La Guerra de los Clanes

Batalla 88. Ataque A Thertan Por La C4 Narwa.

Terminada
Escrito el 28-10-2008 07:20 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 18

Armadas perdidas por "Maianor" = 32

Victoria para Narwa. Se produce el saqueo.

Escrito el 31-10-2008 23:07 #2

Los soldados caminaban bajo el ardiente sol sin parar, caminar, caminar, caminar, esas eran las órdenes, marchar durante gran parte de la noche y de madrugada con un pequeño descanso y dormir durante el día. Había muchos hombres que no lo llevaban muy bien. Sobre todo se notaba el cansancio a los que les tocaba guardia del campamento durante el día, caras largas, ojeras y un cansancio atroz.

Los días parecían hechos todos con el mismo patrón, despertar al atardecer, caminar, una pequeña cena en marcha y parar al alba para montar las tiendas y tratar de dormir con un calor que parecía salido de las mismísimas fraguas de Belnîs (1).

Al menos no había rocas, porque muchos eran los que caminaban agotados y dormidos y más de uno se habría dado de bruces contra el suelo. Con lo que ello conllevaba, ya que no sólo tenían que caminar, sino que más bien desfilaban por el inmenso desierto.

-En la maldita formación-. Oían que gritaban los sargentos y los capitanes, a pié como ellos, ya que sus caballos se encontraban tirando de los carros de suministros.

-Esto es como un desfile orco - pensaban muchos de los pobres soldados a los que las arenas del desierto había desollado los pies. – Un maldito desfile para mayor gloria del arken.-

*

Seytane caminaba al frente de la columna, oteando el horizonte, caminaba porque sus hombres caminaban, estaría montado si hubiera algún otro a caballo, pero como no lo había caminaba. Se sentía demasiado viejo para esas acciones, pero era su obligación. No podía perdirle a los hombres aquello que no estuviera dispuesto a dar él primero. Por ello caminaba, y pasaba sed y cansancio, y estaba hasta harto de la misión. Pero las órdenes son las órdenes, y hasta los arken deben cumplirlas.

Un pequeño canto comenzó a surgir de la columna, un canto de ánimo para los compañeros y que solían tener alguna que otra queja velada para los oficiales. Setyane sonrió, se recordó a sí mismo cantando esas mismas canciones en tiempos muy lejanos, e incluso escuchándolas con el ceño fruncido en sus primero años de oficial. Ahora lo que le preocupaba era más el agua que se le escapaba por la boca a sus hombres que los insultos que pudieran dirigirle.

-Capitán. Informe al resto de oficiales que queda prohibido cantar durante la marcha, no queremos descubrir nuestra posición al enemigo.- Dijo secamente.

-Señor, estoy más que convencido de que con la polvareda que levantamos, hace días que el enemigo sabe nuestra posición. Si no les permitimos cantar los hombres se desmoralizan.- dijo el capitán en un tono complaciente.

-Si tienen ganas de cantar ya lo harán cuando acabe la marcha, se les permitirá cantar el himno del guerrero, pero durante la marcha quiero silencio.- fue la respuesta del arken.- Ah, y que venga a verme el intendente.-

El capitán corrió a cumplir su orden, más que correr se quedó parado y a cada oficial que pasaba se la daba, luego se unió a la cola de la columna para hablar con algunos oficiales y dio la vuelta a la misma por el otro ala repitiéndola. No sabía muy bien cual era la intención del arken, pero sí estaba seguro de una cosa: a los hombres no les había gustado nada la orden.

Uno de los cocineros se acercó hasta la cabeza de la marcha.

-¿Arken?.- dijo solícito

-Ah, mi buen Seygnut, ¿cómo van las reservas?- preguntó el general sin apartar la mirada del frente.

-Bien mi señor, según lo previsto, incluso tenemos algunos barriles más de los que teníamos previstos usar. La verdad que el caminar durante la noche ahorra bastante agua.- dijo el cocinero.

