La Guerra de los Clanes

De Neithan De Nensir

Escribiéndose...
Escrito el 06-02-2009 21:06 #1

Había hecho un día estupendo durante toda la mañana, con un cielo exento de toda nube y con una temperatura que incitaba aún más a hacer su habitual paseo matinal. Aunque realmente nada solía evitar que disfrutase de sus paseos a través de los bosques en los que solía perder toda la mañana.

Eran paseos solitarios, salvo por la eventual compañía de su hermano, por sendas donde hasta a las hojas de cada árbol había podido dar nombre propio. Ornêkal amaba esa tranquilidad, las fiestas y los compromisos sociales eran cosas que le dejaba a su hermano.

Abrió la puerta de su casa y se dirigió a su habitación para descansar sus piernas unos instantes antes de que le llamaran para el almuerzo. Sin embargo, su madre acababa de ponerse en su camino mientras se terminaba de colocar las joyas antes de salir de casa.

- Ornêkal ve a por tu hermano, hice que lo llamaran bien temprano y aún no ha salido de su cuarto, y ya falta a su palabra, llegaremos tarde. -

- De acuerdo, madre. -

Sus pasos ya se habían perdido por el pasillo dejando a su radiante madre junto a la puerta, a quien se le acababa de unir la figura de su padre. “Oh, como me alegro de poder perderme todo esto”.

El poco entusiasmo por los actos sociales y su aislamiento intencionado en el transcurso de éstos, habían permitido alcanzar a Ornêkal al fin su cometido de no ser nuevamente arrastrado a aquellas sesiones casamenteras disfrazadas de sociedad. -Vamos Neithan, madre te espera. -

Sus nudillos replicaron un par de veces en la puerta de la habitación, para entrar tras unos instantes de cortesía. Para su sorpresa, la habitación estaba vacía y esmeradamente arreglada. Realmente parecía como si nadie hubiera pasado allí la noche, tan sólo el escritorio junto a la cama parecía haber sido bañado un poco de vida. La lámpara con su vela apagada descansaba casi en su mitad, junto a la tinta, la pluma y escasos papeles.

-Venga Neithan, no tenemos todo el día. - Sin percatarse su madre había cruzado ya el pasillo y se encontraba ya casi en el umbral de la habitación. -¿Dónde esta tu hermano, Ornêkal? ¿No habrá vuelto a pasar la noche de fiesta? - Un suspiro de desesperación se escapó adrede de los labios de su madre, para volver a girarse en dirección contraria con movimientos elegantes pero estudiadamente agitados – Pathâkal, vámonos, tus hijos parecen haber decido arrebatarme la esperanza de verme abuela. -

El ruido de los cascos de caballo al marchar fue todo un alivio. Ornêkal descolgó la mano de su espalda y la guardó en el bolsillo. Un profundo baño le ayudaría poner en claro las ideas. “Esto va a traer cola, hermano”.

Escrito el 06-02-2009 21:07 #2

La ausencia de noticias de su hermano estaba agitando los ánimos. El enfado inicial de su madre había pasado a un estado entre el agobio, la tristeza y el desánimo, regado a ratos con momentos de absoluta desesperación. Ánimo que había contagiado a su padre que llevaba la situación de forma más iracunda.

Todo había tomado un cariz preocupante y vertiginoso, y la posibilidad de controlar la situación de los días previos se había desvanecido al alcanzar un punto sin retorno.

Frente a la puerta de casa unos cuantos elfos esperaban bien aprovisionados y preventivamente armados. El aratûre había ordenado que unos cuántos soldados iniciaran la búsqueda de Neithan. Además, otros buenos ciudadanos se habían ofrecido a acompañar en la búsqueda de su hermano, desaparecido tres días antes.

- Atama, ¿no crees que esto es excesivo? -

- Ornêkal, tu hermano hace días que no da señales de vida, en contra de lo que es habitual en él. Puede que vivamos días de tranquilidad, pero el mundo sigue siendo el mismo de siempre, por lo que no me arriesgaré a quedarme corto aunque por ello peque de excesivo. Así que si no tienes nada más que objetar, nos espera un largo camino.

