La Guerra de los Clanes

Batalla 86. Ataque A Hildan Por La C2 Nensir.

Terminada
Escrito el 21-10-2008 20:18 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 20

Armadas perdidas por "Maianor" = 30

Victoria para Nensir. Se produce el saqueo de la ciudad.

Escrito el 04-11-2008 22:02 #2

Los profundos ojos negros observaban al enemigo acercarse. Sigilosos, en absoluto silencio, pisando cada hoja con sumo cuidado, ningún ruido a su paso. Pero ellos observaban. A unos el odio les ardía por dentro. Otros sólo estaban allí por el miedo. Miedo a un cuchillo desde la espalda. Esperaban atentos a que el ejército enemigo se metiera completamente en la trampa. Los más ágiles se habían subido a las copas de los árboles, los demás aguardaban entre los matorrales en una oscuridad que se deshacía cada vez más con la llegada del amanecer. Una pequeña bandada de pájaros levanto el vuelo produciendo un aleteo confuso. Todos, absolutamente todos se quedaron quietos en alerta. Hubo órdenes allí en el suelo. Algunos elfos se separaron del grupo, seguramente para avanzar y revisar el camino. Los vasallos humanos se pusieron nerviosos. Zonk hizo una seña a los Uonu-nyrr.

— Matadlos en silencio.

La brisa le estaba cubriendo el rostro de gotas de agua, lo cual no le agradaba. Se estresaba ahí en lo alto. Pero la sed de sangre también le hacía controlarse. Debía esperar hasta que los capitanes elfos estuvieran en el centro de la emboscada. Entonces podrían sacarles los riñones y ofrecérselos a Kwakan, el Dios-Cuervo. Y como premio si resistían en Hildan, Zonk se llevaría una gran recompensa. Y entonces podría empezar a echar a esos malditos elfos de sus tierras, matarlos y destruir su asquerosa ciudad en el norte, se libraría de ellos de una maldita vez. Se libraría también entonces de los malditos Budur; ancianos sin vida que sólo molestaban para mantener sus caprichos sin preocuparse por destruir a sus enemigos. Entonces él sería señor de los Uonu-nyrr y los llevaría por todo el continente dejando tras de si campos de muertos y Zrour dementes. Y entonces… Un ruido lo sacó de sus fantasías. Un gemido. Lucha en la oscuridad. Alguien no había acatado la orden. Un elfo de melena plateada alzó la mano al mismo tiempo que él. Las flechas cayeron desde los árboles. No gritaron, se cubrieron en silencio. Asustados por el improviso pero organizados retrocedieron rápidamente en la oscuridad. Zonk sí que gritó, lanzó órdenes a los humanos, lanzó órdenes a los suyos, gritó órdenes al cielo y a la tierra. Se lanzó casi de cabeza del árbol. Casi todo había fallado. Sí, había cadáveres a su paso, pero los elfos retrocedían y los capitanes estaban a salvo. Cuando encontrara el estúpido que no había conseguido matar a la avanzadilla elfa en silencio le arrancaría la piel a trizas y se la haría comer. Pateó algunos mientras los suyos intentaban darle caza a los elfos en la oscuridad. Sintió de pronto un ojo puesto sobre él. Se giró, miró alrededor, gritó a la oscuridad, pero la sensación no se desvanecía. Dejó de gritar. Uno de los humanos le miraba con los ojos abiertos. El Uonu-nyrr le imprecó y levantó la espada para matarlo por atreverse a mirarlo a los ojos. Entonces notó el dolor. La flecha le atravesaba el pecho. No se había dado cuenta.

Nênlê guardó su arco y siguió retrocediendo en silencio.

Escrito el 04-11-2008 22:03 #3

Si tuviera que elegir un momento para mi muerte, sería parecido a este. ¡Salta, esquiva, revés, clava la espada y retrocede! Blasfemias… ¿Qué hago pensando en todo esto? ¿Muerte? Los Aldalântar no aceptamos la muerte. ¿Sigues siendo un Aldalântar? Lo soy. Vivo como ellos, canto con ellos, peleo con ellos, y llevo mi alma orgullosa como ellos. ¿Pero…? Olvídate de los “peros”. ¡Estás peleando! Hay cuervos en el aire… Maldito Kwakam, malditos uonu-nyr y malditos humanos sin valor para liberarse de ellos…

— ¡Que avancen las espadas! ¡Arqueros detrás y a los lados! ¡Cúbrenos Nênlê!