-Los hombres están más cansados, pero están vivos por lo menos. Bien en cuanto lleguemos al objetivo su primera tarea será el rellenar todos los recipientes ¿de acuerdo?.-

-Sí, se hará como deseéis mi arken.- y se alejó de nuevo al centro de la columna, dónde iban los carros de suministro, llenos de barriles de agua, de las tiendas, de comida desecada y dos carros con unos utensilios extraños que el arken había unido en el último momento a la comitiva. A sus lados estaban los arqueros, dispuestos a subir a los carros en caso de ataque para lanzar sus dardos a los enemigos. En ellos y los lanceros se encontraban la infantería pesada y los “caballeros a pie” como se denominaba con socarronería a los jinetes cuyas monturas estaban tirando del centenar de carros que llevaban consigo. El perímetro exterior lo ocupaban los lanceros con el arken a la cabeza. Un desfile en movimiento. Un desfile para prevenir un ataque rápido de entre las dunas del desierto.

(1) Belnîs: Aüle en idioma Narwa Señor de la Fragua. El Gran Forjador

[Editado por erekosse el 31-10-2008 23:49]

Escrito el 31-10-2008 23:09 #3

El ataque llegó en mitad del silencio de la noche, sin un ruido, sin un grito, sóo anunciado por el brillar de la luna en alguna de las espadas de los enmigos lanzados a la carga sobre sus monturas. Algunos de los soldados distinguieron el brillo y dieron la voz de alarma.

- ¡¡Brillo, brillo!!.- gritaban

- ¡Todos a sus puestos de combate, mantener la maldita formación.- respondían los capitanes.

Y los lanceros como un solo hombre se volvían hacia el lado que tenían desprotegido, creando un perfecto cuadrado de lanzas y escudos. Los jinetes se situaban detrás de los lanceros sólo con los sables para entrar y salir rápidamente de la refriega y los arqueros se subían a los carros para lanzar más lejos desde la altura, la mitad de ellos lanzaban flechas incendiarias que se clavaban en el suelo del desierto e iban rodeando las inmediaciones del cuerpo expedicionario e iluminaban al enemigo.

La refriega, pues no se le pudo llamar combate, fue rápida. Muchos ni se dieron cuenta de qué había pasado. Los hombres del desierto, acostumbrados a enfrentarse ya a esas alturas del viaje con ejércitos desmoralizados, sedientos y agotados no entendieron cómo habían sido capaces de moverse tan rápido. Algunos no pudieron refrenar sus monturas y se empalaron en las picas. Otros trataron de encontrar un hueco por el que penetrar en la formación y encontraron la muerte de las veloces saetas de los arqueros, que guiados por las sombras buscaban su origen.

Afortunadamente, sólo perdieron a unos pocos hombres que se vieron aplastados por algunas monturas, pero la advertencia estaba hecha, los hombres de las arenas habían decidido comenzar a atosigar a la caravana.

*

Días después llegaron a la vista de las murallas de Thertan; como se las habían descrito al Arken, eran de adobe quemadas por el sol del desierto. Al menos, ahora tenía un punto fijo dónde desencadenar su odio. Y había mucho odio en el ejército. Odio a los oficiales que les obligaban a caminar, odio a los jinetes del desierto que atacaban de día y de noche, odio al retraso que esto provocó, odio a los cocineros, odio al racionamiento de agua que provocaron los retrasos, odio al sol, las arenas y el viento. Odio a todo ser viviente que no estuviera pasando por el mismo infierno que habían pasado ellos.

-Bien. Ya estamos aquí. Hemos llegado sin demasiadas pérdidas, pero hemos llegado. Dejemos descansar un poco a los hombres. Que se prepare el campamento y reducid a la mitad los turnos de guardia y doblarlos. Les sentará bien dormir una noche.- Las palabras del Arken fueron pronto dadas a los hombres que las celebraron con un gruñido. Tenían sed de sangre, sangre por todo lo que habían pasado.

