La Guerra de los Clanes

Batalla 81. Ataque A Tumbu Por La C2 De Marllajtay.

Terminada
Escrito el 13-10-2008 10:21 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Marllajtay" = 17

Armadas perdidas por "Maianor" = 33

Victoria para Marllajtay. Se produce el saqueo de la ciudad.

Escrito el 17-10-2008 00:32 #2

Zahojit Dûm-nový, el administrador del gobierno de Tumbu designado hacía ya largos años con la aprobación del antiguo rey de Tûgore, Lôr Tûran, estaba sentado frente a la gran mesa de caoba en las estancias reales de Tumbu, excavadas en las mismas laderas orientales de las Andië. Se hallaba cabizbajo, con los ojos entrecerrados y todos los músculos en tensión. En su mente se libraba una dura batalla entre el orgullo herido y la razón. Pues gracias a él y bajo su mando Tumbu había resistido heroicamente una y otra vez los ataques de los salvajes Marllajtay. Pero él mismo sabía que el pueblo de Híssuë era poderoso, que no cejaría en su empeño por alzarse en el poder en toda la región del Attatumbo. Por eso ahora su mirada estaba puesta en Tûgore, donde los Marllajtay invasores y los traidores Asgarûn del bosque mancillaban la antigua tradición Asgarûn y ofendían al gran Osrûn Sâr con sus blasfemas leyendas y sus águilas sagradas.

Pero ahora acababa de recibir la noticia del fracaso del ataque a Tûgore y sus hombres morían en el bosque tratando de regresar a Tumbu en una desquiciada huída, escapando de los Marllajtay e Asgarûn que desde hacía semanas patrullaban los alrededores de la ciudad y que ahora se ensañaban con sus hombres huidos en combate. Supo también que la revuelta que él mismo había instigado desde su trono apenas había llegado a importunar a las fuerzas de ocupación de Tûgore y había sido sofocada rápidamente por la esposa del dirigente Marllajtay.

Aquella derrota, además de poner freno a sus planes de alzarse en el trono de Tûgore y restituir el culto a Osrûn Sâr en todo el Nendataure, también lo ponía en una situación límite, pues había perdido muchos hombres, aunque en su mayoría sólo fueran campesinos refugiados de Tûgore. Y la economía de Tumbu se resentía de la ya prolongada presencia de los Marllajtay en las cercanías, que sometían la ciudad a un duro bloqueo comercial. Aunque Zahojit Dûm-nový tenía también otros medios de abastecer la ciudad.

- Debemos recuperar el control del bosque – dijo Zahojit, levantándose de la basta butaca donde se encontraba -. Si no echamos a los invasores del territorio de Tumbu, difícilmente llegaremos más allá del Attasíre.

Y durante largos días las tropas de Tumbu patrullaron los alrededores, ampliando progresivamente su radio de acción. Escudriñando cada rincón del bosque, cada recóndito valle, cada gruta en la montaña. Pero Marllajtay e Isgur parecían haberse volatilizado. No encontraron tampoco el menor indicio de su presencia reciente en el bosque. Y Dûm-nový empezó a preocuparse. Se aventuró a explorar las tierras más allá del Attasíre y el Ertasíre, y también las alturas de las Andië, pero todo esfuerzo fue inútil. Pasaban ya dos semanas de exploración ininterrumpida sin el menor resultado y empezaba a mostrarse preocupado por la aparente falta de actividad de sus enemigos, como también lo estaba el general de sus tropas, que se había reunido con él aquél día.

- Tenemos a demasiados hombres en el bosque y muy pocos defenderían la ciudad en caso de ataque. Esta calma no es normal y vos lo sabéis. Esos traidores traman algo con los Marllajtay. Le sugiero que prepare a la ciudad para un ataque y haga regresar a todos los soldados – decía el general.

- Así lo haré. Encárgate de la organización de la defensa y manda regresar a las patrullas. Pero que no vuelvan todos. Mantén un par de patrullas en el camino del norte y otras tres que patrullen el bosque por el este. Debemos saber lo que ocurre en el territorio – sentenció Zahojit.

