La Guerra de los Clanes

Náufrago

Escribiéndose...
Escrito el 06-02-2009 21:11 #1

El sol caía con firmeza sobre la costa que poco podía hacer para suavizar el calor producido por éste y el aire proveniente del desierto.

- Santo cielo, no ha quedado ningún alma viva. -

A escasa distancia de Nen-Sala se había descubierto, con la llegada del alba, un navío que había varado en penosas circunstancias. Las rocas habían terminado de destrozar el casco que los años y el mar habían corroído y ennegrecido, desperdigando su tripulación en tierra, o al menos aquella que podían ver.

El choque del barco parecía haber sido profundo, pero no parecía ser la causa principal de la muerte de los tripulantes. Las grandes heridas por acero estaban detrás de la causa de la mayoría de ellos. Algo bastante comprensible viendo la naturaleza de los cuerpos.

- Parece ser que estos orcos sorprendieron y abordaron el barco, provocando que durante o, tras la batalla, no quedara nadie que pudiera comandar el barco. Y, aquellos que hubieran tenido posibilidad de vivir alguna, el mar pareció haber decidido eliminarla bajo sus aguas. -

- Señor, parece que si quedó alguien con vida, el señor Athran lo esta auxiliando.

Shamal observó con emoción neutra al soldado que acababa de acercársele y vio como ciertamente Athran se encontraba inclinado sobre unos cuerpos desperdigados sobre la playa.

- Se encuentra débil y deshidratado, pero creo que sobrevivirá. Lo más prudente es enviarlo rápidamente a las casas de curación, no sea que pierda la vida por nuestra lentitud.

- Así se hará señor.

Athran observó por un momento como se llevaban al superviviente para devolver la vista nuevamente a la playa. A varios metros Shamal seguía repasando los cuerpos. Ambos dos, estarían allí al menos un tiempo, el necesario para buscar supervivientes, y dar una despedida en condiciones a los fallecidos. Eran tiempos de paz, un tiempo que hacia de un soldado un hombre para todo.

Escrito el 06-02-2009 21:22 #2

Aún muchos días después de despertar el joven superviviente, de cabellos rizados y ojos de un azul tan intenso como el del mar que lo trajo a las costas del oeste del Gran Desierto de Al Varantar, no podría recordar cómo había acabado en aquella playa arenosa.

Cuando despertó en las casas de curación sólo recordó aquel día, tan cercano en su memoría pero tan lejano en el tiempo, cuando el frío viento del invierno helaba los árboles del Nendataure, en el sur de Rómenor. Ese día, él se hallaba contiguo a Êsware, la cruz de hierro que servía de cruce caminos, al lado de la ciudad de Tûgore, la cual atravesaba días de paz desde que los marllajtay y los tûgoreanos habían logrado expulsar a los veneradores del cuervo. Un carro cargado de mercancías había recogido a Lêran cerca del camino que conducía hacia las tierras del sur.

Un barco esperaba al joven y al carro con las mercancías (preciosas telas fabricadas por su padre que eran muy afamadas no sólo en Tûgore sino en las ciudades de la parte más austral del Nendataure. Las mansas aguas del Ertasíre hicieron que las primeras horas del viaje fueran muy tranquilas y pausadas aún cuando el viento no dejaba de soplar desde las altas cumbres de las Andië.

Los gritos y la lluvia de flechas sucedieron al tercer día de viaje. El barco se hallaba anclado en la rivera izquierda del río navegable y sus tripulantes hacían cuenta de un tentempié antes de que el barco volviera a zarpar rumbo a Ehtininke. Con horror, el capitán del barco pudo ver cómo de entre las sombras de los árboles del bosque, las figuras parduscas y escurridizas de orcos se lanzaban hacia el barco. Apenas les dio tiempo a nada, el ataque fue inmediato y las hordas de los orcos eran muy numerosas. Nadie recordaba tantos orcos en aquella región.

Herido y, parcialmente mutilado de una mano, Lêran deliró en su estado de semi inconsciencia, ajeno por completo a lo que pasaba a su alrededor.

