Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 7
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 21
Victoria para Maianor. La ciudad es libre de ocupantes.

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 7
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 21
Victoria para Maianor. La ciudad es libre de ocupantes.
Tulkatumbo, ciudad cosmopolita perteneciente al Númenya Aldalaurë. Lugar en que el intercambio comercial y la avenencia entre hombres, elfos y enanos se ha transformado en una asombrosa muestra de la posibilidad de convivencia pacífica entre las más variadas razas, produciendo un crecimiento ostentoso gracias a la rica pluralidad de culturas y creencias albergadas en aquella progresiva ciudad y otorgando el auge necesario para el floreciente desarrollo no sólo cultural sino también comercial. La ciudad destaca en especial por la variedad de sus ferias y festividades, así como también por la existencia de una de las bibliotecas más completas de todo Rómenor, la famosa Biblioteca de Tulkatumbo, cuyos extraños y múltiples ejemplares han atraído a un sinfín de viajeros con el fin de encontrar entre sus preciados textos, antiguos escritos de las más variadas letras. Un lugar donde centenares de extranjeros buscan entre aquellas sabias palabras las respuestas a un sinnúmero de interrogantes, tanto personales como de las inquietudes de grandes y prósperas ciudades. Todos sabían que en aquella biblioteca, custodiada por eruditos dedicados al conocimiento, podrían encontrar mucho más que papel.
Tulkatumbo, ciudad de gente tranquila y creativa, ciudad de grandes artesanos cuyos productos se pueden encontrar en las más alejadas comarcas de la región. Una ciudad beneficiada desde todo ámbito tanto por las rutas que conectan a gran parte de la población como por el puerto natural que da acceso al mar interior de Kelkaranî, permitiendo que los navegantes lleven sus mercaderías a distintos sectores del continente, incluso más allá del árido desierto, abasteciéndolo con la más variada gama de productos intercambiados tanto por tierra como por mar.
Una población floreciente que, por motivos obvios, también fue presa de pillos malintencionados que vieron en la ciudad una rica fuente de abastecimiento para abastecer sus bolsillos. Aunque no solamente esos asaltantes sin escrúpulos hicieron peligrar el ostentoso lugar de la ciudad.
Durante los primeros meses del 1601 SE la ciudad se vio acechada por una serie de sucesos. Extrañas desapariciones de prominentes lugareños en el perímetro de la ciudad hicieron sospechar de extraños animales salvajes que rondaban los límites de la ciudad pero, en las sombras, todos sabían o sospechaban que era algo más turbio. El mal rondaba en el corazón de quien protegía a los propios comerciantes y lugareños en general.
Así fue como se descubrió el trato de uno de los más importantes e influyentes hombres de la ciudad porteña perteneciente a la guardia local, Finnul, que había formado una mafia y mantenía tratos con los llamados Loceroquén, trayendo desconcierto entre la población, imponiendo altos impuestos y abasteciendo tanto a los Loceroquén como al pueblo de los Uonu-Nyrr, conocidos como enemigos de Rómenor y aliados del temido Balcnîn.
Con toda esa información y, tras largas reuniones, se instó a que una compañía del ejército aldalânta unida a los corsarios de Eglamar atacara a la ciudad con el total consentimiento del consejo aldalânta.
Tras una dura batalla, la ciudad quedó bajo las órdenes de la Balta de los Nensir Airatârai y los miembros del consejo aldalânta, quienes dejaron la administración de la cosmopolita ciudad en las manos de Ramjakhîn, el nombrado y temido Rey Pirata de Eglamar.
Durante los días siguientes, la actividad de la ciudad siguió su curso natural bajo la atenta mirada tanto de los Aldalânta y de los Eglamari. Ahora bien, con dos pueblos con costumbres e ideales tan distintos difícilmente se pudo lograr la convivencia pues unos eran llamados los ritualistas, adoradores de Nensir, y otros eran los temidos corsarios de Eglamar, quienes se caracterizaban por no seguir ninguna fe ni menos ley, sólo las impuestas por el pirata infantil.
El comercio, a pesar de la llegada de enormes barcos piratas al puerto de Tulkatumbo, se intensificó gracias a la unión de otros pueblos lejanos, pero el temor aún continuaba desde la aparición de los pueblos aliados a Balcnîn, quienes a pesar de no ser vistos en los lindes de la ciudad después de la llegada de los elfos del norte, aún se presentía que rondaban en las sombras, cobijados por la gruesa foresta de la región. Unido a esto, la incertidumbre del pueblo acrecentaba ante el aumento paulatino de los incidentes provocados en las calles de la ciudad por los corsarios de Eglamar. Al fin y al cabo, eran piratas acostumbrados a hacer y deshacer según su propia ley.
Los problemas no tardaron en aparecer y el descontento del pueblo frente a la administración aumentó después del asesinato de Birak, el Mayor del Gremio del Puerto, bajo las manos del Rey Pirata en plena asamblea en la Casa de Gobierno de Tulkatumbo.
La voz del pueblo no se hizo esperar y pidieron a gritos la cabeza del pirata, lo que puso a los aldalântar y, en especial a Tathâral Aryôn - Artadako y Assana de los aldalântar, que, en ese entonces, tomó la administración de Tulkatumbo después del incidente-, entre la espada y la pared. La guerra se avecinaba por donde se mirase, lo único que cambiaría era contra quién se enfrentarían, contra Eglamar y sus corsarios si ajusticiaban al Rey de los Piratas, Ramjakhîn, o contra el pueblo de Tulkatumbo si no se hacía justicia por el asesinato de Birak.
La decisión final se tomó en las sombras y, el mismo día del juicio contra Ramjakhîn, éste desapareció misteriosamente de su celda sin dejar siquiera una pista de cómo había dejado la fuertemente custodiada cárcel de Tulkatumbo.
No obstante, los ánimos se aplacaron en los dos meses siguientes y, durante la mayor parte del verano, los aldalântar pudieron gobernar sin problemas Tulkatumbo mientras la sombra de los corsarios y de su Rey Pirata aún se mantenía presente...
( Escrito por Auriga)
[Editado por gorathion el 06-09-2008 22:48]
Desde la escapatoria del villano pirata Ramjakhîn a manos de sus corsarios, según dicen las malas lenguas, amparado por la ineficacia o disciplencia del gobernador Tathâral, fue tanto el descontento a raíz del asesinato de Birak, que sólo pensar que Ramjakhîn seguía suelto, campando a sus anchas en los bajos fondos sociales de la urbe ocupada, sembraba de indignación popular las calles de Tulkatumbo. Una ciudad comercial durante el día e insurrecta en la noche.
Los ciudadanos de bien tardaron pocos meses en organizarse en varias células de insurrectos, que estaban lideradas por los antiguos dirigentes locales. Ansiosos por recuperar el control de su ciudad, aplastaron la ocupación de Nensir Airatâri, haciéndoles volver a vagar fuera de sus muros. A todos menos a uno.
-Di que entre, la estaba esperando.
La voz de Ramjakhîn sonó como de costumbre en aquella sala, una alcantarilla en lo más profundo de la enorme ciudad que se levantaba por encima de todos ellos. Más abajo, en un interminable laberinto se encontraba la sala máxima del pirata infantil. Hasta allí le habían traído, expreso mandato de Tathâral, a Sura Erialheri, antigua compañera de batallas de Ramjakhîn y, probablemente, la única en todo Nensir Airatâri con la suficiente autoridad y agallas como saber hacer y poder pedir audiencia ante el Pirata Infantil. Aprovechándose del pasado, la mujer venía sola y, según dicen, desarmada y con ganas de parlamentar de negocios. Bien sabía el pirata que hacía mucho tiempo que aquella amazona se había apartado de su esfera de influencia para venderse a otro postor más poderoso que no iba a nombrar por respeto a sus antepasados.
La mujer entró envarada con el rostro oculto bajo una capa que no aparentaba su verdadera riqueza. Siempre modesta, aquella hembra era una caja de sorpresas que no estaba dispuesto a abrir por lo que pudiera pasar. Observó a ambos lados, las bóvedas, el ambiente cargado a humedad y humo de la combustión de las antorchas, gotas de agua manando de los sillares de piedra y apenas un respiradero o dos desde donde se oía una corriente.
- Cuánta diversidad de gustos encuentro en su nuevo cuartel, mi señor. Se me hace raro verle posar sus pies en una alfombra y no en el negro mármol pulido de su Eglamar natal.
- No des ni un paso elfa, hace mucho que perdiste el derecho a hablarme de cerca.
- Seré breve en lo que vengo a decir, para mi voz no existen las distancias en esta sala - dijo con ligero toque irónico mientras sacaba de su capa unos grilletes relucientes y los hacía tintinear.
