La Guerra de los Clanes

Anwanauco - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 16-10-2008 12:09 #1

Ciudad fundada originalmente por los enanos procedentes de Nilme Istyalvao. Dado que los orígenes de esta raza se remontan al Inicio de los Días, se daban así mismos el nombre de “Enanos Verdaderos”.

En tiempos posteriores la ciudad ha constituido el asentamiento de otras razas, por lo que es habitual ver descendientes de los Borhala y Númenor por las calles nuevas de la ciudad.

Escrito el 18-10-2008 19:22 #2

La travesía hasta Anwanauco tomó casi dos semanas de duro camino atravesando las Órenáro y el Mistetaure después. En Geigâsa les habían aconsejado remontar el curso superior del Lempesíre y así cruzar las Órenáro por un amplio collado sobre el cual se encontraban las fuentes del río, que descendía hacia el sur y también allí nacía el Ónonisíre, que bajaba las montañas por la cornisa norte hasta llegar a las llanuras de Hyarmenyalaire.

El invierno que se aproximaba ya se hacía sentir en las alturas de las Órenáro. A menudo que ascendían iban sintiendo el frío cada vez más intenso, incluso sorprendentemente al recordar las suaves temperaturas del bosque. Pero como en las tierras bajas, la humedad allí era también intensa y el frío se calaba en los huesos de los Marllajtay por las noches, a pesar de los gruesos atuendos que habían usado también cuando cruzaron las Andië.

A los cuatro días de la partida Tharak cayó enfermo y eso ralentizó la marcha notablemente. Pallam’et estaba acostumbrado a las crudos inviernos de la Chükma y la sangre Númenóreana de Morlyg le hacía extraordinariamente resistente a las enfermedades. El descenso por el valle del Ónonisíre fue entonces lento y se veían obligados a descansar a menudo, cuando a Pall se le agotaban las fuerzas mientras se debatía con la enfermedad.

Al fin, los Marllajtay llegaron a Hyarmenyalaire y allí torcieron al oeste. Durante aquellos días el benigno clima del país ayudó a Pallam’et a recuperarse poco a poco y el terreno propicio para los caballos permitió acelerar notablemente la marcha, hasta que pronto aparecieron ante los ojos de los viajeros las oscuras formas del Mistetaure, como un manto verde negruzco que se extendía hasta donde se perdía la vista.

Escrito el 21-10-2008 00:57 #3

Tras algunas jornadas más de travesía, ahora ya más relajada tras el cruce de las montañas, los Marllajtay llegaron a Anwanauco cuando ya la oscuridad era sobrecogedora en el Mistetaure, a pesar de que a fuera aún el sol alcanzaba a iluminar tenuemente el cielo. El bosque se abría al llegar a la falda de las montañas y el camino se encaramaba en una colina rocosa, serpenteante y siempre por la cara norte de ésta.

A media altura de la colina el camino volvía hacia el sur y penetraba entre das altas torres rocosas. Tras ellas, se extendía la ciudad de Anwanauco, con sus calles lustrosas y los palacios en lo alto de la colina, edificados sin duda por los Númenóreanos. Y aunque los Marllajtay se sintieron al principio recelosos al advertir su presencia en la ciudad, a priori no era probable verse metidos en una trifulca con ellos, pues estaban ya muy lejos de Híssuë o Anwafirya.

- Un momento, por favor. Identificaos. ¿Quiénes sois y a dónde vais? – les detuvo uno de los guardias que custodiaban la puerta, intentando mostrarse cordial a la par que severo.

- Somos viajeros. Venimos desde Híssuë en una travesía que nos ha traído desde el Nendataure – respondió Morlyg -. Mi nombre es Morlyg, y ellos son Pallam’et y Tharak. Nos gustaría descansar unos días en la ciudad antes de continuar nuestro camino.