Un cúmulo de voces, golpes, dolor, era lo único que recordaba Lêran. ”Les atacaron una numerosa horda de orcos en las inmediaciones de Ered Mithdraug”. Sólo un pensamiento le asaltaba y le dominaba la mente cada vez que, durante unos segundos, podía recuperar la consciencia; sólo podía pensar en regresar a Tûgore y avisar de la invasión de los orcos sobre las florestas del Nendataure.

Sin embargo, el destino se había encargado de alejarlo lo máximo posible de Tûgore. En Hjôlâgarda, los sobrevivientes del ataque de los orcos al barco comercial tûgoreano, habían sido tratados como esclavos por lo que, unos cuántos días después, partirían en un barco corsario del Golfo de las Tempestades. Lêran, sumido en una infección que desgastó su salud durante días y días, apenas había podido ser consciente de su suerte. Aún así, a pesar de la infección, había sobrevivido a la muerte.

El barco corsario había viajado durante días por el mar occidental, hacia el norte, pero una gran tormenta le había sorprendido en las cercanías de la bahía de Ithain y el barcó, finalmente había naufragado, llegando de esa manera a las playas de Varantar.

Mientras el joven Lêran era asistido por los varantes, en las inmediaciones de Tûgore se detectaba cierta actividad anomala. El bosque Nendataure se hallaba inquieto.

[Editado por ingaran el 06-02-2009 23:05]

Escrito el 08-02-2009 21:31 #3

Yamacha sostenía firmemente entre sus manos el mensaje que el Zôr de Tûgore Allpa’huátl le había entregado. Mostraba una expresión sombría y las manos le temblaban levemente estrujando entre sí el pedazo de pergamino. El mensaje había llegado hacía escasos minutos a la cuidad, procedente de Tumbu. Lo firmaba Toltyo, general de la Segunda Compañía. La sombra que avanzaba inexorablemente desde el sur parecía haber cubierto por completo la ciudad al pie de las Andië: los ciudadanos se mostraban decaídos y la alegría y distensión propias del pueblo Marllajtay parecían haberse contagiado del mal humor de los lugareños. Los bándalos y ladrones acechaban en las cercanías de la ciudad, penetrando en ocasiones sus muros y amenazando a los ciudadanos honrados. Los ataques de los lobos eran inusualmente frecuentes y éstos venían tanto desde las altas Andië como desde el bosque. Pocos granjeros quedaban ya en Tumbu que no hubieron perdido gallinas, conejos o incluso ovejas. Y las demás bestias del bosque también se mostraban inquietas.

- ¿Qué opinas? – preguntó Allpa’huátl, visiblemente preocupado por la situación, que hacía ya varios días que había sido prevista por los sacerdotes Ýskur.

- Los Antiguos predijeron el regreso del mal en un momento indeterminado. Marllajtay e Ýskur y en general cualquier Marhalla alberga ese temor en su corazón desde que llegamos a Rómenor. Tú la sabes bien y también lo temes, mi querido Allpa’huátl.

- Sí…

- Sabes que durante el último año Malkñý que hemos dejado atrás el mal ha empezado a agitarse de nuevo en el continente, y eso puede tener mucho que ver con el final del ciclo Tehmazcátl…

- … el Khôndor se alzará una vez más sobre el mal y los Borhala encenderemos el Fuego Nuevo que se alzará al cielo iniciando un nuevo ciclo – terminó Allpa’huátl.

- Los Marllajtay habéis degradado un poco esta tradición, por lo que veo… - replicó Yamacha -. El Fuego Nuevo alimentará al dios Ilhuicatl, el conductor de Maïth, el Sol, renovando su energía debilitada tras el ciclo concluido. Eso deberá permitir iniciar un nuevo ciclo. Pero también está escrito que es en este momento cuando el mal alcanza el máximo poder ante el decaimiento de Maïth. ¿Cuándo será que logrará su objetivo? Eso no lo sabemos. Hasta el momento el Fuego Nuevo siempre ha sido encendido en la gran celebración del Tehmazcátl cada cincuenta y dos años.

- Temo que en la situación actual solo se nos haya mostrado la punta del iceberg… - dijo Allpa’huátl, decaído.

