La Guerra de los Clanes

Tumbu - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 08-10-2008 20:39 #1

Fundada en cavernas por hombres durante la Segunda Edad. En principio era un refugio para protegerse de los Isgûr, pero poco a poco fue creciendo en poder y población y comenzó la construcción de casas en las laderas de las montañas e incluso en la época de mayor esplendor se llegó al valle. Aún en esos prósperos días, sufrían a menudo robos y saqueos por parte de los Isgûr hasta que éstos desaparecieron.

Últimamente hay quien dice les oye jurar entre los árboles del valle, muy cerca de la ciudad, en las noches de luna llena.

Escrito el 09-10-2008 09:40 #2

Salir de Hiôlagarda fué un alivio para todos. La inmundicia dió paso a un bosque muy poblado y un tanto agobiente de árboles viejos y retorcidos que exalaban un intenso olor a naturaleza corrompida. Pero, sin duda, todos preferían eso a la podredumbre de la ciudad que acababan de dejar: al menos era un bosque, con sus ruidos nocturnos, su brisa acariciante,...

Según el mapa quizá acabarían hartándose de bosque, porque era inmenso, se extendía cientos de millas hasta llegar a Nendataure. Y más de quince días de marcha les separa de la ciudad más cercana: Tumbu, enclavada a los piés de la inmensa cordillera de Andië.

No hablaban mucho entre sí, pero el ambiente era cordial y los tres sabían que estaban inmersos en una aventura importante, viendo cosas y yendo a lugares donde jamás ningún nuru había estado.

Con los días el bosque se fué “iluminando” y, el hecho de cruzar el caudaloso rio que atravesaba de norte a Sur el bosque, fué capital para que cambiara el paisaje que, ahora, tras una semana de viaje y en la zona occidental del rio, se mostraba luminoso y fresco y a Angárato le recordó a los grandes bosques de antaño, ahí, en la hundida Beleriand.

Más al oeste (el mapa no era muy preciso) parecía estar la fuente de esa extraña luz que desasosegaba un tanto a los elfos. Pero su meta estaba al norte, a otra semana de camino: bordearían el gran rio hasta que llegaran a la altura de Tumbu, en la encrucijada de los tres rios y luego, en 3 o 4 días, podrían descansar en la desconocida ciudad.

La caza era abundante y el agua deliciosa, las estrellas brillaban en la noche. El viaje continuaba.

[Editado por elfo_negro el 09-10-2008 09:53]

Escrito el 09-10-2008 22:16 #3

Viajar en dirección norte alegraba a Myodul. Estaba realmente cansado de aquel asunto, así que esperaba que su viaje no tomase un nuevo rumbo inesperado al llegar a la siguiente ciudad. De no haber sido por el sueño, habría dudado de que el cofre siguiese existiendo, pero del sueño no se permitía dudar.

El grupo había acampado en torno a una pequeña hoguera. Angárato permanecía sumido en reflexiones, y a Dâira le había tocado hacer la guardia.

Mientras descansaba, con los ojos cerrados pero sin dormir, Myodul sintió unas patas blandas caminar sobre él. La gata, Sophistra, al parecer le había seguido. Sintió una enorme añoranza de su hogar en aquel momento, lo cual le sorprendió, porque cuando estaba allí no le tenía ningún aprecio.

Concluyó que su mente sólo estaba buscando nuevas escusas para quejarse y sentirse mal. Decidió calmarse; aquella parte del viaje no estaba siendo desagradable.

Se durmió...

Escrito el 10-10-2008 12:52 #4

Despertó sobresaltada al oír un crujido. Se incorporó y echó a un lado la capa que le había servido de manta. Pero no había nada fuera de lo normal, tan solo que sus dos compañeros ya estaban en pie, y ella una vez más, se había quedado dormida.

Les miró y vio que Myodul se llevaba a la boca unas pequeñas bolitas de color rojo intenso.

- ¡No! – le gritó Dâira. – Pueden ser venenosas.

Pero para sorpresa de la medio elfa, los dos se echaron a reír.