- Desmontad los carros y preparad el campamento. Vamos muchachos, que mañana queda un día duro, tendréis que tomar esas malditas murallas.- gritaban los sargentos, que tenían tan pocas ganas de montar un campamento como los hombres. Pero la disciplina que el Arken había impuesto sobre sus hombres desde un principio y los actos que llevó a cabo en Nirent donde un capitán había sido ajusticiado por traición a la antigua usanza por desobedecer una orden, o el que los habitantes que se encontraron con armas en las manos fueran marcados con un hierro al rojo, habían enseñado a los soldados que con ese Arken cualquier acto de rebeldía no demostraba valor, sino suicidio. Por tanto, comenzaron los trabajos.

En poco tiempo todo se desarrolló con total precisión, el montaje de las tiendas en orden, el establecimiento de los turnos de guardia, la cena y el descanso, el merecido descanso que muchos hombres necesitaban más que la comida.

*

Las trompas sonaron anunciando la salida del sol y la necesidad de que los hombres comenzaran a realizar su Nwalka (1). Pocos minutos después los Sacerdotes Guerreros comenzaron el ritual colectivo en el que el Arken se encontraba en primera fila y era el primero en beber el Valya, los soldados le siguieron y una vez que el ritual se dio por finalizado el Arken se volvió a sus hombres:

-Soldados de Narwa, ya hemos combatido una vez, hemos honrado juntos a los dioses en tres ocasiones, algunos ya me conocéis porque estábais cerca de mí caminando, escuchando mis palabras que se han diseminado como las semillas al viento. Sabéis por qué estamos aquí. Estamos aquí para vengar a nuestros hermanos, a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros hijos caídos en batallas anteriores. Que no se diga nunca que nadie escapa de la venganza de la muerte.

¡Nuru! Habéis combatido bien en otra ocasión junto a mí ¿lo repetiréis?- gritó Setyane Maktar

-SÍ.- respondieron sus hombres.

-¡Nuru! Hoy los ojos de la historia os mirán, ¿seréis capaces de cumplir vuestro cometido? ¿Seréis capaces de andar con sangre por los tobillos? Porque yo os digo que no dejéis hombre con vida, no dejéis mujer con vida, no dejéis niño con vida. Pues ellos han matado por dos veces a nuestros hermanos, la venganza de los nuru se hará oír por todo Romenor, que no se diga que hubo quien fue capaz de enfrentarse a los nuru de Narwa ¡¡¡CUMPLIRÉIS!!.-

-CUMPLIREMOS.-

-Bien hijos míos, id a ocupar vuestras posiciones..- dijo el Arken.

(1) Nwalka: ceremonia interior de cada guerrero con su onnar.

[Editado por erekosse el 01-11-2008 00:19]

Escrito el 31-10-2008 23:35 #4

Los restos humeantes de la ciudad quedaban a sus pies, el Arken Setyane Maktar estaba herido por varios cortes, pero el más grave era uno del brazo; un corte feo a decir verdad. Era muy probable que le quedara un pequeño hueco porque parecía que le faltaba un trozo de carne en ese antebrazo izquierdo.

La batalla se había desarrollado según lo planeado, le encantaba que los planes salieran bien.

Los arqueros protegidos por los escudos de los lanceros habían comenzado a barrer las almenas desde la puerta hacia los laterales, poco a poco los defensores iban cayendo, teniendo en cuenta además que el factor sol no jugaba ya en su contra, ya que los nuru se habían acostumbrado a su picor por la larga caminata. Alguno incluso parecía que dormía de pie.

El ariete traído en los dos carros se montaba con presteza, por un lado se usaba la lanza de dos carros unidas como cuerpo principal al que se le unía una cabeza de bronce fundida con las armas arrebatadas a los habitantes de Nirent, representaba la cabeza de un oso rugiendo.

