La Guerra de los Clanes

Batalla 92. Revuelta En Túgore

Terminada
Escrito el 28-11-2008 19:53 #1

Fin Guerra: Marllajtay se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 23

Armadas perdidas por "Marllajtay" = 21

Victoria para Marllajtay

Escrito el 29-11-2008 05:34 #2

Una de las habas saltó de la bandeja de Rawa y rodó sobre la mesa, pero ella pareció no notarlo; el khútic permaneció en silencio, esperando la reacción de la princesa, sin que nada ocurriera. Su joven esposa sólo jugueteaba con los cubiertos y el mut’i, una preparación típica del pueblo marllajtay, mientras su mente vagaba por senderos desconocidos.

-Rawa, ¿ocurre algo? Supuse que estarías más entusiasmada con el plato que te han preparado pero… -el khútic dirigió la mirada al haba solitaria que yacía sobre el mantel –parece no ser así.

La princesa dejó a un lado los cubiertos y apoyó el mentón sobre sus manos.

-Simplemente, no puedo sentirme tranquila en esta ciudad –exclamó con disgusto -. ¿Te has detenido un instante a observar cómo nos miran algunos tûgorianos? No soporto el desdén que reflejan sus ojos.

-¡Lo he visto tantas veces! Pero no puedo dejar que algo tan simple como eso me afecte, y tú deberías hacer lo mismo, Wan'ay. Además, Yamacha me ha dicho que has obtenido el favor, el respeto y la simpatía de algunas de las familias notables de la ciudad, ¿no es eso un buen comienzo? –La voz del khútic era dulce y tranquila –No puedes pretender que todos acepten nuestro gobierno, en algunos la oscura maldad del cuervo aun habita sus corazones.

-Es a eso a lo que temo -lo interrumpió Rawa –, a esa maldad que parece no extinguirse y en cambio crece y se multiplica. Allpa, la calma en Tûgore ha perdurado más de lo normal, era de esperarse que los rebeldes hubiesen iniciado un nuevo alzamiento pero nada ocurre, ¿no te parece sospechoso?

-Posiblemente. Tal vez estén preparándose para atacarnos nuevamente o tal vez están dispuestos a deponer las armas y sólo esperan el momento propicio.

-Mientras tú confías en la voluntad de cambio de estas personas, yo seguiré atenta a todo cuanto ocurre en esta ciudad, –Rawa no podía ocultar su disgusto ante las palabras de su esposo -Y cualquier intento de revuelta, por pequeño que sea, será enérgicamente sofocado.

La princesa se levantó de la mesa, inclinó levemente la cabeza en señal de despedida, y dejó el comedor.

Desde que su esposo regresara del Nendataure las diferencias entre ellos se habían ahondado; si bien seguía siendo un guerrero implacable y su tolerancia al culto del cuervo era nula, su moderación en los asuntos referentes a los habitantes de Tûgore era insoportable para ella. Además, sus desavenencias sobre el gobierno delegado en Híssuë agravaban aun más la crisis de la joven pareja; mientras Rawa confiaba en el buen manejo que Zôr Taruka, su tío abuelo, diera a la ciudad marllajtay, el khútic hubiese preferido que el manejo del Kunay'nka estuviese en manos de Jísh'tátl.

Los largos y oscuros pasillos del castillo en nada se parecían a los corredores abiertos del Apákt'chüta; aquella vieja edificación le resultaba tan intolerable como la nueva actitud de su esposo.

Su disgusto no le permitió reparar en la figura vestida con el traje de los Yaotli que se acercaba presurosamente desde la dirección opuesta.

- Zôr'aotli Rawa – exclamó el soldado marllajtay en tono grave –, dos delatores confirman las sospechas que hasta ahora teníamos sobre una nueva revuelta. Según ellos, una pequeña insurrección se dará al interior de la ciudad, y servirá de distracción a las fuerzas de apoyo que se avecinan desde el Nendataure.

-Me lo temía –el enojo de la princesa pareció desvanecerse -¿algo más que deba saber?

-Si -respondió el Yaotli –Nos han llegado noticias desde Tumbu; ellos también esperan una revuelta.

