A pesar de ser la ciudad más poblada de la isla, no es la más rica. Esto se debe a que es el asentamiento que más ha sufrido con la venta de esclavos. Muy a menudo grandes barcos procedentes del norte llegan a una hermosa bahía de arena blanca con la intención de llevarse a todos los jóvenes sanos y fuertes que se encuentran a su paso.

Orakono - Ciudad Externa
Escribiéndose...-Parece que no les gusta demasiado hablar de la esclavitud por aquí, ¿verdad? -comentó Dâira. El largo viaje la había agotado, como a todos, y había esperado descansar en aquella ciudad al menos una noche. Pero se veía a la legua que no había nada que investigar, por lo que no tenía sentido quedarse. Habían partido en dirección al sur hacía, siguiendo un sendero poco frecuentado.
-Bien, si lo piensas es lógico -comentó Myodul-. Las vidas de los humanos son cortas, dudo mucho que quieran desperdiciarlas sirviendo a otros.
-Por larga que sea una vida, no te gustará pasar ni un minuto sin tu libertad -puntualizó Angárato.
-¿A dónde iremos ahora? -preguntó Myodul.
-Parece ser que hay varias ciudades relaccionadas con el tráfico de esclavos en el sur. Basta con dirigirnos hacia esa dirección por el momento -respondió Dâira.
-En todo caso, es muy probable que la elección resulte ser Orakono. Parece ser la más grande y llamativa, creo que sería buena idea encaminarnos hacia allí.
-¿Queda muy lejos? -Myodul trató de atisbar el final del bosque, más allá de los arboles. Afinando sus sentidos, creyó notar una brisa marina, pero no podía estar seguro.
-Aún nos falta bastante -replicó Angárato-. No seas impaciente y mantén el ritmo.
Habían tenido que esperar algo más de lo que les habría gustado en el puerto, pero en el momento de su llegada, no había ningún barco disponible que les acercara hasta Tol-Peredrug. Aquella era la sexta jornada de viaje, llevaban más de cinco horas de navegación, y el sol comenzaba a ocultarse por el poniente.
Estaban los tres agarrados a la baranda de proa en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, pero la medio elfa de pronto habló rompiendo la quietud. Comprobando que no había nadie cerca que pudiera oírles, se puso a hacer un resumen de los datos que tenían. Ahora que Tirel había regresado con su dueña portando una pequeña nota, estaban seguros que debían ir más al sur, pero Angárato se había mostrado parco a la hora de dar detalles, por lo que no sabían que mostraba el mensaje. Debatían a cerca de lo que se podrían encontrar en el nuevo destino, cuando el arken hizo un inciso que sorprendió a la nieta.
- ¿Qué fue lo que te dijo el maldito anciano en Nilme Istyalvao?
Dâira se pasó la mano por la frente. Sabía que ese momento llegaría y sin embargo, no podía evitar sentirse nerviosa. La medio elfa recordó las palabras de Norno:
“Joven Dâira, a pesar de lo que os haya parecido hoy, no guardo ningún rencor hacia vuestro pueblo, al igual que los demás, si alguna vez necesitáis de mí, acudiré sin ningún inconveniente a vosotros.”
Su edelon la escudriñaba con la frente arrugada, y pensó que era posible que le hubiera leído el pensamiento por lo que repitió las palabras tal como las recordaba.
Angárato no dijo nada pero no hacía falta. Después del “incidente” en aquella sala, sería extraño que su abuelo viera al anciano de un modo más amable.
La noche cayó y después de una frugal cena a base de un poco de queso, y algo de carne salada que aun conservaban, se permitieron descansar.
Cuando despertaron, los rayos de sol alegraban la mañana.
Lo primero que vieron al asomarse fue una bahía no muy lejos, y un enorme barco fondeado cerca. Parecía haber mucho trajín en la cubierta de aquel navío y no cesaba de subir gente a él a través de la pasarela. Pero dos cosas les llamaron la atención: que ninguno llevaba equipaje, ni un solo bulto, y que creyeron ver cadenas.
