La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida - Sura Erialheri

Terminada
Escrito el 13-11-2008 16:16 #1

Dura y frágil memoria, que muchas veces olvida la sutil línea que separa la vida de la muerte, tan diferentes entre si, pero que sin una la otra no existiría, porque ¿Qué sería de de la vida sin la muerte, o viceversa?

Sabemos que una existe gracias a la otra, así como la lealtad y la traición...

Desde el inicio de aquella aventura, Sura Erialheri supo que debía ser prudente, y más aún frente a Ramjakhîn, que en su obcecada manera de ver las cosas, lo que había sucedido a sus ojos en la ciudad de Formenyaelen era traición, pero a ella eso ya no le importaba.

Por alguna razón le impresionaba aquel extraño ser - ¿Será por el tiempo maquinando situaciones?-, Quién sabe, por lo que recurrió a lo más rápido que se le vino a la cabeza para salvarle el pellejo de la orca, aunque el pirata no reconociese ese punto.

Puede que ello haya sido su error, verlo como un aliado. No se engañaba frente a esa imagen de niño, más sabía de antemano que las amistades no existían. Quizá hubiese sido mejor dejar que las cosas siguiesen su camino, pero lo hecho, hecho está. Aún era una débil, se imputó, pero ya no más.

Aquella era una aventura más en la que la prudencia debía ser su fuerte. Pero las preocupaciones eran cada vez más, al igual que los enemigos y esta vez debía poner los ojos tanto al frente como cubrir sus propias espaldas.

Envueltos en plena batalla, el aire se sentía pesado en una conjunción de olores de brea y humo ardiente.

Altas llamas calcinando la enorme puerta y luego, entre las flamas y la espesa nube de humo, con calma, aunque era difícil de saber que ardía más, si el fuego incendiario o la llama que sentían en su interior, con paso suave pero firme y con espadas en mano, entraron en feroz batalla contra los guardias de Ithain.

El hollín en el rostro, el acero ensangrentado, y la fuerza y coraje de los que ahí se encontraban, se entremezclaba con la sensación de inseguridad más allá del enemigo ahí apostado.

Estaba sola, rodeada de peligrosos asesinos compartiendo más cerca de lo que ella deseaba. Conocía a los seres que escoltaban en aquella travesía a los Eglamari, los acólitos de la secta Hariêi, y quedó con un nudo en la garganta cuando supo que con algunos de sus integrantes compartirían la misma barcaza en aquel trayecto. Siempre en silencio, siempre con los ojos puestos en cada sombra. La sensación de inseguridad permanente y la gran presión que ello ejercía. En su situación parpadear sería un error.

De una u otra forma los comparaba con los Uonur Nyyr, en la destreza del manejo de las armas, en el manejo de la muerte. Eran seres que podían enfrentarse a ella en igualdad de condiciones. Pero su cuerpo no estaba del todo intacto. Batallas anteriores y heridas aún latentes le hacían pensar si en esas condiciones podría enfrentarse directamente con uno de esos seres. A parte que poco conocía de las habilidades de guerra de los soldados de Ithain. No debía mostrar su inquietud y no podía confiar en sus lugartenientes. Cualquier error sería peligroso, y lo sabía muy bien.

Aquella batalla se trasladó por los salones del castillo de Ithain, tomando una tras otra las oscuras salas a causa del espeso humo, y el calor envolvente. Ninguna puerta les pondría trabas, ordenando a la mayoría de los soldados partir a la torre de homenaje, mientras ella junto a un grupo partió al patio de armas, y otro grupo cerraba el paso de los adaves y almenas. Cada uno ya sabía su misión.

Y luego el dolor, una leve una punzada en su sien, alerta, sus irritados ojos por el calor del aire abrió de par en par, recorriendo el ancho del lugar, mientras la neblina en su mente se cubría de estupor.

Un escalofrío sintió recorriéndole el cuerpo, los soldados avanzaban y pronto los perros de alta mar, el grueso de los corsarios eglamari, acudirían a reforzar sus huestes.

Aquella sensación de que alguien se inmiscuía en sus pensamientos era agobiante. A pesar de ver tantos años bajo sus ojos, de participar de los entrenamientos más rigurosos de su profesión, nunca había soportado de buena manera aquella sensación, en especial a reconocer de quien provenían aquellas palabras...

