La Guerra de los Clanes

Batalla 70. Ataque A Ninkwitil Por La C3 De Nore.

Terminada
Escrito el 12-09-2008 07:18 #1

Fin de la guerra. Nore se retira de la batalla.

Armadas perdidas por Nore: 8

Armadas perdidas por Maianor: 10

Victoria de Nore que no consigue el saqueo de la ciudad.

Escrito el 12-09-2008 14:12 #2

En Nimost el día se levantaba frío. Las nubes cubrían el horizonte, llenas de agua y preparadas para soltarla sobre la ciudad. El ambiente tranquilo abrazaba los espíritus de todos, pero un resquemor rondaba por la mente de la joven Evendim. No había olvidado aquella ciudad al sur, llamada Ninkwitil.

Tiempo hacía ya que el desastre se había producido... cuando muchos de sus hermanos cayeron a su alrededor sin que ella hubiese podido hacer nada. Por aquella época, el actualmente desaparecido Cormag, antiguo dirigente de los Templarios de Morr, había saqueado la ciudad y la había tomado bajo el nombre de Nórë. Evendim había sido enviada para dirigirla en su ausencia, ignorando que en ella se estaba desatando una rebelión, causada por la avaricia de los propios ejércitos comandados por Cormag. Poco duraron las defensas establecidas y los soldados se retiraron bajo las órdenes de la joven, que había visto morir a muchos de sus hermanos e intentaba salvar la vida de aquellos que aún la conservaban.

Había prometido volver, costase lo que costase, y sabía que ahora era el momento de hacerlo.

En el edificio de Nórë, el anciano rebuscaba entre los libros más antiguos de la vieja biblioteca, como solía hacer día a día. Evendim se acercó con cautela para pedirle consejo, pero él ya sabía a que iba la joven.

-Poco tiempo has tardado en regresar a Ninkwitil en tus pensamientos, joven Evendim.

-Maestro, sabéis tan bien como yo que es el mejor momento para tomar las riendas de una nueva batalla.

-Di más bien de un nuevo ataque... pues serás la atacante en caso de hacerlo.

-Tenía pensado...

-No. - dijo cortantemente el anciano.

-¿Como decís maestro?

-Esta vez no, Evendim. A Ninkiwitil ha de ir otro. No tú.

-¿Por que? - preguntó asombrada y ofendida.

-Porque hay gente aquí que necesita conocer la batalla, necesita conocer el mando. Elige a uno de ellos para que luche en Ninkwitil, pero tu no debes ir.

-No entiendo vuestra petición, pero si es vuestra voluntad, así será.- dijo inclinando la cabeza.

Dicho esto salió por la puerta dándole vueltas a lo que había oído. Debía elegir a uno de sus compañeros para que luchase en la cuidad... pero ¿A quien? Ämrôth, Ëldoriën e Íriniël se encontraban fuera de la ciudad, Eruannë se recuperaba de una herida considerable y Mardin había partido hacia el norte despidiéndose de Nórë Rá Rilmalotsë. Tan solo quedaban Anestel y Erlenhamer. Eran los dirigentes de una de las compañías de Nimost, y acababan de ser elegidos.

Cuando se lo comunicó, Anestel decidió partir de inmediato. Evendim vió salir al ejército de Nimost, encabezado por una gran hueste de enanos, largas filas de elfos y tres filas de caballería protagonizada por los hombres. Anestel iba al frente junto a Erlenhamer.

Poco tardaron en atravesar los bosques hacia el sur y las llanuras verdes, hasta que al llegar a las colinas al norte de Ninkwitil, la vieron. La ciudad era hermosa, cerrada por murallas de piedra castaña y ondeantes banderas envejecidas por la lluvia y el viento. Los muros eran patrullados por soldados, quizás los mismos que habían comandado la rebelión.

El ejército acampó sin ser visto, lejos de los ojos de los vigilantes, y esperó.

Cuando la noche cayó, Anestel trazó un plan.

-Escuchad, vamos a hacer lo siguiente, y si sale como lo tenemos previsto... seguiremos las órdenes de Nimost.

[Editado por Galath_Undome el 12-09-2008 14:14]

Escrito el 15-09-2008 13:08 #3

La noche solo era iluminada por las antorchas y hogueras procedientes de la ciudad. Ninkwitil. Ese era su nombre. Poco podían imaginar que estaban cercanos a vivir un nuevo ataque por parte de Nórë, aquel clan que

un día hubo conseguido su dominio.

-El ariete será cubierto por veinte enanos. La caballería atacará cuando la puerta caiga y la infantería entrará después. Arqueros apoyando al ariete. No dejéis que levanten flechas. - Dijo Anestel convencida de que la situación les era favorable.

Sus ojos destacaban valor y coraje. No era una mujer fácil de doblegar, ni por el miedo ni por la guerra. Las tropas ante ella escuchaban atentas. Esta misión le había sido encomendada, debía comprobar las defensas de la ciudad. El Anciano lo había dicho y así debía ser.

