La Guerra de los Clanes

El Apákt'chüta - Misión 2:Nicsemacil

Escribiéndose...
Escrito el 13-09-2008 01:03 #1

Morlyg se levantó sobresaltado. Las primeras luces del alba asomaban por la ventana de la ricamente decorada habitación del Apákt’chüta. Tardó unos instantes en desechar la idea de que se encontraba en su sencilla casa del acantilado, lejos en Atlan’tenawq. Se dirigió perezosamente hacia el baño para asearse. No necesitaba ver aquella extraña quemadura en las palmas de sus manos para recordar los acontecimientos de los días anteriores; sin embargo, permaneció largo rato contemplándolas, rememorando todo lo sucedido en El Oráculo de los Maiar. Una vez más representantes de los cinco clanes libres de Rómenor habían sido convocados ante Norno. Una vez más habían entrado en escena Malkñý y los Taltarils. Y esta vez les había sido encomendada una primera misión en la guerra contra el Monstruo del Mar. Terminó de asearse y después tomó un desayuno rápido.

Corrió por los largos pasillos del palacio en dirección a los aposentos del Khútic. Éste le había hecho llamar prontamente para tratar el asunto de la espada Nicsemacil, del cual había sido informado rápidamente la noche anterior, a la llegada de Morlyg al palacio.

- Es un asunto delicado, este que nos traes del sur… - el Khútic hablaba para si mismo, analizando la información – pero también lo es la situación en Híssuë, y no puedo permitirme mandar tropas a una misión así.

- No sería necesario una gran tropa, con una expedición bastaría. Es más, conviene no hacer demasiado ruido – argumentó Morlyg.

- ¿Tú crees en la veracidad de todo esto? – preguntó Allpa’huátl.

- ¿Qué quieres decir? Ya lo hemos hablado. Prefiero confiar en el Anciano a arrepentirme de no haberlo hecho si la amenaza es real.

- No me refería a eso. Digo si crees que exista tal espada, si consideras normal que ese tal Norno mande a representantes de los Cinco Clanes en busca de curiosos objetos para recuperar una espada legendaria… ¡parece un juego infantil!

- Pienso que tal vez esa es la manera más discreta de llevar a cabo esta tarea. Sea cierta o no, creo que vale la pena intentarlo. Solo por lo que se puede perder si no se intenta – sentenció Morlyg.

El Khútic suspiró, deseando en el fondo disponer de más medios para llevar a cabo esa misión, pues en cierto modo sabía que era mejor no tomar riesgos y aceptar el consejo de Norno y los Yarai, para estar preparados cuando se desencadenara la guerra.

- En ese caso tienes mi permiso para abandonar la compañía naval y emprender esta misión. Saewen seguirá ocupando tu puesto en tu ausencia. Pero siento decirte que no podrás llevarte más de cinco hombres del palacio, y otros cinco de tu compañía. No puedo destinar más gente a esta misión.

- No será necesario. Tan solo te pido llevarme a dos de mis hombres y dos buenos caballos de Tehilmac.

Escrito el 14-09-2008 14:23 #2

A la mañana siguiente Morlyg volvió a comparecer ante el Khútic en las estancias del Apákt’chüta. Sus hombres debían llegar en los próximos días desde Atlän’tenawk y Allpa’huátl ya había dado órdenes para mandar traer dos buenos corceles de las caballerizas de Tehilmac.

- Y bien, mi querido amigo, ¿has decidido ya tu rumbo? – preguntó el khútic.

- No he encontrado información acerca del Gran Martillo de los Enanos en nuestras bibliotecas, pero sí acerca de una antigua ciudad enana en el Nendataure. Conservamos escritos que hablan de Casararanie, la “Reina de los Enanos”. Fue fundada en la Primera Edad del Sol, uno de los asentamientos Enanos más antiguos de Rómenor.

- ¿Y vas a ir hasta allí en primer lugar? Tengo entendido que fue abandonada hace largo tiempo.

- Quizás aún quede algún Enano oculto en las minas. En cualquier caso, se habla de numerosos túneles y galerías que permanecen cerrados desde hace centurias y de antiguos tesoros Enanos ocultos en las grandes bóvedas de piedra de la ciudad. Sí, allí me dirigiré en primer lugar. Y pienso atravesar las Andië por el paso de los Enanos. Quizás en las minas del norte pueda obtener de ellos más información.

Allpa’huátl se mantuvo en silencio unos instantes.

- Está bien. Es un buen punto de partida. Y yo podría acompañarte un trecho, pues en breve me dirigiré a Tûgore a reunirme con mi Ayni, que se está encargando del gobierno de la ciudad. Si quieres, dentro de cuatro días tú y tus hombres partiréis conmigo hacia la Chúkma y desde allí tomaremos el paso de los Enanos para llegar al Nendataure. Si entonces aún sigues con la idea de viajar a Casararanie, podrás viajar con nosotros a Tûgore y allí te proporcionaremos una embarcación para descender el curso del río.