Cuando el barco en el que iban atracó, bajaron los animales con cuidado y las pertenencias de cada uno.
Atravesaron la blanca bahía montados ya sobre los caballos. La arena se veía tan fina y blanca que el reflejo del mismo sol deslumbraba. La dejaron atrás para internarse en la frescura del bosque. Un bosque distinto a los que crecían en el norte. Un bosque de árboles exóticos para ellos y flores silvestres.
Después de unas horas de cabalgata sin descanso vislumbraron la ciudad. Orakono era mucho más grande de lo que habían pensado, tenía muchos más habitantes, pero también estaba más descuidada y mugrienta.
- ¿Qué te pasa, Dâira? – preguntó Myodul
- Que este lugar… este lugar no me gusta nada – respondió ella bajando el tono de voz.
- ¡Oh! bueno, no me irás a decir que tienes miedo, ¿verdad? – dijo su amigo con un tono algo burlón.
La perelda miró de soslayo a su abuelo, quien se mantenía al margen pero conservaba una sonrisa disimulada.
- No, no tengo miedo, no digas bobadas – respondió orgullosa levantando un poco la barbilla. -Pero no me gustaría acabar en uno de esos barcos – dijo echando la vista atrás.
- Bueno, en eso estamos de acuerdo – intervino Angárato. Ninguno va a acabar en un barco si no es uno que nos lleve donde queramos, o de vuelta a Dakondor. Pero ahora intentemos pasar lo más desapercibidos posibles. Estad atentos y cualquier detalle que os parezca importante ya sabéis qué hacer…
“Sí, lo mejor será hacer lo que debemos cuanto antes, y rezar para que ese estúpido cofre aparezca de una vez” pensaba Dâira.
[Editado por Neume el 29-09-2008 23:54]
Los nurulântar pasearon un tiempo por las calles de Orakono hasta que por fin entraron en lo que parecía una biblioteca.
Se presentaron al bibliotecario como historiadores del norte interesados en la rebelión de Minitunda. El hombre les comentó que aquel era uno de los episodios más conocidos por los habitantes de Orakono y les indicó cómo llegar hasta una de las copias del diario de Enlestel, uno de los líderes de la revuelta.
Estos son los fragmentos más interesantes del escrito:
La familia Neaster ha pagado con creces sus delitos, ahora todas sus riquezas se dirigen a Orakono, nuestra preciada ciudad.
Nos hemos liberado del yugo de nuestros vecinos del norte, ahora sus hermosas pertenencias decoran nuestros humildes hogares. Pero no estamos tranquilos, por el Golfo de las Tempestades llegan barcos desde el oeste.
Esos malditos vándalos del oeste han vuelto a saquearnos, nada queda ya de las riquezas de Minitunda. Mañana partirems al oeste tras ellos para intentar recuperarlas.
El bibliotecario era un hombre recio, que parecía más acostumbrrado a levantar espadas que libros pero, por otra parte, la franqueza se desprendía de su mirada.
Angárato se arriesgó a desvelar un poco más de sus intereses (no podrían averiguar mucho si se negaban a pedir lo que relmente buscaban).
Se acercó al bibliotecario y en voz baja, para no ser oido, pero sin dar el aspecto de pedir algo extrordinarimente importante, sino sólo algo corriente en unos "investigadores", le preguntó:
-En el diario comenta que los tesoros traidos del norte fueron saqueados por gentes del Oeste, ¿sabe si todos los tesoros corrieron la misma suerte? Hemos oido que había un cofre especialmente hermoso, que parecía contener algún objeto importante,... ¿recuerda algún sitio donde podamos encontrar información de esos objetos traidos de Minitunda,... un catálogo o algo similar... y saber exactamente qué fué de cada uno de ellos?-
Luego añadió -las historias de este tipo de objetos, con una cierta aura, interesan mucho a nuestros lectores-
[Editado por elfo_negro el 02-10-2008 16:53]
Una llama de odio se encendió en el bibliotecario al oir hablar del cofre:
- La familia Neaster poseía un hermosísimo cofre de nácar que fue traído a la isla. Tal era la belleza de esta pieza que despertó la codicia de nuestros vecinos, muchos de los habitantes de Orakono creemos que fue este objeto el que provocó la llegada de los saqueadores del oeste; maldecimos la hora en la que Enlestel trajo el Cofre desde Minitunda...