- Quizás tus hombres no hayan debido alejarse tanto de Tumbu. Esa ciudad y Tûgore misma son ahora oasis de paz rodeados de los peligros del Nendataure.

Pues Toltyo también decía en su carta que Laymi había desplegado la caballería en el Nendataure, alerta ante cualquier situación de peligro. Y una expedición Marllajtay había partido por el río hacia el sur, de donde se creía que podía se estar gestando una invasión del bosque.

- ¿No hay noticias del buque mercante que partió a Ehtininke? – preguntó Yamacha.

- No. Aún no ha regresado nadie.

Muy lejos de allí, una pequeña embarcación Marllajtay surcaba las aguas del Ertasíre hacia el sur, en medio de una densa niebla y un asfixiante silencio.

Escrito el 08-02-2009 23:35 #4

Suspiró, cansado y hastiado.

- Alberion, ¿puedes venir? -gritó Athran desde lo alto de la colina.

Un hombre alto y moreno, de mediana edad -unos treinta años- se alzó de pronto y se estiró, con un bostezo. Avanzó hacia el Dherasda con paso firme y seguro, el andar de una persona enérgica y segura de sí misma. Los detalles se fueron perfilando por entre el polvo del desierto y los espejismos que el calor avasallador del mediodía despertaba en los ojos irritados y sudorosos de Athran.

-¿Qué pasa? -preguntó, sin más, el recién llegado. El apodado Al'Berion o, simplemente, Alberion, era de facciones atractivas y bien proporcionado. Vestía con sencillez funcional, de la que se podía deducir sin esfuerzo un notable descuido; las mangas de la túnica gris estaban verdosas y ocres de los productos químicos que usaba habitualmente.

Porque, de entre todos los varantes, Alberion era una persona verdaderamente extraña. Lo cual es mucho decir.

- ¿Has encontrado algo? -preguntó Athran. La condenada pregunta de rutina, rumiaba el Dherasda. Y él me dirá que no. Rutina.

- No -respondió Alberion escuetamente. Athran ni siquiera se molestó en expresar la ira que lo embargaba. Estaba ya demasiado cansado. Cansado de una búsqueda en la que no había tenido demasiada fe desde el principio, cansado de la maldita minuciosidad con que Alberion realizaba todas sus tareas. Puede que fuera útil para él. Para Athran, con su impulso natural a la impaciencia, resultaba más bien exasperante.

Porque Alberion era un sujeto singular, incluso entre los varantes.

El joven sonrió, apiadándose de Athran.

- Quizá deberíamos dejarlo por el momento -afirmó, y el Dherasda suspiró de alivio-. Al fin y al cabo, desde el principio fue poco probable encontrar nada. El muchacho necesita más atención.

Athran asintió. Además, sería bueno preguntar a Shamal cómo había ido su búsqueda por las inmediaciones de la playa.

Los nómadas observan a sus parientes los varantes con una mezcla de respeto fraternal y cariño irónico. Saben apreciar su tenacidad y su capacidad para sobreponerse a las penurias, pero también son capaces de sacar a la luz sus defectos.

Los hijos de Adaner no tienen problemas en llamar por su nombre a los varantes con los que tratan, pero suelen utilizar apodos para designar a aquellos que son famosos entre todos los dispersos clanes itinerantes. No en vano, honraron al fundador del pueblo varante, Elden ish Khemel, llamándolo con las palabras más importantes para ellos: Al'Darme.

Del mismo modo, berion es una palabra atípica en darmano, la lengua de los nómadas. No sólo porque se parece demasiado a la forma de pronunciar de los antiguos nasháltidas, de los que los varantes toman gran parte de su vocabulario; sino también por su significado complejo.

Un sabio anciano nómada observó largo tiempo al curioso astrólogo Nieran Valishta y, en cierta ocasión, lo llamó por el nombre por el que todos lo conocerían después, el que él mismo adoptaría.

- Al'Berion -dijo el curtido nómada. El que Ve y Comprende.

Se puede afirmar sin duda que Nieran Valishta, Alberion, vio y comprendió muchas cosas en el transcurso de su larga vida. La mayoría de ellas, sin embargo, no importan aquí.