Los labios de Ornêkal se separaron y juntaron en el mismo parpadeo, su padre había congregado a aquellos elfos gracias en gran parte a su influencia, sería un error rebatirle a pesar de las posibles consecuencias.

- Sí, atama.

- ¿No pretenderéis dejarme aquí? - Tras ellos, su madre salía también de la casa con el pelo bien recogido y ropajes cómodos para un largo viaje. - No he parido a mis hijos para ahogar la desesperación en un rincón.

Ahora claramente no había vuelta atrás. La última mirada antes de perderse entre los árboles la echó, siguiendo a la de su madre, en la secuoya y el cerezo símbolos de su onnar y el de su hermano. “Hermano que has hecho”.

[Editado por iorethil el 20-04-2009 20:57]

Escrito el 08-02-2009 05:47 #3

Aquella mañana el cuartel estaba más tranquilo de lo que acostumbraba. Los soldados en la arena de entrenamiento daban como de costumbre su mejor esfuerzo, bajo la atenta mirada del instructor de lucha, pero sus mentes estaban algo inquietas por un extraño rumor, un par de soldados habían visto llegar a la dama Erialheri llegar al cuartel a tempranas horas.

Su ausencia fue algo extraña, muchos pensaban que había partido a tierras lejanas en una nueva misión, pero nada se sabía al respecto el por qué de la desaparición de la dama por todo este tiempo.

Pero su llegada fue lo que dejó más extrañados y atemorizados a quienes la conocían. Algo fuera de lo común se había posado en sus ojos. Su mirada era más seca y fría, y aquel pequeño brillo que recordaba a las estrellas del gran viaje, se habían extinguido completamente de su ser.

Su cabellera lacia, yacía sólo sujeta por dos pequeños alfileres de una aromática madera que adormilaba los sentidos y sus ropas no eran las que acostumbraba a usar, ya que una holgada túnica negra cubría su delgado cuerpo, cubriéndole hasta un poco más de las rodillas y sobre ella, una capa de suave tela adornada por un pequeña cadena dorada.

Así, con paso suave pero firme, la dama se dirigió por los largos pasillos del cuartel, en dirección de la gran sala... pasillos que iban quedando completamente en silencio cuando le veían pasar.

Al llegar, dos soldados que hacían guardia a la entrada, comunicaron la llegada de la dama mientras la elfa observaba detenidamente el fresco que se encontraba sobre las anchas puertas.

[Editado por auriga el 08-02-2009 14:53]

Escrito el 09-02-2009 00:47 #4

Mientras en la gran sala…

— No vas a ir.

— ¿Por qué?—repuso la sacerdotisa algo sorprendida.

— Por que no, Thira.

— Esa no es respuesta —la elfa se encaró a su hermano—.Dame una razón, Tath por la que no deba ir. Sólo una.

Tatharal, que estaba sentado tras su escritorio, suspiró antes de alzar la mirada hacia el rostro de su hermana.

— No eres una daka.

— Pathâkal tampoco lo es. — añadió fríamente la sacerdotisa. Sabía que su hermano diría aquello.

Tatharal pasó su mano por el rostro antes de levantarse del asiento. No tenía ganas de seguir discutiendo con su hermana por aquella tontería.

— Pathâkal es su padre y tiene el deber de buscar a su hijo. — respondió tajante — Lo siento, Thira, pero este asunto no es de tu competencia.

Un profundo silencio se hizo entre los dos hermanos. La conversación había terminado. Afortunadamente alguien llamó a la puerta y entró. Althira aprovechó el momento, y tomando su vara, salió de la Gran Sala tan rápido que dio de bruces con quien esperaba audiencia.

— Ruego que me disculpéis, no fue…— se detuvo al reconocer el rostro de la daka— No fue mi intención Sura. — Añadió y sin dar oportunidad a una respuesta, continuó su marcha.

Acababa de tomar una decisión.

