-¡Aaaah! -no fue un despertar agradable. Myodul se incorporó y miró a su alrededor, buscando a algún posible enemigo. Pero no había nadie; en el fondo sabía que nada cercano podía haberle provocado ese dolor. Recordó la barandilla que había visto en aquel lugar y se miró la mano-. Oh, genial... -musitó.
¿Qué debía hacer ahora? Recordaba claramente la blanca torre que había visto junto al mar, como reflejada en el cristal. Pero, ¿dónde estaba aquello? Desearía que aquel anciano, el Roble, le hubiese dado un mapa.
Sin duda, Myodul habría pensado que se trataba de un sueño, de no haber sido por el dolor que recorría la palma de su mano. Tras unos segundos, recordó que podía hacer algo con la quemadura: metió la mano en un cuenco con agua y después la vendó toscamente. Entre aquello y la herida de su tobillo, estaba lo suficientemente magullado como para no querer pasear de un lado a otro de la habitación.
¿Con quién hablar? No podía avisar a Hisiê, la líder de su actual compañía, puesto que había sido recluido en Ohtalôsse tras su desastrosa última batalla. Tal vez podía pedir consejo a Serkendil. No sabía si ya había vuelto a la ciudad, pero era hora de averiguarlo.
Una hora después se presentó en la Administración. Era el lugar más rápido para solicitar información. No le dirían mucho, pero tal vez averiguase a quién dirigirse. Aguardó con impaciencia la cola de personas que iban a tratar sus asuntos con el Bali, aunque en general no lograban alcanzar mucho más que los aburridos oídos de los funcionarios. Cuando le llegó su turno, Myodul se adelantó:
-Quisiera saber si el Arkatano ha vuelto a la ciudad, ¡es urgente! -se retiró la venda y enseñó la quemadura.
Tal vez levantó la voz más de lo debido, o sus movimientos fueron demasiado llamativos. Varias personas se volvieron a mirarle y se oyeron murmullos.
-El Arkatano se encuentra de campaña en estos momentos -dijo el secretario-. Si tan urgente es ese asunto, le sugiero que contacte con...
-Disculpa -dijo otro desconocido en ese momento. Era alto y vestía ropajes color escarlata bajo una coraza-. No he podido evitar oírte; sí necesitas comunicar algo de tanta urgencia, te mostraré cómo contactar con un miembro del Khotsê.
-¿Quién eres tú? -preguntó Myodul, olvidando sus modales.
-Se me conoce como Angárato.
-Ups -el joven elfo retrocedió involuntariamente, atemorizado; desde luego conocía el nombre. Al otro pareció divertirle su reacción.
-Puedes esperar a Serkendil o puedes confiar en mí -continuó Angárato-. Pero esa marca de tu mano no parece natural. Creo que es aconsejable que hagas saber a alguien lo sucedido lo antes posible.
-De acuerdo, ¡muchas gracias! -dijo Myodul, y Angárato le explicó lo que debía hacer.
Cuando Myodul contactó con el miembro del consejo, la extrañeza de la historia pronto alarmó a todo el Khotsê. Se decidió que se celebraría una reunión para decidir que hacer.
¿Seguirían el extraño mandato? ¿Y por dónde empezar a buscar?