- Acércate Dâira – dijo Angárato

La perelda se incorporó extrañada mientras se restregaba los ojos con el dorso de la mano. Su abuelo le mostró unos arbustos salvajes y de ellos arrancó los pequeños frutos. Le puso en la palma de la mano un puñado.

- En algunas regiones los conocen como “arándanos” – había dicho. Pruébalos, son comestibles.

Dâira se llevó uno a la boca y descubrió que el sabor era una mezcla de ácido y dulce. Se comió el resto con gusto pues le había entrado hambre.

- Y que conste que nosotros no te hemos despertado – dijo Myodul – Ha sido ella.

La perelda posó la vista donde apuntaba el dedo del elfo y vio a la gata sentada cerca de un árbol y lamiéndose una pata delantera.

- Vaya, sí que has hecho un viaje largo tu también – dijo mientras acariciaba la cabeza de Sophistra – Buscó con la mirada a Tirel y le vio posado con sus garras largas y afiladas encima de una gruesa rama mirando la escena. - Suerte que ya se conocen y que Tirel ha estado entretenido estos días con su propia caza. No lo intentes con ella – dijo señalando a la gata.

Después de un rápido desayuno, recogieron las mantas, empacaron todo de nuevo y partieron al noroeste. Era la segunda jornada desde que dejaran atrás el puente por el que cruzaron el ancho río. La mañana era soleada pero fría y al fondo se veían claramente las Andië coronadas de nieves eternas. Y detrás de ellas Híssuë. El recuerdo de aquella palabra le alegró el corazón, pero al poco el sentimiento pasó a ser de nostalgia. Una rebelde lágrima resbaló por su mejilla.

Nada extraño ocurrió durante ese día. Pero a la mañana siguiente ya próximos a Tumbu, descubrieron que no estaban solos. Escucharon unas voces y decidieron aproximarse un poco más. Entonces vieron a dos hombres y sus monturas cerca.

- ¿En qué lengua hablan? – preguntó Myodul en susurros

- Son Marllajtay – respondió Dâira con una luz en la mirada

- ¿Entiendes lo que dicen? – le preguntó su abuelo

La perelda agudizó el oído y así estuvo unos minutos. – No entiendo todo lo que dicen pero…. – Dâira dudó – Diría que están preparando un asalto.

Se alejaron para deliberar un momento. El arken quería pasar lo más desapercibido posible. Si lo que había escuchado la medio elfa era cierto, no llegaban precisamente en el mejor momento. Pero ya estaban ahí y no podían ni esperar ni retroceder. Al fin optaron por dar un pequeño rodeo para encarar la ciudad por su parte sur.

Había numerosas casas en la ladera de la montaña, aunque algunas daban la impresión de estar abandonadas. La muralla aun tenía partes derruidas y los habitantes se afanaban en repararla. A medida que se adentraban en las cavernas de la ciudad la tensión iba aumentando. La gente parecía no fijarse en los nuevos extranjeros tan atareados como estaban con sus propios asuntos.

Preguntaron por la existencia de una biblioteca y les hablaron de algo que podría servirles. Se dirigieron allí y fueron recibidos por una mujer de mediana edad y rostro curtido por el sol.

Escrito el 10-10-2008 13:36 #5

La mujer se acercó a los recién llegados y les preguntó que les había llevado hasta aquel lugar.

Los Nurulântar le contaron que eran viajeros de una lejana tierra y que su misión era recabar información sobre la historia de la mitad sur de Rómenor; en aquel momento estaban siguiendo la pista a un extraño objeto que la gente de Tumbu había comprado siglos atrás a los comerciantes de Hjôlâgarda.

-Tenemos un registro de todas las mercancías que entran y salen de la ciudad. Os llevaré hasta él.

La mujer les guío por un laberinto de pasillos y estanterías hasta llegar frente a una vieja puerta, tras abrirla entraron en una pequeña habitación con una antigua mesa de madera oscura rodeada por media docena de sillas. En una de las paredes se abría una pequeña ventana por la que entraba un poco de luz que caía directamente sobre la mesa, el resto de paredes se encontraban forradas por estantes llenos de libros, habría en total varios centenares de tomos llenos de polvo.