Escrito el 09-02-2009 21:47 #5

Conforme su hermana abandonaba la sala, Tathâral la estuvo siguiendo con la mirada, entre fastidiado y afectado. En los últimos meses, la relación de los dos hermanos no había pasado por su mejor momento, concretamente desde la última batalla ocurrida más de tres meses antes, en la que el clan había perdido el control de Dahald a favor de los uonu-nyrr, los elfos oscuros del Bosque Sombrío, más al oeste de la tierra de los elfos de Galador. No había caído muy bien en el consejo que una assana se viera inmersa en una batalla y, menos, cuando entre los soldados se corría el rumor de que la joven llevaba con ella una maldición según la cual, ciudad controlada por el clan que la sacerdotisa visitaba, ciudad que se sublevaba.

Pero Althira no terminaba de entender que sus funciones estaban en las Attayanârû estudiando las plantas, los árboles sagrados y los ritos ancestrales del pueblo. Y Tathâral estaba seguro de que era debido a la mala influencia de Caleth.

- Artadâko…- susurró una voz, tan sibilina como una serpiente.

El elfo aldalânta no se había percatado de la entrada de Sura Erialheri. Cuando lo hizo, la elfa esperaba con mirada sombría en la puerta de la entrada de la gran sala. Tathâral no pudo evitar mostrar una muesca de fastidio. Otrora, Sura había sido una valiosa aliada para el artadâko pero en los últimos meses poco se había sabido de ella, y los rumores que había escuchado Tathâral no le había gustado mucho. Rumores oscuros, sin duda. Además, él hubiera preferido que la búsqueda de Neithan hubiera sido encomendada a otro Ainadâka pero el consejo había decidido que fuera ella.

- Sura, estábamos esperándote desde hace un buen rato.- Sin más preámbulos, el elfo le narró a la guerrera élfica lo que había pasado con el hijo mayor de Pathâkal. – El Aratûre te ha designado para dirigir la expedición de búsqueda del joven elfo. – continuó Tathâral.- Sin embargo, Pathâkal, no ha querido esperar, hace una hora que ha partido de Neitillot con unos cuántos soldados en dirección a Breald. Así que debes darte prisa en preparar un pequeño ejército de aldalântar y alcanzarlos lo más pronto posible.

Escrito el 11-02-2009 02:38 #6

Sura observó a Tathâral. Aquel había sido el último Aldalântar que había visto antes de su partida. Había decidido buscar mayor información sobre los acólitos de Hârei, secta bajo la mano del Rey Pirata de Eglamar, después de su difícil batalla contra uno de sus acólitos enviado por Ramjakhîn, en plena campaña militar contra el pueblo de Ithain.

Una traición que la elfa no olvidaría.

Más en esta búsqueda, encontró mucho más que información...

Los ojos del artadako demostraban un torrente de emociones, lo que era una debilidad desde la mirada de la elfa, lo que contrastaba enormemente frente a la mirada fría de la guerrera. Es más, la assana que acababa de salir era la debilidad más grande de Tathâral, lo que era bueno saber en caso de necesidad...

Escuchó en silencio sobre su misión, y una sonrisa viperina brotó de sus labios.

Había regresado hace muy poco y ya le estaban encomendando una misión. Eso no le importaba, su cuerpo no sentía cansancio, tampoco sentía dolor. Partiría como le había sido encomendado, que se ausentase un poco más no influiría en sus planes.

Al terminar de exponer los últimos acontecimientos por el elfo, la elfa hizo una reverencia, sin bajar la mirada – partiré de inmediato artadako.

Aquella misma mañana partiría a darle alcance al grupo de Pathâkal.

Salió de la sala y tras disponer del grupo de soldados que la acompañarían partió a los establos para ver su montura, pero algo más encontró en aquel lugar.

Escrito el 12-02-2009 01:51 #7

¿Qué estaba haciendo? Ni ella misma era capaz de saberlo, simplemente se estaba dejando llevar por la indignación que sentía ante la negativa de su hermano.

