Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 22
Armadas perdidas por "Maianor" = 28
Victoria para Narwa. Se produce el saqueo.

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 22
Armadas perdidas por "Maianor" = 28
Victoria para Narwa. Se produce el saqueo.
Campamento base de las tropas de Narwä
—Bien señores, ya conocen cuales son los planes que he preparado— los capitanes asintieron todos con la cabeza, ninguno se atrevió a protestar o comentar el plan expuesto por el nuevo akren, un akren que más parecía un filósofo que un militar.
—Sé que ustedes no me conocen, y por tanto no confían en mí. De la misma manera, deben ustedes suponer que no los conozco, y no sé cuales son sus virtudes y sus defectos, sólo una cosa deben saber. Si el plan sigue el curso establecido con las variaciones también previstas conseguiremos conquistar esa ciudad sin excesivas bajas. Cíñanse al plan. Las heroicidades dejémoslas para cuando haya una batalla en campo abierto con sus correspondientes dosis de honor, fama y gloria. En la toma de las ciudades nunca la hay. — Decía mientras miraba uno a uno a los ojos de los diferentes comandantes y capitanes que estaban frente a él.
– De la misma manera, deben saber que no toleraré la indisciplina bajo mi mando, somos narwä, somos guerreros, lo hemos sido antes de que ustedes nacieran y yo me marchara de esa ciudad que oprimía para pasear por la creación de Yavanna. Ya entonces hace mil años comandaba ejércitos y sigo pensando que la disciplina, empezando por los oficiales es fundamental. Un oficial en primera línea de batalla no es más que un soldado. Por ello y aunque a veces es recomendable estar en primera línea para dar vigor a los hombres, eso sólo llega a mitad de la batalla cuando los ánimos flaquean, no antes. En los primeros momentos el oficial debe estar pendiente de qué hacen sus hombres, como responden y dónde hay que hacer hincapié en la batalla. Si observo que alguno de ustedes, por cualquier razón, abandona su puesto, a sus hombres, que son su principal preocupación, a sus hermanos, no duden que serán ejecutados con el mayor deshonor posible. De la misma manera, si cumplen con su deber, si son fieles al espíritu del ejército y de la estrategia serán recompensados al igual que sus hombres. Esa era la antigua tradición, que hoy veo que se ha perdido, servicio con honor, valor con gloria, desacato con humillación, traición con muerte. Esos son los principios por los que me rijo, y por tanto por los que se regirán sus hombres.– Algunas cabezas apoyaban las palabras del akren, mientras que otras dudaban de creer sus palabras. El viejo código militar se lo sabían, pero de la enseñanza en las escuelas mucho tiempo atrás. Nunca nadie había pensado en volver a ponerlo en práctica, no desde la separación, y he aquí a un viejo, de canas luengas y largas que había llegado hace pocos días que no sólo afirmaba ser una akren, sino que además tomaba las riendas de un ejército y les recordaba las viejas normas de combate.
—Bien señores, si no hay nada más, que de comienzo la operación “mandíbula de lobo”. Ahora me expresaré a los hombres al igual que he hecho con ustedes.— cogió su casco con cimera de cabeza de oso y salió de la tienda dónde esperaban en posición de parada los batallones de las distintas armas, infantería, caballería y arqueros.
Se acercó al pequeño pedestal que había en el centro de la formación con todos los soldados en posición firme y quieta atentos a escuchar las palabras de su nuevo akren.
—Soldados, muchos no sabéis ni mi nombre, soy Setyane Maktar, arken farothar, he pasado mil años fuera de la ciudad perfeccionando el conocimiento sobre los Olvar y los Kelvar, y cuando regreso me he encontrado en mitad de una guerra. Mi pueblo es un pueblo de guerreros, honorables, valientes, que no temen a nadie y aman a la muerte. ¿Sois vosotros ese pueblo? ¿sois vosotros esos guerreros?
—LO SOMOS— gritaron los soldados al unísono.