-Estáis ante más de mil años de historia de nuestro comercio -tras ver el desolado rostro de los viajeros, la mujer continuó-. Les traeré algo para beber y un par de candelabros, porque creo que les llevará un tiempo encpntrar lo que buscan.

Cuando la mujer salió, Dâira habló con sus compañeros:

-Y ¿por dónde empezamos?

Myodul se acercó a los estantes repletos:

-Parece que los registros están ordenados cronológicamente.

Entonces Angárato recordó las palabras del bibliotecario de Orakono:

- Existe una pequeña lista con todos los objetos traídos de la revuelta de Minitunda, pero en ella sólo podrán encontrar la fecha en la que nos fueron robados pues el resto de detalles son idénticos para todos los tesoros, se los llevaron los saqueadores que llegaron desde el oeste del Golfo de las Tempestades.

¿Alguien echó una ojeada a esa lista?

Escrito el 10-10-2008 14:43 #6

Myodul y Dâira se miraron sin saber qué hacer,entonces Angárato les habló de nuevo:

-La revuelta de Minitunda fue en el año 534 de la Segunda Edad y el Cofre lo robaron de Orakano en el verano del 644.

Aún tenéis mucho que aprender vosotros dos... empecemos a buscar por el año 644, no creo que los Hjôlâgarda retuviesen mucho tiempo el Cofre en su ciudad.

Tras menos de un par de horas, Myodul encontró algo en una entrada del 24 Ignis Fearn 645:

Comprado por 58 piezas de oro un Tesoro Khazad en el mercado de Hjôlâgarda.

Se trata de un cofre doble, el exterior es de oro y mithril, el interior es aún más hermoso y está fabricado en nácar.

El cofre interior no puede abrirse de ninguna manera. Depositado en la Cámara Azul.

**I.Tinne.697- Isgûr

-¿Qué significará esa última anotación? -preguntó Dâira.

-Preguntémosle a la mujer de ahí fuera.

Los Nurûlantar le preguntaron a la mujer por aquella extraña anotación.

-Ah sí, en aquella época sufríamos muchos ataques por parte de los Isgûr, el objeto que estáis buscando fue robado por ellos en el año 697. No hay ninguna anotación posterior, así que aún debe estar en poder de los Isgûr.

Escrito el 10-10-2008 20:56 #7

-Ah sí, en aquella época sufríamos muchos ataques por parte de los Isgûr, el objeto que estáis buscando fue robado por ellos en el año 697. No hay ninguna anotación posterior, así que aún debe estar en poder de los Isgûr.

- ¿Y dónde podemos encontrar a esos Isgûr? - preguntó Myodul

La mujer le miró sorprendida. - Realmente son ustedes extraños. Nosotros huímos de ellos y los queremos tan lejos como se pueda... - se encogió de hombros. - No muy lejos de aquí hay otra ciudad, Túgore se llama. No puedo indicarles la situación porque nunca he salido de esta ciudad, pero no son buena gente. Yo que ustedes me lo pensaría dos veces antes de ir.

Agradecieron el consejo y Dâira pidió permiso para copiar algunos datos con papel y tinta que sacó de uno de los fardos. Si no podía memorizar tanto nombre y fecha extraños, al menos los copiaría y la próxima vez que su edelon le preguntara no se sentiría inútil.

Le preguntaron por alguna tienda donde pudieran comprar alimentos, y le dejaron algunas monedas a la mujer por su amabilidad.

No demoraron mucho tiempo en comprar algo de carne ahumada y frutos secos. Aunque la caza hasta ahora por el bosque había sido buena, habían gastado las últimas provisiones que compraran en Orakono, y no querían confiarse.

Se sentían animados ahora que habían descubierto al fin, una pista fiable que les acercaba un poco más a ese precioso cofre nacarado. Tenían ganas de celebrarlo yendo a una posada y tomando unas buenas cervezas, pero sabían que la situación no era buena. Los tres recordaron a los Marllajtay y decidieron salir cuanto antes de la ciudad rocosa.