La Guerra de los Clanes

Hiskhagda - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 21-09-2008 23:35 #1

Fundada a mediados de la Primera Edad es la ciudad más antigua y rica de la región. En el centro de la misma se alza un gran templo-palacio habitado por la familia gobernante, que también son los líderes religiosos.

La religión de la ciudad podría considerarse un culto a la familia gobernante que se cree fue enviada por los Valar al comienzo de los tiempos para mantener la pureza de aquel lugar y sus habitantes. Se desconoce si sus habitantes son elfos o humanos, pues su apariencia es intermedia y nadie ha atravesado los muros interiores para poder descifrar este enigma.

Durante los primeros Años Terribles la ciudad sufrió un terrible asedio que terminó de manera inesperada el año 681 (el anterior a la Guerra de los Cotya Lielaire) con la finalización del asedio y la salvación de los habitantes de la ciudad.

El misterio que rodea a los habitantes de este lugar se mantiene aún hoy en día.

Escrito el 23-09-2008 10:12 #2

Una semana a buen ritmo, pero sin forzar a los caballos, llevaban de camino. En dirección Suroeste debían encontrar Hiskhagda.

En Minitunda no habían sabido decirles nada concreto de la ciudad, sólo que era misteriosa y que estaba hacia el Sur.

Los tres elfos montaban magníficos caballos y un cuarto animal llevaba algunos bultos.

El camino era agradable y fresco. Atrás habían quedado los calores extremos del desierto y la dureza de la estepa; ahora, y desde que salieran de Minitunda, sólo el bosque les acompañaba, un bosque de innumerable variedad vegetal: robles, nogales, abedules, gigantescos castaños,... y en el sotobosque abundaban los acebos, helechos, madroños y jaras. Un intenso perfume a naturaleza limpia y fresca llenaba las almas de los elfos, que avanzaban sin apenas descansar... y sin apenas cansarse, a la vez relajados y atentos.

Angárato, a lo largo de esa larguísima misión, estaba demostrando ser un auténtico especialista en cinegética, cosa que desde el principio sorprendió no poco a los jóvenes elfos, que desconocían casi todo del pasado del noldor y sólo veían en él a un distante y acerado general.

En ese bosque, en que la caza abundaba, los tres elfos formaban una eficiente partida y, por unos días, las espadas y las lanzas fueron sustituidos por arcos y cuchillos.

Según el mapa y las estrellas que los guiaban no debían estar demasiado lejos de la misteriosa ciudad. De hecho ya deberían haber llegado.

Fue en ese momento, cuando ya temían haber errado el camino, cuando vieron ante ellos, al principio sólo como retazos que se vislumbraban a través de los altos árboles, una gran muralla.

Habían descansado un poco al caer el sol pero, aun en plena noche, habían retomado el camino. Y ahí, bajo las estrellas de ese extraño cielo del Sur, vieron alargarse las sombras de una gran ciudad, de elevadísima muralla... una muralla extraña, demasiado perfecta, demasiado sólida. A Angárato le recordó algo y un escalofrío recorrió su espalda.

[Editado por elfo_negro el 23-09-2008 10:22]

Escrito el 23-09-2008 12:26 #3

La impresión de ver surgir la ciudad entre la espesura del Sûlestelion la dejó maravillada. Al principio le recordó a la primera vez que había visto Vanwielie desde el barco. Una ciudad que se esconde de los ojos curiosos.

Una gran puerta parecía el único punto posible de entrada. La mitad izquierda del portón permanecía cerrada pero la otra mitad estaba abierta aunque bien custodiada.

- ¡Alto! – les gritaron -¿Quién va?

Los tres nurulântar frenaron sus caballos. Los dos centinelas apostados vestían capas grises que parecían de factura élfica. Si no fuera por el brillo de sus espadas, habrían pasado desapercibidos incluso para un ojo élfico.

- Somos tres viajeros que desean hacer un alto en el camino – respondió el arken.

- Extrañas horas para presentaros aquí. No permitimos la entrada a extranjeros durante la noche. ¿Cuáles son vuestros nombres y de dónde venís? – Ahora hablaba el más alto de los guardias.

Como si operara un cambio en Angárato, le brilló una luz que Dâira y Myodul no habían visto antes.

- Yo soy Elemmirë, ella es mi nieta, Élear y él es su esposo Gairen. Venimos de Minitunda y nos dirigimos al sur pero tememos habernos desviado demasiado. Como ya os dije antes, estamos cansados y nos gustaría acostarnos un rato sobre camas mullidas. ¿No dejaréis acaso que esta pobre familia tenga un poco de merecido reposo?

Los dos centinelas se miraron algo confusos. Discutieron durante unos segundos entre susurros y finalmente permitieron la entrada de los viajeros, con la condición de que al día siguiente abandonasen la ciudad.

Unas pocas antorchas que emitían una tenue luz iluminaban parcialmente algunas calles. Para ser noche avanzada se veía más movimiento del que esperaban en la ciudad.

La arquitectura de los edificios, a pesar de la poca iluminación, dejaba ver detrás de ellos el diligente trabajo de manos hábiles con la piedra.

La medio elfa veía en su abuelo una expresión de extrañeza y a la vez parecía que estuviera cautivado.

- ¿Has estado antes aquí, edelon?

- No, nunca –respondió él.

- ¡Mirad allí! – dijo Myodul de pronto.

Habían llegado a una de las calles principales, y al fondo se erigía una alta y ancha sombra.

- Mañana nos acercaremos a ver qué es, pero parece un palacio. Será mejor que por el momento busquemos un sitio donde pasar la noche.

- Tal vez ellos puedan ayudarnos – contestó Myodul señalando un grupo que bajaba la calle.

Escrito el 23-09-2008 22:28 #4

El grupo de Nurulântar saludó a cinco personas que bajaban por la calle hacia ellos. Tras los pertinentes saludos, los viajeros sacaron el tema de los esclavos de Minitunda.

- Señores, nosotros somos el Pueblo Elegido, nos hemos enfrentado a muy duras pruebas y hemos sobrevivido. Por nuestro Honor moriríamos antes de ser utilizados como mano de obra esclava. ¡Buenas noches!

Y diciendo esto, el grupo de vecinos de Hiskhagda se separó de los Nurulântar.