Durante largo rato, Morlyg y Allpa’huátl discutieron los detalles de la misión. El Khútic se mostraba especialmente interesado en ello, pero se mantenía firme en su posición al no querer dedicar más efectivos a esa tarea, aunque de ello no hablaron. Al concluir la reunión Morlyg abandonó el palacio y se dirigió a los puertos. Tal vez en las bibliotecas del Yátir’chüta encontraría más información acerca de Casararanie y ¿quién sabe? Tal vez podría enterarse de algo acerca del legendario martillo.

Escrito el 16-09-2008 12:56 #3

Pasaron los días y al fin Morlyg y Allpahuátl partieron una mañana cuando el sol no había empezado aún a asomarse por encima de las majestuosas Andië. Junto a ellos cabalgaban Tharak y Pallam’et, miembros de la compañía naval, buenos exploradores y de la confianza de Morlyg. Los acompañaba una tropa de soldados al servicio del Khútic, destinada a reforzar las defensas en Tûgore. Hasta allí no se separarían los caminos de Allpa’huátl y Morlyg.

El viento de la mañana era frío y la comitiva avanzaba pesadamente la zigzagueante pista que ascendía el valle del Khôndor adentrándose en las regiones montañosas de Híssuë. Tharak se avanzaba al resto del grupo inspeccionando los caminos una y otra vez para luego regresar. Morlyg lo conocía de hacía tiempo y conocía de sobras su enorme capacidad física. El camino no era especialmente peligroso, pues era una carretera relativamente concurrida debido al tráfico de mercancías entre el Estuario y la región de la Chúkma.

La marcha a través del angosto valle se prolongó durante toda la jornada. Los viajeros sentían el progresivo descenso de la temperatura a medida que ganaban altura y observaban los cambios del paisaje: desde las verdes y exuberantes selvas de las tierras bajas a las praderas y bosques de coníferas de las zonas altas. Al caer el sol, la compañía hizo un alto en una pequeña aldea donde los Marllajtay tenían un pequeño fuerte: el último bastión Marllajtay en territorio del Estuario. Ante ellos se alzaban las verticales paredes de la cara sur de las Andië, que remontarían al día siguiente a través del ingenioso trazado de pistas, pasarelas y puentes que permitía el ascenso a la Chúkma de incluso grandes carretas mercantes.

Al día siguiente siguió descendiendo la temperatura a medida que ascendían el risco, a la sombra de las anchas paredes de las Andië. En lo más alto, al traspasar el Collado de la Llyamë, se abrió ante la compañía del Khútic la vasta extensión de lomas y mesetas andinas que en Híssuë conocen como la Chúkma, región de origen de los Añatúlla, el linaje del Khútic Allpa’huátl.

Escrito el 19-09-2008 00:37 #4

En la región de la Chúkma Morlyg se reencontró con su mentor Jísh’tátl, el tío del Khútic, que desde hacía algunos años se había retirado a su tierra natal y hacía las veces de gobernante y administrador de la región. Aunque éste no fue al principio bien recibido en el cargo por algunos sectores contrarios a los Añatúlla, en especial pertenecientes a la familia Khûñá, su buena gestión y el respeto general hacia el linaje del Khútic terminaron por calmar los ánimos de revuelta en la región más septentrional de Híssuë.

Ahora bien, mientras Allpa’huátl había decidido permanecer por una jornada entera en la Chúkma para comprobar la situación actual en la región y escuchar las nuevas de su tío, Morlyg aprovechó para acercarse con sus dos compañeros al Paso de los Enanos, donde éstos poseían una avanzadilla en la frontera con Híssuë y colaboraban con los Marllajtay en la vigilancia del paso. Allí esperaba obtener alguna información que pudiera respaldar su intención de viajar a Casararanie.

Partió esa misma tarde con Tharak y Pallam’et, con la intención de pasar la noche en el puesto fronterizo y regresar al día siguiente. Entonces podría darse un respiro y pasar algunas horas con Jísh’tátl y Allpa’huátl. El sol se ocultaba ya tras las montañas cuando los tres compañeros alcanzaron el gran abismo de Zâr-Athê a través del largísimo puente colgante del mismo nombre, del cual el mismo Nólo Rómendil dijo tratarse de una maravilla comparable con la Torre de Armenelos.

- Es impresionante… - exclamó Tharak, quien no había visto nunca el puente. Ante ellos se extendía esa gran obra de la arquitectura Marllajtay, de una ligereza y al mismo tiempo una resistencia admirables, difíciles de imaginar en una única construcción. Infinidad de cuerdas ancladas en ambas laderas del abismo sujetaban el largo puente, capaz de soportar las inclemencias del clima andino y el paso de carretas de mineral de tamaño medio – como así lo indicaba un cartel con símbolos pictográficos Marllajtay – procedentes de las minas de los Enanos.

