Mientras los soldados de Sura rastreaban por el bosque, buscando más pistas de Neithan que les confirmase que éste había huido a Tulkatumbo, Ornêkal, el hermano menor del desaparecido, se dirigió montaña arriba. Habían pasdo ya varios días de búsqueda y, al fin, se encontraban cerca del escondite de su hermano. Él había sabido en todo momento cual era el lugar al que Neithan había huido, pero no había querido traicionar a su hermano. Por ello, en Breald, había sugerido a su padre y la ainadâka que quizás su hermano se habría ido a Tulkatumbo. Si llegaba antes hasta él, quizás lograse hacerle entrar en razón.
Subió por ello cauto, con andares sigilosos y mirada en alto, atento de que desde lo alto nadie pudiera verle ni oírle. Ni siquiera a escasos pasos, ni en la entrada, ni nada. Finalmente encontró la entrada a una gruta. Ornêkal miró de nuevo a su alrededor y, luego, al interior de la gruta.
Era una cueva de vetas de piedra blanca y parda, de techo abovedado, que parecía realmente estar siendo aguantado por las estalactitas y estalagmitas que fusionadas se extendían por todos lados, salvo quizás por el centro, donde una brecha en lo alto del techo iluminaba un estanque al cual se arrojaban a la vida lirios blancos.
Era sin ninguna duda el lugar que su hermano le había mencionado, y sin embargo, no parecía haber sido habitado, al menos desde hacia años.
El retumbar de pasos que llegaba desde la entrada le hizo girarse. En el umbral de la cueva una figura acababa de emerger. Se trataba de una elfa de larga melena, y largo, voluptuoso y esbelto cuerpo.
-¿Dónde está Syela? Esto ha llegado demasiado lejos.- dijo.
La elfa no era otra que Vanyala, hermana menor de Syela, y que también conocía la ubicación secreta de la gruta. Al igual que Ornêkal, había aprovechado que la expedición de los nurulântar se había detenido cerca para buscar personalmente a su hermana.
Vanyala se adentró aun más en la cueva dirigiéndose al elfo que se encontraba frente a ella, cuando éste le dio respuesta siguiente:
-Esa misma pregunta iba a hacerte yo mismo de mi hermano, pero parece que ninguno tendrá la respuesta esperada. Mi nombre es Ornêkal, pero creo que me has confundido con mi hermano Neithan.
Vanyala miró de cerca al elfo, era quizás el más alto de cuántos habría visto, tanto que su alta figura parecía haber menguado con caso dado. Sus ojos verde grisáceos y su media melena de ondulados cabellos castaños no cuadraban con la descripción dada por su hermana.
-No, no eres él.- confirmó Vanyala.
-¡Apartate de ella!- gritó alguién detrás de Vanyala.
-¡¿Dónde esta mi prima?!- dijo otra voz.
Los gritos provenientes de la entrada hicieron apartar la mirada de Ornêkal de los ojos miel y labios plenos de la elfa, tan bella en ese momento como en los días en que el ojo oscurecido por la ceguera había brillado al igual que el día.
Las palabras se transformaron en golpes y, sin poder reaccionar, el cuerpo de Ornêkal había besado el suelo. Aunque ágil y de rápidos reflejos, poco necesitó para alzarse de nuevo, derrumbando al mayor de sus atacantes e intimidando al otro, temeroso tras quedarse sólo en la lucha.
-Él no sabe nada Faril.- dijo Vanyala.