La Guerra de los Clanes

Batalla 87. Ataque A Ithain Por La C4 Nensir.

Terminada
Escrito el 02-11-2008 10:16 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 20

Armadas perdidas por "Maianor" = 30

Victoria para Nensir. Se produce el saqueo de la ciudad.

Escrito el 03-11-2008 00:25 #2

Un viento, tenue, apenas perceptible, acarició sus mejillas trayendo el olor de las algas verdeando al sol en alguna playa. No muy lejos de allí, se encontraba el inmenso mar.

Ansiaba mirarlo un momento y dejar la mente en blanco, lejos de todas las responsabilidades que tenía encima. Paladeó de nuevo la brizna de aire que venía del sur y le alivió del calor del sol que picaba en medio de toda aquella floresta húmeda. Se desanudó un pañuelo de seda naranja y palpó su piel delicadamente, eliminando todo rastro del sudor que le resbalaba por su maraña de pelo rojo. Se detuvo oliendo la tela perfumada mientras pensaba en su próximo movimiento, tal vez el más glorioso entre las gestas de Nensir Airatari. Mientras, a su alrededor, el ejército marchaba en silencio, como una marabunta de hormigas sin rumbo ni destino, ajenas a todos los planes que aquel pirata tenía previstos.

Un cuervo aleteó impaciente en la grupa del caballo, intentando liberarse de su cuerda, buscando la mirada de su dueño, esperando que le tomase en sus manos una vez más y le lanzase a algún destino insospechado, lejos de aquella jungla húmeda.

Ramjakhîn comprendió la inquietud de aquel cuervo. Lo tomó despreocupadamente en su brazo y el ave, inteligentemente extendió su pata para que le colocasen un mensaje cifrado. Todo terminó cuando el Pirata le acercó a su boca y le volvió a susurrar instrucciones en la lengua que le habían enseñado sus mayores, tan oscura y maligna como su plumaje. Escuchó y memorizó aquella retahíla hasta que una caricia en su pecho le avisó que podía echar a volar.

Libre de nuevo.

Y voló, sin mirar atrás. Aliviado por sentir el aire ahuecando sus alas, repitiendo en su mente aquellas palabras que debía decir a un miembro de la secta Harîei cuando llegase el momento.

Dejó atrás la columna de hombres y serpenteó entre las ramas de los árboles para evitar los rayos del sol hiriente. Ascendió en un último esfuerzo hasta que notó una corriente de aire caliente que le podía mantener suspendido sin esfuerzo, volando rumbo al mar.

Mientras avanzaba, a sus pies, el bosque moría en el borde de una inmensa playa de arena blanca que serpenteaba a lo largo de la costa, acariciando un mar azul de aguas profundas y al fondo y a lo lejos, apenas distinguible, se levantaba la blanca Ithain como si fuera una de aquellas ciudades élficas de Oesternesse de las que hablaban los cuentos de antaño.

Siguió su camino hasta el mar arrullado por las corrientes de aire caliente, con la molestia de su plumaje negro absorbiendo aquel insoportable calor de mediodía, intentando distraerse pensando en las historias que le habían contado sus mayores, muy lejos de allí, en sus nidos de Eglamar.

De improvisto, una corriente de aire frío le desestabilizó sacándole de sus pensamientos. Se le empañaron los ojos y trastabilló en el aire. Cuando recuperó el rumbo acertó a controlar sus emociones ante lo que veían sus ojos llorosos.

Una multitud de barcos se agolpaban en una ensenada. De sus mástiles pendían los inconfundibles pendones de Eglamar, en forma de tiras escarlatas, oro y cobre bruñido. Aquí y allá figuraban los emblemas de las casas piratas, estampados en las velas como dictaba la costumbre. Para aquella ocasión se habían enrolado todas las casas piratas que apoyaban incondicionalmente a Ramjakhîn. Aún así las órdenes no entendían de lealtad y menos entre piratas. El cuervo debía dirigirse específicamente a una persona.

El destinatario era uno de los maestros de la secta Harîei, coronado de un haba negra impecable y con el único distintivo de un cinto dorado del que pendía un cuchillo ritual. Se le distinguía acompañado de tres acólitos de haba negra al frente del timón del barco más imponente de todos. Una nave de tres velas picudas con el emblema de la rosa negra de Ramjakhîn.

(...)

Al atardecer, cuando el sol aún estaba a medio camino de ponerse en el horizonte, los soldados de Ramjakhîn se esparcían por la playa esperando órdenes. Unos descansaban, lustraban sus pertrechos y los que aún tenían fuerzas se dedicaban a prender pequeñas hogueras donde asar los abundantes peces que con la bajada de la marea habían quedado atrapados en pequeños charcos.

