La Guerra de los Clanes

Batalla 78. Revuelta En Tugore.

Terminada
Escrito el 22-09-2008 16:25 #1

Fin Guerra: Marllajtay se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 11

Armadas perdidas por "Marllajtay" = 9

Victoria para Marllajtay que conserva el dominio sobre la ciudad.

Escrito el 26-09-2008 00:22 #2

El otoño se aproximaba ya en el país del Nendataure y con él las primeras lluvias torrenciales habían hecho acto de presencia. Pero en Tûgore los ciudadanos preparaban la inminente llegada del Zôr de Tûgore, Allpa’huátl, que llevaba ausente de la ciudad más de tres semanas, pues se recibieron noticias en el Nuevo Sûtagûn acerca del desastre de Annwyn y el Khútic había acudido inmediatamente a Híssuë, dejando a su Ayni al mando en el gobierno de la capital del Valle de Attatumbo.

Y en un día gris cuando la ciudad se sumía en las sombras del crepúsculo las trompetas sonaron desde las torres de la puerta oeste de la ciudad. El Zôr había regresado al fin. Pocos eran los desleales al Ave en la ciudad pues la mayoría había huido a Tumbu y los pocos que habían quedado en Tûgore se mantenían silenciosos y discretos. Así entonces rápidamente empezó a escucharse el jolgorio en las casas, la gente se asomaba a los ventanales, mientras la Guardia Tûgoreana acudía en formación a recibir al Zôr.

- ¡Salve, Gran Zôr de Tûgore! ¡Sed bienvenido a vuestro Hogar! – gritó un soldado desde lo alto de la muralla cuando el Khútic de Híssuë y sus tropas se detuvieron ante las puertas.

- Salve, hermanos Tûgoreanos, Ýskur y Marllajtay. ¡Nos guíe el Ave Sobre Nosotros! Abre las puertas, pues el Zôr llega con nuevas de Híssuë y valerosos soldados cansados de un largo viaje – gritó un heraldo que acompañaba al séquito. Allpa’huátl extendió una mano a modo de saludo en el momento en que las puertas empezaban a abrirse.

Grande fue el recibimiento que los ciudadanos dieron al Zôr ese día. Y grande también fue la alegría del reencuentro de éste con su Ayni. Y no fue este el único reencuentro, pues Laymi Arië y Toltyo, capitanes de la Caballería de Tehilmac se encontraban también allí. Habían regresado del sur donde se encargaban de patrullar los alrededores del Attasíre. Y para sorpresa de todos, en especial de Rawa, Morlyg había llegado también a Tûgore acompañando al Khútic. Esa noche se celebró un gran banquete en el Nuevo Sûtagûn. Allpa’huátl y Rawa presidían la larga mesa; frente a ellos se encontraba Yamacha, el líder de los del Nendataure.

Los festejos se prologaron hasta tarde, pero luego hubo de celebrarse consejo, pues debían tratarse asuntos que no podían esperar al amanecer: Annwyn había sido reconquistada por los rebeldes Chak’ay con la ayuda de los despreciables Hünna’nay y las pérdidas humanas habían sido enormes. Los Marllajtay tardarían tiempo en volver a estar en disposición de recuperar su hegemonía en las costas andinas. Laymi y Toltyo, por su parte, tampoco traían buenas noticias, pues los adoradores del cuervo se agitaban en Tumbu y convocaban a los refugiados de Tûgore para alzarse en armas contra el poder Marllajtay. Y el Anciano Norno había convocado nuevamente a representantes de los cinco clanes para encomendarles una misión que cumplir en la lucha contra el mal. De ella se encargaba Morlyg, que partiría a la mañana siguiente hacia la antigua ciudad de Casararanie.

Todos los dispositivos se pusieron en funcionamiento al día siguiente. Laymi y Toltyo partieron de nuevo a reunirse con su compañía para organizar las patrullas del sur, mientras que se mandaron mensajeros al norte para movilizar a los Isgur del bosque, que mantenían la seguridad en los caminos del norte del Nendataure. Se reduciría allí la presencia para reforzar las defensas al sur de Tûgore, por donde presumiblemente se esperaría un ataque desde Tumbu.

Por la tarde regresaron mensajeros desde el Attasíre. El día anterior un ejército había salido de Tumbu con rumbo al norte y había obligado a retirarse a las patrullas Marllajtay. Ahora debían encontrarse a no más de un día de Tûgore. Pero Allpa’huátl conocía de las fuerzas con las que contaban en Tumbu gracias a los informes de Toltyo y no estaba dispuesto a permitir por segunda vez que Tûgore cayera en la oscuridad del culto al Cuervo.