Escrito el 17-10-2008 00:32 #3

Pasaron los días y la calma reinaba en Tumbu. Aquella extraña y sospechosa inactividad Marllajtay empezó a desembocar en la relajación de las patrullas de Tumbu, que campaban libremente por su territorio sin apenas encontrar indicios de presencia Isgur rebelde o Marllajtay, salvo algún que otro campamento abandonado y las pisadas que habían dejado las monturas Marllajtay en el suelo embarrado del bosque tras las lluvias, aunque las más recientes habían sido producidos al menos una semana o diez días anteriormente. Zahojit Dûm-nový, al contrario que sus hombres, se mostraba cada vez más preocupado por la anormal situación y no se perdía detalle de todo cuanto le era informado por los mensajeros procedentes del bosque. Él mismo exigía que los mensajeros se presentaran ante él antes que a ningún otro. Realmente, solo Zahojit llegaba a conocer los informes de las patrullas.

- ¿Y qué hay de los extranjeros? – preguntó a Yaneth, un joven soldado que traía noticias del bosque al este de Tumbu.

- Partieron ayer hacia Tûgore, mi señor. No debe preocuparse por ellos. Se trata de Elfos Nurulantar del norte del continente. Al parecer son historiadores y viajan por todo el sur del continente recopilando información. Cuentan que ahora siguen la pista de un extraño objeto que centenares de años atrás fue guardado aquí, en Tumbu. Pero han sido observados y no parecen guardar relación alguna con nuestros enemigos.

- ¿Ah, no? ¿Te parece poco lo que me has contado? Historiadores del norte aquí, en Tumbu. ¡Y ahora se dirigen a Tûgore! Debieron ser detenidos. Escúchame Yáneth, volverás a tu capitán y le comunicarás que has sido relevado de tu puesto…

- Pero… mi señor… - empezó a decir Yaneth, interrumpiendo a su señor.

- ¡Silencio! Antes de eso, cuando salgas de la ciudad mandarás traer ante mi presencia al comandante en jefe de la guardia de la puerta este. Y cuando ya estés libre de tu compromiso con la patrulla del este, investigarás todo sobre los Nurulantar. En qué momento llegaron y por dónde, con quién hablaron, a dónde fueron, ¿entiendes? ¡Todo! Quiero un informe satisfactorio pasado mañana a primera hora. Puedes retirarte.

- Así lo haré, señor – dijo Yaneth haciendo una tímida reverencia.

Pero casualidad o no, lo cierto es que dos días después de la partida de los viajeros Nurulantar, un gran ejército de jinetes y soldados Marllajtay se había presentado ante la puerta norte de Tumbu, acompañados de muchos Isgur del bosque. Durante toda la noche anterior la ciudad se había preparado para la batalla, desde el mismo momento en que llegaron los mensajes de advertencia de la patrulla del norte. Pero en aquella ocasión la situación era radicalmente distinta al anterior ataque a Tumbu. Ahora las fuerzas defensoras de Tumbu estaban notablemente mermadas tras el fallido intento de recuperar Tûgore. Pocos refuerzos habían recibido en aquellas pocas semanas, muchos menos que los Marllajtay, que había recibido nuevos soldados enviados desde Híssuë. Y la moral de los soldados defensores, y aún más la de los ciudadanos corrientes que habían participado en la última batalla, estaba fuertemente mermada también. Y a pesar de todos los esfuerzos, algunos partes de la muralla estaban aún débiles o parcialmente reducidas.

Aún con todo, los arqueros esperaban alzando sus saetas al cielo, esperando la embestida enemiga. Tras ellos los soldados se amontonaban frente a los puntos débiles de la muralla, empuñando sus espadas, hachas y martillos aguardando la oleada de atacantes que se les vendría encima. Zahojit Dûm-nový contemplaba con rostro sereno la imagen, aunque en su interior la batalla se preparaba igual de cruenta.