Muchos de aquellos peces pasaban por debajo de las piernas del pirata, que se había acercado a la orilla, junto a unas rocas, a cambiarse los vendajes. Muy cerca, sus acólitos montaban guardia para que nadie se acercase allí. No se separaban de su líder bajo ningún concepto, y más cuando sabían que tras la última batalla, sus heridas no habían sanado del todo.

Sura pidió hablar con el pirata. Sabía que sus relaciones no eran como antes y se limitaban a pequeños intercambios para despachar acerca de los siguientes movimientos. La tensión era algo tan incómodo en ella, que en ocasiones le producía una sensación de vacío en el estómago, como sabiendo que aquella persona con la que hablaba no era de confianza y que en cualquier momento, su destino pendía de un hilo. La elfa procuró ser correcta y hablar lo menos posible para no dar lugar a críticas, procurando entender las pocas explicaciones del pirata y ser efectiva cuando las llevase a cabo.

_ Mi señor

_ Esperarás aquí hasta el anochecer. Nada más ponerse el sol vuelca el reloj de arena y cuando acabe yo apareceré para buscaros. Encárgate de que las hogueras estén apagadas cuando haya poca luz. No quiero riesgos.

Las instrucciones fueron escuetas. Ramjakhîn cumpliría su parte del trato pero ella tendría que convivir una vez más con la incertidumbre de ser un peón al margen de todos los grandes planes. ¡Ojalá que aquel ser muriese!, maldecía Sura, una y mil veces en silencio para que algún Dios escuchase su plegaria y tomase cartas en el asunto.

Terminada su conversación, una barcaza se aproximó a la orilla y se llevó al pirata junto a su escolta ante la expectación del resto de soldados. Sura se volvió a sus lugartenientes y les dió la poca información que tenía: “decid a los soldados que se relajen hasta que vengan a buscarnos de noche. Que las hogueras sean discretas y poco visibles, con el anochecer deberán estar apagadas. Son órdenes del gran pirata y conllevarán la pena de muerte para los que la incumplan”

[Editado por gorathion el 03-11-2008 16:12]

[Editado por gorathion el 04-11-2008 23:25]

Escrito el 03-11-2008 12:07 #3

Sura permanecía envarada al pié del mar, con el semblante serio, rodeada de sus soldados que esperaban en silencio pertrechados para la guerra. La Elfa levantó el reloj de arena que dejó caer sus últimos granos marcando la hora exacta del encuentro. Ramjakhîn cumplió su palabra y la llamada de Eglamar sonó desde el mar como si fuera un pájaro que daba la bienvenida a una multitud de barcazas que se acercaron a la orilla en medio de la noche.

A Sura y a sus lugartenientes más cercanos les reservaron una barcaza ya que el resto se dividieron para organizar a los soldados. Compartían espacio con algunos de aquellos acólitos de la secta Hariêi que no levantaron la voz en todo el trayecto.

Según el protocolo, la barcaza de Sura acudiría al barco principal para reunirse con Ramjakhîn. En este aspecto el pirata era muy riguroso, siempre guardando las apariencias aunque ella sabía que en el fondo de su ser le guardaba rencor, y su incertidumbre se transformaba en constante tensión en presencia del Pirata. Su vida peligraba y la sospecha era una carga demasiado pesada como para saber hasta cuando podría aguantar con aquella situación.

(....)

Una vez dentro del barco principal, tuvo lugar una reunión en el camarote de Ramjakhîn. Se reunieron los dirigentes del ejército en torno a una mesa de para cenar y discutir otros asuntos antes de entrar en batalla. Bajo unas lámparas de bronce bruñido cuajadas de velas, les esperaba un suculento banquete lleno de copas de cristal con todo tipo de bebidas, fuentes repletas de comida y una vajilla de exquisita manufactura: un banquete digno de reyes. Sura desconfió de la bebida y apenas participó en las conversaciones acerca de los asuntos de Eglamar y los últimas noticias de la corte de Nensir. Cuando terminaron de cenar pasaron a una sala adyacente donde ultimaron los asuntos de la batalla que se produciría en pocas horas.

Ramjakhîn tomó la palabra.

Tras el gran desastre y la subida de las aguas _ relató con voz de cronista_ la hermosa ciudad de Ithain se vió rodeada por cenagales. Algunos creen que esto fue una bendición de los dioses pero yo creo que es una jaula de oro porque, aunque existen muy pocos caminos para llegar al puerto sin embarrancar en el barro y todos ellos están bien vigilados, el precio del dinero abre los secretos de los hombres.

