La Guerra de los Clanes

De Syela De Narwa

Escribiéndose...
Escrito el 06-02-2009 21:10 #1

- ¿Vanyala, sabes dónde se ha metido tu hermana? -

Vanyala apartó la mirada de su libro y miró con su único ojo bueno, aquel que no había rasgado y cegado con su pico el águila real antes de que perder la vida, a su madre apostada frente a ella.

-No - señaló de forma seca. - ¿Acaso no está aún envuelta en mantas? - sugirió mientras reposaba completamente su espalda en la rugosa piel de la secuoya.

-Seguro que anda recogiendo flores - añadió divertido y riendo su primo Berth. Un elfo que basaba toda su razón en el volumen de sus músculos y que consideraba a las mujeres seres frágiles y poco valiosos que necesitaban de él para sentirse alguien.

Berth había intentado en una ocasión sobrepasarse con ella, por usar términos suaves. Aquel intento le valió a Berth perder una de sus gónadas y a ella lamentar no haber seccionado también la otra y liberar al mundo de su futura descendencia. Hubiera sido una oportunidad única de convertir su amado cuerpo en una masa inútil y sebosa, a juego con su cerebro pero tendría que vivir con aquella pena.

Por ello, cuando lo miró tan sólo, las carcajadas se le apagaron, no como al corto de entendederas de su hermano, que como eterno secundario había seguido en su gracia a su primo con quien compartía casi el mismo intelecto. -Tranquila madre, ya voy en su búsqueda. -

Cerró el libro y se encaminó hacia la casa. Sabía que su madre ya habría visitado su cuarto, pero también sabía que ella misma le reconocería que podía sacarle más información a un cuarto vacío de lo que podría sacarle ella.

Tan sólo un vistazo le valió para saber que era lo que se había llevado consigo, y la razón por la que seguramente lo había hecho.

- Syela salió ayer a la noche, pero yo no me preocuparía por ella - proclamó mientras salía nuevamente de casa.

- Yo no estaría tan seguro. - Su padre se encontraba ahora junto a su madre, así como una serie de soldados que se encontraban a su lado. - Syela fue vista ayer a la noche cruzando la frontera oeste arrastrada por una figura encapuchada. Estos guardias y sus compañeros hicieron lo posible por detener al sospechoso y seguir su pista, pero la habilidad del sujeto para borrar sus pasos y la imposibilidad de darle muerte, ya que cabía la posibilidad de dañar a Syela al tenerla el bastardo próxima a él como escudo, hizo imposible su captura y ejecución. Por ello, es crucial unirse a la caza de ese desgraciado y juzgarle como se merece. Ya se encuentran varios soldados buscándolos, pero me uniré a ellos para dirigir la búsqueda y ampliar en lo posible su área. Faril y Berth me acompañaran, a parte de otros voluntarios al margen de la guardia fronteriza, así que podéis aguardar aquí tranquilas.

- Si de verdad crees que nos quedaremos aquí esperándoos lo tenéis claro. Y creo que hablo también en nombre de Vanyala.

- Si madre. - “¿Dejarlo todo en tales manos? ni bromeando. Más teniendo en cuenta la verdad naturaleza del asunto. Syela, más te valdría que de verdad te tragara la tierra”.

[Editado por Cudesas el 06-02-2009 22:52]

Escrito el 08-02-2009 23:00 #2

Una pequeña figura femenina se detuvo junto a uno de los edificios cercanos a Târatië. Descansaba con una mano apoyada en la pared y la otra en su cintura. Su respiración era agitada y nerviosa. Giró la cabeza para comprobar que no la seguían y prosiguió la marcha.

Mientras caminaba observó su destrozada capa y maldijo al perro que por poco le desbarata su “trabajo”. “Aunque mejor que haya sido la capa y no mi pierna” - pensó ella. Nótt era una mujer joven, de unos veinticinco años y estatura media tirando a baja. Tenía los cabellos oscuros, los ojos grises y una piel nívea, como si nunca hubiese sido tocada por el sol.

Cuando llegó a la tienda, sacó la llave, entró y se sentó encima del mostrador. Sus padres y su hermano dormían arriba así que ahora podría contemplarla sin peligro. Extrajo de su bolsillo la gargantilla y la elevó hasta la altura de sus ojos, permitiendo que el reflejo de la luna que entraba por las ventanas, desvelara la belleza de la joya.