- Quiero creer que mantienes tu sagacidad como para ofrecerme una jugosa justificación a ese gesto. ¿Qué puede pagar tu representante por atar a Ramjakhîn?
- Tal vez tres barcos confiscados con un cargamento ilegal valorado en setecientas piezas de oro y múltiples líneas de influencia que sabrás ver en ellos nuevos negocios.
- Veo que quién aún puede confiscar a los contrabandistas es un cliente de gran reputación en Tulkatumbo. trabaja para Tathâral y ha venido a buscarme para que me ponga al frente de su guarnición. Pero no voy a lanzar a mis hombres contra esta rebelión que se está gestando. ¡ Aceptaré ese pago por acompañarte libremente y sin grilletes, todos los aquí presentes sabemos a que vienes realmente.
_ Tengo órdenes de que sus hombres no vestirán el uniforme ni llevarán distintivos que los relacionen con Nensir Airatari, serán un ejército anónimo. Tú dirigirás de incógnito mientras estás vigilado por mi en todo momento.
_ ¿ Tú mi guardiana? ¿ Mis hombres en batalla? ¡Creo que no me has escuchado!, solo iré yo y una escolta de acólitos para protegerme. A cambio tomaré el puerto norte, en caso de que todo salga mal me comprometo a que saldremos de aquí sanos y salvos.
_ Pero Ramjakhîn, ¡organizamos todo para que estuvieras vivo y así nos pagas tu lealtad a Nensir! ¡ Has de hacer lo que se te dice!.
_ No me vengas con sentimentalismos elfa, has venido cuando el agua os llega al cuello y la revuelta que no habéis sabido ver.
_ Y que tu provocaste por no saber tragarte tu orgullo.
_ (…) y como digo no supisteis ver, y seguís sin saber su alcance._ dijo levantándose_ ¡Desde que vivo como una rata por vuestra culpa escucho lo que muchos no pueden! ¡Nos encontraremos en el palacio del gobernador cuando caiga la noche y no hay más que hablar! Unos de mis hombres te acompañaran a la salida con los ojos vendados. Puede que a estas horas las calles ya sean lo suficientemente peligrosas para tí.
[Editado por gorathion el 06-09-2008 23:30]
Aquella noche la neblina cubría las calles de Tulkatumbo más espesa que de costumbre, más aquello no era impedimento para que un grupo de encapuchados se deslizaren como cuchillo en mantequilla derretida. Despacio, uno a uno de sus pasos pisaban la fría roca que cubría las calles de la ya dormida ciudad.
La guardia de Tulkatumbo recorría las veredas desde que la ciudad empezó a prosperar económicamente y como de costumbre, su trabajo era para mitigar a los típicos borrachos de cantina que les gustaba armar peleas, y para mantener a ralla a uno que otro vándalo. Pero aquella noche la calma era extrema. Las calles vacías y silenciosas, y a pesar del frío que se sentía, el aire pesaba fuertemente.
Pero para el grupo de corsarios, acostumbrados a bajar en las sombras, aquello era un trabajo más. Se lo debían a su Rey, y a la insolencia cometida en contra de ellos.
¡Nadie les diría que hacer!
¡Nadie les diría hacia donde ir!
¡Ellos eran los temidos Piratas de Eglamar, bajo la mirada atenta del Gran Pirata Ramjakhîn!
Y pelearían con las agallas que los caracterizaba hasta en el mismísimo confín de la tierra. ¡Nadie detiene a los piratas de Eglamar!
En silencio llegaron al puerto, un barco ahí apostado, se veía presa fácil para los experimentados pillos de altamar, trepando con facilidad las amarras del aquel gran barco.
Fue fácil deshacerse de los cuidadores, y con gran prolijidad fueron dejando listos los aparejos, tanto las vergas, jarcias como las velas para ponerse en movimiento lo más rápido posible.
Mientras uno de sus hombres subía con la agilidad de un gato por sobre el bauprés para tener a mira el puerto.
…
<< Algo no va bien >> se dijo a si misma la aínadaka, quien se cubría con una gruesa capa, mientras observaba tras unas gruesas vigas del puerto que algo se movía. La fuerte marea, traía lamentos en el aire, gritos que no podía explicar, y que sabía que tan sólo ella escuchaba. Miró al horizonte, y la sombra de dos gruesos árboles en su mente.
<< Mezuare me llama, los árboles me avisan… esto va realmente mal >> pensó para si y salió corriendo como alma que lleva el diablo.
- ¡Emboscada!