Encaminó sus pasos por uno de los pequeños patios de Dakosto, atravesó infinidad de corredores. A pesar de que aquel no era su entorno, ningún soldado de guardia se atrevió a detenerla. Y al fin dio con lo que buscaba y no pudo evitar esbozar una sonrisa al encontrar la sala donde se guardaban los equipos de los soldados. Sin duda, había sido más fácil de lo que pensaba y todo gracias a los comentarios que Tathâral había hecho en algún momento, que ahora no recordaba, sobre aquel lugar.

Se detuvo frente a la puerta y miró a ambos lados del pasillo: no había nadie. Empujó la puerta y entró. La sala tenía tres de sus cuatro pareces cubiertas de estanterías hasta el techo, y en el centro había grandes arcones. La única iluminación natural procedía de unas rejillas situadas en la parte superior, iba a tener que esforzarse un poco para encontrar lo que necesitaba.

La sacerdotisa iba de un estante a otro rebuscando entre las prendas, cuando los goznes de la puerta chirriaron y una silueta apareció en el marco de la puerta.

— ¿Qué haces aquí?

La sacerdotisa reconoció al instante la voz.

—Podría preguntar lo mismo — respondió volviendo a su tarea.

— Thira, ¿qué vas a hacer?

— Partir en busca de Neithan. — la voz de la elfa sonaba algo molesta — Si mi hermano no me deja como sacerdotisa, lo haré como solado.

— No harás tal cosa.

— Estoy decidida, Caleth — dijo con una determinación que asuntó al elfo.

Althira se acercó hasta él y le tendió todo lo que había estado cogiendo de las estanterías:

— Puedes decirme si esto es todo lo que hay que llevar

El elfo miró a la sacerdotisa y luego al montón de ropa que esta le tendía.

— Con una única condición. — dijo tomando las prendas — Que me dejes ir contigo.

— Oh, no, no. — Althira retrocedió — No quiero causarte más problemas, y menos con Tathâral.

— Si te pasase algo, Thira, tu hermano sería el menor de mis problemas, ya lo sabes.

A pesar de la oscuridad y la distancia que les separaba, la sacerdotisa ocultó su rostro bajo el velo, no quería mostrar a Caleth la turbación que aquellas palabras la habían producido. ¿Por qué no entendía de una vez por todas que aquello no podía ser?

— No, Caleth. Debes quedarte aquí.

El elfo hizo como si ni hubiera oído las palabras de la sacerdotisa y colocó el montón de ropa sobre uno de los grandes arcones y empezó a revisarlo, quitando y metiendo cosas.

— Aquí tienes, el equipamiento básico de soldado raso.

— Gracias.— tomó lo que le tendía el elfo— ¡Ah! se me olvidaba, un último favor. ¿puedes guardar mi vara en algún sitio seguro? No es prudente que viaje con ella. La dejaré oculta entre las balas de paja que están dentro del establo.

—Descuida.

La sacerdotisa escondió bajo su gruesa capa gris la nueva ropa y tras una leve sonrisa abandonó el lugar dirigiéndose al establo. Debía cambiarse y prepararse antes de que partiera el grupo designado por su hermano.

[Editado por Eldin_de_Lorien el 12-02-2009 01:58]

Escrito el 12-02-2009 12:50 #8

No muy lejos de Galador, a una hora de camino de la frontera sur, Ornêkal miraba a su alrededor lo que le permitía el paso ligero del caballo. Su padre, Pathâkal, no había pronunciado palabra alguna desde que salieran y Ornêkal seguía pensando en la locura que había cometido su hermano, al haberse marchado de esa manera de Galador. Él sabía que, para su padre, Neithan era más importante que él, pues aquél era el primogénito y Pathâkal quería que un día llegara a ser lo que él era en ese momento, alguien tan importante en la sociedad aldalânta. En cambio, Ornêkal estaba alejado de la atención de su padre, aunque eso no le preocupaba en absoluto. Estaba encantado, pues él no podría soportar la responsabilidad que Neithan tenía y la libertad que ello le coartaba. Ornêkal podría haberse escapado con total libertad, en cambio, Neithan se debía a los deseos de su padre y, aquello, le iba a costar caro a su hermano mayor.