Sus padres posían una pequeña tienda de telas en la zona popular de Osto Ohtalôsse. Pero en los últimos años han visto como los Táwar, en especial los Ayamân (sacerdotes) y algunos Makar, les obligaban a rebajar el precio, o incluso a veces se negaban a pagar lo acordado alegando que no estaban del todo conformes, a pesar de que el acabado era exquisito. Sabían que era una excusa de los avariciosos señores de la clase alta para no pagar, pero cuando habían plantado cara, se habían encontrado con amenazas mayores. Desde que Narwä había decidido expandir su territorio y las guerras se sucedían una tras otra, la situación familiar había ido a peor. Por eso decidió que iba a robarles a ellos, para “ajustar la balanza”; algo que hace sin ningún remordimiento.

Subió hasta la planta superior con cuidado de no despertarles, y guardó el collar en un pequeño cofre antes de acostarse.

A la mañana siguiente bajó a tomar el desayuno, y como siempre era la última.

- Anoche llegaste muy tarde Nótt – dijo su madre.

- Pero ya estabais avisados – contestó ella mientras daba un mordisco a un pastel. – Fui al Hada Verde con unos amigos.

- Esas no son horas.

- Ya soy mayorcita ¿no crees madre?. ¿A qué viene esto? – preguntó arqueando una ceja.

- Tu madre está algo nerviosa – añadió el padre. Parece ser que la hija de una importante familia ha sido secuestrada. La noticia ha corrido por toda la ciudad.

- ¡Ah! ya entiendo, ahora mamá cree que yo voy a ser la siguiente, claro. Tiene toda la lógica.

- ¡No te lo tomes a broma! – dijo la madre. – Acaso te gustaría verme sufrir, pobre familia, es terrible.

- Está bien, hoy no saldré en la noche, te lo prometo madre. Pero ahora tengo que irme, no tardaré más de una hora, luego os ayudaré en la tienda.

Una vez que terminó el desayuno, recogió el collar y fue en busca de Golbâ, el hombre que le vendía los objetos que ella robaba.

Escrito el 09-02-2009 17:28 #3

Hacía ya unos meses que había abandonado su hogar. Había viajado hacia el Oeste en busca de la Capital, de la que había oído contar maravillas, cosas que no sabía ni que existieran: grandes palacios e inmensas murallas de piedra, jardines exuberantes, el saber acumulado de miles de personas durante miles de años,… La única casa de piedra que había visto era la casa de su señor… y decían que Osto Ohtalosse era toda una ciudad de piedra brillante.

Se había demorado en el viaje, trabajando aquí y allá, descansando acullá. El viaje que puede hacerse en 4 días a él le había durado más de dos meses.

Si partiera con sus mejores e impolutas ropas, ahora estaban sucias y ya tenían algún que otro desgarrón, si partió con un brío loco, ahora viajaba más sosegado, si partió a pié ahora ya montaba un caballo… viejo y débil pero aun un caballo.

Y estaba a sólo una jornada de la capital, descansando en Atarnanya, bajo las estrellas, sentado en el suelo y apoyando la espalda en una gran roca, después de una sencilla cena que, si bien no le había saciado, había sido suficientemente copiosa como para poder sentirse satisfecho de sus justas dotes de cazador y de cocinero: liebre a las finas hierbas (bueno… a las hierbas que encontró)… para chuparse los dedos… y bien que se los había chupado.

Ahora sonreía a las estrellas. Había conseguido sobrevivir y ser libre, y mañana llegaría a la Capital del Clan escarlata donde podría pasear por sus impolutas calles sin tener que arrodillarse ante ninguno de los grandes señores que ahí habitaban.

En un acto reflejo se sacudió el polvo que deslucía sus ropas.

Pero se dio cuenta que sacudirse la ropa mientras uno está tumbado en el suelo es un poco absurdo.

-Mañana tengo que entrar con la ropa limpia… quizá pueda limpiarla en ese puerto que dicen que hay cerca de la ciudad- se dijo el jovén Timú.