— ¡Ya te estoy cubriendo! ¡No hace falta que me digas todo lo que se te cruza por la cabeza!

— ¿Tenemos que discutir esto ahora? ¡Estoy esquivando flechas y espadas!

— ¿Y qué crees que hago yo aquí? ¡Te estoy salvando el trasero, así que avanza!

— Avanzaré si me da la gana ¿de acuerdo? — Voron pareció darse cuenta de su estupidez un segundo más tarde de haberla dicho. Avanzó sin más. Se cubría tras el escudo de un joven elfo llamado Tanedhîn. Él llevaba las dos espadas en mano. Las flechas silbaban tras de su contingente y delante de él. Los penachos negros de los Uonu-nyr caían a sus pies. Para él ya estaba confirmado. Los elfos malditos manejaban esta ciudad desde las sombras y hoy salían a la luz. Nênlê vigilaba sus pasos, el ejército caminaba delante de ella en dirección a la ciudad. Hizo la señal a las avanzadillas del este y el oeste de la ciudad. Solo arqueros. Debían debilitar los costados mientras la fuerza principal seguía a Vorondhisiê hacia el interior.

Flecha, apuntar, soltar. El arco me dirige. Busca a tu enemigo en la multitud. Tus ojos son tu vida, tus dedos la voluntad de vivir. Echo de menos a los dragones. ¿A qué viene eso ahora jovencita? ¿No tienes otra cosa en la que pensar? Lo del arco ya se hace solo. Y pasar demasiado tiempo sin los dragones me pone de mal humor. Y ese desierto aquí cerca… ¿Dónde están los árboles? ¡Ey! Sí, tú, la que está ahí disparando flechas. ¿Ves esos que te miran con ganas de matarte? Pues si no te importa… me gustaría que te centraras en ellos por… cuestiones de seguridad. ¡Flecha! A la derecha, no está muerto del todo. Alguien de los tuyos debe apuntar mejor. Los de la izquierda se están quedando atrás, empújalos pero sin que corran a suicidarse. Agáchate. Andanada de flechas. Todos al suelo. Arriba los escudos. Sigue esperando. Atenta a las señales jovencita. Te está mirando. Avisa a los flancos ahora.

— ¡Ahora! — Nênlê gritó.

Atentos a su orden sus guerreros respondieron. Los arqueros de los flancos dejaron de apuntar a la ciudad y lanzaron andanada tras andanada sobre el enemigo que les acosaba en frente. Se dieron la vuelta para cubrirse de las flechas o simplemente para mirar quien les atacaba. Pero estaban demasiado lejos de su alcance. Justo en los límites del bosque que les rodeaba. Pero los elfos de Voron no estaban tan lejos. Se levantaron los escudos y tras ellos sonaron las espadas. Segunda masacre. Con cada paso que daba el ejercito se conocía más a sí mismo y mejor se coordinaba.

Lo único malo de todo esto, Tanedhîn, es que cuanto más se organizan más silencio guardan. Es horrible atacar y ser atacado en silencio. Por esa parte entiendo a los humanos y a estos malditos Uonu-nyr. Ellos gritan, rugen, los tambores resuenan a su alrededor. Ni siquiera en la emboscada que sufrimos en el bosque gritamos. Las órdenes fueron claras y precisas. Ahora luchamos en silencio. Cada vez más fríos, es insoportable. Tranquilízate. Cúbrele. Está delante de ti. No te despistes. No necesita que lo cubra. Esquiva las flechas como si conociera su trayectoria. No todas las flechas se pueden esquivar. Y da igual lo que haga. Tu trabajo es cubrirle. ¡Ahora! Tres pasos. Alza el escudo, empuja, clava la espada. Mira sus movimientos. Se desliza por el costado del escudo y ataca. Parece furioso. ¿No estarías tú furioso si tuvieras que enfrentarte al enemigo que te ha mantenido preso durante cientos de años? Lo estaría… Pero estaría más furioso si a la señora Nênlê le ocurre algo. ¿Tienes que pensar en ella ahora? Olvídala por un segundo. Te estás manchando de sangre… ¡Arriba ese escudo! No te despistes. Sólo vine aquí por estar cerca de ella. Es una lástima que mi puntería no fuera mejor, podría estar con los arqueros. Tu puntería es buena Taned, pero eres mejor con el escudo, claro que si no cubres ahora mismo al lugarteniente no opinaran lo mismo.