-Tal vez ha sido un trabajo coordinado – advirtió la esposa del khútic -. Debemos organizar la defensa. Prepara a los hombres y reúne a los capitanes, y llama también a Yamacha.

-¿Y el khútic? –preguntó el soldado.

-Si, avísale también al khútic.

[Editado por Seshat el 29-11-2008 05:41]

Escrito el 01-12-2008 21:17 #3

Durante la semana siguiente a la reunión de los capitanes, la disposición de las fuerzas marllajtay al interior de la ciudad sufrió ligeras pero importantes modificaciones, todas ellas llevadas a cabo de la manera más discreta posible, tratando de no levantar sospechas indebidas entre los conspiradores, simulando cambios de rutina en la colocación de los soldados.

Los habitantes de Tûgore parecieron no notar los cambios, y los rumores de la revuelta siguieron resonando en los oscuros rincones de las tabernas y en los callejones sombríos de los barrios más decadentes. La estrategia marllajtay era simple: dejarían que los rebeldes iniciaran su alzamiento al interior de Tûgore y la noticia se extendería con tal rapidez que pronto serían enviadas las escuadras del khútic para sofocarlos. Para cuando la insurrección notara que la cantidad de hombres dispuestos al interior de la ciudad era menor a la que debiera, el grueso de las fuerzas marllajtay ya estaría apostado estratégicamente cerca de los límites de Tûgore, presto a responder al ataque externo que llegaría desde el interior del bosque, impidiendo la comunicación entre éstos y los hombres de la ciudad, y permitiendo a los Yaotli mantener el control de la situación.

Al fin, luego de una interminable espera de dos semanas, la revuelta estalló.

Aquella mañana había sido particularmente fría; el viento helado golpeaba con fuerza y se colaba a través de los abrigos, mantos y chales de quienes se aventuraban a recorrer las calles. El ambiente en la ciudad era tenso, como si los deseos de rebeldes y marllajtay se hubiesen convertido en hilos de una enorme y fatal telaraña.

Primero fue un grito, la voz de un hombre que se levantó sobre las demás exigiendo la libertad de Tûgore, la partida de los marllajtay y el regreso del Cuervo; poco a poco se sumaron más voces y el eco, que viajó raudo como una corriente de aire, alcanzó hasta el último rincón de la ciudad y la última habitación del que fuera el palacio del perverso Lôr Tûran. No pasó mucho tiempo antes que el fuego, iniciado por los amotinados, se levantara en columnas y amenazara con devorar todo el centro comercial de Tûgore, mientras los hombres, armados con viejas espadas, picas, mazas y demás armas improvisadas, iniciaban el ataque a la cuadrilla marllajtay, mientras, Yamacha, Allpa’huátl y Rawa, acompañados por los demás Zîr’aotli, se dirigían a los límites de la ciudad y tomaban sus lugares como dirigentes de las facciones apostadas allí.

En un principio, la maniobra fue exitosa; la insubordinación al interior fue rápidamente reprimida y los destacamentos marllajtay e Yzkur supieron responder a la arremetida del enemigo venido desde el Nendataure; pero los Zîr'aotli cometieron un error al menospreciar la inteligencia de los cabecillas de la revuelta y al suponer que se lanzarían en un único ataque suicida para recuperar el control de la ciudad. Los rebeldes también habían estudiado la estrategia marllajtay y organizaron sus fuerzas de modo tal que distraerían a las tropas en combates cuerpo a cuerpo, mientras su arma más poderosa, aquella capaz de acabar con facilidad a las fuerzas del khútic, preparaba su eficaz y funesta ofensiva.

Escrito el 02-12-2008 00:33 #4

La voz grave de Allpa’huátl levantaba sobre los gritos, choque de armas y gemidos de la batalla, y sus palabras exaltaban los ánimos de sus enardecidos soldados mientras invocaban la protección de Zôr Khôndor en su lucha contra los hombres del Cuervo, pero Rawa, quien comandaba el grupo de arqueros, no lo escuchaba.