- Una obra admirable, sin duda. Pero apresurémonos; aún tardaremos una cerca de dos horas en llegar al puesto fronterizo. Tal vez debamos usar las linternas – respondió Pallam’et, quien conocía mejor que Tharak esa región.

Prosiguieron entonces, acelerando más la marcha. Afortunadamente no acarreaban los pesados bultos que deberían llevar dos días más tarde, y durante el resto del viaje. Aún así, tuvieron que echar mano de las linternas, aunque aún había luz cuando llegaron al Paso de los Enanos: pues ésta era ya muy tenue y las estrellas ya brillaban en el cielo, y la senda era peligrosa, más aún si no veían con claridad dónde pisaban. En el puesto fronterizo observaron luz y en su interior se escuchaba el jolgorio propio de la jornada concluida. Probablemente ya debían haber cenado. El paso lo custodiaban dos centinelas.

- ¡Nitza, viajero! ¿Qué les trae por aquí? – saludó uno de los centinelas, ancho de hombros y de aspecto atlético, y de expresión alegre y juvenil.

- Mi nombre es Morlyg, y éstos son mis compañeros, Pallam’et y Tharak. Venimos del Apákt’chüta en una misión especial. Necesitamos cierta información y pensamos que aquí podríamos obtener algo útil.

- Si ustedes lo dicen… aquí poco sabemos aparte de lo que refiere al tráfico de mercancías, que no es mucho más que lo que viene de o a las minas de los Enanos. Pero pueden pasar, es posible que aún quede algo de cenar…

- O más les vale, porque a nosotros aún nos queda media hora para que nos llegue el turno… - interrumpió el otro centinela.

- Lo habrá, para nosotros y para ustedes – continuó el primer centinela, dirigiéndose a Morlyg. – Como decía, podrán cenar algo y el jefe de aduana les proporcionará un lugar donde pasar la noche. Y tal vez incluso alguien pueda proporcionarles la información que desean.

- Muchas gracias – respondió Morlyg. – Nitze! – se despidió, volviéndose hacia el edificio, seguido de sus compañeros.

[Editado por Earendil84 el 19-09-2008 00:37]

Escrito el 19-09-2008 17:00 #5

- Te conozco… eres Morlyg, ¿verdad? El protegido de Jísh’tátl… - dijo en tono irónico el jefe de aduanas cuando los tres recién llegados entraron en la estancia, con Morlyg al frente. En torno a la mesa había un grupo de hombres y enanos tomando pisquy. Las llamas crepitaban en el hogar y un Enano anciano sostenía una zampoña de hueso. Al parecer, interrumpían una alegre velada.

- ¿Qué hay, Jísswan? ¿Todo en orden? – respondió Morlyg, ignorando el comentario del Marllajtay. Jísswan pertenecía a la familia Khûñá, la Ýnna del Topo, por lo que no era de extrañar que mostrara un cierto recelo cuando dos miembros de los Añatullá gobernaban Híssuë y la Chúkma respectivamente.

- Por supuesto, todo en orden, faltaría más. Desde que el Khútic se impuso en Tûgore y lo gobierna las fronteras andinas con el Nendataure están realmente tranquilas, gracias también al excelente trabajo de los Ýshkûr… pero por favor, tomad asiento. Pronto servirán la cena del segundo turno – les invitó Jísswan.

Los viajeros se unieron al grupo una vez formuladas las presentaciones de rigor y pronto todos charlaban animadamente. El Enano que se encontraba sentado junto al hogar volvía a hacer sonar su zampoña sin quitar ojo a los recién llegados. Generalmente los viajeros procedentes del Estuario eran bien recibidos allí, siempre y cuando éstos portaran noticias frescas de las tierras bajas, pues habitualmente no solían llegar con mucha frecuencia.

Llegado el momento, la mayoría de los allí presentes se despidió cortésmente para volver a sus ocupaciones, mientras empezaban a llegar los centinelas del segundo turno de la cena, entre ellos los dos compañeros con los que había hablado Morlyg al llegar allí. Cuando todos estuvieron, un par de jovenzuelos sirvieron numerosas bandejas con abundantes alimentos. Cuando todo estuvo servido, Morlyg y sus compañeros contemplaron ante sí una singular combinación de manjares tradicionales Marllajtay y de Enanos de las Andië.

- ¿Y qué les trae por aquí? No llegarán muy lejos, con tan pocos bultos, si tan solo están de paso… ¿o traen nuevas órdenes de los mayores? – interrogó Jísswan al término de la cena.