Tanedhîn cubrió a Voron a tiempo. La flecha se clavó en el escudo y tembló allí durante unos segundos. Voron miró al joven que portaba el escudo y le picó un ojo. Estaban ya en los límites de la ciudad. El sonido de las cuerdas de los arcos volvió a oírse. Los escudos se alzaron y se protegieron bajo ellos. Voron pudo ver a los primeros Uonu-Nyr tras las filas de humanos que combatían. El avance era lento para todos, pero parecía que la ciudad maldita no se les iba a resistir. Se estaba hartando de permanecer detrás de un escudo. Estudió las posiciones. Los escudos permanecieron en alto. Las flechas se pararon. Nadie realizo más movimiento que para eliminar al que se lanzaba contra sus filas. El silencio se hizo más tenso. Tanedhîn sufrió un escalofrío. El antiguo prisionero de los Uonu-nyr miró a través de sus hombres a Nênlê. Era el momento justo.

— ¡Len Karanî! — "Rocío Rojo". Era la orden.

Los escudos se levantaron y retrocedieron hasta los grupos de arqueros. Las compañías de arqueros de los costados se acercaron cada vez más a la ciudad y las andanadas de flechas no tenían descanso. La sangre empezó a teñir los suelos de Hildan. La artamahtar libre ya del entorpecimiento de los escudos se lanzó a la carrera. Contra la ciudad. Las espadas rasgaron los cuellos en uno y otro bando. Avanzaban. Las flechas y la sangre les rodeaban. Vorondhisiê sintió una flecha clavarse en su espalda a la altura de los riñones. Esperaba que no fuera grave porque no iba a hacerle caso. Se lanzó de cabeza contra el enemigo aterrorizado. Los humanos corrieron ya sin el fervor del que se habían valido unos minutos antes. Pero ellos no huían. Ellos no sabían hacerlo. Él lo sabía y por eso se dirigió a cortar sus oscuras y repugnantes gargantas.

Su baile comenzó. Su cuerpo pareció suspenderse con el propio impulso de la carrera. Cayó entre un grupo numeroso. Aceleró el movimiento. Se tiño el rostro de sangre. Había más. Vala y Nolwe, sus espadas cortas volvieron a cegar los cuellos de los Uonu-nyr. Pero había más. Ellos se lanzaron a herirlo. Cortes poco profundos. Alguno rozó la flecha que pendía de su espalda y lo hizo estremecerse. Aceleró el ritmo. No más dolor ni más pérdida de identidad.

Hoy solo quiero bailar…

— Se pone furioso en cuanto los ve ¿no es así Tanedhîn?

— ¿Mi señora?

— ¡Cuidado! Alza tu escudo.

Te estoy viendo. Sal a la luz. No te escondas. La luz no te hará daño, solo mi flecha. Sal e intenta lanzarnos tu última flecha. Esta ciudad ya es nuestra, y tú eres mío.

Nênlê apenas se dio cuenta, ensimismada como estaba de que otro arquero, al que no había visto aun también pensaba lo mismo de ella tras el escudo de Taned. Kuwtawarô se liberó de la presión ejercida y la flecha voló certera por los aires. El arquero acechado murió ensartado por un ojo. Era un humano. Pero otra flecha volaba ya en su dirección. No la vio, siquiera por el resquicio del ojo. Pero la sintió llegar. Y no pudo hacer nada. Tanedhîn se puso en pie y la cubrió. La flecha le atravesó el pecho mientras la miraba ensimismado. Cayó encima de ella contra el suelo. Su hombro se dislocó bajo el peso del elfo y su escudo. Su pierna fue herida con la espada de uno de los enemigos caídos. Pero ninguno de esos daños la hizo evadirse de la mirada de Tanedhîn. No necesitó decirle nada antes de morir. Ella misma cantaría en su entierro tras la conquista de la ciudad.

