La Guerra de los Clanes

Geigâsa - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 09-10-2008 22:03 #1

Construida en un tiempo récord, es una humilde ciudad enana fundada por Frear V en el tercer siglo de la Segunda Edad. Existen varias leyendas sobre un rey legendario que construyó largos y profundos túneles bajo las Órenáro de manera que quedaron comunicadas todas las ciudades enanas de estas montañas sin necesidad de salir al aire libre.

Escrito el 14-10-2008 01:10 #2

Ya había pasado el mediodía y el sol se lazaba alto en un color azul intenso. Después de muchos días oscuros y lluviosos el día al fin había amanecido claro y radiante. Morlyg, Tharak y Pallam’et habían viajado durante diez días atravesando el Nendataure de sur a norte, siempre cabalgando al pie de las estribaciones más occidentales de las Ered Mithdraug. Había sido un trayecto agotador e ingrato a través de la selva. Se habían visto obligados a pasar las noches en los árboles para resguardarse de los lobos y otras criaturas que merodeaban por el bosque. Ya en una ocasión al principio del viaje fueron asaltados por la noche por un grupo de lobos hambrientos y en esa aciaga noche perdieron uno de sus caballos. También en un par de ocasiones estuvieron a punto de toparse con un grupo de orcos. Afortunadamente lograron ocultarse ambas veces a tiempo y no fueron descubiertos.

- Pues aquí la tenéis. Geigâsa la Humilde, fundada por Frear V en…

- Déjalo ya, ¿quieres? Tampoco has demostrado saber mucho más que eso estos días, Pall –dijo Tharak interrumpiendo el discurso de su compañero.

Ante los Marllajtay se alzaban los negros muros de la ciudad Geigâsa, más oscuros que la noche aún iluminados de lleno por el sol del mediodía. Tras los muros asomaba una ancha torre de vigilancia, coronada por una humeante antorcha. Las Órenáro se alzaban imponentes tras la pequeña ciudad y bajo ellas un oscuro laberinto de túneles y galerías subterráneas de la antigua ciudad Enana. El conjunto en sí ofrecía un aspecto tétrico, aún en contraste con el todavía exuberante verdor del bosque.

- ¿No será una guarida de orcos? Está muy tranquila a plena luz del día y su aspecto… - comentó Pallam’et.

- Se decían cosas misteriosas e inquietantes sobre esta ciudad cuando estuve en Nimost… - dijo Morlyg, contemplando las puertas abiertas de la ciudad -. Que viven orcos y criaturas malignas… pero hasta donde yo sé, está habitada por humanos y enanos principalmente.

Los Marllajtay entraron así en Geigâsa. Los centinelas apenas les miraron cuando les pidieron que se identificaran y les consultaron los motivos de su paso por la ciudad. Como había dicho Morlyg, lo que allí encontraron fueron únicamente humanos, y algún enano también, aunque éstos se alojaban bajo la montaña. Pero la ciudad en sí no dejaba de resultar un tanto tétrica vista también desde su interior: las casas de piedra gris o negra, las calles mal cuidadas y apenas transitadas. Posiblemente aquello fueran las consecuencias de las recientes disputas que tenían estas gentes con los Rillië, pensó Morlyg. Los Marllajtay avanzaron por la calle principal de la ciudad, observando acongojados el empalagoso silencio de aquella extraña ciudad, roto solo por alguna voz que gritaba desde una taberna, algún tendero que hacía una venta y pedía el precio, o un niño correteando persiguiendo a un perro. La gente los miraba con recelo a veces, en especial los niños, que se escondían tras las faldas de sus madres.

