Tras un largo tiempo de separación, la pareja gozaba nuevamente de momento para ellos. Un insignificante intervalo comparado con la inmensidad de la soledad.
Sin embargo aquellos días habían dejado de ser tranquilos de la noche a la mañana. La patria vecina a Tol Isilnen, Marllajtay había sido victima del ataque de los orcos, y Anna quien sentía aquella patria como propia se había apresurado a defenderla junto a Thavron. A partir de entonces habían transcurrido largos días sin descanso en pos de guardar y mejorar la precaria situación en la que se había inmerso aquellos días Hissuë.
En esta guisa se encontraban, pero con el paso de los días poco a poco la normalidad iba recuperándose, y los trabajos eran cada vez menos. Fue por ello que tras comenzar a quedarse a Thavron sin trabajos de restauración y descubriendo que poco o nada había descansado en aquellos días busco a Anna por la ciudad.
Al igual que la ciudad iba recuperando su imagen y denotaba un mejor estado, lo mismo ocurría con los heridos de las casas de curación. Poco a poco sus heridas sanaban, y el dolor iba dejando paso al alivio. En aquellas estancias se encontraba Anna tras ayudar a la restauración de un edificio vecino la noche pasada. Sin darse cuenta el sol brillaba de nuevo en los ventanales mientras que cambiaba el vendaje a uno de los heridos.
-¿Cuánto hace que no descansas?- La pregunta amable pero preocupada hizo que la joven se girase.
-Tranquilo, estoy bien, no he trabajado tanto como crees.- Anna sonrió mientras terminaba de fijar el nuevo vendaje.
-No es lo que me han comentado.- señalo Thavron mientras se sentaba sobre la cama vacía enfrente de Anna.-Dicen que has estado en vela todo este tiempo y que nos has parado de trabajar ya sea aquí como en las inmediaciones.-
La expresión entonces de la joven se hizo más severa.-Hay aún mucho por hacer.-
-Pero no quita que lo hagas tú todo. Te comprendo créeme, deseas enormemente ayudar, pero ha llegado el momento que te des un respiro. La situación ahora no es tan grave, ya todos los heridos han sido estabilizados y gozan de atención suficiente sin que estés tú a su cuidado, y lo mismo con las reparaciones de la ciudad.- El eldar posó su mano cariñosamente sobre la rodilla de Anna.-Realmente no se como aún te aguantas sin descansar tras la batalla, jamás te había visto así,- mintió vilmente -por favor hazme caso y descansa ahora que puedes un poco.-
La voluntad de la joven se vio absorbida por los tiernos ojos negros del eldar. No tenía ya argumento sobre el que agarrarse, y de pronto parecía que le pesaba todo el cuerpo.- De acuerdo- cedió al fin.
Con sorpresa descubrió entonces que Thavron ya se había adelantado a habilitar El Ermitaño como una casa flotante. Sin duda el elfo había dado por sentado que la convencería, pues junto al lecho había flores recién cortadas y algo de comida que no llevaría mucho tiempo echa. Se volvió hacia el eldar con aun expresión de sorpresa y se lo encontró sonriendo con expresión triunfal. -Ahora descansa.- dijo aún con la sonrisa en la boca y se inclino lo suficiente para darle un beso en la frente. Para cuando había reaccionado el elfo ya había salido por la puerta del camarote. No tenía pues más opción, devoró la comida ahora que se percataba del hambre que le carcomía el cuerpo y se acostó para descansar. Sus ojos se cerraron al momento mientras el mar mecía el camarote con suavidad.
La consciencia al fin llegó y abrió los ojos aún adormecida. Cuanto tiempo podía haber descansado no sabía. Pero quería ponerse en pie, había por hacer aún tanto… Cuando salió a cubierta descubrió entonces que no se encontraba ya en el puerto de Hissuë. Era un paisaje un poco más diferente.
-No estamos lejos tranquila, solo quería compartir contigo este lugar.-
Cierto era, aquellas montañas eran sin duda el Andië, pero se encontraban ahora anclados junto a varios islotes con pequeñas calas de blanquecina arena. Sobreviviendo en lo que aparentaban difíciles circunstancias, sobre la roca de estos islotes habían crecido varios jazmines, los cuales impregnaban con su aroma la brisa, así como nenúfares de pétalos rosas y blancos desafiaban a la muerte flotando cerca de la orilla. Un orilla trasparente y colorida por el coral y las anémonas. Un paisaje que parecía haber surgido de su imaginación. Contuvo el deseo de averiguar si estaba soñando. -Es precioso.- Fue lo único que llego a pronunciar.
-Lo es.- afirmó Thavron con una sonrisa en la boca. -Sinceramente no habría podido encontrar lugar mejor.-
Intrigada Anna se giró hacia él, las palabras no llegaron a salir de su boca pues él le tomó con suavidad la mano mientras que de la espalda y con una leve inclinación descubrió su brazo y su mano, antes escondidas en esta, así como abriéndola de par en par descubriendo lo que había estado escondiendo hasta aquel instante. Era un anillo de oro casi blanco, adornado por piedras preciosas alrededor de una blanca perla. Las piedras habían sido trabajadas de forma que unidas se asemejaran al mar bañando la arena, siendo se este modo una progresión de piedra de luna, aguamarina, esmeralda y zafiro terminando en una pequeña piedra sobre la que se había alzado la perla el cual emitía un brillo semejante al mar haciendo que la pela pareciera iluminada por el reflejo de las olas. Era un anillo increíblemente bello, el cual conseguirlo debía haber llevado mucho tiempo incluso para un elfo.
-¿Quisieras…?-
-Sí- cortando de pronto Anna al elfo. Cortándolo con un abrazo, un beso, que por un instante para el tiempo.