La Guerra de los Clanes

Batalla 75. Revuelta En Dahald.

Terminada
Escrito el 17-09-2008 19:43 #1

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 22

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 20

Victoria para Nensir que mantiene el dominio sobre la ciudad.

Escrito el 21-09-2008 21:52 #2

Desde lo alto de la muralla de la ciudad el campamento de los aldalântar parecía casi inexistente. Se hallaba en los límites del bosque y eran escasas las luces que por él deambulaban. Sin embargo había movimientos en la sombra que los ojos humanos no alcanzaban a ver. Entre esas sombras furtivas en la noche sin luna se encontraban los del líder de la resistencia, Balaran, que caminaba solo al encuentro de los elfos de Nensir.

- ¿No es tarde para las visitas de cortesía? – La voz élfica frenó el paso del humano, quien, sin amilanarse siguió avanzando. La figura de Vorondhisiê le esperaba sentado en una piedra, con algunos papeles cerca de sus manos, parecía mirarlos sin mucha dedicación.

- Ninguna visita es tardía para las noticias importantes. Y más si no quieres que los tuyos se den cuenta de nada. ¿Pertrechados para la guerra? – El humano observó las armaduras sucias de barro de los elfos para que no relucieran en la oscuridad.

- Parece ser…- Voron se levantó y sonrió al humano- que se está planeando algo contra nuestro campamento, una especie de… regalo de agradecimiento por la ayuda prestada contra los Uonu-nyrr. Es una lástima tanto esfuerzo, porque no me agradan los regalos, luego hay que devolverlos…

- Así que ya lo sabes… Venía a avisarte. El pueblo ha saboreado la libertad y ahora os ven a vosotros como los nuevos opresores de nuestra ciudad. Os habéis convertido en el enemigo sin desearlo.

- ¿Somos tus enemigos ahora Balaran? Tu ciudad está llena de hierba y ésta habla. Pero no llega a mis oídos lo que tú piensas de todo esto. Hablemos claro. Llevamos haciéndolo desde que nos conocimos y pensé que éramos compañeros en esto.

- Lo somos Voron… lo somos. – Balaran se pasó la mano por el rostro. Parecía más cansado de lo habitual. Se volvió y contempló la ciudad como si fuera una extraña presencia. – Todos deseamos una ciudad libre, y yo no soy una excepción, pero no soy idiota. Sin el apoyo de los aldalântar Dalhald no duraría un asalto contra los Uonu-nyrr, y estos siguen acechando en la sombra. El pueblo no lo entiende. Se siente fuerte y ve que hemos salido de un yugo opresor, a un yugo libre pero yugo al fin y al cabo. Mantener vuestros ejércitos cuesta oro y comida a la ciudad. Pero… es necesario. De cualquier modo no puedo volverme contra mi pueblo, si ellos luchan yo tengo que comandarlos, al menos hasta que aprendan la lección.

- Bien… - Vorondhisiê guardo silencio durante unos segundos, y acto seguido se acercó al humano y se apoyó en su hombro. – Intentemos no encontrarnos en la batalla o todo lo que podemos hacer por mantener Dahald viva se desvanecerá. Y ahora lárgate de aquí. En menos de cinco horas tu gente empezará a salir hacía aquí para echarnos. No conviene que no te vean en la ciudad.

Apenas habían pasado dos horas cuando Voron se encontraba ya en lo profundo del bosque. La mitad de sus capitanes se encontraba junto a él y aguardaban en silencio. El grueso del ejército se había quedado en los lindes del bosque preparando la batalla. Esta noche muchos árboles beberían sangre. Y Voron esperaba que no fuera sangre elfa. Pero se impacientaba. Las fuerzas que tenía no eran suficientes para derrotar a la resistencia de Dahald. Y la ayuda que había pedido a Neitillot no llegaba aún. ¿Cuánto tiempo le quedaba? ¿A quién demonios había mandado Tath? Unos pasos sonaron tras ellos. El elfo se levantó. Era un mensajero.

- Las puertas de la cuidad se han abierto Gobernador – Voron odiaba ese título- Ya empieza el avance. Las tropas necesitan a sus generales. – El Hijo de la hierba hizo un movimiento con la mano y los generales se adentraron en el bosque retrocediendo tras sus pasos. No lo necesitaban. Sabían exactamente lo que debían hacer. Se quedó sólo en el claro.

- Incompetentes… -susurró cuando se encontraba totalmente sólo, pero el eco pareció trasladarlo por todo el bosque.

- No soy yo la que necesito ayuda para mantener una ciudad de humanos Gobernador. Así que no hablemos de incompetencia. – La voz femenina le golpeó como si fuera uno de los látigos de los Uonu- Nyrr. Se levantó y miró en dirección a la voz.

- Vorondhisiê Muarkwâr, el incompetente que tiene que mantener esta ciudad. – La elfa salió a la luz dejándose ver entre la maleza.

- Nênlê Tâurel, la incompetente que llega tarde con la ayuda.

- Bien… ahora los dos llegamos tarde a la batalla. Así que se acabaron las presentaciones.

