Hacía ya bastante rato que el joven Teo no podía disimular su inquietud, mientras la pequeña embarcación Marllajtay surcaba las tranquilas aguas del curso medio del Ertasíre.
- Deberíamos regresar… ya hace rato que hemos traspasado los límites del territorio de Tumbu… - dijo con tono preocupado.
- Shhh… espera… - lo mandó callar Túher, el capitán de la expedición.
De entre la niebla empezó a entreverse una sombra oscura en un recodo de la ribera izquierda del río. Se encontraban, como bien decía Teo, lejos de los dominios Marllajtay, cerca de las estribaciones meridionales de las Ered Mithdraug. Acercándose lentamente, pronto la sombra empezó a transformarse en un pequeño barco varado en la orilla del río. Rápidamente fue identificado por los exploradores como una embarcación mercante Tûgoreana y a juzgar por la posición de la misma, debía dirigirse al sur cuando embarrancó. O pensaron que había embarrancado, error del cual salieron bien rápido cuando pusieron los pies en el suelo. En tierra, antes ocultas tras el barco y la niebla, descubrieron las evidencias de una sangrienta escaramuza. Había algunos cadáveres de orcos y hombres dispersos por el suelo a los pies del barco. Y cuando subieron a la embarcación el panorama que encontrar era similar.
- ¡Awka chiki, ýrka Ýh! – maldijo el capitán en lengua Marllajtay ante tal desgarradora escena.
Exploraron el barco y los alrededores sin encontrar nadie con vida, ni orco ni hombre. Y la mercancía que transportaban, tejido de la mejor calidad que se puede adquirir en Tûgore, si bien malograda, permanecía en la bodega de carga, así como las provisiones. Tan solo echaron en falta a la mayor parte de la tripulación, pues aún así eran pocos los cuerpos que encontraron en los alrededores. Todos concluyeron con una mezcla de dolor y rabia, que sus paisanos habían sido atacados para ser convertidos en esclavos. Y posiblemente los pobladores de la costa del Golfo de las Tempestades habían tenido algo que ver.
- En cualquier caso y como ya ha advertido antes Teo, estamos lejos del dominio Marllajtay y con los medios de que disponemos estaríamos perdidos ante un nuevo ataque. Regresemos – ordenó Túher.
Y así, los Marllajtay embarcaron de nuevo y emprendieron el camino de regreso río arriba. Al llegar a la confluencia entre los tres grandes ríos del Nendataure, donde el Zôr de Tûgore había hecho construir un espléndido puerto fluvial hacía pocos meses, la expedición se dividió. Teo siguió rumbo al norte, hacia Tûgore, acompañado de tres hombres, mientras el resto se dirigió a Tumbu a presentar los informes al capitán Toltyo.
Pero no serían aquellas las únicas malas nuevas que se recibirían en el nuevo palacio del Sûtagûn, pues en el preciso instante en que Túher y sus hombres se encontraban en el barco asaltado en el sur, Allpa’huátl recibió la visita del general de la guardia tûgoreana en sus estancias.
- Creemos que los desaparecidos han sido hallados, señor.
- ¿Quiénes?
La visita tomó al Khútic de improviso, sumido en sus pensamientos. Hacía días que le preocupaba el bienestar de los ciudadanos del Nendataure. Podía protegerlos de un ataque mientras la sombra se extendía por el bosque, pero la colaboración de Isgur, Marllajtay y la guardia tûgoreana no alcanzaba para garantizar la protección de la población en los caminos del bosque. Estaba decidido a cerrar las puertas de Tumbu y Tûgore si la situación no mejoraba, al menos hasta saber cuál era la amenaza que se aproximaba.
- Los campesinos, señor… le hablé de la desaparición de tres hombres hace unos días, ¿recuerda? – dijo el general tûgoreano, de nombre Alzagh.
- Sí, disculpa… estaba distraído. Por fin buenas noticias.
- Disculpe, señor, creo que no nos hemos entendido… lo que ha sido hallado son sus cadáveres. Tûgoreanos sin duda y las descripciones que recibimos cuadran, aunque por el momento no han sido identificados aún por sus parientes.
El Zôr se volvió a mostrar abatido ante esa nueva desgracia, unida a la falta de noticias de los mercaderes de textiles que habían partido hacía ya días. Con un gesto, invitó a Alzagh a continuar.
- Los encontraron los jinetes al noreste de aquí, más allá del Cantasíre, en el camino de Galjâ. Aunque es un terreno accidentado y no se han encontrado signos evidentes de lucha, creemos que han sido asesinados, señor. Los cuerpos han sido traídos a la ciudad para que sean debidamente identificados y sepultados.
- De acuerdo… mantenme informado del asunto – pidió Allpa’huátl al tiempo que daba por concluida la entrevista, gesto que interpretó debidamente Alzagh y tras una hacer una leve reverencia, abandonó la estancia sin mediar palabra.
[Editado por Earendil84 el 10-02-2009 20:37]