Llevamos barcos de tres velas con capacidad para ochenta soldados, _ intervino el Maestre Hariêi con un tono de orgullo_ manejables y rápidos en el asalto. Bien pertrechados y con soldados entrenados en el asalto de ciudades costeras. Ithain dormirá tranquila con un ojo puesto en las fronteras de tierra, confiando que el mar guarda sus secretos, pero se equivocan actuando así. Nuestros agentes nos han revelado el camino exacto…

Como bien dice el maestre_ cortó Ramjakhîn_ seguiremos la ruta marcada por nuestros informadores y que ya en alguna ocasión han seguido nuestros barcos comerciales. Las barcas con los vigías no serán un problema porque están de nuestro lado. Avanzaremos como indica el mapa de la pared, hacia los malecones del puerto donde nuestros hombres se dividirán en tres facciones. A grandes rasgos, El Maestre tomará bajo control el puerto, yo me dirigiré al palacio del regente de la ciudad y lo tomaremos preso para que se rinda la resistencia. Allí me encontraré con la población descontenta con el actual gobierno y juntos avanzaremos para darte apoyo Sura, ya que tu misión será tomar el castillo de la ciudad.

_Sura aceptó su tarea sin mostrar una sola mueca en su cara, seria y sin sentimientos, blindada ante cualquier gesto que rebelase lo que realmente pensaba.

(…)

Y cuando el silencio se adueñó de la sala se procedió a clausurar la reunión para que cada uno preparase a su antojo la misión que tenía encomendada. A partir de ahí cada uno de los tres dirigentes sabía lo que tenía que hacer y tomaron caminos diferentes.

El Maestre de la secta Harîei lideró sus barcos hasta el torreón central del puerto con todos sus barcos detrás. Sortearon los barcos y los piratas subieron las paredes con escalas colándose por la fortaleza y sembrando el pánico. Sonaron las campanas en la ciudad y se prendieron hogueras y luces en todo Ithain. La bandera negra surgió en lo alto de la fortaleza que ahora cubría el cielo con flechas encendidas que prendían los barcos de Ithain y resguardaban a los de Eglamar.

La segunda torre del puerto tardó más en caer pero al final hondeó la bandera pirata. Ahora solo quedaba prender fuego a todas las naves de guerra. El tercer torreón que protegía las murallas no sería tomado en esta ocasión. Según se dijo luego, el propio Maestre tuvo que entrar con su escolta de acólitos a terminar personalmente la conquista de la torre. Según los rumores, uno de los capitanes de Ithain mostró tanto valor que mató a 10 piratas el solo y a dos escoltas del Maestre perfectamente entrenados en las artes guerreras de la secta.

Con los dos baluartes del puerto en manos de los piratas, el resto de las fuerzas se dedicaron a mantener ocupadas las murallas y prender fuego a todos los barcos susceptibles de presentar resistencia en la ocupación de Ithain.

Mientras tanto, Sura se dirigió al asedio del castillo. Una muralla alta pero tan vieja y poco cuidada que tenía pequeños arbolitos creciendo entre las juntas de los sillares. La dirigente ordenó prender la puerta con brea y una inmensa humareda tóxica se elevó en lo alto de la fortaleza, manchando la piedra de negro y colando el humo entre los ventanucos de la fortaleza.

_¡Gastad toda la brea, paga el pirata! _ sentenció la dama Sura _ asfixiadlos sin compasión y sin intoxicaros vosotros mismos. ¡Os necesito a todos vivos para cuando las puertas cedan y tengamos que entrar a tomar el castillo por la fuerza!.

[Editado por gorathion el 04-11-2008 23:43]

Escrito el 03-11-2008 18:56 #4

Ramjakhîn se dirigió a hacia el palacio el gobernador, siempre rodeado de sus piratas pertrechados con grandes escudos y lanzas. El sonido de las herraduras de los caballos repiqueteaba en los adoquines de la calles. Todos los ciudadanos permanecían encerrados en casa con las madres abrazando a sus hijos e implorando a sus maridos que no saliesen a la calle.

Los hombres de Eglamar llegaron sin muchas pérdidas a las puertas del palacio. Allí les esperaba una multitud de ciudadanos de Ithain con teas ardiendo, rostros preocupados y algunas armas improvisadas. Dejaron paso a los piratas con semblantes desconfiados, la gran mayoría eran ciudadanos ricos y nobles de baja alcurnia con intereses y ansias de gobernar su ciudad. En todas partes había gente descontenta con sus gobernadores y encontrarlos siempre era una ayuda en los primeros momentos de toda conquista. Lo que no sabían aquellos ciudadanos era que Ramjakhîn tenía pensado quedarse con el gobierno de la ciudad y que aquellas promesas que les había hecho por medio de sus emisarios se las llevaría el viento.

