Fin Guerra: Marllajtay se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 9
Armadas perdidas por "Marllajtay" = 7
Victoria de Marllajtay

Fin Guerra: Marllajtay se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 9
Armadas perdidas por "Marllajtay" = 7
Victoria de Marllajtay
Era una noche pacífica y silenciosa. El rumor del viento que se mecía entre las hojas de los árboles que adornaban las laderas de las montañas alimentaba el oscuro silencio nocturno. Era la noche perfecta según ellos, para reunirse en contra del poder opresor.
El imperio Marllajtay había tomado la ciudad de Tumbu por la fuerza proclamándola de su soberanía y diezmando sus recursos naturales para abastecer su ejército.
Ya habían intentado una revuelta pero con poco éxito. En su mente estaba anclada la idea de que el pueblo no tenía asumida la idea de que los opresores eran viles y crueles pero ellos no lo consideraban así.
Habían sido muy inteligentes los Marllajtay dejando las costumbres del pueblo de Tumbu intactas, simplemente utilizando la ciudad de Tumbu como una granja a la que abastecer sus tropas. La gente lo concebía como una especial subida de impuestos pero no como una verdadera amenaza y eso eran lo que ellos querían cambiar.
Drik, el gran maese herrero de la ciudad había congregado en su pequeño taller un concilio junto con cinco personas más que opinaban como él. La situación debería cambiar y ellos serían el instrumento del cambio.
Después de acomodarse en sillas en torno a una mesa alejada de todo el material de oficio, habiéndose servido un licor y haber charlado de las propias nimiedades de las presentaciones, prosiguieron al porqué de su renión.
“Señores, estamos todos de acuerdo en que tenemos que meter mano en el asunto” - dijo Drik con un semblante más serio que de cosumbre. Los demás hombres asintieron unánimemente. Él continuó.
“Estamos todos de acuerdo en que tiene que ser una idea que surja de modo natural del pueblo, sin instigadores, ¿no es así?”
Calvin, un hombre delgado y regordete, encargado de la regencia de la ciudad antes de la invasión y mercader adinerado se levantó de su asiento y empezó a divagar.
“Ya lo intentamos la vez anterior. Un agitador local fue persuadido de formar una revolución pero se implicó demasiado con la idea. Trato de crear un movimiento insurgente siendo él portavoz de un nuevo futuro. No necesitamos un líder que lleve al pueblo al futuro en eso quedamos de acuerdo en nuestra anterior reunión.”
Todos volvieron a asentir.
“Entonces deberíamos proponer un método que hiciera al pueblo sublevarse por ellos mismos. ¿Alguna idea?”
Nadie pronunció una palabra. Aunque a Calvin tampoco le importaba, él ya había ideado su propio plan. Con aire intelectual dejó entrever sus inquietudes.
“Tal vez ...”
Los cuatro hombres restantes le miraron atentos. Él dejo que el silencio llenase el espacio incómodo de la conversación.
“¿Y bien?” - dijo Drik con un entusiasmo e interés más que evidentes.
“He estado pensando en mi época de mercader y lo que más tenía impacto entre la gente eran los bienes básicos. Creo que si conseguimos una escasez de bienes, pasados unos días el pueblo se sublevaría contra los responsables.”.
Calvin volvió a moverse por la estancia y jugueteaba con los enseres de herrería.
“La idea es, nos apropiamos de grandes cantidades de cereal, las escondemos en algún lugar seguro y propagamos el rumor que Marllajtay se está quedando con más reservas de las previstas. El pueblo angustiado empezará a cuestionarse su estatus de 'libertad'.”
En un principio la idea resultó de lo más extraña pero poco a poco la esperanza de lograr sus planes y la posibilidad sensata de que el plan resultaría animó los corazones de los presentes.
Aún así Drik hizo patentes unas inquietudes.
“Pero, ¿de dónde sacaríamos todo el grano y dónde lo guardaríamos hasta pasada la revuelta? No estamos hablando de unas sacas. Necesitamos más efectivos y a más gente sepa nuestro plan, más peligra que sea efectivo.
Calvin estaba contento. Drik era el líder del grupo y si él se había referido a su plan como 'nuestro plan' ya tenía media victoria asegurada.
“De mis épocas de mercader aún me queda un silo alejado de la ciudad, a medio camino entre Tumbu y Tugore. Con la ayuda de unas carretas y algunos lacayos de confianza tendríamos que poder con ello. Simplemente el plan más de lo normal, pero nos conviene que la gente vaya sufriendo poco a poco la escasez de alimentos. Así la mella será más grande. Tú mejor que nadie sabes que las mellas son el punto más débil con el que quebrar el hierro.”