Escrito el 09-02-2009 21:42 #4

A las puertas de la gran mansión de Thêrel, el padre de la joven desaparecida, puertas que daban a la plaza de Thyr, se congragaban la comitiva que, gracias a su influencia en las altas esferas de Narwa Hilyatâri, el nurulânta había podido organizar. Estaban esperando a que llegara el arken que había sido designado para dirigir la búsqueda de la joven elfa Syela.

La desaparición de la doncella nurulânta había causado un gran revuelo por los alrededores de aquella zona, y se había extendido a casi la mayor parte de Osto Ohtalossë.

Vanyala se hallaba de pie, a pocos metros de su madre, esperando que se terminara de organizar la comitiva para partir. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reirse, pocos de los que allí se encontraban conocían la verdadera naturaleza de la huida de su hermana mayor. ¡Ay, hermana, la que has organizado!. No sabía qué podría salir de todo aquello, pero el caso es que Syela se acordaría de su escapada. Confiaba, no obstante, que ella estuviera sana y salva pues, aunque el bosque parecía estar tranquilo desde hacía meses, no siempre había sido así. Nunca se sabía que peligros podrían esconderse en el Aldalaurë.

Thêrel se hallaba impaciente y Zarênu, su madre, estaba entre enfadada y preocupada. La elfa no dejaba de resoplar.

- ¿Cuándo va a llegar el arken? ¿No podría haber sido designado otro arken para esta búsqueda?- preguntó la madre, mientras Thêrel se hallaba paseando en círculo, haciendo tiempo.

Entre tanto, alrededor, una multitud se congregaba, curioseando y cotilleando y observando la impaciencia que había en los familiares por el retraso del arken designado.

-No sé, querida, no sé. Sólo sé que nos costará alcanzar a los soldados que ya partieron hacia las estribaciones de las Ondoninkwê, en búsqueda de los pasos de nuestra hija y el captor. Aunque quizás con suerte, cuando lo hagamos, ya hayan capturado a ese asqueroso encapuchado y nuestra hija esté sana y salva.

Escrito el 10-02-2009 14:02 #5

Durante aquel día, el tema de conversación terminaba siempre de un modo u otro, en torno a la elfa desaparecida. Pero si en un principio a Nótt no le pareció relevante, pues no era el primer secuestro que se producía aunque no eran frecuentes, a medida que fue pasando el día su interés iba creciendo también. Claro que le ayudó también el hecho de oír la palabra “recompensa”. Si esa familia era realmente importante, la recompensa no podría ser pequeña y Nótt ya se la estaba imaginando. Al menos valía la pena comprobarlo. Y si finalmente no encontraban a la muchacha, siempre podría tomar la recompensa a su manera. No tenía nada que perder y a última hora de la tarde ya había tomado una decisión.

Aunque a su madre le había disgustado la idea y casi se le atraganta la cena, ella la tranquilizó pues solo iba de rastreo con el grupo de voluntarios. Tan solo tendrían que ir siguiendo pistas, si es que encontraban alguna, y el trabajo pesado correría a cargo de los soldados. Además, podía abandonar la búsqueda en cualquier momento.

Pero tenía que darse prisa en prepararlo todo. Los rumores decían que la comitiva iba a salir muy temprano a la mañana siguiente. Debía dejarlo todo dispuesto antes de acostarse y ya estaba anocheciendo.

Subió a su habitación, bajó la mochila y metió en ella algo de ropa limpia. No sabía cómo habían organizado la expedición, ni qué clase de cosas debían llevar, así que por si acaso enrolló una manta.

De uno de los cajones extrajo una funda de cuero y de ella a su vez sacó una daga élfica. El filo brillaba reluciente y la empuñadura acababa en una cabeza de león cuyos ojos eran dos topacios. Se había encariñado con ella y por ese motivo no la había vendido. “No, no es muy inteligente llevarla, alguien podría reconocerla” – pensó. La guardó en su sitio y sacó a cambio una que le había regalado su padre, mucho más sencilla y algo más corta. La dejó junto a la mochila y se tumbó en la cama.

Creía que no dormiría pensando en el viaje, pero sí lo hizo, y tan profundamente que se despertó más tarde de lo que había planeado.

Sin tiempo para probar bocado, salió con sus cosas y una pequeña bolsa que le había preparado su madre con algo de comida. Sin embargo, algo iba a suceder en el camino hacia la mansión de Thêrel, un encuentro fortuito que no la dejaría indiferente.