Se fijaron en una taberna cuando se encontraban ya muy cerca de la puerta principal de la mina de los enanos. En su interior resplandecía una cálida y acogedora luz y la fachada del edificio ofrecía un aspecto más agradable que la media de los edificios de la ciudad. El cartel en lo alto de la puerta rezaba “La maza y la jarra”. Decidieron parar a refrescar sus gargantas y aprovechar para preguntar por un alojamiento decente en los alrededores de la mina de los enanos. Después de tantas noches pasadas en la intemperie necesitaban reposar como es debido. Ya al día siguiente comenzarían su investigación. Los tres hombres ataron a los caballos en el jardín – si se le podía llamar así – trasero de la taberna y entraron en su interior. Allí les pareció regresar al mundo real, pues el murmullo de las voces de los hombres, el sonido de las jarras y los vasos y el sonido de la espumosa cerveza llenando las jarras reactivó sus entumecidos oídos, ya demasiado acostumbrados al silencio de la ciudad. Los Marllajtay tomaron asiento en una mesa de madera acompañada de varios taburetes bajos y esperaron a ser atendidos.

Escrito el 14-10-2008 20:48 #3

Los Marllajtay se fundieron perfectamente con los habitantes de Geigâsa y aprovecharon esta situación para hacer alguna que otra pregunta inocente sobre el antiguo rey Frear V.

Nunca esperaron recibir tanta cantidad de historias y leyendas sobre aquel viejo rey, la mayoría de ellas versaba sobre la extraña amistad que unía al rey Frear V y los extraños Enanos Reales, un extraño grupo de enanos que antaño visitaban muy a menudo la ciudad.

Escrito el 15-10-2008 22:06 #4

- Pero… ¿qué relación guarda Frear V con Frear IV? ¿Y tiene éste realmente algo que ver con el martillo que buscamos? –pensaba Tharak en voz alta. Los Marllajtay se encontraban en sus aposentos en una posada cercana. Las llamas empezaban ya a menguar en el hogar y los tres viajeros estaban cansados.

- No lo sé. Y tampoco sé si estos misteriosos Enanos Reales tienen algún papel en esta historia – respondió Morlyg -. Pero ahora debemos reposar largo, pues no podemos hacer más por hoy. Mañana investigaremos el asunto en la ciudad. Propongo empezar por las galerías subterráneas de los Enanos.

Y dicho esto los compañeros durmieron al fin por muchas horas en las mullidas camas, cosa que no hacían desde hacía ya más de dos semanas, desde que partieran de Tûgore. Y el día siguiente amaneció también radiante, aunque los Marllajtay no salieron a la calle hasta que el sol asomaba ya por encima de las Órenáro.

El día fue tan productivo como la tarde anterior, pues averiguaron bastantes cosas interesantes. Por lo visto Frear V, fundador de Geigâsa, era el nieto de Frear IV, el rey de Casararanie que aparecía nombrado junto al Martillo de los Enanos. El cual fue también el antepenúltimo rey de Casararanie antes de su abandono definitivo. Pero el asunto del Gran Martillo de los Enanos no era más que los despojos de una leyenda casi olvidada en las mentes de los ciudadanos de Geigâsa.

En cuanto a los extraños Enanos Reales, muchos coincidieron en relacionarlos con el misterioso martillo. Se decía que eran grandes reyes Enanos de la Tierra Media, exiliados en Rómenor, pero también se decía que eran poderosos brujos que habían vivido siempre en Rómenor protegiendo los reinos Enanos del continente. Lo que nadie supo decir fue dónde habitaban en la época de Frear V. Aparecían a menudo por la ciudad, pero guardaban las distancias con los ciudadanos, tanto Hombres como Enanos y con quien parecían tener una estrecha relación, como ya habían averiguado el día anterior, era precisamente con el rey.

Afortunadamente, después de revisar varios estantes de la biblioteca de los Enanos, encontraron el que sería – o eso esperaron - su siguiente destino en aquella misión. Unos antiguos escritos de la época mal conservados pero aún legibles casi en su totalidad, hablaba de la ciudad de Anwanauco, habitada por Enanos de los que decía que pertenecían a una de las primeras razas enanas, presente en el mundo desde el Inicio de los Días. Estos Enanos se hacían llamar a sí mismos los Enanos Verdaderos, lo que llamó la atención de los Marllajtay que los asociaron con aquéllos de los que habían hablado esos días.

Así, el siguiente destino en la misión de los Marllajtay fue Anwanauco, y partieron pronto al día siguiente hacia el norte, pues debían cruzar las Órenáro y entrar en el Mistature. La entrada de la ciudad se hallaba allí, al pie de la cadena montañosa.