El guardia se mostró satisfecho con la explicación de Morlyg y no hizo más preguntas, permitiéndoles el paso. Avanzaron por la calle principal de la ciudad, observando a derecha que izquierda la algarabía nocturna que ya empezaba a hacerse notar a esas horas, pero también admirando la arquitectura de la ciudad, curiosa por la gran cantidad de influencias que allí podían observarse: habías casas de estética similar a las construcciones de Híssuë, probablemente el sector Borhala de la ciudad, pero también de estilo más similar al Númenóreano, o incluso construcciones que parecían imitar la arquitectura de las galerías y estancias de los Enanos. Y ante ellos la montaña se elevaba como una sombra oscura bajo la cual se encontraba la antigua ciudad Enana.

Los Marllajtay encontraron pronto un lugar acogedor donde alojarse en la ciudad, una posada cerca de la plaza mayor. Aquella noche cenaron y ya en el comedor averiguaron algunas cosas de la ciudad. Pero cansados tras el largo viaje desde Geigâsa, pronto se fueron a sus habitaciones a descansar. A la mañana siguiente se dirigirían a la biblioteca a indagar sobre los enigmáticos Enanos Reales y averiguar si podían si existía algún vínculo entre éstos y el Gran Martillo.

Escrito el 21-10-2008 19:28 #4

Los Marllajtay hablaron con la bibliotecaria de la ciudad, una enana de muy avanzada edad que conocía la historia del Martillo:

- Alrededor del año 700 de la Segunda Edad sufrimos un grandísimo ataque de los orcos que habitaban en Ronkishi-durblughai. Casi destruyen la ciudad, conseguimos salvarnos por muy poco, pero por desgracia el Martillo fue robado por esas viles criaturas.

No hemos vuelto a saber de él, pero siempre mantuvimos la esperanza de que nuca llegó a las negras guaridas de los orcos... en aquella época la selva era mucho más peligrosa para los orcos que ahora...

Escrito el 24-10-2008 00:52 #5

Los Marllajtay averiguaron cosas interesantes sobre el martillo que buscaban durante la mañana, pero la pista se perdía siempre en la aciaga derrota que sufrió la ciudad ante el pueblo orco que terminó por llevarse el Gran Martillo de los Enanos. Y aquello de lo que más discutieron durante el almuerzo fue sobre las palabras de la bibliotecaria, pues los tres coincidieron en que su tono reflejaba una atisbo de convicción en ellas más que de infundada esperanza.

- Ir a esa guarida de alimañas, Ronkishi-durblughai, sería un suicidio – dijo Tharak.

- ¡Tiene razón! Debería haber alguna otra opción creo que la bibliotecaria sabía o presentía algo acerca de lo que les ocurrió a los orcos que robaron el martillo – dijo Pallam’et.

- Coincido con ambos – respondió Morlyg -. Por eso deberíamos saber más de la época en que acontecieron los hechos que nos han relatado. La Enana dijo que la selva antaño era más peligrosa que ahora para los orcos. Averiguaremos quién o quienes podrían haber interceptado a los ladrones.

Y así lo hicieron. Averiguaron que en Lathûr, una ciudad élfica al nordeste de las Umbar Meno, un poderoso pueblo conocido como los Cazadores de Orcos había mantenido seguros los caminos de la selva durante la época en que se produjo el ataque a Anwanauco.

- Podríamos averiguar qué conocen sus habitantes del desastre de Anwanauco – dijo Tharak.

- Sí. Y se encuentra a medio camino de Ronkishi-durblughai. Así que si nuestro destino es finalmente ése, tampoco nos habremos desviado demasiado de nuestro rumbo – dijo Morlyg.

Pasaron los siguientes días en Anwanauco retomando fuerzas, pues su paso por Geigâsa había sido muy breve y la fatiga acumulada durante el largo viaje empezaba ya a hacer mella en los tres compañeros. Descansaron y disfrutaron de las acogedoras y alegres costumbres de la ciudad, conversaron, cantaron y bailaron por las noches en las tabernas y aprendieron mucho de la historia de la ciudad durante el día. Y finalmente se prepararon para partir hacia el norte, rumbo a Lathûr.