La Guerra de los Clanes

Osto Ohtalosse - Misión 2: Nicsemacil

Escribiéndose...
Escrito el 11-09-2008 21:21 #1

-¡Aaaah! -no fue un despertar agradable. Myodul se incorporó y miró a su alrededor, buscando a algún posible enemigo. Pero no había nadie; en el fondo sabía que nada cercano podía haberle provocado ese dolor. Recordó la barandilla que había visto en aquel lugar y se miró la mano-. Oh, genial... -musitó.

¿Qué debía hacer ahora? Recordaba claramente la blanca torre que había visto junto al mar, como reflejada en el cristal. Pero, ¿dónde estaba aquello? Desearía que aquel anciano, el Roble, le hubiese dado un mapa.

Sin duda, Myodul habría pensado que se trataba de un sueño, de no haber sido por el dolor que recorría la palma de su mano. Tras unos segundos, recordó que podía hacer algo con la quemadura: metió la mano en un cuenco con agua y después la vendó toscamente. Entre aquello y la herida de su tobillo, estaba lo suficientemente magullado como para no querer pasear de un lado a otro de la habitación.

¿Con quién hablar? No podía avisar a Hisiê, la líder de su actual compañía, puesto que había sido recluido en Ohtalôsse tras su desastrosa última batalla. Tal vez podía pedir consejo a Serkendil. No sabía si ya había vuelto a la ciudad, pero era hora de averiguarlo.

Una hora después se presentó en la Administración. Era el lugar más rápido para solicitar información. No le dirían mucho, pero tal vez averiguase a quién dirigirse. Aguardó con impaciencia la cola de personas que iban a tratar sus asuntos con el Bali, aunque en general no lograban alcanzar mucho más que los aburridos oídos de los funcionarios. Cuando le llegó su turno, Myodul se adelantó:

-Quisiera saber si el Arkatano ha vuelto a la ciudad, ¡es urgente! -se retiró la venda y enseñó la quemadura.

Tal vez levantó la voz más de lo debido, o sus movimientos fueron demasiado llamativos. Varias personas se volvieron a mirarle y se oyeron murmullos.

-El Arkatano se encuentra de campaña en estos momentos -dijo el secretario-. Si tan urgente es ese asunto, le sugiero que contacte con...

-Disculpa -dijo otro desconocido en ese momento. Era alto y vestía ropajes color escarlata bajo una coraza-. No he podido evitar oírte; sí necesitas comunicar algo de tanta urgencia, te mostraré cómo contactar con un miembro del Khotsê.

-¿Quién eres tú? -preguntó Myodul, olvidando sus modales.

-Se me conoce como Angárato.

-Ups -el joven elfo retrocedió involuntariamente, atemorizado; desde luego conocía el nombre. Al otro pareció divertirle su reacción.

-Puedes esperar a Serkendil o puedes confiar en mí -continuó Angárato-. Pero esa marca de tu mano no parece natural. Creo que es aconsejable que hagas saber a alguien lo sucedido lo antes posible.

-De acuerdo, ¡muchas gracias! -dijo Myodul, y Angárato le explicó lo que debía hacer.

Cuando Myodul contactó con el miembro del consejo, la extrañeza de la historia pronto alarmó a todo el Khotsê. Se decidió que se celebraría una reunión para decidir que hacer.

¿Seguirían el extraño mandato? ¿Y por dónde empezar a buscar?

Escrito el 11-09-2008 22:20 #2

Después de la carnicería de Hyosto, que había otorgado una nueva victoria al Clan, Angárato, con una escasa escolta y dejando al grueso de sus hombres guardando la ciudad revoltosa, había marchado a toda prisa hacia la capital: debía informar de la revuelta a la vez que demandar refuerzos para la ciudad del bosque.

Las gestiones ya estaban hechas, había descansado unas horas en su palacio de la ciudad, se había aseado y se disponía a partir de regreso a Vanwielie, cuando decidió que sería buena idea despedirse de los miembros del Consejo que se habían puesto de su lado en los recientemente pasados acontecimientos. Su austeridad y falta de tacto eran proverbiales, y nadie se extrañaría si entraba y salía de la capital sin saludar a nadie, pero no estaba de más ejercer sus oxidadas dotes políticas, sobre todo ahora, que todo estaba aun muy reciente.

Atravesó los jardines de Pathmâ Thyr y entró, con paso firme, en el majestuoso edificio de la Asamblea. Su uniforme de arken, recién limpiado, relucía.

No se entretuvo mucho tiempo en sus tareas “sociales”, tenía prisa y además tanta pamplina le aburría.

Fue al salir de una sala donde se había entrevistado con 3 miembros del consejo, cuando se topó con un elfo muy delgado y con cara preocupada. Parecía un tanto aturdido y tenía una mano herida. Ni siquiera reconoció al arken, cosa que lo divirtió y le obligó a pensar en la carga que últimamente se había depositado sobre sus espaldas.

Como el joven elfo parecía realmente preocupado e insistía en hablar con el Artakano o con alguien del consejo, arriesgándose a que todo no fuera más que una nadería, lo introdujo en la sala de la que acababa de salir, en la que aun discutían los 3 miembros del Consejo.

Ahí, el joven, contó una historia que sorprendió y preocupó a todos. El nombre de Norno hizo que Angárato, que estaba un tanto apartado, apoyado en una brillante columna de marmol, descruzara sus brazos y se pusiera en guardia.