A Voron solo le dio tiempo a pensar que no le agradaba aquella arquera, antes de tener que contarle toda la estrategia a ella y los generales que la seguían de camino a la batalla.

Escrito el 21-09-2008 21:56 #3

Lo que más me impactó fue que los suelos de Dahald temblaron. La batalla que a sus puertas se iba a librar iba a ser sin duda alguna una masacre en todos los sentidos. Y los propios combatientes lo sabían, y su miedo se reflejaba en sus caras y hacía temblar sus aceros. Nensir no era bienvenida allí.

Vorondhisiê levantó su espada, gesto que imitaron bajo un grito estremecedor el resto de elfos que le seguían. Lo que siguió es difícil de contar, ya que ni siquiera los elfos que de allí salieron pueden recordarlo. Los espacios entre los soldados se cerraron, el aire dejó de correr, y lo único que podía refrescar la piel de los que allí iban a morir era la sangre que salpicaba al hundir el acero. Aquel no era momento para espadas, arcos, y demás artillería. Sólo la habilidad de cada uno y quizás las pequeñas dagas decidían quien debía morir y quién debía vivir para contarlo. ¿Era necesario tan cruel batalla para librarse de nosotros?

Bien sabíamos que fue el propio pueblo de Dahald quien tomó las armas contra Nensir, contra quienes tiempo atrás les habíamos librado de una muerte segura. Y ahora ellos nos despreciaban nuestra ayuda por un sentimiento que no discutimos, pero que en un primer momento nos pareció utópico. Sin embargo allí estaba el pueblo de Dahald, con un ejército que habría asombrado hasta el más veterano, dispuesto a echarnos. Pero era algo que no podíamos permitir si queríamos seguir en una posición algo dominante, al menos por algún tiempo.

Nênlê no estaba acostumbrada a luchar como en las tabernas, sin embargo allí estaba, deshaciéndose de un elfo a golpe limpio, hasta que una de sus dagas le sesgó la garganta. Volví la mirada hacia mi señor Vorondhisiê, cuando sentí un tirón en mi pierna; un hombre moreno se arrastraba por el suelo abriendo su sucia boca para morderme, cuando vi que le faltaba una pierna. Le propiné una patada con el poco impulso que pude dar, pero con la suficiente fuerza como para dejarle inconsciente; corrí entre la multitud hasta llegar a mi señor. Desde los árboles, una flecha volaba hacia nosotros, me abalancé sobre nuestro capitán, hasta que vi cómo se incrustaba sobre una cara conocida: era aquél joven elfo de Eglamar con el que horas antes habíamos compartido vino y pan. De un saltó subí hacia una rama cercana, y trepé hasta tener un buen ángulo de vista. Tensé mi arco, buscando un blanco fácil. Y allí estaba, Balaran. Le observé un buen rato, era una buena oportunidad. Pero el caudillo de Dahald no desgarraba cuellos, no mutilaba, no hundía sus dagas en la carne. Sólo se limitaba, cuando le era posible, a golpear hasta hacernos caer. Nênlê Taûrel estaba casi a su lado, y la miró con lástima; sin duda alguna aquella no era una guerra deseada por ninguno de nosotros, pero no podía ignorar la petición de su pueblo. Bajé el arco. Aquél no era mi blanco. Pero un silbido sobre mi cabeza guió mi mirada de nuevo hacia los dos caudillos, cuando vi el cuerpo de Nênlê caer. Apunté hacia arriba y disparé, un enorme bulto cayó a mi lado, despeñándose contra un tronco podrido. Busqué a Nênlê, pero mi vista se centró en el cuerpo agachado del caudillo de Dahald: estaba arrastrando a nuestra compañera hasta el hueco bajo las ramas de un árbol, y le extrajo la flecha del hombro, y se lo vendó rápidamente con un helecho. Ella, entre muecas de dolor, se acercó la cabeza de nuestro enemigo y la besó en agradecimiento. Ambos volvieron al combate.

Entre flecha y flecha que disparaba, vigilaba a mi señor Vorondhisiê. Luchaba encarnizadamente contra el otro caudillo, de cuyo nombre, tendréis que disculparme, no hago memoria. Lo único que recuerdo fue hundió su daga en el muslo de mi señor, pero murió apuñalado por éste.

Seguidamente otro silbido…y lo demás es todo oscuro, hasta que desperté aquí donde me veis, mi señora. ¿Y mis caudillos? ¿Ganamos la batalla?

Escrito el 21-09-2008 21:58 #4

Nênlê salió de la tienda de los heridos con el hombro recién vendado, atado al cuello. Su rostro parecía agotado y mantenía una expresión de muda disconformidad. Cualquier victoria tenía su precio, y ésta se había cobrado muchas vidas por ambas partes. Pero habían ganado, y eso la complacía. Era lo único que podía complacerlos ahora. En el momento en que las fuerzas de la ciudad habían penetrado en el bosque completamente, su destino quedo marcado. Ellos eran los señores de los árboles y entre los árboles no podían ser superados. Nensir había obtenido la victoria.