Existe una pequeña lista con todos los objetos traídos de la revuelta de Minitunda, pero en ella sólo podrán encontrar la fecha en la que nos fueron robados pues el resto de detalles son idénticos para todos los tesoros, se los llevaron los saqueadores que llegaron desde el oeste del Golfo de las Tempestades.
Vio el odio desdibujar el rostro del bibliotecario, pero ahora que había conseguido ver la presa final, no podía dejarla marchar.
-Ummm, sí, estos objetos extraorinarios, despiertan la codicia de los hombres, cuando sólo debieran despertar la admiración y la alegría por hallarse ante algo hermoso, son los más bajos sentimientos los que afloran...
He leido que los tesoros intentaron recuperarse... ¿al menos recuperaron ese Cofre que tantos males les trajo?-
[Editado por elfo_negro el 02-10-2008 17:24]
- No y sepan ustedes que me alegro de que así fuera... tenemos unos vecinos codiciosos que no se habrían detenido hasta poseer ese dichoso Cofre.
Como bien dicen, Enlestel y un buen grupo de soldados partieron al oeste, pero lo último que supimos de ellos fue que se enfrentaban a una fuerte tormenta en el Golfo de las Tempestades.
Creemos que ni siquiera llegaron a la costa, pero no podemos asegurarlo pues nunca hemos encontrado el más mínimo resto de aquellas embarcaciones.
Desde entonces hemos pensado que el cofre se esconde en alguna ciudad al oeste del Golfo de las Tempestades, pero nunca hemos tenido intención de ir a recuperarlo... así estamos más seguros y tranquilos.
Para disimular un poco frente al bibliotecario, permanecieron todavía un rato más paseando por las salas, ojeando libros y echando un vistazo. En realidad debían buscar información sobre ese Golfo de las Tempestades y posibles ciudades, pero Dâira encontró un libro que le resultó interesante: Navíos y Puertos de Tol-Peredrûg. Se quedó enfrascada en la lectura, olvidando por unos minutos el verdadero motivo de la misión.
Solo salió de su ensimismamiento cuando Myodul se acercó hasta ella.
- Nos vamos ya – le dijo.
Ante la cara de sorpresa de la perelda, el elfo le enseñó algo. Unos fragmentos que el arken ya había leído:
Hjôlâgarda…. en la costa oriental…. Fundada por corsarios en el Golfo de las Tempestades esta ciudad es oscura y perversa…
- vaya qué buena pinta, ¿no? – dijo Dâira con tono irónico
- sigue leyendo – insinuó Myodul
…En sus calles se asientan los principales y más adinerados tratantes de esclavos…
Abandonaron el edificio con la intención de encontrar una taberna donde pudieran descansar y deliberar. No tardaron mucho en localizar una pequeña a pocos metros de la biblioteca.
Se sentaron en un extremo, alejados de oídos curiosos para poder hablar tranquilamente. Aunque ya había pasado la hora de la comida, les fue servido un plato caliente a cada uno y una botella de vino rosado de la región.
Cuando les retiraron los platos, Angárato sacó el mapa que ahora ya estaba desgastado por el uso. Lo que debatían era básicamente si continuar el viaje sin descanso, y con el riesgo de perderse en la noche en aquellas tierras desconocidas para ellos, o bien esperar a la mañana siguiente y partir.
Los tres estaba de acuerdo en algo: no querían esperar más sabiendo que debían ir al oeste. Asumirían el riesgo de viajar en la noche, pues estimaron que aquella isla no era tan grande y en caso de extravío, no demoraría demasiado en rectificar.
Angárato dejó tres monedas de plata en la mesa y salieron con la tarde declinando.
La medio elfa silbó fuerte dos veces, y un minuto más tarde la silueta de Tirel apareció frente a ellos, en aquel cielo sureño.