Escrito el 10-02-2009 17:08 #6

Se había puesto en marcha a la salida del sol. La ciudad estaba muy cerca… tanto que no pudo evitar espolear a su viejo caballo acuciado por las ansias de llegar a su tan soñada meta.

Un poco antes de medio día había llegado a Airalonde, había limpiado al sudoroso caballo y luego se había bañado, el mismo, en el mar (una vez se le hubo pasado la impresión que le dio verlo por primera vez).

Pasó entre los dos baluartes del Sur y entró en Ohtalôsse, tras superar dos inmensas torres defensivas, por una de las puertas meridionales.

Ya desde lejos le había impresionado la grandiosidad de la ciudad pero al verse al pié de las grandes murallas y de las infinitas torres de la Capital la mandíbula se le aflojó dejándolo en una boquiabierta y estúpida expresión.

A medida que se adentraba en la ciudad iba recuperando su normal expresión y transformando el pasmo en un arrobo feliz: los ojos le brillaban y su fresca y hermosa sonrisa se dibujaba de oreja a oreja.

La ciudad bullía ¿cada día era así? Plazas, callejones, avenidas,…

Sí, definitivamente se había perdido.

Escrito el 11-02-2009 18:27 #7

Corría tan deprisa como podía, repasando mentalmente las pocas explicaciones que había podido conseguir acerca de donde se hallaba la casa de la familia de Thêrel. Gracias a eso creía hacerse una idea de a dónde debía dirigirse, pero llegaba tarde y no le había quedado otro remedio que echar a correr, sorteando en el camino a los ciudadanos que se cruzaba.

Al girar en una de las avenidas chocó con un elfo de pelo canoso, desparramando algunas cosas por el suelo. No se paró para fijarse en ese “muro élfico” que le había hecho tambalearse por unos instantes. Pidió disculpas, recogió dos bultos del suelo y siguió corriendo.

Dos cruces más arriba paró en seco. Ahora tenía la posibilidad de seguir recto, girar a la derecha o ir a la izquierda. Se pasó el dorso de la mano por la frente. Estaba comenzando a sudar. Realmente ya no debía estar lejos, pero no podía perder tiempo dando vueltas llegando aún más tarde.

Estaba pensando cual sería la mejor opción, cuando vio que un muchacho se acercaba hacia ella.

- Disculpe señorita. ¿Sabe cómo puedo llegar al centro de la ciudad desde aquí?

Primero se fijó en el chico de ojos y pelo oscuros. Ese acento no era de la capital. Y luego se fijó en el animal que lo acompañaba. Con una mueca mitad desagrado, mitad de susto, le pidió que apartara un poco el caballo.

- Te diré cómo puedes llegar. Sigue esta misma calle hacia abajo y cuando llegues a una pequeña pla…

En ese momento una enorme mano sujetó a Nótt por el hombro fuertemente haciéndola girar en redondo.

- Aquí estás – oyó que decían detrás de ella.

La chica intentó zafarse, pero no podía contra la fuerza de aquel elfo. Para su sorpresa, vio como el muchacho intervenía pidiendo al elfo que la soltara.

- La soltaré cuando me devuelva algo que me corresponde – dijo el elfo de barba canosa mientras le quitaba la mochila.

- ¿Cómo? ¡Yo no tengo nada vuestro, y devolvedme mis cosas ahora mismo!. ¿Acaso creéis los elfos que todo cuanto existe os pertenece?

No sabía cómo pues todo ocurrió muy deprisa, pero tanto ella como el chico habían acabado en el suelo. Aquel “anciano” era más fuerte de lo que parecía. Y para colmo no había podido rescatar la bolsa.

El elfo sacó de la mochila una pequeña bolsa de cuero marrón que Nótt no había traído consigo de casa.

[Editado por Neume el 11-02-2009 18:28]

Escrito el 11-02-2009 23:31 #8

Setyane Maktar dió unos golpecitos a la bolsa para que tintineran las monedas que había en su interior.

