La Guerra de los Clanes

Túrenanda - Ciudad Externa En Ruinas

Escribiéndose...
Escrito el 29-10-2008 21:37 #1

La ciudad de los “Elfos de la Victoria”, recibió ese nombre en los duros años de las guerras Yárai-Locéroquen. Este asentamiento de elfos silvanos se encontraba en tierra de nadie, en la región disputada por los poderosos Yárai y los implacables Locéroquen; pero nunca fue conquistado ni arrasado.

Hasta el Desastre del Yáraúlea en la que la ciudad y sus habitantes fueron engullidos por las aguas en la batalla entre Norno y Balcnîn.

Actualmente todos los objetos de valor que quedaban en la ciudad se encuentran en Vanwielie, pues la ciudad es utilizada como criadero de Dragones del Pantano por los Yárai.

Escrito el 02-11-2008 22:45 #2

Días extremos transcurrieron mientras los tres viajeros varantes cruzaron de este a oeste el vasto desierto de Al’Varantar, los días y sus tardes les abrasaban la piel, a Thara le sorprendía cómo Athran podía haberse acostumbrado tan pronto al clima de una tierra ajena a él, era claro que para él ya era su tierra, pero pocos “extranjeros” podían sobrevivir jornadas tan extenuantes a temperaturas elevadas hasta para los nacidos en las arenas del desierto, por el contrario, su cuerpo era como una brasa que absorbe el calor externo y lo interioriza para equilibrar su propio fuego; no obstante, más sorprendente eran aun más las noches, mientras las bajas temperaturas hacían tiritar a Thara y Shamal, Athran sonreía fresco, y desde que Thara sintió en un leve roce el calor especial que su cuerpo irradiaba, olvidaba su desconfianza procurando permanecer muy cerca de su lado, Athran sonreía en su interior y jamás se lo reprochó, la veía como una chiquilla acorralada y sumisa a la que no le queda otra opción.

Después de semanas de convivencia, entre charlas y risas, preocupaciones y silencios, Thara había casi olvidado aquellos ojos llenos de maldad y venganza que viera incongruentes en el rostro cálido de Athran, ahora volvía a verle dulce y gentil, aprendía a quererlo de nuevo, después de todo él nunca le había causado daño alguno, sus sospechas estaban infundadas, incluso le debía la vida de Tharion en aquella ocasión en que lo salvó oportunamente en Lambar. En ocasiones, Thara gustaba de observar a través de las luces de la fogata los rostros iluminados y alegres de Shamal y Athran, contemplarlos así le causaba cierta tranquilidad y una especie de añoranza por sus hermanos, comprendió en un suspiro cuánto les amaba, sin la menor duda depositaría su propia vida en las manos de Shamal y, por ambos sería capaz de arriesgarlo todo. En uno de esos días, en que la noche desciende en medio de la nada, sin la cercanía de alguna posada o taberna, habíanse adentrado ya a tierras de Yáraúlea, desoladas y llenas de recuerdos de ira y guerra; Thara los miraba cantar, las luces de las estrellas realzaban la desnudez del derredor y sus voces se escuchaban claras a grandes distancias. Aquella soledad inspiró a la joven a escribir dos misivas, una a su nesri y otra a Thegund, no lo había hecho desde que partieran de Einursha, en las que les contaba detalladamente los informes de su primer fracaso, ahora en cambio sentía que sería diferente, lo notaba en el entusiasmo de sus compañeros.

“Thegund, el más amado:

Athran continua dirigiéndonos con bien a nuestro destino, asegura que en seis días estaremos llegando a Túrenanda, debemos movernos con más cuidado pues son heredades impregnadas de pantanos y tierras traicioneras, no debes preocuparte, esta vez lo veo más animado y seguro de que ahí nuestros oídos escucharan lo que necesitamos saber, además vamos con un experto en supervivencia, incluso ha sido Shamal quien se ha encargado de inyectarle ese optimismo, sé que si vinieras con nosotros, tú también les amarías y respetarías como lo hago ahora.

Thegund, más que nadie conozco el pesar de tu espíritu, no sufras inútilmente, vais conmigo a cada paso, algún día me acompañareis como deseas y conocerás todo esto a mi lado, por ahora vela por nuestra madre, ella te necesita más. Los echo de menos, prometo no anteponer mis ansias de aventura volviendo en cuanto encontremos el objetivo final.

Tuya, Thara.”

Un informe más detallado de sus actividades escribió para Neyla, agregando incluso los sentimientos que podía deducir de cada uno, y, finalizando con una discreta petición de apoyo para Athran: “…confío en sus decisiones, pero me preocupa en ocasiones cuando lo veo abrumado por el peso de responsabilidad que carga, si tan sólo le escribieras confirmando sus fundamentos, él no dudaría tanto.”

El halcón de Shamal partió con los rollitos de papel hacia Varendia, Athran aprovechó para enviar una carta más, Thara sospechó que probablemente fuera destinada a la elfa solicitando consejo, aunque también podía haber sido dirigida a su hermana.

Al amanecer del sexto día, justo como lo había previsto Athran, la ciudad, o lo que quedaba de ella, apareció en el distante horizonte, Shamal dirigía su caballo dormitando, la joven al verle los ojos cerrados, intentó tocarle, sólo que Shamal le detuvo la mano con agilidad y sin lastimarla.

-Esta vez los muertos no mintieron al joven senador, lo sé –le dijo entre risueño y pasivo.- Si no estuviéramos en un sitio donde anidan dragones, me alegraría de haber llegado, sólo seamos más precavidos y déjenme hablar a mi, los yárai suelen apreciarme.

Tomó las riendas de su caballo y echó a andar, tras de él fue Thara mientras Athran meditaba qué hacer si las cosas no salían como esperaba Shamal, apresuró también a su caballo para darles alcance a sus amigos.