Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nórë rá Rilmalotsë" = 22
Armadas perdidas por "Maianor" = 20
Victoria para Maianor, no se produce saqueo

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nórë rá Rilmalotsë" = 22
Armadas perdidas por "Maianor" = 20
Victoria para Maianor, no se produce saqueo
El día amaneció gris, lo cual no era una buena premonición… Éldoriën se hallaba junto a su hermano Íriniël en los lindes del bosque Nendataure, al pie de las montañas. Delante de ellos se podía ver la ciudad de Geigasa con sus grandes muros más negros que el carbón extraído de la más profunda mina. Los enanos estaban nerviosos, la mayoría de ellos nunca había luchado en su vida. Éldoriën camino entre unos altos arboles y se dirigió hacia un grupo de hombres y elfos que se hallaban reunidos y discutían
-¿por que discuten? Pregunto Éldoriën
-“no entiendo”, respondió el hombre más alto, “¿porque tenemos que atacar esta ciudad? No deberíamos estar aquí…Hay leyendas que cuentan sobre este lugar, se dice que adentro hay criaturas viles y perversas que asesinan sin piedad”
-“tranquilo”, respondió Éldoriën con sutileza, “no temas…todo estará bien”
Disconforme, el capitán elfo se alejo del grupo y volvió hacia su hermano… este contempló a Éldoriën con una extraña mirada
-“tengo un mal presentimiento”, dijo Íriniël, “no creo conveniente el ataque”
-“no te preocupes”… respondió Éldoriën en una voz muy baja, “todo está listo, pronto esa ciudad dejara de atormentar a las gentes de los bosques de Nendataure”
Sin embargo, el joven capitán no estaba tan seguro de sus palabras… su hermano tenia la habilidad de presentir el peligro y que tuviese malos presentimientos no era algo para ignorar.
-“pero”, continuo Íriniël, “los hombres están desanimados y tienen miedo… creo que lo más inteligente seria marcharnos y volver más adelante”
-¡no!, exclamo Éldoriën, y al hacerlo varios enanos que estaban sentados se levantaron y observaron con atención al elfo… este se había caído al suelo y estaba sollozando.
-“¿¡que sucede hermano!?”, grito Íriniël agachándose
-“lo vi de nuevo”, respondió débilmente Éldoriën… “un espíritu, con la forma de un hombre viejo y agonizante me dijo que todos morirían… odio estas visiones, ¡no deseo esta maldición!, ¡no quiero escuchar mas estas voces ni ver estos espíritus!”
-“otra señal… enserio, vayámonos de aquí” dijo Íriniël
-“no retrocederemos” respondió Éldoriën, y luego de levantarse miro a sus hombres… unos trescientos enanos ya estaban de pie mientras que cientos de hombres y elfos se erguían… los caballos, que se encontraban unos doscientos metros mas allá del capitán, comenzaban a agitarse.
-“soldados… pronto avanzaremos hacia Geigasa… esta ciudad está inundada por orcos y otras inmundicias de Melkor que han llegado hasta Rómenor en busca de destrucción. No debemos permitir que sigan atormentando a las pobres gentes del bosque, también ponen en peligro nuestra frontera. Debemos eliminarlos cuanto antes y tomar esta ciudad para que tengamos un puesto de avanzada más allá de las mansiones de los enanos. ¡Debemos aniquilar a las huestes malignas para que haya vida pacífica en esta tierra!”Recitó Éldoriën
Pero nadie grito ni sonrió, nadie sintió deseos de avanzar… de repente hubo un largo silencio, no se oía más que el viento moviendo las hojas de los arboles. El elfo giro hacia su hermano
-“organiza a las tropas, avanzaremos ahora” dijo frustrado
-“no deberías ignorar esas voces, pues muchas veces te han salvado de desastres y peligros” respondió indignado Íriniël
