La Guerra de los Clanes

Batalla 97. Revuelta En Tuyrozd

Terminada
Escrito el 03-03-2009 23:39 #1

Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 22

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 28

Nensir pierde el control de la ciudad

Escrito el 07-03-2009 13:23 #2

Las aguas del caldero hervían. Estaban tan turbias que era imposible reconocer nada... pero cuando empezaron a distinguirse imágenes los elfos que las observaban pensaron que quizá habría sido mejor no haber visto nada...

- La guerra está próxima. Las aguas no engañan. Nuestros enemigos preparan un ataque – dijo el elfo que había estado de rodillas junto al caldero. Se había levantado y sus largos cabellos blancos ondeaban con el viento.

[...]

La casa de Northiêl era un lugar muy tranquilo y silencioso... la mayor parte del tiempo, cuando no estaba ella dentro. No era el caso de aquel 26 de Aqua Luuis en que la elfa se encontraba en casa de vacaciones. Aquel día en particular la casa era un completo escándalo y la única razón de que no hubieran ido a quejarse sus vecinos era que la conocían demasiado bien como para saber que aquello habría sido perder el tiempo.

Cuando Aiwëndil llegó, entró sin llamar y se encontró una escena que debería haberlo sorprendido.

-Nor... ