Fin Guerra: Al´Varant se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 16
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 10
Victoria para Al Varant que conserva el dominio de la ciudad.

Fin Guerra: Al´Varant se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 16
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 10
Victoria para Al Varant que conserva el dominio de la ciudad.
Suspiró, cansada. Lidiar con esos fanáticos religiosos no le agradaba en absoluto, mantenerlos a raya e impedir que cometieran injusticias en la ciudad, era más que difícil; ella, una maestra cofrade sin poder en el senado, no era nada para fanáticos conservadores. Pero no todo estaba perdido, Âkil ish Terú, el Daresda de la Dûrmana le apoyaba y él por su parte les cerraba el paso en la mayoría de los sectores del ejército, lo mismo pasaba con muchos de los guardianes de los muertos, así como de las instancias más bajas de la tropa, y por último estaba Alîair, el elfo había logrado relacionarse con muchos pobladores de la ciudad y calmaba la tensión, en la mayoría de los actos que podían causar una rebelión.
La elda se levantó y miró al hombre que tenía enfrente, ya no tenía caso discutir más con él, aunque las cosas debían quedar absolutamente claras.
-Mujâdir, nunca dejarás de ser un intruso-le dijo, alzando la voz, por un momento al hombre le pareció que la habitación se hacia terriblemente pequeña y que la visión de algo muchísimo más fuerte que su convención política, lo estaba derrotando-Así que, evita buscarte problemas con las gentes de Dharait, porque te juro en nombre de Maradrant, que nadie, ni siquiera los que opinan igual que tú, te salvara de la turba.
No esperó a recibir una respuesta, que sabía podía desarmarla. Abrió la puerta y salió rápidamente de ahí. La calle por aquella hora de la tarde se encontraba casi vacía, observó por un momento el camino y por fin comenzó a andar en dirección al centro de la ciudad, en donde se había instalado, desde la toma de la misma. Andaba con paso lento, de vez en cuando se cruzaba con algún varante que le saludaba amablemente o bien, con un habitante local que sólo asentían en silencio al verla. El pueblo de Dharait, nunca estaría del todo contento con la intromisión del Senado en su territorio; sin embargo, la llegada de los nómadas y con ellos, la noticia de lo sucedido en Naraharaz, había hecho mella en el pueblo. La lógica era terriblemente sencilla, terriblemente cruel: Si las gentes del desierto no se unían bajo una sola bandera, entonces la destrucción de su estilo de vida, de su propia cultura, era más que evidente.
Neyla dio vuelta en una de las esquinas y se detuvo de repente, frente a ella se encontraba un hombre de mediana edad, con el cabello castaño y con una actitud que se le antojó arrogante y perspicaz, por un momento su mirada se cruzó con la de aquél, la elfa le saludó amablemente y continuó su camino y mientras dejaba que sus pies le guiaran a su destino, dejó que los recuerdos le invadieran la cabeza: Ya había visto a ese hombre una o dos veces, en encuentros de esa índole, en donde las palabras estaban de más; metió la mano en su ropa y sintió el sobre de papel sobre su pecho… así que para él era esa carta. Sin duda los Balzac tenían más sorpresas bajo la manga, de las que ella podía esperar.
La calma intempestivamente se rompió, un grito se escuchó no muy lejos de ahí, un grito de alarma. Se quedo quieta, pronto las gentes de la ciudad comenzaron a moverse, hombres y mujeres salieron de sus casas y los soldados que se encontraba en el centro se alinearon y avanzaron de manera rápida y concisa a las murallas; Caladan venía con ellos y alcanzó a tomarla del brazo, sin que ella le preguntara, le explicó lo que estaba pasando.
-Los nómadas dieron la alarma, no muy lejos de aquí se encuentra el enemigo, al que llaman el ejército del Gran Cuervo. Akîl me ha dicho que te verá en la muralla.
Aún sin entender nada, asintió en silencio y siguió a paso apresurado a todos los que iban en aquella dirección.
Akîl ish Terú, sintió un vuelco de esperanza al ver venir a hombres de Dharait, algunos nómadas, que se había retrasado, alistaban rápidamente a sus caballos, los varantes por su lado, disciplinados todos, esperaban su orden para alinearse en las afueras y avanzar; Akîl sabía bien que las diferencias respecto al otro siempre estarían ahí, pero verlos así, unidos ya no bajo la bandera de Al’Varant, sino como hijos del desierto protegiendo lo más valioso que tenían, le hinchaba el corazón de ánimos, pues ésa era la fuerza más grande de todas, la de la vida misma.
Al llegar Neyla, le explicó sin cavilaciones la estrategia a seguir, la elfa no les acompañaría, se quedaría con Talya-la segunda al mando-y una parte del ejercito a defender las murallas, no debía existir ningún cabo suelto, pues cualquier error podría ser fatal. Cuando terminaron de hablar, Akîl mandó a tocar la trompeta y al instante, los que aún quedaban adentro salieron por las puertas y se alinearon afuera, el general se despidió de los dos elfos, bajó la escalinata y pronto se colocó a la vanguardia, junto con los otros comandantes.
El sol ya comenzaba a declinar y los que se quedaron en la muralla, sólo atinaron a desearles lo mejor a los que se iban alejando en el horizonte. Aquella sería una lucha recordada sólo lo necesario para infundir valor y no dejarse amedrentar por las fuerzas de un enemigo mayor.
No sabían, que otra cosa les esperaba.
El destino no es siempre lo que parece ser, y las intenciones de unos o de otros siempre quedan reveladas, de cualquier forma. Pero eso ya lo sabían de sobra los hijos del desierto, preparados en las murallas, esperaron. Y la espera no duró mucho.
Al preludio de la noche, unas aves negras tapizaron el cielo, secuestrando la luz de las estrellas. Talya, la mujer que se había quedado a cargo de la ciudad se quedo quieta, con un movimiento de la mano y sin hacer ruido, ordenó preparar los arcos; sin embargo, la sorpresa en su rostro se vio reflejada, cuando una flecha negra, salida de las dunas cercanas, impactó en su pecho, la mujer cayó hacia atrás y sólo alcanzó a ver, como la mayoría de sus soldados caían como ella, cerrando los ojos tan rápido, que incluso el parpadeo de una estrella era lento.
El ejército del gran cuervo, avanzó entonces el tramo que quedaba entre ellos y la ciudad, al llegar a la muralla, los soldados comenzaron a trepar sin ninguna dificultad, pensando tal vez, que la batalla ya era suya.
La plaza que daba entrada a la ciudad estaba vacía y con algunos de los cuerpos de la guardia, que ingenuamente, pensaba defender Dharait de ellos, los sirvientes del maestro de los mares.
Confiados, abrieron las puertas, dejando pasar a sólo una parte del pequeño batallón, ya que no necesitaban de grandes números para tomar una ciudad, con un ejército que se había perdido en el desierto, pensando que encontrarían a su enemigo ahí y no en las cercanías.
Los hombres y los cuervos, se internaron en las calles, buscando...buscando a quien someter bajo su yugo.
Todo se encontraba en un completo silencio, silencio que denotaba una ciudad vacía, no había nadie, ni siquiera se escuchaba el canto de los grillos, sólo el graznido de los cuervos. Por un momento se sintieron aturdidos, ¿en dónde...?
Las preguntas se quedaron en el aire, las flechas que ellos habían utilizado para matar, fueron las mismas que les dieron muerte. Desde los techos de las casas se asomaron varantes, nómadas y gentes de la ciudad; sin embargo, no todos fueron muertos, y los que siguieron con vida avanzaron hacia delante.
No llegaron siquiera al centro de la ciudad, se encontraron con un batallón de alshurenae, Alîair el elfo estaba con ellos y su espada hecha de luz y creada más allá del mar, les infundía esperanza, tal vez no fueran las elites de las grandes dûrmanas de Al'Varant, pero ellos llevaban en su sino la nobleza y la humildad característica de los hijos del desierto.
El ruido del choque, les llenó los oídos de un sonido que no conocían, un ruido que asemejaba más a los dolores del mundo, que al toque de una espada con otra; los alshurenae se hicieron hacia atrás, aquellos hombres no eran normales y las armas que portaban, no estaba hechas para herir el cuerpo, sino torturar el alma. ¿qué manera de hacer daño, era aquella? ¿Qué tenían en el corazón, esos hombres, que eran empujados a lastimar de tal forma?
Pero no era tiempo para contestar, sino para sobrevivir, luchar por su vida y por los que amaban. Caladan esforzó su pensamiento y la espada se convirtió entonces en pura luz, de sus labios comenzó a salir un suave canto, un canto que no estaba hecho para herir. Canto de palabras dulces, que hinchó el corazón y que les dio una fuerza que les era desconocida a los hombres del Gran cuervo, el amor.