-“no las escuchare nunca más, solo me atormentan pero no se cual es la razón por la cual me dicen las cosas a mí y no a otro… Tampoco sé como nadie más que yo los puede ver” confeso Éldoriën
-“de acuerdo hermano, te acompañare… estaré a tu lado cualquiera sea el desenlace de esta batalla” afirmo Íriniël
Dirigiéndose al ejército de Nórë rá Rilmalotsë, el elfo ordeno el avance… descorazonadamente, los soldados comenzaron a moverse hacia la ciudad. Éldoriën monto a Lagorlhain, su blanco caballo, y se acerco al límite del bosque… a unos trescientos metros más allá del último árbol, se extendía la gran ciudad de Geigasa. Esculpida por orcos al pie de las montañas de Orenáro hacía más de doscientos años. Nadie conocía que clase de edificios había dentro de los muros, pues nadie se había atrevido a entrar jamás. Solo se veía una gran torre en medio de la ciudad, en cuya cima había una gran antorcha que se prendía por las noches… todavía estaba encendida cuando el ejercito de Nórë rá Rilmalotsë comenzó a salir del bosque
Íriniël camino entre los hombres, quienes portaban las cuatro escalas que se usarían para escalar las murallas. A cada lado de la gran puerta, que tenia inscripciones en un idioma que nadie en Nimost había aprendido jamás, se colocarían dos escalas
Al mismo tiempo, Éldoriën acompañaba a los elfos que iban montados en blancos caballos con armaduras doradas… los enanos caminaban tras los hombres llevando un ariete que había sido montado en el bosque un día atrás. Íriniël contemplo el ejercito… unos doscientos hombres vestidos con armaduras plateadas contemplaban con miedo la ciudad negra, había cien de cada lado de la puerta (cincuenta por escala)… trescientos enanos marchaban por el medio del ejercito, treinta de ellos empujaban el ariete. Por último, cien elfos montaban caballos y esperaban en la retaguardia con sus arcos listos.
Repentinamente, un cuerno sonó dentro de Geigasa y varias banderas rojas comenzaron a verse a lo largo de la muralla… un extraño canto de guerra era despedido desde la ciudad y quebraba los corazones del ejercito de Nórë
[Editado por Eldorien el 04-09-2008 01:16]
[Editado por Eldorien el 05-09-2008 00:50]
El grupo de enanos siguió avanzando con el ariete por orden de Íriniël, repentinamente, cuando estos estaban a unos pocos metros de la puerta un grupo de arqueros(los que portaban el estandarte rojo) apareció arriba de ellos, los enanos confiados con la protección del ariete siguieron avanzando, pero no se esperaban que los enemigos se dividieran a cada lado del muro y dispararan sus certeras flechas justo a los costados del ariete (el punto más débil de este). Los hombres contemplaban atónitos como más de 200 enanos morían con las flechas y el resto se guarnecía justo debajo de la puerta, gritos de dolor se escuchaban desde lejos, el panorama era desalentador, más de lo que ya estaba. Un enano, empalado en el piso por las flechas, todavía con vida escuchaba no solo los silbidos de los disparos sino la risa malévola de los orcos. Los sobrevivientes sollozaban al ver a sus hermanos caer delante de sus ojos sin la mínima posibilidad de salvarlos. Un montón de enanos lograros escapar hacia el bosque, Éldoriën los llamaba para que se quedaran en la batalla. Uno de ellos, el más viejo de todos, paró repentinamente. Observo con la mirada fija atentamente a los ojos del elfo y con una expresión triste se llevo su mano al corazón mientras corría hacia sus compañeros que escapaban.