Todos rieron y alzaron sus copas medio llenas.
“Ánimo hermanos, ¡nuestra revolución comienza!” Todos rieron de nuevo, Calvin rió más que los demás.
[Editado por cuervo_de_la_tempestad el 30-11-2008 15:12]
El griterío resonaba por toda la plaza de la ciudad. Allí se habían atrincherado los insurgentes con toda clase de armas improvisadas como machetes, horcas o botellas rotas que lanzaban a los que chillaban como ocupantes.
Laymi a lomos de su caballos, desde una colina fuera de la ciudad y acompañada de Neviens y dos de sus lugartenientes preguntó al sargento de turno.
“¿Puedes explicarme qué sucede? No es la primera vez que se sublevan los habitantes de Tumbu.”
“Mi señora. Se ha extendido el rumor que las tropas destacadas en Tumbu hemos atrincherado más provisiones de las debidas y ahora hay falta de grano.”
“¿Y es cierto? ¿Acaparasteis más de lo establecido?” La mirada de Laymi era firme y cruda. El sargento agachando la cabeza e hincando una rodilla en el suelo dijo subiendo el tono.
“No mi señora. Seguimos las órdenes que vos misma nos disteis” - volvió a bajar el tono de voz - “no sé cómo se ha podido decir eso de nosotros.”
Laymi agarrando las riendas del caballo, hizo girar al destrero camino del resto de tropas. Antes de girar por completo dijo.
“Puedes retirarte, tienes un día de permiso para darme un informe detallado de todo.”
El sargento se levantó y marchó presto hacia los barracones.
Laymi avanzó lentamente e indicó con un movimiento de su brazo a Neviens que le siguiera y sin girar la cabeza le comentó.
“Sería conveniente que te asignaran un caballo, resultas poco menos que una molestia en los traslados rápidos de una compañía a otra.” Neviens enarcó una ceja, apenas había tenido tiempo entre el viaje, la asignación de tropa y la puesta a punto en las costumbres de aquellas gentes extrañas. Desconocía el idioma y odiaba el trato con los militares de menor rango que prácticamente hablaban sólo en el dialecto “marlla” como él decía.
Por su parte Laymi odiaba el que le hubieran encomendado a un don nadie como segundo en la compañía de Tumbu. Las cosas estaban saliendo bien y no encontraba una necesidad en refuerzos, al menos no en refuerzos a nivel organizativo sino táctico: más soldados.
Llegados a la compañía desplazada Laymi les dijo
“Señores, tenemos delante de nosotros a granjeros enloquecidos. Quiero que tratéis de inutilizarlos. Dejadlos inconscientes o reducidlos a la fuerza pero quiero las mínimas bajas. Estamos en una situación tensa y recordad que esa gente es la que, aquí, os da de comer.”
Al unísono la compañía respondió con un grito y un movimiento del brazo derecho sobre el pecho y se dispusieron a entrar en la ciudad como unidad.
Al rato de observar la ciudad a lomos de su caballo Laymi divisó humo negro de entre la plaza.
“Neviens, atento. Ha ocurrido un percance”.
Un soldado corría a toda prisa hacia la colina. Laymi y Neviens se dirigieron a su encuentro.
“Mi ... mi señora.” Jadeó.
“Tómate un respiro y cuéntame qué sucede.”
“Mi señora. No es simplemente una congregación de granjeros. Se atrincheraron en la plaza y han comenzado a arder paja mojada. Todo está lleno de humo. Es una auténtica matanza.”
Laymi con los ojos abiertos de furia exclamó.
“¿Que esos enclenques se quieren tomar la ley por su cuenta, incluso cuándo estamos siendo tan magnánimos? Neviens, dirígete hacia la plaza, debes dirigir los ataques. Voy a los barracones a formar a la segunda y tercera compañía, en breve tendrás refuerzos.” Y dicho esto se marcho, sin esperar respuesta.
“Guíame rápido” le dijo el pálido dirigente al soldado, que dejó evidente una mueca de cansancio al tiempo que volvía a correr en dirección a la villa.
El escenario era indescriptible. Carretas ardiendo provocaban humo por doquier, por el suelo cuerpos humanos llenaban los huecos del mal pavimento. Se podían distinguir uniformes de soldados de Marllajtay como personas con los típicos atavíos de villanos. Neviens reagrupó los pocos contingentes que quedaban para hacer un único frente a los sublevantes. La lucha fue caótica con ataques por cualquier bando a modo de guerrilla. Muchos soldados y él mismo salieron heridos pero su misión era simplemente ralentizar el combate hasta la llegada de refuerzos.