Los enanos se cubrieron de barro, para que en la noche sus cuerpos pasasen desapercibidos entre los campos. Los elfos, con sus armaduras brillantes y finas se preparaban entre los árboles para disparar sus arcos. Las flechas de penachos rojos y castaños, representando Nimost, estaban preparadas en sus correspondientes carcaj. Los ojos de todos contemplaban los muros, duros y fríos como las noches del Hyarmenyalaire. Sabían que alguno no pasaría de aquella noche, y en silencio se despedía de los que amaba. La guerra, hogar de valerosos guerreros y causante de eternas y largas lágrimas.

Anestel sabía que la ventaja del sigilo les había sido otorgada, y tiró de ella para comenzar la batalla. Las tropas se desplegaron sobre los campos hacia Ninkwitil. Sobre la muralla, un vigilante observó el reflejo móvil de lo que parecía un cuerpo muy pequeño. No acertaba a decir lo que era, pero estaba casi seguro. Tiró de un cordel amarrado a una pequeña campana, y antes de que el primer "clonk" sonase, una flecha se clavó en su cuello tirándole al suelo. Pero la campana sonó.

Fueron segundos lo que el primer golpe de ariete tardó en sonar. Una embestida tras otra y la puerta cedía. Sobre los muros cientos de arqueros se apostaron decididos a elevar sus flechas, pero muchas cayeron sobre ellos antes de que pudiesen hacerlo. Algunos enanos, heridos, gritaron frente a las puertas, y en los pechos de sus compañeros algo se encogió. Algunos ya habían visto aquella escena con anterioridad, muchos en sueños, pero la habían visto. Temían su destino, pero tambien le hacían frente.

Desde el interior, un gran grupo de hombres apostados en el portón aguantaban las embestidas, hasta que una astilla cedió y el primer tablón cayó al suelo. Las flechas de los arqueros de Nimost salieron con fuerza cuando la puerta se abrió, tumbando a algunos de los soldados que la defendían.

Fue cuestión de minutos en que la caballería se abrió paso entre los defendientes de la ciudad. Anestel luchaba entre los hombres, espada en mano, y blandiendo la espada aquí y allá sin tregua. La infantería penetró en la ciudad como un torrente de agua, contenido solo con cuatro tablas que se quebraban al paso del manantial.

Entre el bullicio de los caballos asustados y las espadas entrechocadas, las voces pidiendo auxilio de los caídos sobrecogía los corazones de todos.

Elfos, hombres y enanos compartían una misma misión en aquel día, y daba igual si los caídos eran compañeros o no, porque muchos eran de su misma sangre y sentían el mismo dolor.

Anestel miró a los demás y sonrió, con la cara salpicada de sangre.

-Pelead, todo está marchando según lo planeado. ¡Pelead hermanos!

[Editado por Galath_Undome el 15-09-2008 13:15]

Escrito el 16-09-2008 19:01 #4

La ciudad se veía en la oscuridad como un hormiguero revuelto, donde las hormigas se disputan el poder.

Las defensas de la ciudad caían al paso de la infantería de elfos, y la caballería de hombres no dejaba nada a su paso. Sin embargo, no eran esas órdenes las que Anestel había recibido, por ello se vio obligada a detener la batalla y retirar las tropas de Ninkwitil.

-Mi señora,- gritó un soldado desde el flanco derecho.- ¿Quienes atacarán el sur de la ciudad? Dicen que allí los soldados se han replegado para resisitir.

Anestel miró a su alrededor y frunció el ceño. Su espíritu la obligaba a luchar, pero sus òrdenes eran directas.

-Atacadles, pero solo un pequeño grupo para debilitar sus defensas.

-¿Como decís? - preguntó extrañado el soldado.

-¡Es una órden! Obedece.- dijo furiosa.

Miró a su alrededor. A sus pies vio muchos cuerpos sin vida, llenos de sangre. Había elfos, de su misma raza, y tambien enanos y hombres. Había viajado con ellos, caminado, luchado, y ahora estaban allí tirados. Ella lo asumía y poco le afectaba porque su fuerza en la batalla le cegaba, pero aún así, la rabia le consumía.

Poco le hubiesen importado las órdenes, de no ser porque eran directas y la responsabilidad recaería sobre ella.

Un grupo de aldeanos se refugiaban en una biblioteca, mientras que los soldados defendían sus puertas. Los elfos de Nórë les atacaban, pero solo para menguar su fuerza, pues no era su intención hacer daño a inocentes.

Anestel se subió a su caballo y cruzó la ciudad, hasta llegar a la puerta posterior. Esta se encontraba más al sur y daba al río. La destrozó con ayuda de otros soldados y se aseguró de que sería difícil repararla.

Luego regresó a donde los demás y gritó retirada.

Debido a que las defensas habían sido doblegadas, pudieron retirarse con órden y cumpliendo lo que les había sido asignado.



Mi querido Anciano de Nórë. Soy Evendim.

Escribo esta carta para informar de que las defensas de Ninkwitil han sido doblegadas por la mano de Anestel y se ha procedido a la retirada como ha ordenado.

Órdenes cumplidas.

Escrito el 20-09-2008 08:36 #5

Resumen de la batalla.

Nore ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 224 puntos.

Valoraciones: 8,6+7,5+6,5+8,4= 7,75

Recupera: 174 puntos.

Pierde: 106 puntos. Por la demora en la publicación de las historias se le sanciona con 2 armadas (70 puntos). Total pérdida: 176 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

[Editado por gaurwaith el 25-09-2008 15:42]

Historia finalizada.