Escrito el 26-09-2008 00:22 #3

Campamento del Llano de Attatumbo, 11 Aqua Muin

Mi señor Yamacha,

Las tropas de Tumbu avanzan rápidamente hacia Tûgore. Nuestras patrullas frenaron en un principio su avance por el bosque pero poco a poco lograron neutralizar el efecto de las emboscadas que les tendíamos. Siguiendo las órdenes del Zôr, no hemos presentado batalla abiertamente y nos hemos retirado al río. A pesar de ello, contamos con catorce bajas entre nuestros hombres.

Lo más probable es que no pasen muchas horas desde el momento en que recibáis este mensaje, antes de que el enemigo alcance el claro de Tûgore. Los informes de mis hombres hablan de más de quinientos hombres, la mayoría campesinos armados con azadas y otros utensilios. También marchan entre ellos muchos refugiados de Tûgore, algunos de ellos soldados huidos en la conquista de la ciudad. Una minoría, unos doscientos, son soldados de élite de Tumbu. Transportan también cinco extraños carromatos, posiblemente arietes.

Finalmente, me resta informar de que los misioneros Morlyg, Pallam’et y Tharak de Híssuë han cruzado hoy los vados del Neldesíre y se encuentran fuera del alcance de la batalla.

Belgher

Yamacha leyó el mensaje otra vez ante Allpa’huátl y Rawa en el gran salón del Nuevo Sûtagûn. “No son tan malas noticias, después de todo.” Pensó el Zôr. “Y los refuerzos del norte no deberían tardar ya mucho más.” Yamacha miraba alternadamente al Zôr y a la Princesa de Híssuë, esperando una decisión.

- ¿De cuántos hombres dispones, mi buen Yamacha? – preguntó Allpa’huátl.

- Unos doscientos, y otros tantos que ya están próximos a llegar desde el norte.

- Cien aguerridos arqueros vinieron conmigo desde Híssuë y hay doscientos soldados más en la ciudad. Y contamos con la guardia Tûgoreana. Son unos cincuenta en el cuerpo.

- No sé si será suficiente, aún cuando los refuerzos del norte lleguen antes que nuestros enemigos – intervino Rawa, que se había mostrado ausente durante todo el rato, aún así escuchando y analizando detenidamente la situación -. No olvidéis que los Tûgoreanos tienen una cierta tendencia a cambiar de bando con facilidad. Yo me encargaré de liderar la defensa de la ciudad comandando la guardia Tûgoreana.

- Estoy de acuerdo – aprobó Yamacha -. Y propongo que defendamos la ciudad frente a los muros, conviene preservarla si no queremos que los trabajos de reconstrucción de las última semanas deban repetirse.

- Así se hará. Rawa, ve al cuartel y organiza la defensa. Dispón a los hombres por toda la ciudad y que estén atentos a focos de revuelta. Vamos, Yamacha. Hay que reunir a los soldados.

Ya estaba bastante avanzada ese fría tarde de otoño y la oscuridad empezaba a tomar el Nedataure cuando llegaron a Tûgore los hombres del bosque. Y esa misma noche cientos de antorchas resplandecían ante los muros de Tûgore, aguardando al enemigo. Cerca de setecientos hombres, entre Marllajtay e Isgûr, dispuestos a dar su vida en honor al Ave.

Un relámpago iluminó el cielo encapotado como si del sol se tratara, y un trueno le siguió. En el horizonte se distinguió la sombra recortada del bosque, pero ante ellos a escasas dos millas las antorchas del ejército enemigo centelleaban en la oscuridad.

Escrito el 26-09-2008 00:23 #4

Menos de una milla separaba a los dos ejércitos frente a Tûgore. La oscuridad era casi total y las primeras gotas de lluvia habían empezado a caer. Yamacha y Allpa’huátl, al frente del ejército de Tûgore, estudiaban a sus enemigos.

- Tal como esperabas, Yamacha. Los refugiados y los campesinos están en las primeras filas. Creo que resultará.

Yamacha tan solo asintió, sin mirar al Zôr, con la mirada clavada en el ejército que plantado frente a ellos. Allpa’huátl respiró profundamente, se irguió sobre su magnífico corcel y dio la señal.

- ¡El Ave sobre Nosotros nos guía! ¡Destruid a los usurpadores de la luz de Maïth! ¡Ahora, atacad!

Dos centenares de hombres se abalanzaron hacia los enemigos entre clamores de guerra, acto que fue casi inmediatamente respondido por los hombres de Tumbu, que corrieron a su encuentro con hachas, azadas, martillos y otros utensilios a modo de armamento. Pero cuando los Marllajtay hubieron recorrido solo una corta distancia se detuvieron en seco. Esto desconcertó a sus enemigos, que aminoraron el paso.

- ¡Ahora! –resonó la voz del capitán de la avanzadilla Marllajtay. Los hombres sacaron sus arcos al tiempo que llevaban sus manos a la espalda y sacaban emplumadas flechas. Los desconcertados atacantes apenas tuvieron tiempo de reaccionar a la lluvia de flechas que les venía encima. Muchos cayeron en esa primera descarga, pero espoleados por las tropas de Tumbu que ya corrían al ataque, siguieron hacia delante. Una nueva descarga. Y algunos hombres más que cayeron.