Éldoriën, desesperado, convoco a los elfos para que en formación oval disparasen a los enemigos a lo largo de la muralla. Orco tras Orco y Elfo tras Elfo iban cayendo, mientras los enanos se escondían más y más. En poco tiempo los orcos se retiraron con una sonrisa en sus labios y solo quedaban 40 elfos con vida, los caballos relinchaban asustados mientras regresaban al galope…Un ruido estremeció los oídos de Éldoriën…” ¡Flechas! “gritó el líder mientras sus compañeros giraban lentamente la cabeza hacia atrás observando los proyectiles que eran lanzadas desde el centro de la ciudad. Los desafortunados vieron como último, una punta negra que penetraba su ojo dejándolos sin vida en el piso mientras sus caballos se internaban en el bosque. Éldoriën siguió corriendo a pesar de las pérdidas, sus amigos pedían socorro pero nadie se animó a acercárseles por miedo a que el rango de las flechas llegara a matarlos. Un elfo gritaba atormentado, de repente se escucho una última flecha y el grito cesó. Un escalofrió invadió a los restantes, y su cabeza no paraba de decirles que habría sido mejor retirarse…
Íriniël atormentado por la caída de sus amigos y asustado por la posible muerte de Éldoriën (ya que este estaba con el grupo de caballos) mandó las escalas cargando hacia la muralla para distraer a los enemigos. Éldoriën susurro a Lagorlhain unas palabras que solo él entiende para que este se alejara hacia el bosque, mientras lo desmontaba justo al lado de un pelotón de escalas. “Síganme” reclamo Íriniël corriendo hacia el muro negro contemplando con sus ojos el poderío de la estructura que parecía impenetrable, unas gárgolas inspiraban terror con sus bocas llenas de musgo verde opaco y sus uñas más largas que las mismísimas picas. “-Sabia que no era buena idea-“pensaba el elfo
Los ejércitos con las escalas se arrimaban hacia el muro peligrosamente, cada uno esperaba llegar con vida, pero repentinamente una lluvia de flechas empezó a caer sobre los soldados. “Todavía tienen flechas” Grito Éldoriën a su hermano. El tercer grupo de escalas cayó unos minutos después, no quedo ningún sobreviviente, los enanos ya estaban desesperados y no querían salir de debajo de la puerta. “No se preocupen” comento Íriniël “cuando descendamos les abriremos la puerta para que puedan entrar”.
Los tres grupos restantes lograron llegar al muro y colocarse en formación, todo estaba bastante calmo para ser una guerra casi imposible. Los soldados comenzaron a trepar por las escaleras, primero los diez soldados que la portaban seguidos por sus respectivos generales y luego el resto del pelotón.
Los cuarenta elfos restantes soltaron todo su cargamento de flechas hacia dentro de la ciudad para poder matar inesperadamente a los enemigos que los esperaban detrás de los muros. Cuando lograron subir un soldado se acercó al capitán.
“Señor” vacilo el soldado “No hay nada señor” “¿Como es posible?” pregunto el elfo mientras miraba a su hermano en la otra punta del muro. No estaba seguro pero presintió que su hermano pensaba exactamente lo mismo.
El muro tenía dos metros de ancho, y la ciudad estaba desolada, solo habían unas pocas construcciones precarias de madera y barro, el piso parecía fangoso e inseguro, repleto de flechas y a lo lejos se veía la torre pegada a la montaña con su antorcha desprendiendo humo. Los hombres se empezaron a acercar al borde del muro, cuando recibieron flechazos desde abajo. Los restantes corrían asustados empujándose para escapar. Muchos caían agarrados de otros, el elfo pregunto que había pasado y la respuesta fue estremecedora. Los arqueros enemigos, con las pocas flechas que les quedaban, se habían pegado al muro y cuando los hombres se asomaron, fueron atacados.
“Reagrupaos” grito Éldoriën, y todos se formaron repentinamente lo más lejos del borde posible. Los arqueros orcos, ya sin flechas y con sus cuchillas en la mano, corrían hacia el centro de la ciudad. “Es nuestra oportunidad” dijo el elfo, “Hagan sonar el cuerno de ataque” “Si señor” respondieron, el cuerno sonó estremeciendo a los enanos, los pelotones se desplegaron y empezaron a bajar hacia la ciudad, el piso era muy extraño y parecía muy peligroso. Cerca de los arqueros enemigos salió un grupo de orcos con armaduras tan negras como el muro, un estandarte, en el cual había una lanza atravesando un cuerpo, era su emblema. Los orcos corrieron hacia los soldados que bajaban acalorados y cada vez más nerviosos. Íriniël pregunto a su hermano de donde había salido ese pelotón enemigo y este le contesto que no importaba, que eran pocos y que la guerra estaba ganada. Un pequeño grupo empezó a intentar abrir la puerta, cuando oyeron otro cuerno más.
Los enanos, esperaron a que las puertas se abrieran para poder entrar, su miedo era tal que no estaban en formación ya que sus mentes estaban pensando en que habría detrás del muro. Las puertas se abrieron de par en par y los enanos contemplaban atónitos como de la nada salían grupos enormes de orcos. Los enemigos salían de cuevas subterráneas con las que se habían cubierto de las flechas élficas. Los soldados preocupados empezaron a correr hacia el bosque pasando la puerta, los enanos seguían en su lugar sin moverse.
