Había hecho un día estupendo durante toda la mañana, con un cielo exento de toda nube y con una temperatura que incitaba aún más a hacer su habitual paseo matinal. Aunque realmente nada solía evitar que disfrutase de sus paseos a través de los bosques en los que solía perder toda la mañana.
Eran paseos solitarios, salvo por la eventual compañía de su hermano, por sendas donde hasta a las hojas de cada árbol había podido dar nombre propio. Ornêkal amaba esa tranquilidad, las fiestas y los compromisos sociales eran cosas que le dejaba a su hermano.
Abrió la puerta de su casa y se dirigió a su habitación para descansar sus piernas unos instantes antes de que le llamaran para el almuerzo. Sin embargo, su madre acababa de ponerse en su camino mientras se terminaba de colocar las joyas antes de salir de casa.
- Ornêkal ve a por tu hermano, hice que lo llamaran bien temprano y aún no ha salido de su cuarto, y ya falta a su palabra, llegaremos tarde. -
- De acuerdo, madre. -
Sus pasos ya se habían perdido por el pasillo dejando a su radiante madre junto a la puerta, a quien se le acababa de unir la figura de su padre. “Oh, como me alegro de poder perderme todo esto”.
El poco entusiasmo por los actos sociales y su aislamiento intencionado en el transcurso de éstos, habían permitido alcanzar a Ornêkal al fin su cometido de no ser nuevamente arrastrado a aquellas sesiones casamenteras disfrazadas de sociedad. -Vamos Neithan, madre te espera. -
Sus nudillos replicaron un par de veces en la puerta de la habitación, para entrar tras unos instantes de cortesía. Para su sorpresa, la habitación estaba vacía y esmeradamente arreglada. Realmente parecía como si nadie hubiera pasado allí la noche, tan sólo el escritorio junto a la cama parecía haber sido bañado un poco de vida. La lámpara con su vela apagada descansaba casi en su mitad, junto a la tinta, la pluma y escasos papeles.
-Venga Neithan, no tenemos todo el día. - Sin percatarse su madre había cruzado ya el pasillo y se encontraba ya casi en el umbral de la habitación. -¿Dónde esta tu hermano, Ornêkal? ¿No habrá vuelto a pasar la noche de fiesta? - Un suspiro de desesperación se escapó adrede de los labios de su madre, para volver a girarse en dirección contraria con movimientos elegantes pero estudiadamente agitados – Pathâkal, vámonos, tus hijos parecen haber decido arrebatarme la esperanza de verme abuela. -
El ruido de los cascos de caballo al marchar fue todo un alivio. Ornêkal descolgó la mano de su espalda y la guardó en el bolsillo. Un profundo baño le ayudaría poner en claro las ideas. “Esto va a traer cola, hermano”.
