La Guerra de los Clanes

Angacurumo - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 13-10-2008 21:28 #1

Fue fundada a finales de la Primera Edad por enanos. Las leyendas de la zona hablan que en el siglo II de la Primera Edad descendieron de los árboles de la selva una extraña raza de hombres que parecían mitad animales por su forma de caminar encorvados y su abundante vello corporal.

Estos “Hombres-Mono” expulsaron a los enanos de la ciudad y se asentaron ellos, acomodando las cavernas a sus necesidades.

Aún hoy los hombres de esta ciudad son más fuertes y velludos que la mayoría y prefieren la oscuridad de las cuevas a vivir bajos los árboles.

Escrito el 15-10-2008 22:32 #2

El bibliotecario de Tugore había sido realmente amable y había puesto todos sus conocimientos al servicio de los elfos. Pero al fin y al cabo parecía no saber mucho más, que lo dicho al principio, de los extraños hombres del norte que se hicieron con el cofre.

Les facilitó un mapa que copiaron con precisión, ya que el que llevaban de Osto Ohtalosse se hacía vago e impreciso al representar esas lejanas tierras.

Según las indicaciones del biblioecario debían ir hacia el norte hasta llegar a una gran sierra y luego o bordearla, lo que les llevaría unas dos semanas (más la semana invertida en llegar a la sierra), o atreverse a cruzarla… cruzar 100 millas de pico tras pico… ya decidirían al llegar a Órenáro, que era como se llamaba la sierra.

De momento consiguieron un habitáculo fresco y bien ventilado en la "vieja Tugore" en una pared rocosa, excavado en la misma montaña; abajo se derramaban casas sencillas, sin duda fruto del crecimiento de la población que, al no caber en sus ancestrales cavernas se habían decidido por construir una pequeña ciudad de estilo corriente a los pies de sus tradicionales casas excavadas en la montaña. Ahí, en una de esas cavernas, se habían alojado. Era una vivienda completa que un adinerado ciudadano (que vivía en una gran casa en el llano) dedicaba a alquilar a los forasteros. Tenía dos habitaciones y una pequeña sala de estar, todos con angostas ventanas por las que entraba un airecillo limpio y fresco.

Se bañaron y limpiaron sus ropas, los caballos también tuvieron ración doble de cebada y, todos, por fin, pudieron descansar un poco.

A la mañana siguiente, a la salida del sol, después de un desayuno fuerte, reemprendieron su viaje… hacia el norte.

Una semana cabalgando los llevó hasta Órenáro.

Al principio el espeso bosque no les había dejado ver nada pero, al ascender a una pequeña colina que se alzaba en el bosque, vieron, a unas 2 o 3 millas (a punto de darse de moros contra ella) la gran sierra.

Ondoninkwê, las grandes montañas de Narwä Hilyatäri, eran nada comparadas con lo que ahora tenían delante, picos y más picos, cañadas salvajes, torrenteras y riachuelos… si no encontraban un camino sería imposible franquear esa masa de roca y nieve.

Y, aun encontrar un camino, quien sabe a donde les llevaría y si cruzaría hasta el otro lado.

[Editado por elfo_negro el 15-10-2008 22:39]

Escrito el 16-10-2008 12:56 #3

Angárato se adelantó para inspeccionar el camino que se adentraba entre las montañas Orenáro. Myodul y Dâira esperaban algo inquietos. Miraban al frente y veían las imponentes montañas de “fuego” y a la izquierda, un poco más lejos, otras más pequeñas que según el mapa recibían el nombre de Sarnacirya.

El arken volvió al cabo de unos minutos con semblante serio.

- Ese camino no está iluminado y por lo que mis ojos han podido ver, se desvía un poco hacia el Este. Temo que cuando salgamos estemos mucho más lejos de donde deberíamos. Además tendríamos que ir a tientas por las entrañas de estas montañas varios días.

Después de unos momentos de deliberación con el mapa delante, optaron por seguir rodeando las montañas y confiar que entre las dos sierras hubiera un paso practicable. Si no, tendrían que retroceder y buscar de nuevo ese sendero oscuro.

Al amanecer de la jornada siguiente, los corazones se les animaron un poco pues vieron un paso más grande de lo que habrían imaginado.