Mientras Athran visitaba a su amigo Shamal, el joven astrólogo observaba con atención al náufrago superviviente, que entraba y salía de la consciencia alternativamente. No era una atención puramente filantrópica; no era una persona sin escrúpulos, por supuesto, y prefería que el joven sobreviviera; pero aquella era una buena oportunidad para estudiar las heridas y esas "cosas" extrañas que observaba con sus aparatos y sus lentes.

Así, mientras tarareaba alegremente una nana e iba consiguiendo muestras, se encontró de pronto con la mirada vaga, pero despierta, del joven náufrago. No pudo evitar un estremecimiento, asustado; logró mantener el pulso y la aguja de platino que sostenía no se cayó al suelo. Dejó los instrumentos sobre la mesa y mostró una de esas sonrisas encantadoras. Sus ojos grises fulguraron brevemente.

- Bienvenido al mundo real, muchacho.

[Editado por Thirian el 08-02-2009 23:37]

Escrito el 09-02-2009 16:09 #5

-¿Cómo anda nuestro joven superviviente? – Se intereso Shamal por el único superviviente.

-Al'Berion se encarga de él – Athran hizo una pausa – Pero su estado es bastante grave.- su rostro se reflejaba la preocupación.

Shamal asintió con la cabeza – Ciertamente no ha tenido un buen día, pero puede dar gracias a Nindrant de seguir con vida, del resto …… - Shamal hizo una pausa observando la desoladora imagen de los cadáveres que se amontonaban en la orilla de la playa.

-¿Entonces no hay más supervivientes? – Preguntó Athran.

-Por el momento no, hemos enviado patrullas hacia el norte y al sur, siguiendo la costa. El mar está bastante revuelto estos días – Shamal señalo con su mano la playa, las ola rompían con fuerza contra la orilla y contra los restos del buque. – Quizás las corrientes arrastraran algún superviviente.

Haytham! – grito una voz –

Shamal y Athran se giraron en la dirección de donde procedía - ¿Qué pasa Naerd? – preguntó Shamal.

-Hemos reunido todos los cuerpos orcos y vamos a proceder a su incineración. ¿Dais vuestro permiso? A los hombres no les gusta los orcos y aun menos los piratas. – Naerd frunció el ceño y mirando al cielo soltó una maldición en darmano.

-Adelante, podéis quemarlos.- Respondió Shamal.

-Avisare a los hombres- Respondió Naerd- dando media vuelta y dirigiéndose hacia la montaña de cadavares.

-Espera! – Grito Athran – Naerd se detuvo de inmediato- Guardar parte del material, armaduras, armas o símbolos que encontréis. Enviarlos a Varendia para que los identifiquen.

Naerd le miro indignado – Despojar a los orcos, el era un nómada no un buitre que se alimenta de la carroña, ni un bandido del desierto que se dedica a robar a los muertos – Shamal intervino al ver el rostro de disconformidad del hombre –

-Necesitamos saber de dónde vienen, guardar solo lo indispensable – Le dijo Shamal, Naerd frunció el ceño, y siguió su camino.

- Vaya con el carácter Nómada – Athran resoplo – Como si el panorama no fuera suficiente..

-Por eso he venido, son buena gente, pero a veces demasiado orgullosos y cabezotas. – Shamal sonrió.

-La tripulación está recibiendo sepultura al estilo Varante, han enviado un grupo de sacerdotes del gran templo. – Le explico Shamal, mientras señalaba en dirección a tienda blanca instalada cerca de la orilla.

¿Alguna idea de que ha ocurrido aquí? – Pregunto Athran.

Shamal sonrió – Creo que tenemos los papeles cambiado – Se rasco la barbilla pensativo – Tú te has encargado del único superviviente… y yo de los muertos. El que habla con los muertos eres tú. Yo Fatîm tú Dherasda.

-Sabes a lo que me refiero – le respondió Athran, le molestaba que hablara así de los guardianes de los muertos y no se estuvo de reprenderle con la mirada.

- No estoy seguro, contrabandistas o filibusteros quizás. Algunos de los cadáveres portaban grilletes y cualquier mercader con buen juicio no tendría una nave de ese estilo. Hasta que no encontremos el diario del capitán o el manifiesto del barco no podré asegurar nada.

