Las palabras del soldado nurulântar dejaron helados a los aldalântar, pues habían puesto sus esperanzas en averiguar algo en Nirent, no obstante, aquella información, o más bien desinformación, impediría que perdieran el tiempo investigando en la ciudad. Así pues, una vez que hubieron hablado con el soldado se alejaron del puesto de guardia para debatir cuáles serían sus siguientes pasos.
-¿Bien, y ahora qué hacemos?- preguntó Northiêl, un tanto abatida.
-No tengo ni la menor idea- respondió Aiwëndil- Y la verdad es que ya empiezo a estar harto de tener que ir de un lugar a otro cada dos por tres sin averiguar casi nada de ese colgante que se supone que tenemos que encontrar... No sé...
-Vamos, vamos- dijo Tavir, con calma- Es normal que estemos cansados, pero tarde o temprano daremos con la pista buena, estoy segura, ¿verdad Taw?
Tawarôrne no había dicho nada aún, y parecía ensimismado, pensando o intentando recordar algo.
-¿Taw?- repitió Tavir.
-Sí, perdonad- dijo el khalnar, saliendo de repente de su especie de trance- Es que estaba pensando en las palabras que ha dicho ese guardia, sobre eso de que los enanos de la Casa Dwelir se trasladaron a otra ciudad al sur de aquí...
-¿Sí?- dijo Northiêl- Continúa.
-Bien- dijo Taw- El caso es que recuerdo haber leído en algún sitio algo acerca de una ciudad fundada por esa estirpe de enanos, recuerdo que estaba emplazada en los valles de las Tumbolócea, unas montañas volcánicas que eran nidos de Dragones de Fuego, no obstante, los enanos se las arreglaron para repeler esos ataques y vivir allí. Por lo que tengo entendido, esa ciudad es el final de la Ruta de los Dragones.
-Bien, entonces ya sabemos cuál será nuestro próximo destino- dijo Northiêl, acariciando a Nothal suavemente.
-Bueno, existen dos problemas, tres mejor dicho- dijo Taw, sombrío.
-Lo sabía- bufó Aiwëndil.
-El primero es que eso ocurrió hace mucho tiempo y no sé si la ciudad aún estará en pie. El segundo es que en otro tiempo era uno de los pocos lugares donde habitaban los Dragones de Fuego. Y para terminar... está al sur de aquí, después de atravesar el desierto.
-Perfecto- espetó Aiwëndil- Entonces el plan es atravesar un desierto inhóspito, para después llegar a una ciudad al pie de un volcán, que quizás ya no exista, y que para colmo podría ser un nido de Dragones de Fuego.
-Exacto- respondió Taw con frialdad- Esa es nuestra ruta.
-Bien, pues a qué esperamos- dijo, lacónico, Aiwëndil.