En un momento dado, cuando Ornêkal necesitaba estirar los pies, Pathâkal ordenó el alto para realizar un rastreo por los alrededores de aquel punto.

Escrito el 12-02-2009 18:50 #9

Ahí le vio, la assana Althira, su pálida piel y frágil cuerpo en transformación de soldado. Aquello le causó gracia.

¿Soportaría aquella assana como soldado? Es más, ¿soportaría el duro trato de la guerrera como lo han hecho los soldados aldalantar?

Una sutil sonrisa se asomo de sus labios.

Si quiere ser soldado, pues lo será.

...

Al medio día, junto a un grupo de diez de sus mejores soldados, rastreadores entrenados para soportar largas travesías y duras batallas, se encontraban en las puertas de Dakosto. Partirían raudamente en dirección de Breald, para darle alcance al grupo de Pathâkal.

- ¡Soldados! ¡El grupo de Pathâkal partió a tempranas horas nos aventajan en cuatro o cinco horas de viaje. Los alcanzaremos en unas dos horas, si es posible en menos y no quiero rezagados en el grupo! ¡Ya conocen las consecuencias de ello! ¡Cada uno ya conoce su labor! Sólo nos detendremos para darles de beber y revisar las patas de los caballos como de costumbre, ¡Entendido!

Disimuladamente observó a un nuevo invitado, Caleth

Aquél se unió al grupo con la excusa de ser por mandato del artadako. Una penitencia, pero la elfa sabía que ello era totalmente falso. El real motivo era obvio. ¿Pensaban que sería fácil estar bajo sus órdenes?

Una sonora sonrisa brotó de sus labios antes de gritar la partida. Aquella sería una especial travesía.

Escrito el 13-02-2009 02:30 #10

A Althira le inquietaba la actitud de Sura. Se habrían visto unas cuantas veces pero estaba segura que, pese a su nuevo aspecto, la ainadaka la había reconocido, aunque tampoco podía asegurarlo pues no había dado muestras de ello. Y a esto tenía que añadirle el hecho de que estaba destrozada, ¿cuándo llevaban sin parar? Una o dos horas como mucho, pero a ella se le estaba haciendo una eternidad. Había perdido la costumbre de montar a horcajadas, sus ropajes habituales no permitían aquella forma de cabalgar, y por si eso fuera poco, la túnica interior, de lana por ser invierno, le estaba produciendo un molesto picor por todo el torso, y los pantalones, que no los había vuelto a usar desde la finalización del Ayangôlê, resultaban bastante incómodos.

Afortunadamente para la assana uno de los exploradores que acompañaban a Pathâkal salió al encuentro del grupo de aldalantar dirigido por la ainadakar. Sura ordenó el alto y tras intercambiar unas breves palabras con el explorador continuaron la marcha siguiendo las indicaciones de éste.

Enseguida llegaron al lugar donde se encontraba Pathâkal y su hijo menor, Ornêkal. Sura se volvió al grupo.

— Revisad vuestras monturas, no tardaremos mucho en partir de nuevo.

La ainadaka desmontó y se alejó para hablar con Pathâkal. Althira, al igual que los soldados, descabalgó lo más rápido que pudo. Instintivamente fue a seguir a Sura para saludar a Pathâkal y a su hijo, pero por suerte, Caleth la retuvo agarrándola por un brazo.

— Se te ha soltado esto. — para salir al paso reafirmó los nudos de las correas que sujetaban la bolsa a la silla y sin dirigirla una mirada regresó junto a su montura.

La sacerdotisa quedó un segundo mirando el nudo. Ambos habían desoído las órdenes de Tathâral, ninguno de los dos tenía que estar allí, pero el hecho era que estaban y el elfo acababa de salvarla de cometer un error. Althira, muy a su pesar, tuvo que admitir que se alegraba de tenerlo cerca.

La voz de Sura sacó a la elfa de sus pensamientos: reanudaban la marcha.

[Editado por Eldin_de_Lorien el 13-02-2009 02:34]