Te amo. Te he cubierto. Ese era mi trabajo.

Escrito el 04-11-2008 22:07 #4

— Siempre es igual — le comentó Voron a Nênlê — . No has terminado de organizar tu ejército, de mirar a las espaldas por si te atacan, de curar una de tus heridas… — su mano fue inconscientemente hacia el costado vendado — . Y ya tienes que poner en orden la ciudad.

— ¿Estás cansado de ello? Pensaba que querrías algo de actividad después de doscientos años allí.

— De lo que estoy cansado, arquerilla, es de ver como estos malditos humanos pueden ser capaces, por una parte, de organizar un estado que pueda aterrorizar a todo el mundo, o de quedarse sometidos a estos malditos corruptos sin alma. ¿Dónde queda su lógica de vida?

— Su lógica de vida — señaló con desprecio a un grupo de humanos que vagabundeaba por la ciudad en busca de alimento, familiares o quién sabía qué — . Es simplemente seguir vivos.

— Pues con los Uonu-nyr no es que se consiga eso precisamente. — Ambos soltaron una carcajada irónica recordando a los zrour.

Caminaron lentamente, intentado no abrir de nuevo sus heridas, mientras repartían toda clase de consejos a los suyos y a los humanos que parecían fiables para reconstruir la ciudad y mantenerla firme frente a posibles ataques. Nênle llevaba su cabello suelto y enmarañado, como siempre, a la altura de los hombros. Su brazo estaba en cabestrillo más que nada para que sanara perfectamente. Aún así el arco seguía enganchado a su hombro igual que las espadas cortas de Voron en torno a su cintura. Su herida sangraba aun levemente pero estaba mejorando con una mezcla de hierbas que él mismo había preparado. Con el paso de las batallas habían llegado a acostumbrarse el uno al otro como compañeros, pero eran justo aquellos momentos en los que debían caminar tras la batalla organizando todo, los que habían limado sus asperezas. A Voron no le gustaban los arqueros. Eso había quedado claro y sin embargo había convertido el apodo “arquerilla” en un apelativo para aquella que le había salvado la vida bastantes veces con ese arco. A Nênlê le incomodaban las formas en las que organizaba el ejército Vorondhisiê. Pero las había visto resultar beneficiosas una y otra vez y el elfo recién llegado como quien dice, se había ganado su respeto, siempre que pudiera desahogarse insultándolo un poco. Cada paso que daban en esos críticos momentos afianzaban su amistad, marcada por dos caracteres demasiado fuertes como para quedarse callados sin incordiarse siempre que fuera posible. Pero ahora no era el momento.

Llegaron a la plaza central de la ciudad, deslucida, aunque en otro tiempo había sido terriblemente imponente y hermosa a su modo. Ahora imponía sólo por la cantidad de cadáveres colocados en el suelo. Algunos compañeros cantaban y oraban ya a los dioses. Voron empezó su ritual muerto por muerto. Cada uno debía recibir una oración de sus labios. Le llevaría largo rato. Nênlê se alejó de él en silencio. Buscando entre los muertos, había uno al que debía más de una lágrima y una vida que agradecer. No pasó mucho hasta que encontró a Tanedhîn con el rostro brillante y una sonrisa extraña en el rostro. Lo había limpiado ya. Ella se arrodilló a su lado y empezó a cantar, mientras sendas lágrimas caían por su rostro.

Escrito el 08-11-2008 11:26 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.

Recuperables: 560 puntos.

Valoraciones: 7.7 + 7.6 = 7.65

Recupera: 428 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 560 puntos.

Por demora en la publicación acumula una sanción de 20 armadas (700 puntos). Pierde: 840 puntos.

Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.