Escrito el 17-10-2008 22:09 #4

La batalla que se libró en el interior de la ciudad fue tan rápida como cruel. Las flechas y proyectiles Asgarûn que volaban por sobre los muros de Tumbu apenas alcanzaron a menguar ligeramente el ejército enemigo, que irrumpió con demoledora fuerza en la ciudad a través de los puntos débiles de su defensa. Zahojit contemplaba la escena desde el lujoso balcón que surgía de las estancias reales escavadas en el interior de la montaña. Su cuerpo cada vez se encontraba más tenso, mientras veía aproximarse a los enemigos. Y su rostro empalideció de golpe cuando la caballería Marllajtay, capitaneada por Laymi Arië, penetró como una marea de muerte en la ciudad, despejando el camino para las tropas del capitán Toltyo, que iban detrás. Zahojit suspiró profundamente y dirigió su rostro al cielo cerrando los ojos. Su rostro recuperó la serenidad y sus músculos se relajaron. Permaneció así unos instantes y al cabo se retiró al interior de las cavernas para ya no volver a aparecer en aquella batalla.

Mientras, en la ciudad, los Marllajtay suprimían sin piedad a todo aquél soldado o ciudadano que empuñara un arma, respetando sin embargo a todos aquellos que huían o trataban de proteger a los suyos o sus pertenencias sin ánimo de contraatacar. En poco tiempo los asaltantes habían tomado la ciudad y tan solo quedaban algunos focos de peleas aquí y allá. Precisamente frente a las entradas de las cavernas un grupo de Marllajtay se enfrentaba al general de las tropas de Tumbu. Éste montaba un espléndido corcel, así como su oponente, Toltyo, luchaba a cabalgas de su yegua. De una certera estocada, Toltyo logró hundir la hoja de su bastón en los cuartos traseros del caballo enemigo, desestabilizándolo y provocando la caída de éste y de su jinete. Pero con tal fortuna que también el capitán Marllajtay perdió el equilibro bajo la fuerza de su propio impulso cayendo y rodando por el suelo.

Cuando Toltyo se levantó, su enemigo ya se abalanzaba sobre él con su espada en alto. Era un hombre corpulento y a duras penas Toltyo lograba esquivar sus ataques. En una ocasión esquivó el golpe tan ajustadamente que recibió un corte en la mejilla. El siguiente golpe le acertó de lleno en el escudo de madera, que se quebró un ruido seco y Toltyo cayó propinándose un fuerte golpe en el hombro contrario. De reojo vio cómo Laymi, con un brazo ensangrentado, penetraba en las cavernas acompañada de varios jinetes. Y cuando ya su enemigo se preparaba para darle el golpe final, dos compañeros acudieron en su ayuda y entre los tres lograron finalmente reducir al enorme guerrero.

Pero en el interior de la montaña Laymi y sus hombres tuvieron menos suerte, pues no encontraron a Zahojit Dûm-nový ni a ninguno de sus hombres, salvo a algunos guardias que pronto se rindieron y ciudadanos y campesinos que se habían refugiado que vivían en las cavernas. Pero las estancias reales estaban desiertas. Una vez concluida la batalla y eliminado cualquier foco de resistencia, la ciudad se inspeccionó de cabo a rabo y no encontraron a Zahojit ni a los soldados de la guardia real entre los supervivientes o entre los caídos.

Sin embargo, ya lo suficientemente lejos en el oeste, Zahojit Dûm-nový y sus hombres surgían de la montaña por una larguísima galería que comunicaba directamente con las estancias reales de Tumbu. Y tras sellar y ocultar la entrada a la galería se encaminaron silenciosos hacia el oeste donde el sol ya empezaba a descender para emprender el cruce de las Andië.

Escrito el 21-10-2008 19:14 #5

Resumen de la batalla.

Marllajtay ha perdido 17 armadas x35= 595 puntos.

Recuperables: 476 puntos.

Valoraciones: 8,2+8,6+6,6+7,6= 7,75

Recupera: 369 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 105 puntos. Total recuperación: 474 puntos.

Pierde: 121 puntos. Por la demora en la publicación de las historias se penaliza con 2 armadas (70 puntos). Total pérdida: 191 puntos.

Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.

Por el saqueo de la ciudad se entregan 300 monedas,

Compañías actualizadas y listas.

[Editado por gaurwaith el 21-10-2008 20:22]

Historia finalizada.