La Guerra de los Clanes

Ghân - Ciudad Externa

Escribiéndose...
Escrito el 20-10-2008 15:45 #1

A pesar de situarla dentro de la región del desierto romenoreano, esta ciudad se encuentra ubicada en una estrecha franja de prados verdes entre las arenas de Al Varantar y los troncos de Mistetaure.

Este hecho hizo que existiera en la ciudad un grupo de guerreros conocido como “Erúmeréma” o “Señores del Borde” que estaban en guerra de manera continua con las gentes del desierto que envidiaban sus tierras.

Durante décadas la guerra estaba a favor de la gente de Ghân, pero se produjo la creación de nuevos asentamientos en las tierras del desierto cercanas a la ciudad que estaban más avanzados tecnológicamente y que tardó poco en asesinar y saquear todas las tierras de los Erúmeréma.

Actualmente este pueblo ha conseguido prosperar en unas tierras fértiles del interior del desierto y Ghân ha podido vivir en paz.

Escrito el 20-10-2008 22:22 #2

No hicieron alto en la ciudad. Cuando hubieron aclarado quienes eran los Erúmeréma y dónde podían encontrarlos se alejaron rápidamente de la lúgubre Angacurumo y de sus monstruosos hombres-Mono. Los tres elfos habían sentido repugnancia ante tan feas criaturas, pero lo habían sabido disimular. Los elfos, y más los nurus, son seres hermosos y sanos, acostumbrados, pues, a ver esa belleza extrema en el día a día y acaban siendo muy sensibles a la fealdad, no la entienden, y esta les hiere su afinado sentido estético y su aprecio por lo equilibrado y saludable. Por supuesto, tampoco se puede decir que los nuru sean seres aislados y desconocedores de otros pueblos y razas, son elfos longevos y sabios y conocen el mundo, pero eso no evita que la fealdad les sea más desagradable y molesta que a otros pueblos. Y esos hombres o su perversión… o lo que fueran esos seres semidesnudos, desproporcionados y brutales, que les recibieron en Angacurumo eran más feos que muchos seres que para otros pueden ser más desagradables (orcos, trolls,…) y eso porque los monstruos son monstruos y en ello uno incluso puede encontrar belleza, pero en esas deformidades, en esa mezcla extraña, había demasiado de humano.

Repito que eso fue lo que sintieron nuestros tres viajeros, porque, en realidad, nada era tan horrible y, a fin de cuentas, sólo fue un sentimiento que ni siquiera se exteriorizó.

Pero sí, que en cuanto pudieron, y las mínimas normas de cortesía fueron cumplidas, salieron a galope, en dirección al norte, bordeando la sierra de Umbar Meno. Una vez en el bosque, no pudieron evitar, tras una mirada cómplice, estallar en una carcajada.

Esa primera noche durmieron bajo las estrellas, protegidos por las montañas. Una alegre hoguera chispeó hasta bien tarde; ante su lumbre estudiaron los mapas y trazaron una ruta para llegar a su próxima meta: la Ciudad se llamaba Ghân, y una semana de camino boscoso les separaba de ella.

[Editado por elfo_negro el 21-10-2008 13:40]

Escrito el 21-10-2008 13:42 #3

La jornada siguiente les recibió con una fina lluvia, pero al llegar al medio día las nubes se despejaron y ya no les volvió a caer una gota en el resto del camino. En uno de los dos descansos que hicieron, Dâira vio que su compañero tenía una mueca divertida y le habló.

- Y tú – dijo la medio elfa mirando a Myodul - ¿por qué tienes esa sonrisa en la cara, qué te pasa?

- Estaba recordando como te miraba ese grandullón que estaba cerca de Kobul– dijo soltando una carcajada que fue acompañada por otra de Angárato.

- ¡Oh! ya basta, o le diré al Balî que no se os puede sacar de paseo – se defendió ella. – Seguramente llevasen mucho tiempo sin cruzarse con gentes de otros pueblos. La verdad es que me sorprendió que fueran tan amables con nosotros. Cuando los vi, por un momento pensé que acabaríamos atados y colgados de una rama.

- Desde luego pocos en Narwä habrán visto a ese pueblo. En cierto modo y por desagradable que fuera la experiencia, somos unos privilegiados. Cuando acabe este viaje, deberíamos transcribir todo esto para que no se pierda en el olvido. Además, deberemos presentar un informe en el Consejo.