Los guardias que guardaban las cercanías del palacio ya habían sido reducidos o se habían rendido para conservar la vida. El resto fue rápido: los piratas echaron abajo las puertas del palacio bajo un clamor popular y dieron muerte a una gran parte de siervos y guardias que presentaron batalla. Terminaron raptando al gobernador en la última planta, justo antes de que se suicidara.

Decapitado el gobierno oficial gran parte de los defensores de la ciudad se rendirían…

_¡ Id y predicad que el gobierno ha caído!_ dijo Ramjakhîn a los ciudadanos de Ithain_

El pirata ordenó que encadenaran al dirigente de la ciudad y lo subieran a su caballo con todos los honores del gobernador de la ciudad, para que fuera visible quien era. Ramjakhîn se puso a su lado sabiendo toda la repulsa que despertaba en aquel noble que ahora veía en primera persona todo lo que había escuchado de aquel curioso personaje de los cuentos marineros.

_ Mi señor, en cosa de unas horas mis hombres han tomado el puerto y le han raptado. Ahora vamos de camino a su imponente fortaleza. Me atrevería a decir que si la Dama Sura Erialheri no la ha conseguido, poco faltará_ sentenció Ramjakhîn con un tono de chulería. _Sus soldados se rendirán cuando sepan que ya no tienen ningún motivo por el que luchar. Ahora es nuestro prisionero.

_ ¿Mis soldados? Me gustaría saber cuantos son realmente leales. Me cabe el consuelo que muchos de ellos se habrán vendido a un alto precio.

_ Mi señor, los beneficios superarán con creces a lo que hemos invertido. Ithain, la ciudad comercial más importante de este lado del mar será un buen refugio para mis piratas. Después de tanto tiempo vagando por los bosques ansiábamos establecernos.

El amanecer se abría paso en el cielo dejando ver una multitud de incendios a medio apagar salpicando las casas. El castillo de Ithain se mostraba chamuscado por una pátina pegajosa de ceniza negra. Las puertas calcinadas y los herrajes derretidos, pero aún se libraba la batalla dentro del edificio. Los piratas entraron y terminaron volcando la balanza del lado de los de Eglamar. El propio Ramjakhîn tuvo que poner a salvo al regente de la ciudad para entrar él mismo en batalla, a pesar de sus heridas.

Desmontó del caballo y entró a los barracones donde se habían echo fuertes los últimos jirones del ejército de Ithain. Había oído entre los heridos que allí se encontraba la Dama Sura Erialheri.

Barracones, salas oscuras que olían a humedad y muerte. Paredes de piedra oscura mohosa, cárceles y verjas por todas partes, toneles y mesas de madera donde hasta hace poco se vigilaban a los reclusos. Librerías con armas y platos sucios. Velas a medio encender y voces haciendo eco en aquel laberinto de salas.

El pirata siguió su instinto y avanzó procurando no perder de vista lo que pudiera salir de la oscuridad. Una voz en su interior le decía que era demasiado arriesgado avanzar en aquel estado, la herida se le había agravado y tenía una ligera cojera. Sus huesos y músculos le dolían y no sabía hasta que punto responderían como un resorte ante una amenaza.

Mató a un soldado escondido entre unos barreños y remató a otro que estaba herido. Siguió los restos de la batalla y llegó a una sala donde los piratas habían sido arrinconados por una ligera ventaja. Alzó sus lanzas y mató con sus dardos a tres soldados de Ithain por la espalda, sin llamar su atención, de una forma rápida y silenciosa…veneno.

_ ¡Piratas! ¿Y la dama Sura Erialheri?.

_ Está sola en las herrerías, mi señor. Según nos dijo, fue sola a luchar con un guerrero muy diestro. Dijo que de lo contrario acabaría con muchos de nosotros y no merecía la pena perder soldados…

_ Pues siento deciros que yo no creo en esa filosofía del ahorro de vidas cuando mi ejército lo componen piratas y maleantes_ Ramjakhîn agitó sus mangas de improvisto. Varios dardos atravesaron las gargantas de aquellos dos piratas.

_Avanzó como había dicho y en una mazmorra amplia, como si fuera una cámara de torturas se encontraban varios cuerpos muertos. Notó un movimiento rápido, certero. No supo de donde vino o si era físico, pero estaba herido. Una voz interior le recriminó aquella locura en su estado, pero Ramjakhîn, antes de caer inconsciente, respondió a su conciencia que aquel no era su final…

Pero este final será contado en otra historia…

[Editado por gorathion el 04-11-2008 23:18]

[Editado por gorathion el 04-11-2008 23:49]

Escrito el 09-11-2008 12:08 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.

Recuperables: 560 puntos.

Valoraciones: 7.7 + 8.0 = 7.85

Recupera: 440 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 560 puntos.

Pierde: 140 puntos.

Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.