La Guerra de los Clanes

Túgore - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 10-10-2008 18:29 #1

Principal ciudad del Culto Isgûr, poderosa antaño en estos días intenta recuperar su antiguo esplendor.

Dada su localización es la ciudad de referencia del valle de Attatumbo, una de las regiones más pobres del continente.

Escrito el 11-10-2008 16:01 #2

Según el mapa y, a vuelo de pájaro, les debían separar de Tugore aún 70 millas, es decir, 2 días de camino si se apresuraban y no perdían tiempo.

Ya llevaban 3 días avanzando por el bosque en dirección Noreste y ya habían atravesado el rio, tarea nada fácil ya que no encontraron ningún puente y tuvieron que desviarse muy al norte, bordeando el rio y alejándose de su meta, hasta encontrar un vado practicable.

El bosque era desapacible, y el calor estaba subiendo rápidamente, calor qué, sin ser insoportable, al combinarse con la humedad proveniente de mar, que se derramaba en una fina y molesta lluvia, era bastante molesta.

Apenas paraban para comer y descansar unas horas, el resto del viaje lo realizaban bajo la fina lluvia que los empapaba.

Todos deseaban desnudarse y secarse la piel y luego descansar en un lugar seco.

Pero aun les faltava mucho camino y, el cielo gris, que se rompía en la gigantesca cordillera del Oeste, no parecía prometer ninguna tregua.

Escrito el 12-10-2008 13:52 #3

En una de las escasas paradas, se habían cambiado de ropa, guardando estas en las alforjas del cuarto caballo. Cuando llegaran a Túgore las dejarían secar. Seguían vestidos con ropas cómodas de viaje, pero ahora Dâira había sustituido la camisa blanca por otra color azul claro ajustada con un cinturón de cuero negro.

Desde hacía media jornada los árboles escaseaban. El frondoso bosque de robles y pinos se había convertido en un prado de brezos, helechos y musgo. Pequeños arbustos como los que vieron un poco más al sur, llenos de bayas de colores intensos, esperando ser recogidas o simplemente caer y pudrirse.

Hacía una hora que no llovía pero la humedad se seguía sintiendo en el aire y la sensación de frío había aumentado. Los tres iban embozados en sus respectivas capas sin muchas ganas de entablar conversación. Dâira estaba algo inquieta pues llevaba un buen rato envuelta en pensamientos acerca de su amme. Seguramente ya estaría recuperada y habría vuelto a Thyrost, o quizá habría sido enviada a alguna compañía, aunque esto lo veía poco probable si acaba de recuperarse de una herida. Pero lo que más le preocupaba era su enfado. Con toda seguridad al leer su nota y hablar con Adrahil, habría pensado que ella la estaba retando al irse precisamente con él. Dâira no confiaba mucho en haberse hecho entender. Aquella herida aun estaba abierta después de tantos años.

Recordó entonces cómo mucho tiempo atrás, su padre había intentado que Karaniel olvidara y se acercara a Angárato. Y la respuesta de ella había sido una sonora carcajada cargada de ironía pero también de tristeza. “¿Por qué eres tan benévolo con él Urî? Para él no eres más que un simple mortal, jamás te aceptaría” había escuchado a escondidas decir a su madre. ¿Sería verdad? ¿Sería posible que su abuelo despreciara a su padre por ser humano…la despreciaría entonces también a ella?

La perelda giró la cabeza cubierta por la capa gris y clavó sus ojos verdes en Angárato. No, no podía ser. Durante todas las semanas que habían transcurrido desde que dejaran Osto Ohtalosse, su carácter parecía haberse dulcificado, al menos con ella. Ahora sentía por él verdadero cariño.

Angárato sintiéndose observado le devolvió la mirada y ella la apartó rápidamente. Y así, en silencio, siguieron cabalgando tres horas más hasta que el cielo se volvió rojo. De pronto Myodul habló.

- Debe ser aquella, ¿no?

- Si no nos hemos desviado demasiado, sí. Apretemos un poco el paso – dijo el arken.

La ciudad bullía en las últimas horas del día. Pero para sorpresa de los viajeros, descubrieron que había Marllajtay entre ellos.

Dâira se había acercado hasta una pareja de soldados y saludando a la manera de Híssuë, había preguntado por una posada. Cuando los soldados indagaron por su procedencia, ella ocultó el nombre de Narwä. Les explicó su origen medio marllajtay pero no dio detalles. Le habría gustado saber si estaban en la ciudad aquellos compañeros de misión que habían encontrado en Nilme… tuvo que hacer esfuerzos para recordar el nombre de la princesa y los dos acompañantes. Finalmente lo había dejado pasar, creyendo que podría levantar sospechas haciendo tantas preguntas.

Llegaron a la posada y consiguieron tres pequeñas habitaciones. La taberna tenía aspecto humilde pero después de haber dormido a la intemperie tantas noches ya, cualquier cosa les valía. Después de dejar las cosas en las habitaciones, bajaron a cenar algo y sobre todo, a empezar a recabar información.

[Editado por Neume el 12-10-2008 13:54]

Escrito el 12-10-2008 15:58 #4

Los Nurulântar no consiguieron sacar nada en claro aquella noche, pero escucharon a alguien mencionar una biblioteca muy antigua en la ciudad, por lo que a la mañana siguiente se dirigieron a ella.

Sin levantar muchas sospechas consiguieron que el bibliotecario les indicara dónde podrían encontrar información sobre antiguos tesoros traídos a la ciudad por los Isgûr.

Los Nurulântar se repatieron por la biblioteca y cuando ya comenzaba a anochecer, Myodul llamó al resto para contarles lo que había encontrado:

- Parece que el Cofre ha estado en esta ciudad, durante años los Isgûr intentaron abrirlo y saber qué contenía en su interior, pero nunca lo consiguieron así que finalmente se deshicieron de él.

Fue alrededor del año 900 y se lo cambiaron a un "Señor de la Selva" a cambio de una buena cantidad de monedas de oro, el hombre en cuestión se llamaba Kubol o Kobol y venía de un asentamiento al norte de aquí.

He buscado información acerca de estos "Señores de la Selva" y creo que son humanos, pero de una clase que nunca hemos visto antes en el Aldalaure, pues tienen rasgos que podría hacernos pensar que son enanos más altos de lo normal o incluso animales.