-Entiendo, nos tocara esperar que …. – Shamal le interrumpió -¿No podrirás invocar algún espíritu? –

Athran le empujo – Vamos a ver a Alberion -

-No cambies de tema….

-Cuantas veces tendré que repartirte, que es un proceso complicado……

Naerd encendió la pira, el fuego empezo a quemar los cadaveres de los orcos, impregnando el ambiente de un fuerte olor a carne chamuscada y una gran columna de humo negro se elevaba visible desde varios kilometros.....

Escrito el 09-02-2009 21:48 #6

El náufrago parecía no haber escuchado la respuesta de Alberion, pero no apartó los ojos de él, aunque realmente se podría jurar que no era el rostro del varante lo que observaba en ese momento, su mirada estaba puesta en otro lugar.

- Isgen…¡¡GÂR!! – - pronunció, de repente, casi en un grito ahogado.

Al rato, intentó incorporarse. Para ello, apoyó la mano derecha en la cama donde estaba recostado e hizo un impulso con ella al tiempo que intentaba hacer lo mismo con la mano izquierda, entonces…un dolor intenso le oprimió en la zona de la mano izquierda. Esta vez su grito si fue más sonoro, pues era un grito de dolor físico. Con horror vio que su mano izquierda estaba envuelta en una especie de venda pero se podía notar fácilmente que la mano estaba parcialmente mutilada, apenas conservaba la mitad de ella…

Lêran miró entonces al varante con el rostro en una expresión de pregunta.

Mientras tanto, mucho más al sur, en los bosques templados del Nendataurë, los marllajtay y los asgarûn habían desplegado la caballería en los alrededores de Tumbu y Tûgore. Y, así fue como, algunos de esos caballeros que estaban patrullando los alrededores encontraron los cuerpos sin vida de tres campesinos en el camino que venía desde Galjâ hacia Tûgore.

Escrito el 10-02-2009 00:05 #7

Alberion arqueó las cejas, ligeramente impresionado por los dos gritos consecutivos del malherido. Ligeramente. No era una persona a la que se pudiera sorprender fácilmente. Chasqueó la lengua y esperó unos segundos antes de responder a la pregunta que expresaban los ojos del náufrago.

- No deberías intentarlo, joven -afirmó Alberion, señalando con un gesto de la mano el vano intento del náufrago de levantarse-. Cierra los ojos, y descansa. Aunque nos vendría bien saber tu nombre.

- Lêran... -murmuró con la voz reseca y ronca. Previsor, el científico extendió el brazo y vertió el agua de un jarrón de cerámica sobre un vaso que ofreció al malherido. Éste absorbió el líquido con avidez. Tosió espasmódicamente.

- Con calma, con calma...

Mientras Lêran bebía, Alberion observó su estado con ojo crítico. Pese a las terribles heridas que presentaba, el joven se recuperaba rápidamente. Era resistente, pese a todo.

Lêran suspiró tras agotar el contenido del vaso. Mientras Alberion rellenaba otro, siguió preguntando.

- ¿De dónde eres, Lêran? -dijo.

Él pestañeó por toda respuesta, y entonces Alberion cayó en la cuenta, riendo entre dientes. No es varante... Luego no puede entenderme. Entonces, ¿por qué había respondido a su primera pregunta?

Alberion se encogió de hombros mentalmente. Intuición, supuso.

- Mmmm...

Se rascó la barbilla, pensando. No era un experto en idiomas, pero tras varios años viajando había llegado a dominar varias con fluidez. Siempre podía utilizar ese rudimento de lengua común con que los comerciantes se entienden en los distintos lugares de Al'Vharea -Rómenor-, pero prefería no tener que hacerlo. No sólo por su aversión hacia esa lengua -de la cual tenía su propia y elaborada opinión-, sino también porque pondría al joven en una situación más cómoda.

Y eso, al fin y al cabo, tenía su utilidad si quería obtener información.

Así que pronunció la palabra "lugar" en las diversas lenguas que conocía. Finalmente el rostro de Lâren se iluminó.