—Pero el ser Nuru, llevar el onnar, no os hace verdaderos guerreros, yo mismo no he luchado en mil años y tengo mi onnar— dijo mientras dejaba a descubierto su hombro derecho en el que se notaban claramente 5 líneas de cicatrices que habían sido resaltadas con sangre. — Mi onnar es el oso cavernario, el solitario, el meditabundo, el guerrero valeroso a la vez. Ese es mi onnar y ese soy yo. Por tanto os pregunto de nuevo. ¿Sois Nuru? ¿Sois onnar?¿Sois guerreros?—
—LO SOMOS— gritaron de nuevo los soldados al unísono.
—Bien, entonces nos entenderemos bien, porque los Nuru luchan con honor, los Nuru no cejan nunca en el empeño, nunca desobedecen una orden y nunca dejan un hermano en la batalla. ¡Servicio con honor, valor con gloria, desacato con humillación, traición con muerte! ¡Esos son los principios de Narwä! ¿los cumpliréis soldados?
—LO HAREMOS— y más de 1.500 soldados comenzaron a golpear sus escudos con sus armas en el antiguo canto guerrero.
— Pues entonces id hijos míos, cumplid las órdenes recibidas y que Narwä se alce con la victoria.— y el viejo Setyane Maktarb cogió su enorme espada de más de mil años de edad la elevó en el cielo y dio la orden de marcha.
[Editado por erekosse el 04-10-2008 11:42]
Alrededores de Nirent
Todo parecía salir según los planes, en lo más alto de una pequeña loma el arken Setyane Maktarb, observaba el desarrollo de la batalla. Los cinco escuadrones se habían dividido la noche anterior y los arqueros y un escuadrón de lanceros habían comenzado el ataque sobre la muralla norte con flechas incendiarias cuando la aurora de rosados dedos comenzó a teñir del color de la sangre los cielos.
Ahora mismo, la zona norte de la ciudad era un inmenso incendio, los defensores habían comenzado una tímida reagrupación, pero eran muchos los hombres que se encontraban achicando agua del río para salvar sus viviendas. Algunas tímidas flechas partieron de la muralla hacia los atacantes, sólo 2 dieron en el blanco, en los escudos alzados de los lanceros para proteger a los arqueros, que esta vez usaron flechas normales, dirigidas a la muralla.
— Ummm tienen elfos con arcos élficos en la muralla, los lanceros tendrán que extremar la precaución.—murmuró el akren, — o eso, o ese arquero ha tenido su día de casi suerte— se volvió hacia uno de los capitanes que le servían como ayuda de campo — ¿Cuánto falta?
— Poco mi akren, el disco solar casi ha salido ya y cuando se pueda ver en el cielo la caballería y la infantería atacarán. — dijo el capitán sin desviar la mirada del frente de batalla.
— No lo sabía, quizás capitán ¿habéis pensado vos el plan?, ¿o me creéis tan viejo como para que se me olviden mis propios planes?— dijo mientras volvía de nuevo el rostro a la batalla. —Perdonad, capitán, pero soy un hombre tranquilo y pausado, y cuando entro en acción necesito que las cosas vayan más rápidas, me vuelvo un poco impaciente. Ya sé que falta poco, poco para saber el resultado final.—
En esos momentos los primeros rayos puros de sol alumbraron el nuevo día que amanecía bañado en sangre. Y unos cuernos sonaron a la derecha de dónde se encontraba el akren, el escuadrón de caballería y la infantería comenzaba el asalto de las murallas del sur de la ciudad.
*
— ¡Capitán mirad!— uno de los lanceros de primera línea fue el primero en dar la voz de alarma, los arqueros continuaban tras él lanzando sus venablo hacia las murallas y por encima de ellas. El capitán interpelado salió un poco de la formación y vio como empezaban a salir soldados por esa puerta de la muralla.
—Un contraataque— pensó —¡Arqueros, carguen para fuego de cobertura por líneas— gritó a su espalda, los cabos empezaron a pasar la orden por toda la formación y los arqueros miraban a sus lados para ir acompasados con sus compañeros.
