La Guerra de los Clanes

Varendia - Misión 2, Nicsemacil

Escribiéndose...
Escrito el 16-09-2008 23:59 #1

Despertó con un fuerte sobresalto, jadeando y bañado en sudor. Durante unos segundos siniestros las horribles imágenes que lo habían perseguido persistieron en su mente, como si hubieran adoptado una conciencia tan macabra como su propio contenido y hubiesen decidido alargar el sufrimiento un poco más, reticentes a desaparecer.

Pero lo hicieron, y el joven Senador pudo cerrar los ojos unos instantes mientras recobraba la calma, sus pulsaciones se normalizaban y el alarmante fulgor rojizo de sus ojos remitía. De mal humor por el violento despertar, se echó sobre la cama de nuevo y pronto cayó en un nuevo y profundo sueño... esta vez, tranquilo y sosegado.

Se levantó tarde, estirándose y bostezando con fuerza. Se vistió con una túnica sencilla, sin apenas bordados, y se dirigió a la habitación de aseo, donde sobre una pila había que manaba continuamente e iba a parar a un sistema subterráneo de cañerías. Los varantes, tan sabedores de las grandes limitaciones que el desierto acarreaba, se habían convertido en auténticos genios en ingeniería, diseñando grandes obras públicas de agua corriente y saneamiento.

Como siempre hacía, formó un cuenco con la palma de sus manos y se lavó la cara, estremeciéndose notablemente por el frío del líquido; él lo notaba aún más, dado que su cuerpo estaba más caliente de lo que lo estaba el de un ser humano normal. Pero la sensación de frío no fue lo que hizo que diera un salto allí mismo. Mientras sumergía las manos en el agua, observó sus palmas...

Y el sueño retornó a él con una fuerza demoledora.

-Sinceramente, me desconciertas, Athran -dijo Vairos Em, a quien todos llamaban Varios el Sabio, Guardián de los Muertos y Senador-. Sin intentar parecer arrogante, conozco bastante bien la historia de este país y de los que vinieron antes que él. Pero esa pesadilla... Hubo guerras, algunas muy cruentas, desde el mismo momento en que Nash'hartán -Nashaltân- se desintegró; pero la mayoría fueron menores e insignificantes, ni mucho menos como aparecía en tu sueño.

- Ten en cuenta, de todos modos -comentó Athran-, que un sueño puede deformar mucho las cosas...

- Sí, puede -admitió Varios-. Sin embargo, teniendo en cuenta que aquel espíritu de tu sueño os hizo quemaros la mano a propósito para que supierais que no había sido un sueño... Siento la necesidad de dudar, con sinceridad. Mas me temo que no pueda ayudarte. Tienes prisa, por lo que observo; en otro caso te habría recomendado varios buenos libros de las bibliotecas. Pero en este caso deberías consultar a algún experto, alguien longevo que conozca bien este país... Pero no sé quién podría...

-Tranquilo -le cortó Athran con una sonrisa-. Yo sí lo sé.

Volver a ver a Neyla ya suponía un aliciente, pero lo que le esperaba en su casa lo dejó desarmado. Junto a la silenciosa elfa, una joven de cabellos de fuego y ojos de miel conversaba alegremente con un hombre al que Athran conocía bien.

- No puede ser... -susurró Athran, aunque perfectamente audible. Shamal y Thara lo miraron-. ¿Shamal?

Tras el asombro inicial, el músico indomable soltó una enorme y saludable carcajada. Athran saludó a Thara al modo varante, ligeramente tímido, pero Shamal contribuyó con destreza a romper el poco hielo que surgiera en el calor del desierto.

Los ojos de la elfa, única parte visible de su rostro, se habían cerrado, y por su semblante la Elda parecía meditar. Todos esperaron con paciencia.

- Así pues, hemos de encontrar los guantes en un lugar donde se han producido muchas guerras, ¿me equivoco?

Athran asintió levemente. Neyla cerró los ojos de nuevo, unos pocos minutos, tras los que retomó el habla.

- Hubo hace muchos siglos una guerra cruenta en este mismo desierto. Según las crónicas de los sabios, se produjo siete siglos después de la caída del Imperio de Nash'hartán. No estoy muy segura de que sea una pista fiable, pero no tenemos nada mejor y las primeras ciudades están cerca. Venid.