- Tu afrenta sigue latente, sabes a que he venido, no lo puedes negar elfa viperina. Mi misión es entregar tu cuerpo como ofrenda y tus entrañas serán esparcidas como alimento de los peces...

Se limpió el sudor que resbalaba por su rostro, llenando sus ojos con el hollín que provocaban las llamas aún latentes del muro principal.

Sola partió y en aquel apartado lugar, de aquel encuentro tan sólo el aire fue testigo. Espada contra espada, aquella lucha que pudo haber durado minutos, fue tan ardua como si se hubiese llevado un siglo.

...

El aire húmedo, envuelto en un aroma de hierbas y ungüentos envolvía la estancia donde los heridos tras la fuerte batalla contra los soldados de Ithain, en la toma de la ciudad, se encontraban.

Envinyarinar, la casa de curación Airatâri, había sido establecida provisionalmente en una de las casas que había pertenecido a uno de los dirigentes de la ciudad, en las cercanías del castillo, cerca del cuartel de guardia, dejando la casa principal para la estadía y cuidado de Ramjakhîn, como de costumbre.

La casa daba paz a los maltratados cuerpos tanto de soldados como a los corsarios eglamari, aunque algunos prefiriesen permanecer arriba de los keryn, los barcos de Eglamar.

Fue una extraña victoria donde ambos, tanto el Rey de los Piratas, aunque ello quedó en completo silencio, como también la enviada de Dakosto a cargo de los pocos soldados airatâri, habían caído en batalla quedando la administración provisional a cargo de los corsarios y la ciudad sobre el maestre Hariêi.

En un ambiente inundado de aromas cálidos, que llegaban a nublar los sentidos, los curanderos afanaban contra diversas heridas, los soldados con heridas más superficiales pronto continuarían con su labor establecida como de costumbre, los demás postrados tardarían dependiendo de la evolución de éstas.

En una de las salas, se encontraba la dama Erialheri, que a pesar de su posición dentro del ejército, en esos casos siempre mostró su repulsión a ser tratada con deferencia, era una más de los guerreros y no le agradaba establecerse en salas lujosas separada del resto. ¿Sería por precaución? Eso nadie lo sabía, más le prepararon una sala en solitario.

Las heridas de la batalla anterior aún no estaban de todo sanas, a pesar de que era una de las mejores en el uso y conocimiento de sustancias medicinales, la acumulación de heridas tarde o temprano pasan la cuenta, eso lo sabía su lugarteniente más cercano, por lo que a pesar de las órdenes de ésta, no le quitó ojo de encima.

Fue encontrada por Berêk, como ella misma llamaba a su lugarteniente por la manera de luchar, y recogida en total discreción. Yacía inconsciente sobre un charco de sangre en el centro de la herrería con una daga dorada clavada en su abdomen.

Los destrozos de la sala presagiaron una ardua batalla, más no fue encontrada sola. En un costado y con el rostro desfigurado por el candente fuego de una tenaza a fuego vivo, se encontraba muerto entre las garlopas uno de los acólitos de la secta Hariêi, con una tenaza atravesando su cerebro y desperdigando su interior por todo el piso.

Aquello era preocupante, pero no quería sacar conclusiones apresuradas, aunque al ser llevada al Envinyarinar, quedaron algunos soldados cuidando la entrada de los aposentos de la dama.

Dos días tardó en despertar. El curandero, asombrado por el hecho que la Aika se dejase atender, llamó la atención. Siempre fue arisca en ese sentido, no dejaba que nadie la tocase, menos un varón, pero estaba débil y perdida en sus pensamientos.

Su expresión de preocupación y sus ojos clavados en el techo daban rienda suelta a un sinfín de pensamientos intentando de entender en que posición se encontraría. Sabía que el pirata había dado la orden de matarla, pero no lo aceptaría en público y menos frente a ella. Sus acólitos no actuaban por cuenta propia, eso estaba claro, pero al haber ganado aquella batalla personal, te traería más problemas, lo sabía.

Pronto podría levantarse y seguir con sus obligaciones, pero no tenía el ánimo de hacerlo. Así pasaron los días, en completo silencio, sola con sus tormentosos pensamientos. Entre la espada y la pared. Ante la discreta mirada de un elfo que presentía que pronto estallarían grandes problemas.

Escrito el 20-11-2008 19:58 #2

La historia ha sido valorada con un 8, por lo que el personaje recuperará la vida en 4 días.

Historia finalizada.