— ¡Primera línea lancen! ¡carguen! ¡Segunda línea fuego! ¡Carguen! ¡Tercera línea fuego! ¡Carguen!— y mientras las palabras salían de su boca los dardos salían de los arcos, haciendo una parábola se suspendían en el aire para luego caer mortíferamente sobre los infantes.
La reacción no se hizo esperar, los guerreros de la ciudad pusieron sus escudos sobre sus cabezas y empezaron a corren en dirección al escuadrón de lanceros que protegían a los arqueros, una carga sin forma y por tanto sin fuerza, ya que en vez de llegar en una línea compacta, llegaban de uno en uno, como una orda, para encontrarse ante un muro de escudos y lanzas. Mientras los arqueos seguían disparando en el recorrido intermedio y cada vez eran más los enemigos que caían, bien por el efecto de las flechas, bien por tropezar con los cuerpos de sus compañeros caídos.
—¡Lanceros, preparaos! ¡Avanzad!— gritó el capitán, y las lanzas comenzaron a moverse poco a poco hacia adelante, separando la distancia que había entre los guerreros y los arqueros, para en caso de quebrarse la línea defensiva que estos pudieran realizar un lanzamiento a bocajarro. Algo que no entendía muy bien el capitán, ya que sus lanceros también caerían al ser atravesados por la espalda por sus propios compañeros. Pero que cuando se lo dijo al akren sólo recibió como respuesta “si se rompe la línea, sus lanceros no tienen derecho a vivir, por tanto, será mejor para ellos que la mantengan”.
En ese momento el disco solar apareció en el firmamento y se oyeron cuernos y gritos de batalla en el lado izquierdo de la formación, los otros escuadrones habían entrado en acción, y parecía que los ciudadanos habían picado el anzuelo, mandando a todos sus hombres a la muralla este para repeler el ataque de los lanceros y los arqueros y apagar el fuego, mientras dejaban desguarnecidos los otros costados.
Al descubrir la situación un cuerno llamó de nuevo a los guerreros que todavía quedaban en pie para que regresaran a la ciudad para defenderla de la nueva amenaza. Los soldados poco a poco retrocedían sin dar la espalda.
— ¡La victoria es nuestra capitán, venguemos a nuestros muertos! ¡ Venganza! ¡A ellos! ¡Cobardes se retiran!— se oía por toda la formación de lanceros, alentando a los oficiales a dar la orden de carga.
El capitán vio que la situación era favorable, un enemigo sin formación, en retirada y que tenía que entrar por una estrecha puerta, una buena oportunidad para matar muchos enemigos y ganar posiciones ante el nuevo akren —¡Lanceros carga sin cuartel! ¡A ELLOS!— y se lanzó a la carrera contra el enemigo que emprendió la desbandada.
*
—¿Qué hace ese imbécil? ¿se lanza a la carga? ¿incumple las órdenes? ¡Mi caballo rápido!— el akren no podía dar fe a lo que sus ojos veían, sus lanceros se estaban acercando a la muralla persiguiendo a los enemigos en retirada en vez de mantener su posición, sus temores se cumplieron, una lluvia negra salió de las murallas para clavarse en los lanceros. Los arqueros de la muralla habían sido diezmados, pero no aniquilados.
El akren montó en su caballo y bajó la colina al galope, desenfundando su espada y lanzando gritos.
— ¡Lanceros replegaos! ¡A las posiciones originales! ¡Replegaos! ¡Atrás! —
Pero los lanceros no oían sus gritos, todavía estaba muy lejos, y a cada segundo caía un lancero por una flecha lanzada desde la muralla. En poco más de 2 minutos, el akren llegó a la posición de retaguardia de los lanceros
— ¡Lanceros replegaos! ¡A las posiciones originales! ¡Replegaos! ¡Atrás! — y las filas comenzaron a retroceder, los largos escudos de los últimos lanceros, trataban de cubrir a sus compañeros de vanguardia para formar un techo contra las flechas, pero aún así muchas entraban por las rendijas y causaban la muerte.