Los llevó a un salón con una gran mesa central, donde la elfa depositó un mapa de todo Varantar, desde la costa este a la oeste, desde Nasher hasta Varendia. Estaban señalados los principales asentamientos de los varantes, y Neyla, con un gran esfuerzo de concentración, fue señalando varios -todos aquellos que, según dijo, tuvieron algo que ver con aquella guerra.

-Parece haber un patrón -comentó Athran-. Aunque también puede ser casualidad.

-Probablemente lo segundo -afirmó la elfa.

-Einursha es la ciudad más cercana -dijo Athran tras unos minutos de silencio.

-Así es. Es un buen lugar para empezar a buscar. Cercano, y prometedor. Te daré algunos papeles para que los consultes por el camino. Por si me equivoco.

Thara observaba el mapa con ojos relucientes; su espíritu aventurero y alocado la estimulaba, pero su desconfianza y extraño temor hacia el Dherasda suponía un duro contendiente contra su propia naturaleza. Finalmente sus labios se abrieron.

- Nesri, ¿puedo ir con él?

Neyla miró con intensidad a la joven, como evaluándola. Athran conocía bien esa mirada, y sabía así mismo de los grandes dones premonitorios de los Eldar. La sonrisa dulce de Neyla puso fin a toda duda.

Tres personas salieron discretamente de la ciudad por los grandes puentes que cruzaban el río Nursha. Athran sonreía, divertido, mientras Shamal silbaba alegremente.

- ¿Acaso pensáis iros sin un buen guía que os lleve? -había dicho el viajero-. Athran, muchacho, te tenía por una persona cuerda. ¿Qué pretendes hacer ahí tú solo, digo más, con esta bella joven? Estarás muerto en unas pocas horas.

Y Athran se había limitado a reír con fuerza porque sabía que, efectivamente, ya no iban a ser sólo dos los viajeros que pusieran rumbo a la búsqueda de las Manos de la Victoria.

Escrito el 12-10-2008 13:33 #2

¿Ya tienes pensado la ruta que vamos a seguir? – Pregunto Shamal.

-Bueno nuestro primer objetivo es llegar a Einursha, después ya veremos todo depende de lo que vayamos descubriendo. – Respondió Athran,

-Entiendo, no tenemos ni idea – Respondió Shamal soltando unas leves carcajadas ante la mirada de Thara.

-No te rías, no es el momento – Le regaño Thara.

-Contamos con la información de mi sueño y los documentos que me entrego Neyla – Se sintió algo alicaído una carga demasiado pesada. – No es mucho, pero es un comienzo.

-Entiendo, entonces como el tiempo apremia, tengo el modo perfecto para viajar y que podamos reflexionar sobre estos asuntos. Intento elevar la moral del grupo.

-¿Sí? – pregunto Thara intrigada. ¿Como iremos?

-Remontaremos el río hasta Einursha en barco, Adrhant nos es favorable, en esta época el Nursha es navegable.

Los ojos de Thara se iluminaron, había visto los pequeños veleros que surcaban el río pero jamás había montado en uno de ellos. ¿De verdad que iremos en barco? –

-Claro, por una vez no hace falta que se nos llenen la botas de arena – Le contestó Shamal, podemos salir al atardecer y llegar a Einursha por la mañana.

-Me parece un buen plan- Respondió Athran – Pero encontraremos algún velero disponible.

-Eso déjamelo de mi cuenta.

Los tres se encaminaron hacia el embarcadero de Varendia situado en uno de los recodos del río Nursha muy próximo a la salida sur de la ciudadela..

Escrito el 12-10-2008 23:25 #3

El río Nursha se extendía de hacia el este y al oeste. La ciudad de Varendia descansaba en la ribera norte del río. El área más ancha de la ciudad daba a la corriente de agua, aprovechándose del puerto natural. Con un puerto profundo, sobre un río que cubría un montón de millas y lo bastante ancho para navegar corriente arriba, era una de las vías de comercio más importantes de la ciudad.