Mientras, con los dos carros en los que había sido transportado, estaban fabricando una cobertura sobre ruedas para que los hombres que lo accionaran estuvieran protegidos de las flechas enemigas.

Todavía recordaba la pregunta de su asistente:

-Arken ¿y si tiran piedras? Esa cobertura de madera y cuero mojado no servirá de nada-

-¿tú has visto muchas piedras en este desierto?- fue la respuesta de Setyane Maktar.

Una vez que el ariete estuvo listo comenzó su labor, apoyado por los philinar (1) que a distancia acribillaban el alto de las murallas sobre la puerta para que cada vez quedaran menos defensores. La muralla de adobe y las puertas de la pobre madera del desierto no fueron rival para la cabeza de metal y a la hora, ya no quedaban puertas sino un inmenso boquete por el que los Rokkêrni (2) cargaron para liberar espacio para que la Artamahtar (4) y los ehtyar (3) pudieran entrar. Los philinar tomaron posiciones en lo alto de la muralla y comenzaron a disparar a discreción donde no veían nuru.

Una vez dentro comenzó la matanza. Setyane sabía que eso no le haría muy popular ni siquiera entre los nuru, pero había que dar una lección. Sino eran ejemplarizantes pronto otros reinos supondrían que su poder había mermado e incluso podrían plantearse el atacarlos. No, eso no podía ser, tenían que ser poderosos, sangrientos y sanguinarios. Sólo cuando el sol comenzó a ocultarse ordenó que parara la matanza.

-Arken, os esperan en la plaza.- dijo el capitán.

-Bien, voy para allá.- dijo Seytane Maktar.

En la plaza, al igual que en Nirent, se iba a proceder a señalar a todos aquellos que habían sido encontrados con armas en las manos, en este caso, todos los supervivientes de la ciudad pues cuando vieron que el invasor entraba a sangre y fuego no tuvieron más remedio que pelear o morir. En todo caso, a los supervivientes les iba a quedar el recuerdo de la presencia nuru durante el resto de sus vidas.

La N de Narwa marcada a fuego en sus brazos derechos, aquellos que aún lo tuvieran, serviría en caso de revuelta para saber qué prisionero se había alzado en armas anteriormente contra Narwa y eso sería su condena de muerte.

Era un espectáculo sangriento y triste pero los hombres que lo llevaban a cabo estaban más dispuestos a hacerlo si su Arken estaba cerca, ya que eran órdenes suyas y las comprobaba personalmente. No quería que a alguno de los soldados le diera por decir que podría ser responsabilidad de la tropa, porque no lo era. Él era el Arken Farhotar de los Nuru, Setyane Maktar, el guerrero con más de mil años, el dominador de las bestias, hermano del oso y por tanto no osaba que nadie cuestionara ni sus órdenes ni sus métodos.

-Otra gloriosa victoria ¿verdad capitán?- dijo por hablar mientras caminaban.

- Sí mi Arken, aunque hemos perdido bastante hombres.-

- En todos los asaltos de ciudades se pierden hombres, pero es mejor perderlos con honor combatiendo que por sucias artes, tomando la ciudad a la descuidada y por traición.- el Arken se paró ante el joven oficial. – tenedlo siempre presente: la gloria, la conquista, son efímeras porque son concedidas, el honor que es propio del guerrero, no desaparece nunca.-

1.- philinar : Arqueros

2.- Rokkêrni: caballería

3.- Ehtyar: lanceros

4.- Artamahtar: infantería pesada

[Editado por erekosse el 01-11-2008 00:21]

Escrito el 04-11-2008 00:04 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.

Recuperables: 504 puntos.

Valoraciones: 7.6 + 8.0 + 8.6 = 8.1

Recupera: 408 puntos.

Pierde: 222 puntos.

Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.

Por el saqueo de la ciudad obtienen 300 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.