâra – responde ella alzando la mano abierta, aún cuando mis pasos ya resuenan levemente sobre el suelo de mármol blanco y rojo del pasillo.
[Editado por Indil el 10-08-2008 00:38]