— ¡Más rápido atrás!¡En formación! ¡No rompáis la formación atrás! ¡Arrgg! — una flecha sobresalía del hombro del akren, y otra voló también hasta él encontrando una rendija en el costado de su armadura. Uno de los lanceros evitó que cayera del caballo y lo condujo fuera de la línea de alcance de los arcos.
El akren fue llevado a una tienda, y los lanceros volvieron, menos de los que habían partido, a sus posiciones defensivas. Sin embargo, pronto oyeron ruidos de lucha en la muralla. Las tropas que habían lanzado el segundo ataque limpiaban la muralla. La ciudad había sido tomada.
[Editado por erekosse el 04-10-2008 11:46]
Ciudad de Nirent
El día siguiente de la batalla había amanecido, durante la tarde se habían retirado los muertos, se había extinguido el incendio y se había comenzado la “depuración” como dijo el akren, de aquellos que participaron en la revuelta. De momento no se les mataba, sino que se les marcaba el brazo con un hierro ardiente, de esa manera sabrían si era detenido de nuevo ese hombre o mujer que había luchado contra Narwä y entonces sería ejecutado inmediatamente.
—De esta manera además disuadimos de una posible resistencia— dijo el akren convaleciente desde el lecho a sus capitanes— ya que los que son marcados, se lo pensarán dos veces antes de volver a quebrantar nuestra autoridad.
Los gritos de dolor se sucedían en la plaza, cuando lo hierros al rojo con la runa de N Narwä tocaba su piel. El olor a carne quemada se notaba en toda la ciudad, así como llantos y lloros de los que habían sido marcados por los conquistadores, así como de sus familias.
—Traedme al capitán de los lanceros— dijo el akren, una vez que estuvo sentado ante la ventana de la casa que había ocupado, con vistas a la plaza de la ciudad y mientras veía la masa llorosa y temblorosa de prisioneros que esperaba su turno para ser marcados.
El capitán se presentó tembloroso, acompañado a cada lado por dos de sus iguales.
—A.. a… a… akren— glup— ¿me habéis llamado?— dijo con voz temblorosa y los ojos clavados en el respaldo de la silla.
—Capitán ¿Cuáles eran vuestras órdenes?— dijo el akren sin volver la cabeza.
—Formar una línea de lanzas, proteger a los arqueros, en caso de ser atacados avanzar 20 pasos y formar la línea. Señor eso es lo que me dijisteis.— dijo un cada vez más blanco capitán.
—¿En esas órdenes se decía algo de cargar contra el enemigo?—
—No mi akren pero…
—Bien, estamos de acuerdo, habéis incumplido las órdenes, seréis ejecutado.
—¡NO! ¡mi akren dejad que os explique! ¡yo pensé!
La cabeza del akren se ladeo lo justo para ver de reojo al capitán.
—¡Vos pensasteis! ¡permitidme dudarlo! Vos habéis hecho que maten a la mitad de vuestro escuadrón. ¡Eran 20 pasos…! ¡20 pasos! ¡Eran por algo! ¡Para no entrar en su línea de lanzamiento! Y vos pretendiendo ganar la gloria de derrotar a todos los enemigos ordenasteis cargar. ¡Vos sois el responsable de la muerte de esos valientes! Además ¡sois un mal oficial, porque pensasteis antes en la gloria que en la vida de vuestros hombres! Y eso es traición y como traidor moriréis al atardecer, sin ver un nuevo día. ¡LLEVAOSLO!.
Los dos capitanes cogieron por los sobacos al cadáver viviente que en esos momentos era el capitán de los lanceros, que trataba de pedir por su vida, de suplicar, de explicarse, pero el akren que en ningún momento se había levantado ya no le escuchaba, para él estaba muerto.
El ayudante entró entonces en la sala, llevando una copa de vino especiado que ofreció al akren.
—¿Señor, estáis seguro de la orden que acabáis de dar? Hace años que no se ve una ejecución militar por traición.— dijo mientras el akren cogía la copa.