- Tûgore -murmuró.

Poco a poco, recurriendo tanto a la lengua común como al asgarûn de Tûgore, Alberion supo que Lâren era el hijo de un importante comerciante de telas de aquella ciudad lejana.

Lâren gimió de dolor de nuevo, y sus ojos repitieron la misma pregunta. Alberion volvió a arquear las cejas y a chasquear la lengua.

- A esa pregunta, muchacho -se hizo entender- no tengo ninguna respuesta. Pensé que tú sí la tendrías.

Alberion escuchó de los labios de Lêran los únicos recuerdos que su trastornada mente había retenido. Supo que el joven había sido atacado por los orcos... y cuando el joven mencionó el lugar, Ered Mithraug, el científico frunció el entrecejo. Eso está lejos.

- ¿Sabes dónde estás, muchacho? -preguntó Alberion. Su voz tenía un tono dulce, pero por el aire de superioridad con que el astrólogo no podía evitar emitirla, podía llegar a resultar irritante.

Lêran negó con la cabeza. Alberion sonrió, sus ojos brillaron con un fulgor extraño.

- En Al'Varant -dijo. Como sospechaba, el joven abrió la boca desmesuradamente, a la vez asombrado y consternado.

Mientras Shamal y Athran hablaban, convenientemente protegidos por los árboles de Nen-Sala y el murmullo de las flores y el agua procedente de los Jardines colgantes; observaron en el horizonte la figura solitaria de una mujer a caballo, cuyos detalles se fueron perfilando conforme se acercaba.

Pese a estar cubierta por una capa blanca de viaje, bajo la misma se vislumbraban los reflejos de las sedas y las telas de hilo de oro y plata, con los símbolos vegetales en verde y rojo característicos de los más opulentos de entre los varantes, aquellos emparentados con los Razzâg. Era joven, de expresión arrogante.

Athran bufó. Se había acostumbrado demasiado a las vacaciones de aquella larga tregua no escrita. Ahora tenía que recuperar el buen pie.

Y lo cierto es que nunca le habían gustado demasiado las sorpresas. Su intuición le murmuraba ciertas cosas acerca de aquella mujer.

No tardó mucho en reconocer que su intuición no iba desencaminada.

- Soy Serah Nelivar -se presentó ella. Fue suficiente. Athran arqueó las cejas y Shamal dio un largo silbido. Nelivar. Un apellido que, sólo con pronunciarlo, exigía respeto. Nelivar. Una de las familias comerciantes más influyentes y poderosas en la capital de los varantes.

- Vengo en busca de alguien que ha tenido que llegar aquí... accidentalmente... hace poco.

Athran abrió ligeramente la boca. Shamal hizo la pregunta por él.

- ¿Cómo diablos sabe eso?

Escrito el 10-02-2009 20:36 #8

Hacía ya bastante rato que el joven Teo no podía disimular su inquietud, mientras la pequeña embarcación Marllajtay surcaba las tranquilas aguas del curso medio del Ertasíre.

- Deberíamos regresar… ya hace rato que hemos traspasado los límites del territorio de Tumbu… - dijo con tono preocupado.

- Shhh… espera… - lo mandó callar Túher, el capitán de la expedición.

De entre la niebla empezó a entreverse una sombra oscura en un recodo de la ribera izquierda del río. Se encontraban, como bien decía Teo, lejos de los dominios Marllajtay, cerca de las estribaciones meridionales de las Ered Mithdraug. Acercándose lentamente, pronto la sombra empezó a transformarse en un pequeño barco varado en la orilla del río. Rápidamente fue identificado por los exploradores como una embarcación mercante Tûgoreana y a juzgar por la posición de la misma, debía dirigirse al sur cuando embarrancó. O pensaron que había embarrancado, error del cual salieron bien rápido cuando pusieron los pies en el suelo. En tierra, antes ocultas tras el barco y la niebla, descubrieron las evidencias de una sangrienta escaramuza. Había algunos cadáveres de orcos y hombres dispersos por el suelo a los pies del barco. Y cuando subieron a la embarcación el panorama que encontrar era similar.