Cinco jornadas después, y tras corregir una pequeña desviación ya se encontraban en los fértiles prados que rodeaban Ghân. Parecía que aquellos habitantes vivían del cultivo, los cambos estaban bien cuidados y se veían campos frutales también. Mientras pasaban por un camino transitable que conducía directamente a la ciudad, se cruzaron con varios agricultores que viendo la llegada de tres extranjeros, hicieron un descanso para seguirles con la vista. “Seguro que son comerciantes sureños” pensaban todos.

Después de preguntar a una joven, se dirigieron a la biblioteca de la ciudad. Era más pequeña que algunas por las que habían pasado, pero tal vez serviría para lo que buscaban. Se acercaron a un hombre de avanzada edad que dormitaba recostado en una silla.

Escrito el 21-10-2008 19:21 #4

Los Nurulântar buscaron información de los Erúmeréma, pero no encontraron mucho. Sólo existían referencias a la guerra que existía entre ellos y la Gente de Entrerríos, fue una guerra cruel que los Señores del Borde perdieron siglos atrás. Nada más queda de ellos en Ghân para recordarlos.

Escrito el 21-10-2008 23:25 #5

Los Nurus estaban un tanto contrariados, cada vez las pistas eran más sutiles y su viaje se estaba convirtiendo en una especie de juego en el que ellos hacían el papel de peones.

Unas veces creian estar convencidos de ir por el buen camino, pero otras veces sentían que todo eso no era más que un sueño absurdo.

Saliendo de la biblioteca se detuvieron en una taberna. Hacía calor y tenía todas las ventanas abiertas, por ellas se escapaba barullo humano.

se pararon, pues, a comer rápidamente algo y a descansar unos minutos. Dâira era la que más disfrutaba esas paradas en el camino, intentando aprender cosas nuevas, nuevas formas de entender la vida, formas distintas de pensar, comer, vestir,... Myodul era de caracter más práctico y menos soñador y, Angárato... creía conocer a los hombres lo suficiente como para que no le interesara demasiado lo que esos hombres de Ghân hicieran o dejaran de hacer.

Un camarero se acercó a ellos, hablaba con palabras sencillas pero musicales (angárato se lo imagino cantando alguna canción de borracho, seguro que lo haría bien).

Cuando ya se iba, Myodul le retuvo tirándole de la manga.

-disculpe señor, quizá usted pueda ayudarnos, venimos del Sur, comisionados por un alto señor de Angacuruno- Todos notaron que el camarero arugaba la nariz al oir el nombre de la ciudad de los hombres-Mono, Myodul continuó -Somos viajeros, y al saber que nos dirijiamos aquí nos mandó un recado, un asunto importante, debemos buscar a una pariente de ese alto señor, nos contó que había casado hace tiempo con unos de los ciudadanos de Ghân, ¿sabe algo de esa joven y si podriamos encontrarla a ella o a alguien que pudira conocerla?-

El camarero se rascó la cabeza.

Dâira apostilló -Hace ya bastante de eso, pero quizá aun se recuerda... imagino que una "belleza" de Angacurumo no viene a casarse e Ghân muy amenudo-

Escrito el 22-10-2008 00:14 #6

Creo recordar algo que me contaba mi abuela cuando era un niño... pero esa historia o leyenda es de la época de los Señores del Borde y ya no queda nada de ellos en Ghân, la gente de Entrerríos acabó con ellos y su legado hace siglos.

Me parece que en el exterior se les conoce como Etzenselon, igual ellos mantienen algún recuerdo de aquella dama que me comentais.

Escrito el 22-10-2008 14:10 #7

Al salir de la taberna en Ghân, habían regresado a la biblioteca para buscar información sobre las regiones próximas, en especial las del norte.

Se repartieron las estanterías, que no eran muchas y buscaron con ahínco. Los tres Elfos sentían que el cofre nacarado estaba cerca, casi podían rozarlo con la yema de los dedos.

Angárato encontró unos mapas bastante detallados en una de las baldas superiores, y compararon el que ellos tenían con los demás. Las distancias no coincidían entre los distintos mapas, pero al menos sí sacaron en claro una cosa, y es que debían ir a la región de Etzenselon. El problema es que allí había dos posibles ciudades. Debían decantarse por una, pero en el peor de los casos, no perderían mucho tiempo en alcanzar la otra. Al fin, optaron por dirigirse directamente a la que parecía más grande, la capital Narâharaz, pues seguramente allí tuvieran más probabilidades de encontrar bien el cofre o bien información exhaustiva y definitiva.

A pesar de la inquietud que sentían por saberse tan próximos al destino final, quisieron hacer noche en Ghân ya que, el viaje que les había llevado hasta ahí, había sido largo y había agotado también las vituallas que compraron en Túgore.

Al alba partirían rumbo al norte, un rumbo que les acercaba más a casa.