Pero ahora ya los arqueros Marllajtay se retiraban y salían a la carga los ejércitos Marllajtay e Isgur. El entrechocar del acero entonces enmascaró el estruendo lejano de los truenos, mientras la lluvia no cesaba de caer en el Nendataure.

Al mismo tiempo, en el interior de ciudad se empezaban a producir altercados: algunos sectores de la Guardia Tûgoreana se habían rebelado ante la soberanía Marllajtay y habían conseguido que se les unieran muchos ciudadanos, y en distintos puntos de la ciudad ardía ya el fuego y se producían confrontaciones entre los hombres leales de la Guardia y los sublevados.

Rawa luchaba frente al castillo junto a varios hombres de la Guardia y los soldados Isgur del palacio. Una muchedumbre enfurecida había asaltado la plaza y ganaban terreno a los defensores. Entonces lo vio. Entre los combatientes había varios agentes de la Guardia y en medio de ellos se encontraba Turek, el comandante, que ya no había aceptado de muy buena gana que Rawa tomara el mando. “Por fin das a conocer tu verdadera cara, traidor” pensó Rawa, mientras se deshacía de dos atacantes, tropezando con uno de ellos mientras caía y recibiendo un fuerte golpe en el costado.

Cojeando, corrió hacia las puertas del Nuevo Sûtagûn y subió los primeros escalones, sin perder de vista al traidor. Rápidamente, sacó una saeta del carcaj y apuntó a Turek, que seguía protegido en medio de varios guardias. Pero la certera flecha no erró el tiro y se le clavó en el cuello de costado. El hombre se tambaleó ante la mirada desconcertada de sus hombres y cayó al tiempo que los defensores aprovechaban el momento para cargar con más dureza. Privados de un líder, los rebeldes perdieron terreno y empezaron a huir.

- ¡Deteneos! – se oyó la voz de Rawa desde la puerta del castillo -. ¡Deteneos!

Los gritos y las peleas cesaron poco a poco y todos observaban a la princesa Marllajtay erguida ante ellos con tono desafiante.

- Derramáis sangre de hermanos en nombre de un ave diabólica. La ciudad prospera y el comercio exterior en el Nedataure se ha restablecido, pero os empeñáis en ver en nosotros a vuestros enemigos, mientras aquellos a los que llamáis libertadores huyen hacia el bosque a refugiarse en la podrida ciudad de Tumbu – y esto era cierto en verdad, pues ante el feroz ataque, los inexpertos combatientes habían optado por la huída, aquellos que pudieron, mientras el ejército de Tumbu se encontró entonces en una lamentable minoría, y fue rápidamente reducido. Los disturbios en la ciudad habían cesado ya, y en la plaza los rebeldes empezaron a retirarse tímidamente.

- A aquellos que os habéis dejado llevar por las malas lenguas – continuó Rawa – regresad a vuestro hogar y vivid honradamente esta nueva etapa en convivencia con Marllajtay e Ýskur del bosque. Pero… - su tono se volvió más grave – una nueva acción en contra de la paz y a traición no será perdonada una vez más entre los muros de esta ciudad.

La muchedumbre se abrió y dio paso al Zôr de Tûgore que regresaba a la ciudad con sus hombres. Presentaba magulladuras por todo el cuerpo, pues nunca se mantenía a la retaguardia en una batalla, pero andaba con normalidad y su expresión no mostraba dolor alguno, sino tranquilidad y una profunda y solemne mirada. Aparentemente había resultado una victoria fácil, pero no eran pocos los hombres, tanto de entre su ejército como de Isgur que habían perdido la vida en aquella batalla. Las pérdidas le dolían y más aún la rebelión que se había producido en el interior de la ciudad. Pero era el momento de pasar página y continuar la labor en el Nendataure, hasta que cualquier desencanto de los ciudadanos fuera satisfecho. No había otro modo de prevenir nuevas revueltas.

Escrito el 29-09-2008 23:07 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.

Recuperables: 252 puntos.

Valoraciones: 8.2 + 8.6 + 7.8 + 7.4 = 8

Recupera: 202 puntos. Han solicitado daños por valor de un 20% lo que supone una recuperación adicional de 70 puntos.

Recupera en total: 252

Pierde: 63 puntos

Por la victoria en la batalla reciben 150 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Por la participación en la batalla se reparten 110 Nóti.

Por las historias se entregan 96 Nóti.

Saludos!

[Editado por Indil el 29-09-2008 23:10]

[Editado por gaurwaith el 30-09-2008 16:13]

[Editado por gaurwaith el 30-09-2008 17:59]

Historia finalizada.