Fin Guerra: Al´Varant se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 8
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 20
Victoria para Maianor. Al Varant ha perdido el control de la ciudad.

Fin Guerra: Al´Varant se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 8
Armadas perdidas por "Al´Varant" = 20
Victoria para Maianor. Al Varant ha perdido el control de la ciudad.
-Khusi – habló una fuerte e imperiosa voz.
Los ojos de Khusi se abrieron de golpe, se retorció en la hamaca, cayendo de ella con destreza y aterrizando con de pie, sobre el arenoso suelo de la tienda.
-Si señor – contestó con rapidez.
El capitán Hakim permaneció en la entrada. Era un hombre alto y macizo entrado ya en la cuarentena. El gris tocaba sus lanosos cabellos, su rostro marcado por las cicatrices de una larga carrera militar. La mayoría de las heridas habían cicatrizado, algunas dejaban anécdotas para explicar en las interminables partidas de cartas o dados, otras más dolorosas no cicatrizarían nunca.
Vestía el uniforme de Al’Varant, ribeteado en verde y oro y sus botas relucían como el ébano recién pulido.
-Khusi – repitió el capitán- , ¿Ha tenido tiempo de visitar a los Nartaeth* para hacerse una comprobación de oído?
-Hace tiempo señor – replicó, cuadrándose firme y erguido.
-Entonces le sugiero que cuando llegue los refuerzos, acuda de inmediato a visitarlo.
-Por supuesto capitán – Contesto Khusi -, así lo hare.
-Se lo menciono, porque he oído claramente el anuncio del cambio de guardia.
- Lo siento capitán, no volverá a pasar.
-Mas le vale – Hakim alzó una ceja inquisitiva. – Sino se pasará tres lunas puliendo escudos y limpiando la mierda de los Kuloms. ¿Ha quedado claro?
-Señor, sí señor. – Replicó Khusi intentando sonar lo más marcial que pudo.
El capitán Hakim dio media vuelta y abandono la tienda. Khusi bufó con hastío, acaba de salir de la academia, por el momento era un simple nuren*, no había empezado con demasiado buen pie. Por suerte el capitán era un buen hombre y solía cuidar de forma fraternal a los nuevos.
Se apresuró a recoger su equipo, se coloco el jubba*, y salio a toda prisa hacia el exterior del campamento para equiparse con la lanza, la espada y el escudo.
[…]
Hakim había regresado a la tienda de oficiales y mantenía una reunión informal con su subalterno Nafay.
-¿Cómo crees que acabará todo esto? – Hakim preguntó al sargento.
-Difícil de saber señor – hizo una pequeña pausa mientras repasaba la documentación. – Hemos establecido cuatro campamentos en las entradas de la ciudad, tal como sugería el senado, no realizaremos ninguna intervención más hasta que acaben las negociaciones.
-¿Y que sabemos de las negociaciones?
-¿Hace falta que responda? – Le replicó Nafay.
Hakim, soltó una carcajada – Supongo que no estaríamos muy contentos si estuviéramos en la situación inversa, verdad Nafay- No contestó, tan sólo se limitó a asentir con la cabeza y siguió repasando los documentos.
-Por el momento poco podemos hacer, ¿Dados o cartas? – preguntó Hakim.
-¿Quieres perder otra paga? – respondió Nafay burlón.
-¡¡Esta noche no!! -Exclamó Hakim – Presiento que mi suerte va a cambiar Nafay.
Los hombres rieron, olvidando por un momento la sombra tan larga que se extendía sobre ellos y que, desgraciadamente, venía de Lambar.
Aquel momento terminó tan pronto como había empezado. Una mujer entró a la tienda, venía atareada y sus ropas estaban llenas de arena.
-Aina no me digas, los nuevos aún no controlan del todo a los Kuloms-dijo Nafay, Hakim rió.
La mujer no lo hizo, el semblante serio les indicó que el asunto no tenía nada que ver con ello.
-Necesito que me preparares a tus mejores nuren-dijo sin más y salió de la tienda.
Los hombres alzaron las cejas y se levantaron rápido, si Aina estaba de mal humor, debía existir una poderosa razón para ello.
* Nartaeth: Miembros de la cofradía de curanderos
* Kuloms: camello en la lengua Varante
* Nuren: soldado raso en la jerarquía militar Varante.
*Jubba: capa de algodón utilizada por todos los varantes, para protegerse por las noches del frío del desierto
[Editado por tari el 03-10-2008 01:07]
-Otra vez llegando tarde Khusi – Le saludaron en tono burlón sus compañeros de guardia.