La lanza del khútic se clavó en el pecho de uno de los rebeldes, un hombre alto y robusto, con manos enormes y callosas, y la piel tostada por el sol, un hombre que bien podía ser un campesino o un herrero, un simple aldeano llevado a la guerra por la manipulación de Osrûn Sar, por la lengua venenosa de sus sacerdotes y la oscuridad de su culto maldito. Allpa’huátl, ante la triste figura del insurrecto, no pudo evitar un sentimiento de pena; si tan sólo aquellos hombres entendieran, de una buena vez, que el Cuervo sólo buscaba su propia satisfacción y no la de sus fieles, estos enfrentamientos absurdos entre hermanos no seguirían ocurriendo.

Absorto en sus cavilaciones, el khútic no avistó al par de insurgentes lanzados en embestida contra él, sólo la flecha oportuna, clavada en el cuello de uno de ellos, evitó que Allpa’huátl fuera tomado por sorpresa. El grito reprimido del hombre que se retorcía en el suelo, ahogado en su propia sangre, reveló la emboscada, y el khútic pudo sortear con éxito al segundo atacante, aunque el filo de la espada enemiga alcanzó a rozar su brazo, causándole una herida leve. Rawa, quien pudo distinguir todo lo que ocurría desde su posición, respiró aliviada, aunque su enojo con Allpa’huátl permanecía intacto.

Justo cuando la balanza de la batalla parecía inclinarse a favor de los marllajtay, un misterioso grupo de hombres emergió del Nendataure. Las largas túnicas negras y la ausencia de armas en sus manos, reveló su oscura naturaleza; Allpa’huátl, turbado, buscó a Yamacha entre los soldados que se debatían a muerte a su alrededor. Escabulléndose a través de los contendientes, y clavando su lanza una y otra vez en los cuerpos de aquellos rebeldes que se acercaban a él, Allpa’huátl pudo llegar hasta el sitio en el que se encontraba el Îsgur.

-Yamacha, hay sacerdotes de Osrûn Sar entre los conspiradores–exclamó el khútic, preocupado.

-Lo sé, los he visto salir del bosque, pero no debes temer, tus palabras les han dado a tus soldados la fortaleza necesaria para contrarrestar sus maldiciones –el Îsgur parecía tranquilo, sin embargo, por un instante, se dibujaron en su frente profundas líneas que delataban la inquietud que despertaba la presencia de los seguidores del Cuervo en el campo de batalla.

Los hombres del bosque levantaron sus brazos y entonaron un cántico extraño para los marllajtay, un cántico que recordaba el desagradable graznido de los cuervos. Algunos Yaotli sucumbieron a la maldición de Osrûn Sar y cayeron desplomados ante la mirada atónita de sus compañeros, pero Yamacha respondió al ataque espiritual con una tonada Îsgur, una melodía que despertó en Allpa’huátl el recuerdo de Kich'ë 'Ntzara, de los ancestrales árboles que la rodeaban y las aguas cristalinas que recorrían sus calles.

Un desgarrador grito sobresaltó al khútic, un lamento descarnado que provenía de las filas de arqueros ubicadas cerca de los muros de Tûgore. Allpa’huátl olvidó la batalla y se lanzó en frenética carrera hacia las murallas, y allí, de rodillas, bañada en un sudor carmesí y con lágrimas en sus ojos, se encontraba Rawa. Ella, la propia esposa del khútic, había desoído las palabras de Allpa’huátl y ahora era víctima de la maldición de Osrûn Sar.

El khútic, sin poder soportar su cólera, arrojó su lanza contra el mayor de los sacerdotes, atravesando su pecho.

-Yh! Ña Marllajtay! –gritó Allpa’huátl, con tal determinación que la maldición de los clérigos perdió todo su efecto.

Así, mientras los rebeldes emprendían la huída, los Yaotli y los Îsgur arremetieron con todas sus fuerzas, masacrando a todo aquel que se atravesara en su camino, dejando a su paso una estela de muerte tal que tûgorianos y marllajtay lo recordarían por siempre como el Puka’üru, el Día Rojo.

Escrito el 05-12-2008 09:18 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.

Recuperables: 588 puntos.

Valoraciones: 7+9,8+7= 7,933

Recupera: 466 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 140 puntos. Total recuperación: 588 puntos.

Pierde: 147 puntos.

Por la participación en la batalla se entregan 450 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.