Decidieron no acampar hasta que hubieran salido de ahí, y tan solo se permitieron un alto para comer algo y estirar las piernas.

“Esto es ideal para una emboscada” pensaba Dâira mientras paseaba no alejándose mucho del grupo. Entonces la medio elfa recordó la batalla que habían librado en Nilme Istyalvao con los lóceroquen. Si merodeaban todavía por allí serían presa fácil.

Reemprendieron la marcha siempre a la sombra de las grandes montañas que los rodeaban. Cuando salieron de aquel camino, se encontraron frente a las puertas de un enorme bosque, el Mistetaure. Un bosque que a Angárato y Dâira les era familiar. Mucho más frondoso y verde que el habían dejado atrás en el sur. Rectificaron el rumbo un poco al Oeste y siguieron cabalgando varios días.

Dos jornadas después de haber cruzado el vado, vislumbraron en la lejanía una torre blanca. La profunda vista de Angárato descubrió que estaba abandonada por lo que la dejaron de largo a su derecha.

Para amenizar el viaje, el arken les contó una leyenda que hablaba de la existencia de ents en esa región.

-¡ents! –exclamaron los dos a la vez – Me gustaría tanto ver uno – dijo Dâira mientras se mordía el labio.

Y con la esperanza de cruzarse en el camino con alguno de esos Pastores de árboles siguieron rumbo al noroeste.

Escrito el 17-10-2008 14:04 #4

Myodul miró a su alrededor con satisfacción. La oscuridad era su elemento, y aquel bosque era lo suficientemente espeso como para hacer que se sintiese a gusto. Por otra parte...

-Esto no se parece en nada a una ciudad -comentó.

-Llevas razón, y sin embargo los signos de vida son más que evidentes -replicó Angárato. Podían ver caminos claramente delineados en la espesura, lo suficiente para dejar claro que eran de uso diario. Además, algunas herramientas toscas aparecían a sus ojos: cosas como mesas, recipientes...

-Deberíamos seguir una de estas veredas -propuso Dâira, y Angárato dio la razón a su nieta.

Al cabo de una hora aproximada, encontraron ante ellos una caverna. Ellos no podían saber que era la primera de muchas, de una compleja red excavada en la antigüedad. Sin embargo, no había duda de que estaba habitada.

Poco precavido, Myodul se adelantó y exhortó a los habitantes de aquella tierra:

-¿Hay alguien? ¡Venimos en paz!

Escrito el 18-10-2008 18:24 #5

Aquel lugar era realmente extraño, dentro de una gran sala de evidente construcción enana se agolpaban muchas chozas de los hombres, habían construido su poblado dentro de una gran mansión khazad bajo la montaña.

Los humanos que vivían allí eran de menor estatura que la mayoría pero mucho más recios y debido a la poca luz del lugar, los Nurulântar no sabían decir si vestían hermosas pieles de animales desconocidos para ellos o era la propia piel de los llamados Hombres-Mono.

Tras el primer contacto con esta extraña civilización, fueron conducidos hasta el líder del poblado, un hombre de pelo gris y apariencia cansada. Angárato se dirigió a él:

-Saludos, mi nombre es Angárato y vengo del gran bosque del norte en busca de un Señor de la Selva conocido como Kubol o Kobol.

-Mi nombre es Kun, el mestro Kubol era... -se produjo una larga pausa en la que Kun parecía meditar-. Kubol era el padre del abuelo del abuelo de mi abuelo; hace mucho tiempo que descansa en la tierra.

-Como descendiente del noble Kubol, ¿no sabe nada de un hermoso cofre que su antepasado compró en una ciudad muy al sur de aquí llamada Túgore?

-Conozco ese lugar, está más allá de la Tierra de los Pastores, la habitan hombres oscuros de espíritus retorcidos... cierto es que el sabio Kubol estuvo allí en una ocasión, quería comprar algo realmente precioso para el ajuar de su hija mayor.

Dicen que aquella doncella era muy hermosa, más parecida a las mujeres de Ahí Fuera que a las nuestras... por ese motivo se unió a una familia de Erúmeréma, no hemos sabido nada de lla ni de su descendencia desde los lejanos tiempos de Kubol... tampoco hemos oído hablar de ningún cofre traido del sur.