-Vamos, vamos apresúrate – Le jaleaban otros.
Khusi apresuró la marcha, aunque le fue difícil, cargado con todo el equipo de campaña. Se movía lenta y torpemente entre las dunas. Delante de él, caminaban rápidamente Nafay y una mujer, de la que todos sabían el nombre: Aina, era ante todo, la mejor guerrera de la dûrmana y por lo general su mirada altiva y orgullosa mataba a cualquiera que no hiciera correctamente su trabajo.
-¿Me quieres decir qué está pasando?-le preguntó en un susurro, sin que ningún soldado le escuchara.
-Uno de mis espías vio entrar a un hombre cuervo a la ciudad…Nafay, los rebeldes se aliaron con ellos. Cuando me entere, cabalgué sola por las arenas y sé que se reunirán hoy a media noche, si los interceptamos podríamos evitar una tragedia.
[..]
Con una señal de la mano, se alinearon y esperaron la señal. En la planicie, un grupo no muy numeroso de hombres vestidos de negro, se reunían con los rebeldes de Lambar, sin suponerlo, un jinete se movió de entre aquéllos, dando la alarma.
-Ya nos vieron-le dijo Aina a Nafay.
Éste alzó la cimitarra y todos avanzaron.
[..]
Khusi rodó duna abajo, perdiendo el escudo y la lanza por el camino. Se levantó aturdido, sacudió la cabeza como un perro, dirigió la mirada hacia la cresta de la duna, de donde una multitud de figuras emergieron de la oscuridad más absoluta. Ataviados con túnicas oscuras, se movían velozmente, como sombras fantasmagóricas.
Khusi vio como un par de sus camaradas caían bajo las dagas de los asaltantes. Como pudo se incorporó, la adrenalina invadió su cuerpo y el espíritu de supervivencia se hizo presente. Sólo podía pensar en una cosa: llegar al campamento y dar la voz de alarma. Torpemente se incorporó y salió a la carrera en dirección al campamento...Para su desgracia ya era demasiado tarde, Lambar había lanzado la ofensiva.
El campamento estaba en llamas, el fuego consumía las tiendas, y bajo la danza hipnótica de las llamas las sombras de los hombres se batían en duelo. Khusi se abrió paso, entre el caos reinante, esquivando a los combatientes, el miedo se había apoderado de él y no tenia el valor para desenfundar su espada y enfrentarse a los enemigos. Su mente estaba focalizada en una única cosa, encontrar a su capitán, no sabía el porqué… sólo sabía que tenía que llegar hasta él. [I]¿Quizás estaría a salvo a su lado?[/I ] - pensó
Pero aquella fatídica noche la suerte no estaba de su parte, al final no pudo evitar lo inevitable y se cruzó en su camino, un hombre de Lambar. No era especialmente alto, ni fuerte, ni su mirada era fiera, pero su actitud era amenazante. Empuñaba la cimitarra y le desafío. Sin casi tiempo a reaccionar Khusi se vio envuelto en aquel singular duelo, instintivamente reaccionó y desenvainó su arma. Una sucesión de estocadas, fintas se sucedieron entre los dos adversarios, un macabro baile del cual sólo uno podía salir con vida. Las espadas silbaban, rugían con cada choque. En uno de los ataques de Khusi consiguió desenmascarar a su adversario.
Al ver su rostro se paralizó, una mezcla de miedo y horror, no podía creer quien era su adversario, hubiera preferido mantener el anonimato. Retrocedió unos pasos, pero su adversario no dudo en abalanzarse sobre él. Khusi se dedicó a esquivar los golpes como buenamente pudo, mientras la furia de su adversario aumentaba a cada nueva estocada. En un fatídico golpe Khusi quedo desarmado, su cimitarra voló de las manos.
Observo la mirada de su verdugo, una gota fría de sudor recorrió su mejilla, se encomendó a Audrant en sus últimos momentos y se preparó para recibir el golpe final.
Antes de que pudiera impactar contra su garganta, la cimitarra chocó contra la espada de Hakim. Con unos rápidos movimientos Hakim desarmó a su oponente y sin dudar un instante le aplicó la pena capital, para consuelo del infeliz, fue un golpe certero y limpio, su vida se acabo en un suspiro.
-Vamos salgamos de aquí, el campamento está perdido – Gritó Hakim. Mientras Nafay le ayudaba a incorporarse.