- Eres muy perspicaz, como no podía ser de otro modo – dijo Morlyg sonriendo. – Pero no, no estamos de paso, mañana mismo volveremos a la aldea, donde el Khútic y Jísh’tátl nos esperan. Y tampoco traemos órdenes, tan solo deseamos una información… tal vez aquí haya alguien que pueda orientarnos.

El Enano de la zampoña, que respondía al nombre de Dwir, alzó la mirada una vez más y desde entonces siguió la conversación con interés, dejando a un lado el instrumento.

- ¿Un objeto legendario de los Enanos dices? Cómo son los de arriba. Piden información sin apenas aportar datos que nos ayuden a proporcionársela… ¿y cuál es ese objeto? Digo yo que eso sí podrás contárnoslo, si no, no veo cómo os podemos ayudar.

- Buscamos el Gran Martillo de los Enanos. Nos dirigiremos a las ruinas de Casararanie, donde allí se cuenta que aún permanecen ocultos antiguos tesoros entre las infinitas grutas y galerías.

- ¡El Legendario Martillo de Aulë! – exclamó Dwir, en una mezcolanza de sorpresa e indignación. - ¡Olvidadlo, jovencitos! Se perdió en los abismos hace siglos, nadie supo de su destino. Y tal vez sea mejor así. Tal herramienta es demasiado poderosa como para que campe por ahí.

- No te falta razón, mi querido maestro Enano – dijo Morlyg. – Pero es posible que existan objetos más poderosos en este mundo. ¿Qué sabes de él? ¿Se perdió en los abismos? ¿Dónde?

- ¡En ningún sitio! ¿No te lo he dicho? ¡Desapareció hace incontable siglos! Ningún Enano que lo haya visto queda con vida, ni aquí ni en la Tierra Media ni en ninguna otra parte. ¡Ni sus hijos! No, la mayoría ni siquiera han oído hablar de él salvo los más ancianos.

Fern y Bern, compañeros de Dwir, no habían pronunciado ninguna palabra durante toda la conversación – que se prolongó durante largo rato, sin que Morlyg ni sus compañeros ni Jísswan lograran sacar nada en claro – y Morlyg vio en sus miradas que efectivamente, ni siquiera habían oído antes mencionar el misterios martillo.

- ¿Quieres buscar tesoros Enanos? Ve a Casararanie, si quieres, es un buen lugar. Pero olvídate de ese martillo – con esto, Dwir dio por finiquitado el asunto.

Y así, unas veces por desconocimiento, otras por testarudez, pero no lograron información relevante de ninguno de los Enanos que allí se encontraban. Ya era tarde, y todos se fueron a la cama. A la mañana siguiente, resignados, Morlyg y sus compañeros regresaron a la aldea. El trayecto fue mucho más sencillo, ahora mayormente cuesta abajo en dirección a la meseta, y a la clara luz del día, a primera hora de la tarde ya se encontraban tomando un almuerzo tardío con Jísh’tátl, Allpa’huátl y otros miembros de los Añatúlla.

Escrito el 04-10-2008 01:25 #6

No fue hasta entonces cuando Jish’tátl conoció los detalles de la misión que se disponía a emprender Morlyg en Casararanie. Se mostró muy interesado en el asunto del Gran Martillo de los Enanos y la espada Nicsemacil. Pero tampoco él había escuchado antes hablar de tales instrumentos de los Años Antiguos. Durante la cena, Morlyg les relató lo acontecido en su estancia en el Paso de los Enanos, o de lo poco que había averiguado allí al respecto, y de la tensa conversación con el huraño Dwir. Éste, al fin y al cabo, había sido el único que había parecido confirmar la veracidad de la leyenda, que afirmaba que en las profundas grutas bloqueadas de las ruinas aún quedan muchos tesoros.

- De verdad me gustaría acompañarte en esta misión, Morlyg – decía Jish’tátl sosteniendo su vaso de pisquy -, si mis obligaciones aquí no me lo impidieran. Zôr-Khôndor sabe que me encantaría emprender nuevo viaje como hacía a menudo en años pasados -. Allpa’huátl frunció el ceño. Nunca llegó a comprender la afición de su tío por los viajes, pues el joven Khútic se sentía muy arraigado a la tierra de los Marllajtay y no sentía ninguna curiosidad por el mundo exterior. Aún ahora le incomodaban las expediciones al Nendataure o a otras tierras si éstas se hacían demasiado largas.

La conversación se volvió más distendida durante la sobremesa y dio paso a temas más banales y despreocupados. Pronto llegó el momento de las historias y las canciones. Y en la fría región el calor del hogar y la alegría y las risas inundaban la estancia donde los Marllajtay daban rienda suelta a sus alegres personalidades. Pero pronto los Marllajtay se retiraron a descansar, pues al día siguiente les esperaba una ardua travesía a través de las Andië hasta llegar a los lindes del Nendataure.