La Guerra de los Clanes

Opélenároa - Ciudad Externa En Ruinas

Escribiéndose...
Escrito el 22-10-2008 21:41 #1

Próspera ciudad enana fundada por la Casa de Dwelir.

Gran parte de la ciudad estaba edificada a cielo abierto en elevados valles de las Tumbolócea, extraños artilugios enanos protegían sus viviendas de los esporádicos ataques de los dragones.

A lo largo de las calles se colocaron unas acanaladuras para permitir que la lava atravesara la ciudad sin peligro. Pero en los Años Terribles (647 – 725) el caudal de lava creció demasiado y estos canales fueron insuficientes para controlar el fluir de roca fundida.

Su último señor fue Hweler y murió abrasado por una colada de lava que también destruyó gran parte de la ciudad.

Aún hoy sigue siendo considerada como el final de la Ruta de los Dragones, pues el único lugar en el que pueden encontrarse de manera muy esporádica los temibles Dragones de Fuego.

Escrito el 23-10-2008 11:20 #2

Las palabras del soldado nurulântar dejaron helados a los aldalântar, pues habían puesto sus esperanzas en averiguar algo en Nirent, no obstante, aquella información, o más bien desinformación, impediría que perdieran el tiempo investigando en la ciudad. Así pues, una vez que hubieron hablado con el soldado se alejaron del puesto de guardia para debatir cuáles serían sus siguientes pasos.

-¿Bien, y ahora qué hacemos?- preguntó Northiêl, un tanto abatida.

-No tengo ni la menor idea- respondió Aiwëndil- Y la verdad es que ya empiezo a estar harto de tener que ir de un lugar a otro cada dos por tres sin averiguar casi nada de ese colgante que se supone que tenemos que encontrar... No sé...

-Vamos, vamos- dijo Tavir, con calma- Es normal que estemos cansados, pero tarde o temprano daremos con la pista buena, estoy segura, ¿verdad Taw?

Tawarôrne no había dicho nada aún, y parecía ensimismado, pensando o intentando recordar algo.

-¿Taw?- repitió Tavir.

-Sí, perdonad- dijo el khalnar, saliendo de repente de su especie de trance- Es que estaba pensando en las palabras que ha dicho ese guardia, sobre eso de que los enanos de la Casa Dwelir se trasladaron a otra ciudad al sur de aquí...

-¿Sí?- dijo Northiêl- Continúa.

-Bien- dijo Taw- El caso es que recuerdo haber leído en algún sitio algo acerca de una ciudad fundada por esa estirpe de enanos, recuerdo que estaba emplazada en los valles de las Tumbolócea, unas montañas volcánicas que eran nidos de Dragones de Fuego, no obstante, los enanos se las arreglaron para repeler esos ataques y vivir allí. Por lo que tengo entendido, esa ciudad es el final de la Ruta de los Dragones.

-Bien, entonces ya sabemos cuál será nuestro próximo destino- dijo Northiêl, acariciando a Nothal suavemente.

-Bueno, existen dos problemas, tres mejor dicho- dijo Taw, sombrío.

-Lo sabía- bufó Aiwëndil.

-El primero es que eso ocurrió hace mucho tiempo y no sé si la ciudad aún estará en pie. El segundo es que en otro tiempo era uno de los pocos lugares donde habitaban los Dragones de Fuego. Y para terminar... está al sur de aquí, después de atravesar el desierto.

-Perfecto- espetó Aiwëndil- Entonces el plan es atravesar un desierto inhóspito, para después llegar a una ciudad al pie de un volcán, que quizás ya no exista, y que para colmo podría ser un nido de Dragones de Fuego.

-Exacto- respondió Taw con frialdad- Esa es nuestra ruta.

-Bien, pues a qué esperamos- dijo, lacónico, Aiwëndil.

Escrito el 25-10-2008 14:00 #3

Tardaron dos días en llegar a Opélenároa, su destino. Y cuando llegaron, estaban tan agotados que no les habría importado perder un día más descansando a la sombra de las ruinas con las que se habían encontrado.

- ¿Esto es todo? -preguntó Northiêl con tristeza cuando la ciudad, o lo que quedaba de ella, apareció ante el grupo.

Habrían podido contestarle que lo importante de esa ciudad era más lo que significaba que lo que era, o que en su momento había sido una gran ciudad. Pero el tono de voz de Northiêl expresaba lo que ellos sentían, ponía en evidencia el cansancio que los abrumaba, y nadie tuvo fuerzas para decir nada.

Acostumbrados a las agradables y alternadas sombras y luces de los bosques, a vivir entre la agradable vegetación y la fauna de los bosques, atravesar el desierto había sido para ellos poco menos que insoportable. Y eso se había manifestado en las frecuentes murmuraciones enfadadas de Aiwëndil a lo largo del camino. Northiêl, por su parte, como si algo la impulsara a dejar descansar a Taw y a Tavir de las constantes quejas, había hecho acopio de toda su fuerza de voluntad para callarse las incomodidades, tragarse la frustración que le causaba estar siguiendo un objeto aparecido en un sueño hasta el fin del mundo sin encontrarlo, y mostrar ante todos una cara animada que pretendía levantar los ánimos en los momentos menos agradables del día.

Sin embargo, esa faceta animada se derrumbó al ver el estado en que estaba Opélenároa, cuando de repente Northiêl pensó que habían llegado al final de su trayecto. ¿Era posible que el colgante siguiera en aquella ciudad después de tanto tiempo? Posible era... pero también poco probable. Y, además, allí no había nadie a quien poder preguntar.

- Será mejor que descansemos un rato antes de hacer nada -dijo Tavir. -Todos estamos agotados, son muchos días yendo de un lugar a otro sin parar a pensar.

- Tienes razón -dijo Taw mientras se dirigía al interior de la ciudad. -Buscaremos un lugar agradable y descansaremos hoy. Mañana nos dedicaremos a investigar el lugar. Algo debe de haber que nos sirva de ayuda en nuestra misión.

Como todos estuvieron de acuerdo, buscaron un lugar agradable a la sombra de las ruinas y se sentaron a descansar y a comer algo. Northiêl no tardó en quedarse dormida abrazada a Nothal. Y, tan cansada estaba, que no despertó hasta el día siguiente, cuando Aiwëndil la zarandeó suavemente para que abriera los ojos.

- Venga dormilona, es hora de ponernos en marcha -le dijo suavemente. Northiêl asintió y se incorporó. Pero antes de levantarse se lo quedó mirando.

- ¿Estás mejor? Tienes mejor cara que estos últimos días... -dijo recordando la cara de cansancio que su amigo había tenido desde que entraron en la ciudad nurulântar.

- He dormido bien, y eso se nota. Venga, será mejor que te levantes y que no perdamos más tiempo. Ya hemos perdido suficiente -le dijo antes de irse sin dar más datos.

Northiêl se encogió de hombros y obedeció. Pocos minutos más tarde, el grupo se separaba para investigar las ruinas. Todos estaban de acuerdo de que, por poco que fuera, algo habría en la ciudad que les pudiera ayudar.

Escrito el 25-10-2008 22:56 #4

Buscando entre las ruinas encuentran un antiguo libro que registraba las actividades de la ciudad.

La última entrada era de finales del año 657 de la Segunda Edad, cuando se vio a los supervivientes de la Casa de Dwelir huir a unas montañas al sur de la ciudad.