Tras correr en dirección sur durante unos minutos Hakim escaló una de las dunas que rodeaban Lambar. Observó como el fuego consumía el campamento, nasa se salvó, todo había corrido con la misma suerte.
-¿Qué demonios te ocurrió allí? – le preguntó Hakim – No era la primera vez que entrabas en combate.
-Aquel hombre que me apuntaba con la espada, era un conocido de mi familia. Shathran al Sabin, ese era su nombre-Khusi agachó la cabeza.
-Comprendo – Hakim hizo una pausa para ponerle las manos sobre los hombros y tratar de confortarle de alguna manera, hasta ahora nunca se había enfrentado a una situación así. Siempre había sido por los amigos caídos en combate, no por haber matado a un enemigo.
-¿Quién era ese hombre? – Se interesó Hakim.
-Era soplador de vidrio. Fabricaba algunas de las más finas piezas de cristalería de Lambar. – Su voz se quebró un tanto.
Nafay los miraba de lejos, tenía múltiples raspones, pero nada de gravedad, a su lado, Aina se encontraba quieta, mientras un curandero le revisaba la horrible yaga de la pierna, el hombre le sonrió y ella le correspondió.
-Sabíamos que tarde o temprano pasaría-comenzó a decir Aina- Por eso comencé a vigilarlos, Lambar nunca se unirá a Al’Varant si no llega un rey a quien seguir.
-A ciegas, sin libertad-contestó Nafay.
-Tal vez, pero los antiguos Nafay, lo que aún guardaban el fuego de Al’Darme, eran sabios y jamás guiaron a un pueblo ciego e ignorante, todo lo contrario.
-Pero Selragar no lo era y por fortuna, eso ya se terminó.
-Sí, terminó y para nuestra desgracia, Lambar parece estar dispuesta a seguir un poder que confunden con la sabiduría de los descendientes de Al’Darme.
Nafay suspiró cansado, aquello sólo era el preludio de algo peor, porque sabía perfectamente, que el senado no dimitiría y pronto atacarían de nuevo la ciudad, aunque ya no sólo se enfrentarían a los lamabarianos sino al ejército del Gran Cuervo.
[…]
A'zor le tendió el sobre a Duliah y cerró el puño con fuerza, aún no lograba entender los porqués de las constantes rebeliones de Lambar, desde hacía ya mucho que Al’Varant había respetado la ciudad, quedándose en las afueras, sin oprimir nada dentro de la ciudad, el gobierno seguía siendo el mismo, no existían ningún tipo de restricciones, entonces ¿por qué?
Duliah cerró el sobre y lo puso sobre la mesa, suspiró y miró a su compañero el Rolzac.
-No mentiré A’zor, me preocupa, si Lambar logró caer ante la seducción del Gran Cuervo, significa sólo una cosa. Y tú sabes perfectamente de lo que estoy hablando.
El hombre entonces cayó en la cuenta, así que esa era el propósito, ésas sus verdaderas intenciones.
-Entonces hay que quitar el mal de raíz-dijo levantándose, con la intención de salir, pero Duliah le detuvo apretándole la mano con fuerza.
-No, aún no, debemos tener esperanza en aquellos que no fueron seducidos por él. Todavía no es tiempo, un movimiento en falso y podría destruirnos.
A’zur asintió, de mala gana, la mujer tenía razón. Lo único que podían hacer ahora, era mantener el secreto a salvo e intentar negociar con Lambar.
Sin embargo, ahora les quedaba más que claro, que la Estrellada debía ayudar a los pueblos del desierto, aunque la pregunta, la eterna pregunta seguía siendo
¿Quién la portaría?
***Historia escrita por Percebal y tari.
Resumen de la batalla.
Al Varant ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.
Recuperables: 315 puntos.
Valoraciones: 7,7+7,8+7= 7,5
Recupera: 236 puntos.
Pierde: 464 puntos. Por la demora en la publicación de las historias se penaliza con 7 armadas, 245 puntos.
Total pérdida: 709 puntos.
Por la participación en la batalla, se entregan 150 monedas.
Por la retirada de la batalla, pierden 100 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
Utilizamos cookies necesarias para el funcionamiento de la web y, de forma opcional, cookies de analítica para mejorarla. Consulta nuestra Política de Privacidad.
Puedes cambiar en cualquier momento si permites las cookies opcionales de analítica.
Necesarias para iniciar sesión, guardar preferencias y mantener la web funcionando correctamente.