Morlyg se levantó sobresaltado. Las primeras luces del alba asomaban por la ventana de la ricamente decorada habitación del Apákt’chüta. Tardó unos instantes en desechar la idea de que se encontraba en su sencilla casa del acantilado, lejos en Atlan’tenawq. Se dirigió perezosamente hacia el baño para asearse. No necesitaba ver aquella extraña quemadura en las palmas de sus manos para recordar los acontecimientos de los días anteriores; sin embargo, permaneció largo rato contemplándolas, rememorando todo lo sucedido en El Oráculo de los Maiar. Una vez más representantes de los cinco clanes libres de Rómenor habían sido convocados ante Norno. Una vez más habían entrado en escena Malkñý y los Taltarils. Y esta vez les había sido encomendada una primera misión en la guerra contra el Monstruo del Mar. Terminó de asearse y después tomó un desayuno rápido.
Corrió por los largos pasillos del palacio en dirección a los aposentos del Khútic. Éste le había hecho llamar prontamente para tratar el asunto de la espada Nicsemacil, del cual había sido informado rápidamente la noche anterior, a la llegada de Morlyg al palacio.
- Es un asunto delicado, este que nos traes del sur… - el Khútic hablaba para si mismo, analizando la información – pero también lo es la situación en Híssuë, y no puedo permitirme mandar tropas a una misión así.
- No sería necesario una gran tropa, con una expedición bastaría. Es más, conviene no hacer demasiado ruido – argumentó Morlyg.
- ¿Tú crees en la veracidad de todo esto? – preguntó Allpa’huátl.
- ¿Qué quieres decir? Ya lo hemos hablado. Prefiero confiar en el Anciano a arrepentirme de no haberlo hecho si la amenaza es real.
- No me refería a eso. Digo si crees que exista tal espada, si consideras normal que ese tal Norno mande a representantes de los Cinco Clanes en busca de curiosos objetos para recuperar una espada legendaria… ¡parece un juego infantil!
- Pienso que tal vez esa es la manera más discreta de llevar a cabo esta tarea. Sea cierta o no, creo que vale la pena intentarlo. Solo por lo que se puede perder si no se intenta – sentenció Morlyg.
El Khútic suspiró, deseando en el fondo disponer de más medios para llevar a cabo esa misión, pues en cierto modo sabía que era mejor no tomar riesgos y aceptar el consejo de Norno y los Yarai, para estar preparados cuando se desencadenara la guerra.
- En ese caso tienes mi permiso para abandonar la compañía naval y emprender esta misión. Saewen seguirá ocupando tu puesto en tu ausencia. Pero siento decirte que no podrás llevarte más de cinco hombres del palacio, y otros cinco de tu compañía. No puedo destinar más gente a esta misión.
- No será necesario. Tan solo te pido llevarme a dos de mis hombres y dos buenos caballos de Tehilmac.