Y fue esa fuerza finalmente que lo que les venció, pues el amor, que concilia contrarios, que une fuerzas caóticas, les hirió...herida ligada a la fuerza elemental del cuervo, el odio y la desconfianza.
[Editado por tari el 12-09-2008 03:21]
Sentada bajo el dintel de una puerta, Neyla miraba hacia la calle en donde se encontraba, de la pierna izquierda un fino hilo de sangre le manchaba la falda, ni siquiera le puso atención, jadeaba cansada; aún así se levantó y caminó lentamente, había perdido a sus compañeros hacia un rato, mientras daban alcance a hombres vestidos de negro y con la mirada despiadada. Por otra parte, sólo cargaba el fino sable de mithrill. No previno nunca, que el ejército fuera engañado de esa forma y, sin embargo sentía orgullo por Akîl, aquel hombre era un excelente estratega y sabía de antemano, por los labios de los nómadas que los hombres del Gran cuervo, eran tramposos y que acciones intempestivas como aquella, sólo podían significar mentiras.
Así pues, la sangre derramada fue poca, pero seguía siendo muerte, pensó ella, ahora no andaba distraída, tenía la mirada atenta y la mano aferrada al sable, no sabía si los invasores se habían ido ya, pero no podía confiar en que así fuera, pues ya no había ruidos, sólo murmullos lejanos que le llegaban de varias zonas de la ciudad. Al dar vuelta por una esquina se encontró en una situación que había vivido varias horas atrás, el mismo hombre de mirada perspicaz por poco y choca con ella, Neyla le miró un momento, momento en el que su propio sable dio muerte a un enemigo que había salido por sorpresa de un callejón trasero. Aeros se que quedo quieto, sorprendido y con la sangre de un muerto aún en su rostro, Neyla se recargó en la pared de una de las casas y cerró los ojos, ya no podía más; pero no se dejo caer, no tenía porqué. Una trompeta se oyó entonces a lo lejos, eso sólo significa algo, el ejército había llegado y los invasores habían sido expulsados de la ciudad.
La elfa no miró al hombre, sólo atinó a indicarle con la mano que le siguiera. Mientras caminaban, muchos de los cuerpos de los caídos fueron debidamente recogidos y llevados al centro, en donde los ritos funerarios no tardarían dar comienzo, los hombres y mujeres que no habían entablado combate, limpiaron las calles de sangre y de los cuerpos invasores, todo con una pasmosa lentitud, con movimientos que parecían más un ritual que un simple acto de limpieza.
Sin embargo, ella y el hombre eran ajenos a lo que sucedía a su alrededor, las palabras seguían sin aflorar, pero él sin saberlo era como libro para ella, no obstante Neyla no se inmiscuyó mucho en el alma de aquél, sólo necesitaba saber…
Sintió que Caladan le tomaba de la mano y se sentaba junto a ella en las escaleras de una puerta, pero no le estaba mirando, sus ojos seguían posados en el hombre, con las manos rompió un pedazo de la falda y se lo tendió para que se limpiara.
-¿Quién eres?-preguntó el noldo.
-Un hombre, que desconfía de nosotros y sin embargo, le salvé la vida-le contestó Neyla, posando una mano sobre el hombro de su acompañante-Somos muy diferentes a los elfos que conoces, sólo tienes que mirarme a mí Aeros, soy extraña, incluso para mi propio pueblo.
Pero el hombre ni se inmutó, sólo una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro. Alîair carraspeó, no tenía ganas de lidiar con un mortal; se levantó, ayudando a su hermana del corazón a hacer lo mismo, ella por su parte sacó un sobre de entre sus ropas y se lo tendió suavemente al hombre.
-Te he estado esperando bastante Aeros, pensé incluso que no llegarías nunca-le dijo Neyla, cuando pasó junto a él, se detuvo un segundo y le tocó el pecho-Deberías irte pronto, ya conoces a Duliah, puede llegar a ser muy impaciente…Tal vez y sólo tal vez, cuando regreses, vuelvas a encontrarte conmigo y entonces veremos si me tenderás la mano, cuando la necesite.
Caladan alzó las cejas, pero no dijo nada, Neyla se acercó a él y juntos se alejaron rápidamente de ahí, dejando a Aeros solo.
Y las estrellas palpitaron de nuevo en el cielo.
[Editado por tari el 12-09-2008 03:23]
Resumen de la batalla.
Al Varant ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 280 puntos.
Valoraciones: 9,6+8,8+7,8+8,6= 8,7
Recupera: 244 puntos.
Pierde: 106 puntos.
Por la participación en la batalla recibe 150 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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