Al igual que los calles de Varendia el puerto gozaba de una intensa actividad. Los prácticos se apresuraban a guiar las embarcaciones hasta los muelles de atraque, los estibadores se apresuraban a descargar las mercancías bajo la atenta mirada de los capitanes y comerciantes del lugar. También se concentraban en el lugar pescadores, que se apresuraban a remendar sus redes, otros más ociosos apostaban sus sueldos en juegos de azar como los dados.

Shamal los guió por el entresijo de embarcaderos del puerto, hasta llegar al lugar donde el pequeño barracuda les esperaba. Una pequeña embarcación de vela latina, capitaneada por Muhtadi, un viejo marinero, en le pasado se había encargado de transportar mercancías para la familia Sqar, ahora estaba ya retirado y mataba el tiempo pescando.

-Que ven mis ojos – Dijo el viejo marino. Se levantó y se acerco para darle un abrazó a Shamal. - ¿Qué te trae por aquí? - preguntó

-Necesitamos que nos lleves a Einursha, si es posible, o que nos recomiendes a alguien que lo pueda hacer –Preguntó Shamal.

- ¿No te fías del viejo? – gruño – Vamos no hay mejor marino, que yo.

- Claro, no esperabamos menos de ti – Solo que no te queríamos molestar. – Se intento disculpar Shamal – Te presentare a tu nueva tripulación, este joven es Atrhan, de los que hablan con los muertos - dijo en tono divertido – y esta linda jovencita de aquí es Thara.

- Encantado de conoceros – Respondió Muhtadi, los amigos de la casa Sqar son mis amigos, si me hubieras avisado con algo más de tiempo me hubiera preparado, pero claro la improvisación por bandera, no pequeño?-

- No se preocupe – Dijo Atrhan – Esta vez es culpa mía, tenemos prisa por llegar a Einursha.

- Pues no esperemos más, venga vosotros cargar esas cajas de hay, mientras permitir que ayude a esta linda joven a subir a la embarcación. Hacia tiempo que no llevaba un cargamento tan preciado. – Le dijo Thara.

Thara se sonrojo por las palabras de aquel agradable anciano, parecía igual de simpático que Shamal.

-Será un placer – Le respondió - ¿Podréis darme alguna clase de navegación?

-Claro que si! – Exclamo el anciano – por ahora serás mi grumete.

Los tres viajeros subieron a la pequeña embarcación de vela latina. No había demasiado espacio para las comodidades. El capitán se situó a la proa de la embarcación desde donde podía controlar el timón y los aparejos con facilidad. Athran y Thara ocuparon la parte central de la embarcación bajo el mástil, mientras que Shamal ocupó la popa. Soltaron las amarras y se alejaron lentamente del puerto, desplegando la vela y dejando que la fuerza del viento hiciera el resto remontando el río a un buen ritmo.

Athran se apoyo sobre el mástil, busco en su atillo los documentos que le había entregado la eldar y se concentró en estudiarlos. Thara fue junto al capitán para que le explicará el funcionamiento de aquella pequeña embarcación tal como le había prometido, el capitán accedió de muy bien grado y le deleito con toda clase de explicaciones y aventuras de juventud. Shamal permanecía en la popa observando el paisaje, mientras afinaba su basilet.

La travesía transcurrió lenta y tranquila, mientras remontaban el Nursha, amenizada con la música del Fatîm, de vez en cuando la nave viraba bruscamente, por las prácticas de Thara que intentaba dominar el timón. Al caer la noche hicieron una pequeña parada para cenar, algo de pescado que habían pescado. Prosiguieron la travesía a la luz de la luna, Athran decidió hacer un descanso de sus investigaciones, motivado por la falta de luz, y decidió disfrutar del viaje.

Shamal interpreto unas viejas canciones marineras que había aprendido tiempo atrás.



Puedes escuchar el repicar de las campanas?

De las costas de Varendia esta noche,

Es la canción de un corazón enamorado

De dos almas que el océano unió …..

La mayoría hablaban sobre la espera de las mujeres, la angustia que sufrían al esperar el regresó de sus esposos de la mar, de sus ruegos por que volvieran sanos y salvos.

Arrullado por las aguas del río Thara cansada de aquel largo día se durmió con una sonrisa, Athran no tardo mucho más en quedarse dormido, mientras que Shamal y Muhtadi seguían charlando.

Con los primeros rayos de sol la embarcación diviso la ciudad de Einursha