- Jovencita tienes suerte de que las cosas hayan cambiado, en mis años jóvenes por lo que has hecho tendría derecho a matrte ahora mismo- dijo el viejo arken - Pero ahora mismo tengo mucha prisa y no tengo tiempo para estos juicios que se montan ahora. Así que como te vuelva a puillar robando te cortaré yo mismo la mano ¿entendido?-

El Arken empezó a caminar calle abajo y se volvió de nuevo - por cierto muchacho, ten cuidado a quién tratas de defender porque puedes meterte en problemas.-

El arken volvió a caminar calle abajo, mientras el chico ayudaba a levantar a la muchacha un grupo de soldados pasó corriendo a su lado alguno maldecía por lo bajo.

- Maldito viejo, ¿cómo narices ha hecho para adelantarnos?-

Frente a la mansión de la familia Thêrel Setyane Maktar se frenó en seco, veía mucha gente, pero demasiado cargada de bártulos, con demasiadas armas y demasiados paquetes.

- ¿Quién es el padre de la familia?- dijo con la voz estentorea y ronca de muchos años de milicia.

Escrito el 12-02-2009 12:46 #9

Cuando escuchó al arken preguntar por el padre de la elfa desaparecida, Zarenû se abrió entre los congregados como alma que llevaba el diablo, enfadada y ofuscada por la tardanza del arken. Llegó hasta el elfo y, tomándolo de los hombros, lo zarandeó.

-¿Quién te crees que eres? ¿Te consideras un buen arken? Mi hija lleva horas desaparecida, ya ha podido pasarle algo malo por tu incompetencia.- Zarenû no podía contener la impotencia que le producía no saber nada de Syela, después de tantas horas de espera para partir en busca de su hija.

El elfo, de cabellos blancos, tuvo que asistir a la actitud de aquella elfa hasta que Thêrel logró detener a su esposa.

-Querida, detente. Es Setyane Maktar. No debes tratarle así.- dijo el padre de la hija desaparecida mientras apartaba a su esposa del arken.

Los primos de Vanyala llegaron para ayudar a Thêrel y llevarse a Zarenû.

-Yo soy el padre de la familia. Llevamos muchas horas esperándote y como has podido comprender estamos muy intranquilos. No debemos perder tiempo.

Escrito el 12-02-2009 23:12 #10

No podía creerse lo que le estaba ocurriendo. Mejor dicho… no sabía qué le estaba ocurriendo. De repente y sin tiempo a reaccionar se había visto envuelto en una situación muy peligrosa… por lo visto había defendido a una ladronzuela de un poderoso Señor de la ciudad.

A Timú no le gustaban los ladrones, cogían lo que no les pertenecía, lo que otros habían ganado con esfuerzo. Pero esa ladrona… bueno, no estaba nada mal.

- ¿Y tú quien eres chico?- Preguntó la muchacha.

Timú contestó vacilante, la cabeza en otras cosas -Yo… ¿y tú? ¡Ah! y no hace falta que me des la gracias por…-

-Nótt, me llamo Nótt, y sí, gracias por "intentar" ayudarme-

-Yo me llamo Timú, no soy de la ciudad-

-¿No?, nunca lo hubiera dicho- Nótt miraba de reojo cómo el elfo se alejaba rápidamente - ¡eh, oye!, es que ahora tengo prisa, debo irme-

-Puedes decirme donde puedo… ¡eh!, un poco de amabilidad no te mataría, ¡eh!, ¿no me oyes?-

Pero no lo oía, Nótt había marchado a toda prisa tras el elfo, algo tramaba.

Timú se quedó unos segundos plantado en medio de la calle in saber que hacer, luego, por fin decidió seguir a la muchacha, quería enseñarle un poco de educación, seguro que ella tampoco era de la ciudad, por eso era tan mal educada. Cogió las riendas de su caballo y tiró de él con fuerza.

Ahora, el muy asqueroso, no quería moverse. Se acercó al caballo y le dijo –oye, o te mueves o me voy a la ferretería y me compro unas espuelas de esas que llevan los caballeros y te vas a enterar… además, si no quiero ni montar, sólo ir a pié…- el caballo resopló y se puso en marcha.

Pero ahora había perdido a la chica, se había ido hacia allí, hacia donde iba casi toda la gente. Ya la encontraría. ¡No!, ahí estaba Nótt, metiéndose a lo lejos entre la muchedumbre.

-Vengaaaa muévete deprisa- dijo al caballo… y este volvió a resoplar.