Avanzó entre sus soldados, se encontraban en la puerta de la propia ciudad. El sol golpeaba desde lo alto, era casi medio día. Su cabello enmarañado estaba aun manchado de sangre. El hombro le dolía y esperaba que eso no dañara a su puntería con el arco. Se encontraban en la llanura frente a las puertas de la ciudad. Los soldados humanos habían entregado las armas. Frente a ellos el ejército de los aldalântar se mantenía firme. No parecía haber odio entre ellos, pero sí tensión. Era evidente que los humanos esperaban una represión dura por su rebelión y que la situación se volviera sin duda más peliaguda que cuando tenían que sufrir el maltrato de los Uonu-nyrr. Esperaban atentos el veredicto de sus vengativos señores. Ese papel le correspondía a Vorondhisiê. El título de gobernador de la ciudad le seguía incordiando a un elfo que lejos de las maravillosas imágenes de los guerreros elfos cojeaba delante de su propio ejército y aún más delante de su enemigo. Voron estaba nervioso. No tenía ni idea de que decirles a sus enemigos vencidos. Balaran se encontraba entre ellos magullado, se mantenía con la mirada fija en él. Nênlê no había tenido oportunidad de hablar con él. Sólo había entrado a la enfermería un segundo para limpiar sus heridas y no había esperado siquiera un segundo para vendárselas de nuevo. Y ahora que lo veía notaba lo estresado que estaba por el trato que tenía que darle a su enemigo.

- ¡Acércate Balaran!

El jefe de la resistencia dejó su puesto y se acerco sin problema alguno al cojeante elfo. Voron lo observó. Por unos minutos pareció olvidar el dolor palpitante de su pierna. Como la noche anterior, se acercó a él y puso su mano en el hombro del humano. Se giró hacia la gente de Dalhald.

- ¡Vuestra rebelión le ha costado muchas vidas a Nensir! Vuestra rebelión ha llenado esta llanura y ese bosque de sangre que no tenía que verterse… No ha pasado demasiado tiempo desde que os liberáramos de un yugo que emponzoñaba vuestra ciudad. Y así nos pagáis… - El elfo hizo una pausa y miró a su propio ejercito. – Pero lo entiendo, este hombre y yo lo entendemos. Queréis libertad y obtenerla es lo único que parece calmarlos. Pero tanto balaran como yo sabíamos las consecuencias que eso tendría para vosotros. Os creíais fuertes y lo erais. Pero no lo suficiente. Nensir no viene aquí a exprimiros la sangre. Vinimos a ayudaros y a eso nos hemos quedado. La Peste de los Uonu-nyrr es lo que nos hace sufrir. Y si para ello tenemos que gobernar vuestra ciudad lo haremos. Porque los Aldalântar no permitiremos que esa escoria vuelva a expandirse. Y éste hombre lo sabía, y sabía que esta rebelión solo conduciría al dolor, y aún así lucho contra el que sabía que no era su enemigo. Y aquí estamos ahora y se supone que he de castigarlo. Me niego a ello. Sois hombres libres. Pero la protección que os otorgamos y el tributo que os exigimos me parece el justo para permitir que vuestra gente se mantenga viva y no sea carnaza de sacrificio para un dios oscuro. Mi castigo para vosotros es que este hombre sea vuestro gobernador, y que tengáis que mirarlo a la cara y recordar lo que le habéis hecho pasar cada día. No os equivoquéis. Todo será bajo la tutela de Nensir. Si os atrevéis a comportaros como niños pequeños Nensir se comportará como un padre para vosotros. ¿Queda claro?

Un murmullo se alzó entre los ciudadanos de la ciudad, la mayoría hombres que se mantenían como podían tras la ardua batalla. No se atrevieron a realizar movimiento alguno. Voron cojeo y se apoyo en balaran sin que este se mostrara extraño por la acción y manteniéndolo a su lado.

- Entonces ir a vuestras casas y curar a vuestros heridos. No tengo nada más que deciros.

Nênlê contempló al elfo un segundo. Su método era demasiado sincero, pero no dejaba de ser eficaz. La gente se sentía más castigada ahora por sus propios pensamientos que por la batalla de la noche anterior. Se acercó a Balaran y Vorondhisiê, que caminaban hacia la tienda de los heridos para terminar de curarse.

- Parece que no eres tan incompetente como pensaba. Buen discurso.

- Cuanto más cabreado estoy mejor me expreso. Estoy harto de esta ciudad, necesito un descanso. Busca algún general competente que se mantenga vivo y Balaran le enseñará todo lo que debe hacer. A no ser que quieras quedarte tú…

- No me apetece. Ya tengo la ciudad muy vista.

- Entonces vayámonos de aquí.

Escrito el 24-09-2008 19:25 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.

Recuperables: 560 puntos.

Valoraciones: 8,2+7,9+7,9+8,3+8,8= 8,22

Recupera: 460 puntos. Por las heridas sufridas por los dirigentes recupera 175 puntos. Total recuperación: 560 puntos.

Pierde: 140 puntos.

Por la participación en la batalla se entregan 450 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.