Los dos generales retrocedían junto con unos pocos soldados que habían quedado en el frente de batalla, “Íriniël!” grito Éldoriën “Hay que salir cuanto antes de este lugar, tenias razón al decirme que escuchara esas voces, aunque sean extrañas y escalofriantes. Hubiésemos salvado muchas vidas” “Yo te he avisado hermano, pero ahora eso no tiene importancia, hay que salvarnos nosotros y salvar a los demás” Respondió este. De repente Éldoriën dejó de correr y volteó para ver a los enanos que seguían en la misma posición, Íriniël lo tomó de un hombro, lo miró y le dijo “Hasta cualquier desenlace”, ambos salieron corriendo hacia la ciudad dando esperanzas a algunos que trataban de escapar, ellos junto con un pequeño grupo de hombres y elfos que habían dado la vuelta fueron en ayuda de los enanos.
El enemigo cargaba salvajemente, sin formación alguna. Pauta que dio a entender que eran bárbaros y no tenían un líder, los enanos al ver que detrás de ellos venían sus compañeros a ayudarlos, formaron para esperar el ataque. Los orcos se aproximaban, y los soldados que ya habían alcanzado a sus compañeros traspiraban de cansancio y la adrenalina corría por sus venas. El enemigo ya estaba sobre ellos gritando con odio, el feroz enfrentamiento se llevo a cabo.
Los dos hermanos se cubrían espalda con espalda e intentaban bloquear los golpes en los momentos más apropiados. Las espadas se llenaban cada vez más de sangre negra y viscosa, los soldados trataban de defenderse a toda costa mientras algunos caían. La sangre saltaba por todos los lados a los que se mirara, gritos de dolor estremecían los oídos a la vez que un escalofrío subía por las espaldas de los combatientes de Nórë. Los orcos habían traído trolls de las montañas y los soltaron repentinamente. “Corran, corran, corran, retrocedan hacia el bosque” gritaron los hermanos al unísono, y el ejercito empezó a correr hacia el bosque sin posibilidad de retorno alguno perdiéndose en los claroscuros.
Luego de haber huido por más de diez minutos, los hermanos se detuvieron… el grupo de enanos, hombres y elfos que habían luchado en la puerta y que los seguían ahora ya no estaban.
-“¿A dónde han ido todos?” pregunto jadeando Íriniël
-“no lo sé… se deben haber quedado atrás” respondió intranquilo Éldoriën
Todavía se escuchaban gritos que provenían desde el norte… era allí donde Geigasa, la ciudad negra, estallaba en escalofriantes gritos de victoria. Los hermanos estuvieron sentados unos cinco minutos recuperando el aliento, Éldoriën limpiaba su espada Úrinië con una gran hoja verde que había caído del árbol donde él estaba apoyado.
-“perdona de nuevo hermano” dijo en un tono casi inaudible
-“no tienes porque pedir disculpas, todos cometemos errores, y por más grandes que sean se pueden solucionar… volveremos algún día de cantos de victoria y regocijo”
Inmediatamente Éldoriën recitó:
-Más allá del horizonte
Donde el mar se mezcla con el cielo
Donde los celestes se unen en armonía
Esta mí corazón
Más allá de Telumendil
Donde las estrellas forman el cinturón
Cuando el presagio se aproxime
Allí estará mi corazón
Los gritos orcos habían cesado y los hermanos quedaron en silencio… ninguno se movió y los ojos de ambos parecieron perderse entre las copas de los árboles… estaba anocheciendo
-“me gustan los bosques…pero a la vez me intimidan” dijo Éldoriën quebrando el silencio
-“¿porque te intimidan hermano?” preguntó Íriniël
-“pase mucho tiempo viviendo entre los árboles, solo… te he contado de mi pasaje por la tierra media, mucho tiempo atrás” respondió sin ganas Éldoriën
-“si, lo recuerdo ahora… pero no quiero pensar en ello. Por lo menos no en este momento” susurró Íriniël
Y justo cuando terminaba de pronunciar sus palabras, vio a un enano correr a diez metros de ellos. Los capitanes le gritaron para que dejase de correr, pero el viejo guerrero se asusto y cayó al suelo.