En el momento que una de las improvisadas picas le traspasó la piel en le brazo izquierdo se oyeron los cascotes de la caballería de la tercera compañía que se ubicaban en posiciones estratégicas de la plaza. Muchos de los campesinos huyeron temiendo unas represalias impropias de una simple revuelta. Los pocos que quedaron se dejaron llevar por el ritmo del combate e hirieron a muchos soldados. Las consecuencias no se hicieron de rogar. Los soldados, sin la clemencia inicial, comenzaron a herir y malherir a cualquiera que se le pusiera delante de ellos. La revuelta había sido aplacada finalmente.
Caía la noche oscura. Tan sólo una luz de varias antorchas en medio del campo hacían pensar que una improvisada reunión estaba a punto de iniciarse.
Calvin avanzó bastante seguro de sí mismo. Aquellos hombres le esperaban a él. Sería recompensado por sus acciones. En el viejo silo de su familia donde todo el grano había sido guardado. Devolvería una gran parte a Tumbu y la otra la vendería en Tugore a un precio alto. Allí también había revueltas. Se haría de oro y podría viajar a cualquier parte lejana de esas tierras de guerra.
“Buenas noches” - le saludó un hombre pálido como la luna.
“Bu ... buenas noches ...” - la sorpresa de Calvin era evidente.
“Discúlpeme, no me he presentado aún. Me llaman Neviens y usted debe de ser Calvin, ¿me equivoco?”
Calvin lo miró extrañado.
“Es probable que usted estuviera esperando a Khendir, pero lamentablemente no podrá venir y seré yo quien se encargue de darle la nueva noticia.”
“¿Qué se supone que está pasando?”
De pronto varias figuras uniformadas con los símbolos de Marllajtay aparecieron en la noche.
“Vamos, ¿no me irás a decir ahora que no sabías que Khendir era 'marlla'?”
“Sí ... pero ...” -dijo Calvin ante la autoritaria figura.
“Bueno, es igual, estas son las nuevas condiciones. Tomarás tu oro y te irás a un lugar lejos. Nosotros cogeremos un tercio de este grano que irá a Tumbu y el resto lo distribuiremos entre nuestras tropas y la ciudad de Tugore. Naturalmente el silo será destruido.”
“Pero no podéis. ¡No podéis hacer eso! !Ese no era el trato!” - Calvin se abalanzó manos en alto hacia Neviens que en un alarde de agilidad se puso a su espalda, sacó la daga y se la engatilló en el cuello.
“Mi buen apreciado señor Calvin” - le susurró Neviens al oído - “según el decimotercer artículo de las leyes de Marllajtay en el apartado de relaciones internacionales, cualquiera que entable una relación directa con entidades insurgentes sin formar parte directa o indirecta del ejército de Marllajtay se considerará como traidor al imperio. Mañana en la mañana cuando los soldados de Marllajtay traigan el grano de 'su' granero y resulte que sólo una tercera parte de lo robado vaya a Tumbu se preguntarán que fue de usted ... no creo que volver a Tumbu como traidor, ya sea del bando de los campesinos o del bando de los ocupantes sea su mejor opción.”
Neviens aflojó la daga del cuello y volvió con sus soldados. Lanzó una bolsita con monedas de oro a los pies de Calvin y le dijo.
“Créame, éste es su mejor trato.”
Comprendiendo que había caído de bruces en la estratagema del dirigente Marllajtay, cogió la bolsa y se retiró por donde había venido.
Un soldado se acercó a Neviens.
“Mi señor ... no existe ningún apartado de relaciones internacionales en las leyes Marllajtay ...”.
Neviens sonriéndole le dijo - “¿y?” - y se marchó.
El soldado comprendiendo la jugada, sonrió.
Al día siguiente Laymi tuvo una reunión con Neviens acerca de la 'aparición' del grano perdido y de la 'desaparición' de unas cuantas monedas de oro de la reserva.
[Editado por cuervo_de_la_tempestad el 01-12-2008 00:53]
Resumen de la batalla.
Marllajtay ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 196 puntos.
Valoraciones: 8 + 7.4 + 8.4 = 7.9
Recupera: 155 puntos. Por acciones heroicas del personaje recuperan 70 puntos. Total recuperación 196 puntos.
Total pérdida: 49 puntos
Por la participación en la batalla no obtiene monedas.
Compañías actualizadas y listas.
[Editado por Thauld el 05-12-2008 08:58]
Historia finalizada.
Utilizamos cookies necesarias para el funcionamiento de la web y, de forma opcional, cookies de analítica para mejorarla. Consulta nuestra Política de Privacidad.
Puedes cambiar en cualquier momento si permites las cookies opcionales de analítica.
Necesarias para iniciar sesión, guardar preferencias y mantener la web funcionando correctamente.