- ¡Awka chiki, ýrka Ýh! – maldijo el capitán en lengua Marllajtay ante tal desgarradora escena.

Exploraron el barco y los alrededores sin encontrar nadie con vida, ni orco ni hombre. Y la mercancía que transportaban, tejido de la mejor calidad que se puede adquirir en Tûgore, si bien malograda, permanecía en la bodega de carga, así como las provisiones. Tan solo echaron en falta a la mayor parte de la tripulación, pues aún así eran pocos los cuerpos que encontraron en los alrededores. Todos concluyeron con una mezcla de dolor y rabia, que sus paisanos habían sido atacados para ser convertidos en esclavos. Y posiblemente los pobladores de la costa del Golfo de las Tempestades habían tenido algo que ver.

- En cualquier caso y como ya ha advertido antes Teo, estamos lejos del dominio Marllajtay y con los medios de que disponemos estaríamos perdidos ante un nuevo ataque. Regresemos – ordenó Túher.

Y así, los Marllajtay embarcaron de nuevo y emprendieron el camino de regreso río arriba. Al llegar a la confluencia entre los tres grandes ríos del Nendataure, donde el Zôr de Tûgore había hecho construir un espléndido puerto fluvial hacía pocos meses, la expedición se dividió. Teo siguió rumbo al norte, hacia Tûgore, acompañado de tres hombres, mientras el resto se dirigió a Tumbu a presentar los informes al capitán Toltyo.

Pero no serían aquellas las únicas malas nuevas que se recibirían en el nuevo palacio del Sûtagûn, pues en el preciso instante en que Túher y sus hombres se encontraban en el barco asaltado en el sur, Allpa’huátl recibió la visita del general de la guardia tûgoreana en sus estancias.

- Creemos que los desaparecidos han sido hallados, señor.

- ¿Quiénes?

La visita tomó al Khútic de improviso, sumido en sus pensamientos. Hacía días que le preocupaba el bienestar de los ciudadanos del Nendataure. Podía protegerlos de un ataque mientras la sombra se extendía por el bosque, pero la colaboración de Isgur, Marllajtay y la guardia tûgoreana no alcanzaba para garantizar la protección de la población en los caminos del bosque. Estaba decidido a cerrar las puertas de Tumbu y Tûgore si la situación no mejoraba, al menos hasta saber cuál era la amenaza que se aproximaba.

- Los campesinos, señor… le hablé de la desaparición de tres hombres hace unos días, ¿recuerda? – dijo el general tûgoreano, de nombre Alzagh.

- Sí, disculpa… estaba distraído. Por fin buenas noticias.

- Disculpe, señor, creo que no nos hemos entendido… lo que ha sido hallado son sus cadáveres. Tûgoreanos sin duda y las descripciones que recibimos cuadran, aunque por el momento no han sido identificados aún por sus parientes.

El Zôr se volvió a mostrar abatido ante esa nueva desgracia, unida a la falta de noticias de los mercaderes de textiles que habían partido hacía ya días. Con un gesto, invitó a Alzagh a continuar.

- Los encontraron los jinetes al noreste de aquí, más allá del Cantasíre, en el camino de Galjâ. Aunque es un terreno accidentado y no se han encontrado signos evidentes de lucha, creemos que han sido asesinados, señor. Los cuerpos han sido traídos a la ciudad para que sean debidamente identificados y sepultados.

- De acuerdo… mantenme informado del asunto – pidió Allpa’huátl al tiempo que daba por concluida la entrevista, gesto que interpretó debidamente Alzagh y tras una hacer una leve reverencia, abandonó la estancia sin mediar palabra.

[Editado por Earendil84 el 10-02-2009 20:37]

Escrito el 10-02-2009 22:20 #9

¿Cómo diablos sabe eso? –Pronuncio en voz alta. Shamal se mordió la lengua, había sido demasiado descuidado. Intento reaccionar pero ya era demasiado tarde.

-Nen Sala es un lugar de paso de muchos viajeros, debería ser más especifica – Intento disimular Shamal.

