El bibliotecario de Tugore había sido realmente amable y había puesto todos sus conocimientos al servicio de los elfos. Pero al fin y al cabo parecía no saber mucho más, que lo dicho al principio, de los extraños hombres del norte que se hicieron con el cofre.
Les facilitó un mapa que copiaron con precisión, ya que el que llevaban de Osto Ohtalosse se hacía vago e impreciso al representar esas lejanas tierras.
Según las indicaciones del biblioecario debían ir hacia el norte hasta llegar a una gran sierra y luego o bordearla, lo que les llevaría unas dos semanas (más la semana invertida en llegar a la sierra), o atreverse a cruzarla… cruzar 100 millas de pico tras pico… ya decidirían al llegar a Órenáro, que era como se llamaba la sierra.
De momento consiguieron un habitáculo fresco y bien ventilado en la "vieja Tugore" en una pared rocosa, excavado en la misma montaña; abajo se derramaban casas sencillas, sin duda fruto del crecimiento de la población que, al no caber en sus ancestrales cavernas se habían decidido por construir una pequeña ciudad de estilo corriente a los pies de sus tradicionales casas excavadas en la montaña. Ahí, en una de esas cavernas, se habían alojado. Era una vivienda completa que un adinerado ciudadano (que vivía en una gran casa en el llano) dedicaba a alquilar a los forasteros. Tenía dos habitaciones y una pequeña sala de estar, todos con angostas ventanas por las que entraba un airecillo limpio y fresco.
Se bañaron y limpiaron sus ropas, los caballos también tuvieron ración doble de cebada y, todos, por fin, pudieron descansar un poco.
A la mañana siguiente, a la salida del sol, después de un desayuno fuerte, reemprendieron su viaje… hacia el norte.
Una semana cabalgando los llevó hasta Órenáro.
Al principio el espeso bosque no les había dejado ver nada pero, al ascender a una pequeña colina que se alzaba en el bosque, vieron, a unas 2 o 3 millas (a punto de darse de moros contra ella) la gran sierra.
Ondoninkwê, las grandes montañas de Narwä Hilyatäri, eran nada comparadas con lo que ahora tenían delante, picos y más picos, cañadas salvajes, torrenteras y riachuelos… si no encontraban un camino sería imposible franquear esa masa de roca y nieve.
Y, aun encontrar un camino, quien sabe a donde les llevaría y si cruzaría hasta el otro lado.
[Editado por elfo_negro el 15-10-2008 22:39]