[Editado por elfo_negro el 11-09-2008 22:24]

Escrito el 12-09-2008 01:10 #3

Pocos días después

Adrahil no parecía terminar de convencerse con las palabras de Dâira y seguía con el ceño fruncido.

- Pero señorita, hace tan solo dos días que ha llegado, no puede irse ya. Ella estará aquí en tres o cuatro días, ¿por qué no la espera?

La muchacha negó con la cabeza. – No puedo quedarme tanto tiempo. Han surgido unos encuentros inesperados y debo marchar en seguida. En realidad Adrahil, extrañas cosas están sucediendo. Deprisa vine, temiendo por la salud de mi madre, y deprisa me voy, aunque tranquila sabiendo que se recuperará.

- ¿No irá a despedirse?

- No me parece conveniente. Me hará preguntas y en su estado debe descansar el cuerpo y la mente…

- ¿Qué le diré entonces a vuestra amme cuando regrese de las Casas?

- La verdad. Que su hija ha tenido el privilegio de participar en algo importante y que poco más sabes.

- Y entonces solo me cortará el cuello por no haber podido reteneros – concluyó el hombre.

La perelda soltó una carcajada. Le resultaba divertido ver cómo exageraba los acontecimientos.

- Está bien, tengo una idea. Déjame que coja papel y tinta y guardarás una nota para ella, así no rodarán cabezas – dijo burlona.

Cuando leas esto espero que te sientas mejor y que sigas las recomendaciones de los sanadores. Seguramente yo ya no estaré en la capital. Adrahil quizá te pueda contar más detalles pero no descargues tu ira con él, amme. Sabes que me gusta viajar y explorar regiones, así que mejor siéntete orgullosa de mí.

Verás una caja en el sótano. Es para ti. Tienes que probar el vino de Vanwielie amil, es dulce e intenso, y no creo que un poco te haga daño.

Bendice mi viaje. Espero poder realizar una parada por la capital cuando vuelva, antes de marchar de nuevo a la Compañía, pero quien sabe donde me lleve este nuevo rumbo.

Tu hija, Dâira.

Le entregó la nota a Adrahil y salió de la casa. Había dejado preparadas dos bolsas con algunas cosas básicas por si debía partir inmediatamente. Y ahora tenía que acudir al palacio donde le esperaba Angárato.

Escrito el 12-09-2008 12:41 #4

Tres eran los que participarían en esa misteriosa búsqueda: Myodul, el joven que había tenido las perturbadoras visiones, porque sin duda de un modo u otro estaba íntimamente relacionado con todo ese asunto; Angárato, porque había sido instado a ello por el pequeño grupo del Consejo que se había reunido de urgencia para discutir el tema (y a lo que el noldor no había sabido negarse, sobre todo por su especial interés en controlar lo que hacía referencia a Norno, del que no se fiaba en absoluto)… y el tercer miembro del grupo sería Dâira, la nieta del noldo, a la que una desafortunada situación había llevado a la capital.

La misión debía ser discreta, y su origen onírico tampoco podía suponer un despliegue costoso de fuerzas. No, serían tres y ello debería bastar. Quizá Angárato hubiera preferido llevar con él a alguno de sus capitanes de confianza, pero los mejores se hallaban repartidos entre Vainwielie y Hyosto. Así que el hecho de encontrarse por azar con su nieta, andando por el barrio noble de Osto Ohtalosse, supuso un alivio para él y enseguida tomó el hecho como un buen augurio y sumó a la joven a la peligrosa misión.

Desde el segundo piso de la biblioteca Angárato se entretenía contemplando los magníficos jardines de la gran plaza y, frente a frente, a más de 300 yardas, el majestuoso edificio de la Academia.

A su espalda, sobre una oblonga mesa de cerezo, Myodul y Dâira hojeaban grandes y polvorientos volúmenes. Aun no ser un guerrero inculto (ya que poseía la sabiduría e intereses de su pueblo) Angárato no se sentía cómodo entre libros y prefería dejar la tarea a los dos jóvenes, mientras él, contemplando los despejados y sobrios espacios de Pathmâ Thyr, planeaba el aun no confirmado viaje y pensaba en la desconocida misión…

Escrito el 12-09-2008 14:50 #5

-¡Aquí está! -exclamó Dâira-. Es un antiguo informe y no parece redactado por un Âbari, pero podría hacer referencia al lugar con el que Myodul soñó.

-Dejanos escucharlo -solicitó Angárato.

-Fue en Minitunda donde las esposas de aquellos navegantes levantaron la alta Torre de Nacar para esperar a sus maridos que seguían faenando en Alta Mar.

-Es posible -dijo Myodul con indecisión-. Una torre blanca en la costa es lo que vi, puede ser eso.

-Es la mejor pista que tenemos -dijo Angárato-. De hecho, lo habéis encontrado muy rápido.

-No puedo decir que no hayamos tenido ayuda -dijo Dâira encogiéndose de hombros. Luego, bajando la mirada, añadió-. Poco más hay sobre Minitunda. No es una ciudad muy relevante en nuestra historia.

-Al menos, sabemos donde está -comentó Myodul, repasando con el dedo un mapa de Sûlestelion-. Si queremos saber más, simplemente podemos ir allí a mirar. Reconoceré la torre a simple vista, espero.

-Ordené hacer los preparativos para la partida hace horas -dijo Angârato. Cuando estéis listos, podemos salir.