El caballo relincho, Serah sujeto con firmeza las riendas, sus ojos verdes brillaron con fuerza – Sabes bien a quien me refiero - El senado a enviado a un Guardián de los muertos ha investigar. – La joven desvío la mirada hacia Athran- ¿Eres tú? O puedes llevarme ante tú superior. – LE dijo con voz autoritaria.

-Así es, mi nombre es Athran y el consejo me ha enviado a investigar el naufragio. ¿Qué motivos os traen a vos?

-Mis motivos están por encima de los vuestros – Dijo de forma prepotente – Tengo autorización del senado para llevar acabo mis propias investigaciones.

Los dos se quedaron de piedra tras oír tal afirmación, que motivos podía tener la casa Nelivar en todo aquello.

-Mi señor – Se dirigió Shamal a Athran en tono humilde – Siendo así, deberías acompañar a la señora a ver al superviviente, yo me encargare de su montura y equipaje. -Shamal tendió la mano a la dama para ayudarle a desmontar, pero esta la rechazo y desmonto sola.

-Si sois tan amable de seguirme – Le indico Athran, - Solo hemos podido rescatar a un único superviviente – Le comento Athran, Serah apresuro el paso y se coloco frente al joven guardián, con paso apresurado hacia las casas de curación.

Shamal acarició la cabeza del caballo, un magnifico ejemplar negro pura sangre. Lo mejor que el dinero Varante podía comprar, aun así no podría compararse a los caballos nómadas de los Azab.

Se encamino hacia los establos mientras veía como Athran y Serah desaparecían entre la vegetación de los jardines de Nen Sala.

-Tranquilo pequeño – Le susurro – Dejarme ver que secretos escondes en tus alforjas.

Serah parecía muy decidida, casi no cruzaron palabra en lo que duro el trayecto hasta las casas de curación. Solo cuando ya se aproximaban a la habitación. –El senado me informo que también disponías de un enlace – hizo una pequeña pausa - Quizás lo necesitemos - ¿Dónde se encuentra?

Athran disimulo - En la costa supervisando las tareas de rescate – Intento sonar lo más convincente posible.

-Excelente, Necesitare un informe detallado a su regreso– Respondió, parecía satisfecha.

-Lo estamos elaborando, encontramos el manifiesto del barco pero estaba en muy malas condiciones, llevara un tiempo analizarlos. – Contesto Athran.

Serah se detuvo – Realmente el enlace es un Fatîm, o solo son rumores.

Athran sonrió – Digamos que es una caja de sorpresas, ahora nuestro naufrago os espera en esta habitación, no le hagamos esperar.

Escrito el 12-02-2009 12:44 #10

La mujer no volvió a pronunciar palabra con Athran mientras se dirigían hacia el lugar donde se hallaba el superviviente. Tenía los cabellos castaños recogidos y sus ojos verdes brillaban con gran intensidad.

No era, no obstante, muy inusual que la hija del viejo Nelivar partiera sola desde Varendia, pero ella siempre había sido una mujer excéntrica, acostumbrada a hacer lo que le viniera en gana en cada momento. Cuando la noticia del barco que había naufragado en la costa suroeste se había extendido por las calles de la capital, ella no había dudado ni un momento en preparar el viaje hasta Nen-Sala. Serah era así, impulsiva, apenas tardaba en tomar una decisión. Y su padre ya hacía tiempo que la había dejado estar, desistiendo de poner freno a sus deseos. Por ello, cuando horas más tarde desde que Serah había partido desde Varendia a Nen-Sala descubrió que su hija se había marchado hacia el sur, no se había sorprendido.

Mientras atravesaban los jardines de Nen-Sala, Serah desvió la mirada hacia Athran, de ojos grises y cabello castaño. A la joven, el guardián de los muertos le resultaban bastante extraños los guardianes de los muertos y más aquel joven, que parecían tan jovial. Athran se dio cuenta de que ella lo estaba mirando, pero no dijo nada.

Continuó mirando hacia delante, mientras alcanzaban un edificio blanco de Nen-Sala. Sus mansiones la seguían fascinando a pesar de que había visitado aquel lugar más veces de las que recordaba. Pero, en ese momento, lo que más le producía una inquietante ansiedad, era ver al naufrago.

No tardaron en llegar.