Un pequeño grupo de elfos aldalantar se encontraba a esas horas a la espera de la ainadaka para entrar a la ciudad levantó sus armas al escuchar el grito de la elfa, y a una orden suya partieron en dirección al puerto.
…
Una flecha surcó el espeso aire cayendo a los pies del pirata que se encontraba en la proa del barco aún amarrado a puerto. Y en las aguas, como si de un fantasma se tratase, una vela de grandes dimensiones apareció entre espesa niebla y una luz que luego se trasformó en una lluvia de flechas surcaron las alturas con un único objetivo, terminar con la vida de los piratas ahí congregados bajo las ordenes de su rey.
Mientras que en el puerto una congregación de hombres de Tulkatumbo se reunían junto a la guardia de la ciudad. Estaban rodeados por tierra y por mar.
- ¡No podrás salir de esta, ya no habrá nadie que te salve el pescuezo maldito pirata!- aquella voz era conocida por Ramjakhîn, << Ninthë >> susurró.
- ¡No eres el único que tiene espías bajo las sombras pirata! Me fue fácil comprar a uno de los tuyos para saber que aún seguías con vida, ¡pero esto no será por mucho tiempo!
Y así se dio inicio a una de las más cruentas batallas en pleno puerto de Tulkatumbo.
El Pirata infantil se encontraba como en su casa, el vaivén del barco sobre las aguas, el grito de batalla, el chocar de las espadas. ¿Qué significaba la vida del pirata sin batallas? ¿sin tesoros? La vida no era nada si no sentían en la piel y en sus corazones la emoción y la adrenalina de una batalla. Los cantos de batalla se hicieron potentes sobre la cubierta del barco, nadie podrá hacerles frente en el mar mientras en tierra firme un grupo de soldados ainadaka hacía frente a los ahí convocados.
Pero la diferencia entre las fuerzas estaba marcando la batalla. Un grupo de soldados y piratas contra los ciudadanos de Tulkatumbo.
Sólo tenían una opción salir lo más rápido de ahí.
La elfa con premura subió arriba del barco quedando a los pies del rey pirata.
- O trabajamos juntos en esto o no saldremos vivos, tu sabes a que me refiero. Necesitamos salir todos de acá.
- Sabes mi precio.
- Creo que lo pagué al salvarte el cuello un par de veces y eso lo sabes.
No hubo más respuesta, y la ainadaka ordenó a sus hombres abordar el barco rápidamente.
Mientras bajó con premura y cortó con furia las ultimas amarras, y al tomar la cuerda y subir impulsada hacia el barco una mala caída le dislocó el hombro. Con la adrenalina de la batalla no fue difícil volverlo a su lugar, golpeándose con furia contra el mástil.
…
A la mañana siguiente el mar estaba en calma, la aurora con sus matices daba la bienvenida al nuevo día mientras iluminaba la costa surponiente del Kelkaranî.
La aínadaka observaba al pequeño elfo, el temido Ramjakhîn, sentado bajo una acacia. Estaba herido. La cruenta batalla nocturna trajo muchas bajas entre sus soldados no acostumbrados a navegar.
También Eglamari cayeron aquella noche. Pero no había sido todo malo en aquella batalla.
La elfa presionó su hombro. el dolor, a pesar del fuerte vendaje que ella misma se puso, era continuo.
Se acercó al pirata que la observó de mala forma.
- Déjame ver la herida que escondes, sabes que no le diré nada a tus corsarios.
Ramjakhîn, no confiaba en la elfa, pero quien más que ella podría darle cura sin que se enterasen sus hombres… no era mucho pero no podía mostrarse débil frente a su gente.
Un corte de espada le había dañado el costado. No era profunda pero de dejarla así se complicaría.
Y con la misma agilidad usada en batalla, sacó una bolsa y preparó con maestría una combinación de hiervas las que tras limpiar la herida y poner el ungüento con cuidado, cubrió con una delicada gasa.
- Tendremos que hablar Ramjakhîn- dijo la elfa mientras observaba a lo lejos a dos barcos encallados en la arena.
- Tarde o temprano, tenemos que hablar…
[Editado por auriga el 07-09-2008 23:54]
Resumen de la batalla.
Nensir ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.
Recuperables: 331 puntos.
Valoraciones: 7,2+7,8+7,8+6,9= 7,425
Recupera: 246 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperación: 331 puntos.
Pierde: 404 puntos.
Por la participación en la batalla reciben 150 monedas.
Por la retirada de la batalla pierden 100 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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