Los Nurus estaban un tanto contrariados, cada vez las pistas eran más sutiles y su viaje se estaba convirtiendo en una especie de juego en el que ellos hacían el papel de peones.
Unas veces creian estar convencidos de ir por el buen camino, pero otras veces sentían que todo eso no era más que un sueño absurdo.
Saliendo de la biblioteca se detuvieron en una taberna. Hacía calor y tenía todas las ventanas abiertas, por ellas se escapaba barullo humano.
se pararon, pues, a comer rápidamente algo y a descansar unos minutos. Dâira era la que más disfrutaba esas paradas en el camino, intentando aprender cosas nuevas, nuevas formas de entender la vida, formas distintas de pensar, comer, vestir,... Myodul era de caracter más práctico y menos soñador y, Angárato... creía conocer a los hombres lo suficiente como para que no le interesara demasiado lo que esos hombres de Ghân hicieran o dejaran de hacer.
Un camarero se acercó a ellos, hablaba con palabras sencillas pero musicales (angárato se lo imagino cantando alguna canción de borracho, seguro que lo haría bien).
Cuando ya se iba, Myodul le retuvo tirándole de la manga.
-disculpe señor, quizá usted pueda ayudarnos, venimos del Sur, comisionados por un alto señor de Angacuruno- Todos notaron que el camarero arugaba la nariz al oir el nombre de la ciudad de los hombres-Mono, Myodul continuó -Somos viajeros, y al saber que nos dirijiamos aquí nos mandó un recado, un asunto importante, debemos buscar a una pariente de ese alto señor, nos contó que había casado hace tiempo con unos de los ciudadanos de Ghân, ¿sabe algo de esa joven y si podriamos encontrarla a ella o a alguien que pudira conocerla?-
El camarero se rascó la cabeza.
Dâira apostilló -Hace ya bastante de eso, pero quizá aun se recuerda... imagino que una "belleza" de Angacurumo no viene a casarse e Ghân muy amenudo-