-“¿Donde están todos?” preguntó nerviosamente Éldoriën
-“todos mis hermanos han huido hacia el sur… estaban dispersos por el bosque pero un viejo enano estaba intentando reagrupar a todos… había hombres y elfos entre ellos también ¡yo no me les uní porque vi que un grupo de veinte orcos y un troll estaban internándose al bosque para buscar supervivientes!” respondió el enano que se estaba poniendo de pie mientras se acomodaba el detallado casco que se había caído de su cabeza al resbalarse
-“¡debemos unirnos a ellos!” exclamo Íriniël
Los capitanes comenzaron a seguir al enano hasta que por fin vieron que a lo lejos… un grupo de combatientes de Nórë se agrupaba bajo el mando de un viejo enano.
-“¡valor, valor compañeros!, no importa si perdimos la batalla pues volveremos a esta condenada ciudad, ahora debemos concentrarnos en recuperar fuerzas y volver hacia Nimost… pero no todavía, hay un grupo de orcos con un troll que se acercan hacia aquí, nos están cazando. ¡Yo diría que los cacemos nosotros a ellos! ¡Tendamos una emboscada ahora mismo!
Esta vez, una sonrisa se dibujó en los labios de los soldados, Éldoriën nunca supo si fue por sed de venganza o por inspiración de sus palabras.
-“buen trabajo Tamast, has reagrupado a los sobrevivientes” dijo Íriniël al viejo enano
-“Era lo menos que podía hacer después de haberlos abandonado… lo siento, les he fallado” se lamento Tamast
-“no lo has hecho, tan solo salvaste tu vida… ¡ahora vamos a prepararnos para la emboscada!” dijo riendo Éldoriën
Bajo las órdenes de Íriniël, que era un experto en sigilo, lo que quedaba del ejército se preparo… pasados los veinte minutos de esperar escondidos, el grupo de enemigos se acercó al lugar predeterminado por el capitán elfo.
Los enanos se hallaban a los costados de un viejo camino usado en la antigüedad por los pueblos que habitan el bosque (era también usado por las hordas de orcos que salían de Geigasa para saquear las aldeas) había unos cuarenta y cinco enanos esperando cuerpo tierra (veintidós de cada lado del sendero) un poco más adelante, se hallaban los elfos y hombres (esta vez Íriniël con cinco elfos en un borde del camino y Éldoriën con cinco hombres del lado opuesto)
El troll iba en la cabecera de la formación, seguido por los veinte orcos que caminaban hablando en una extraña lengua y guiando con picas a la bestia ya que esta era torpe
Éldoriën preparo a Garathil y cargo una plateada flecha, mientras que su hermano preparo a Núrinië y cargo una negra flecha. Cuando el troll llego a la altura de los capitanes, Íriniël grito “¡fuego!” Y doce flechas fueron disparadas hacia el troll…
Estas impactaron en su pecho y espalda, pero las de los hermanos dieron en la cabeza… el troll lanzó un lamentoso gemido y cayó al suelo ya muerto. Los orcos se desesperaron e intentaron volver sobre sus pasos, solo para encontrar que los enanos se habían situado sobre el camino. Los valerosos soldados de Nórë cargaron contra el enemigo y desmembraron a las criaturas en pocos segundos.
Los combatientes festejaban mientras saltaban sobre el cuerpo del troll y se regocijaban.
-“¿¡ven soldados!? ¡No son inmortales!, morirán en nuestro próximo asedio” exclamó Íriniël
-“vamos, volvamos a Nimost” manifestó Éldoriën, “ya cantaremos victoria dentro de Geigasa, pero no todavía… no todavía”
El ejercito comenzó a marchar mientras el capitán elfo contemplaba por última vez el horizonte boscoso y se prometía a si mismo volver y vencer.
[Editado por Eldorien el 05-09-2008 01:08]
[Editado por Eldorien el 05-09-2008 01:09]
Resumen de la batalla.
Narwa ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.
Recuperables: 346 puntos.
Valoraciones: 8.1 + 7.66 + 7 + 7.2 = 7.49
Recupera: 259 puntos.
Pierde: 511 puntos.
Compañías actualizadas y listas.
Por la batalla reciben 450 monedas.
Por la participación en la batalla se reparten 200 Nóti.
Por las historias se entregan 84 Nóti.
Saludos!
Historia finalizada.
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