— Mejor, así no lo olvidarán, ¿conocéis el procedimiento?— el ayudante asintió mientras notaba como su glotis se negaba a tragar, pese a que lo trataba con todas sus fuerzas. —Bien, preparadlo todo para el ocaso.— Y con un gesto de la mano despidió al ayudante, mientras volvía su atención a la masa de cautivos.
*
El sol estaba a punto de hundirse en su descanso diario, y en la plaza mayor de Nirent, se congregaban los hombres de Narwä que no estaban de guardia, ni ronda, así como numerosos visitantes. Muchos de ellos con vendajes en los brazos.
El capitán fue sacado a rastras de una de las casas que daban a la plaza. Estaba desnudo completamente y en su cuerpo se veían señales de latigazos, en los brazos, piernas, el torso y la espalda, con la cara caída sobre el pecho, derrotado y destrozado.
Los soldados que lo llevaban ataron sus brazos a una cuerda que estaba unida a una polea, sobre una especie de grúa que habían construido en la plaza, el capitán condenado fue izado hasta que sus pies se levantaron del suelo hasta la cintura de un elfo adulto. Mientras lo alzaban se oyó el crujido de sus huesos al quebrarse, y el dolor despertó de nuevo al condenado que lanzó un grito. Junto a él había leña y un brasero blanco por el calor del que se asomaban diversos mangos.
Esa era la señal para que otro de los capitanes comenzara a leer el edicto de condena.
«Nos Setyane Maktar. Arken faronthar de Narwä. Debemos acusar y acusamos al capitán Silwo de los lanceros de la cuarta compañía de Narwä por traición a los Nuru, confabulación con el enemigo y desobediencia a las órdenes. El capitán aceptó los cargos ante mí y dos de sus compañeros tal y como mandan las leyes de Narwä. Por ello condenamos a Silwo capitán de los lanceros de Narwä a muerte por traición. Y lo firmamos y lo mandamos cumplir en el día de hoy.» ¡Cúmplase la sentencia!
Otro hombre ocupo el lugar del capitán.
—Muerte, tu que alcanzas a todos, recibe a Silwo capitán de Narwä y enséñale el camino del honor, y para que no se desconcentre en su aprendizaje lo enviamos a ti sin nada que le permita prestar atención a otra cosa— y el hombre cogió el primero de los mangos, que pertenecía a una hoz cuyo acero se había vuelto blanco por el calor y le cortó los genitales.
El gritó del capitán, que despertó del todo por el dolor, hizo que más de uno de los valientes soldados rechinara los dientes.
—Muerte, tu que eres misericordiosa, haz que vea el camino del honor — y cogiendo el segundo de los mangos, que era una barra de hierro, la apretó contra las cuencas de sus ojos. Esta vez no hubo grito porque el capitán se desmayó.
—Muerte tu que eras benévola concédele la paz— e hizo un gesto a dos de los soldados que cogieron los haces de leña y los colocaron bajo el cercenado capitán. El director de la ejecución volvió su cara a la casa que ocupaba el akren y este hizo un gesto afirmativo.
—¡Cúmplase la sentencia!— mientras soltaba sobre los haces de leña una antorcha encendida.
La leña prendió rápidamente y el cuerpo del capitán se envolvió en las llamas, que afortunadamente no se despertó y murió en la inconsciencia.
Los hombres se fueron marchando de la plaza, muchos apesadumbrados, otros con lágrimas porque apreciaban al capitán. Pero todos ellos notaron que no tenían ganas ni de comer ni de beber tras la ejecución. Las viejas costumbres de Narwä habían vuelto.
[Editado por erekosse el 04-10-2008 11:51]
Resumen de la batalla.
Narwa ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.
Recuperables: 616 puntos.
Valoraciones: 9,5+8,6+7,7+9,6= 8,85
Recupera: 545 puntos. Por lo daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 616 puntos.
Pierde: 154 puntos. Por la demora en la publicación de las historias se aplica una sanción de 2 armadas, 70 puntos.
Total pérdida: 224 puntos.
Por la participación en la batalla se obtienen 600 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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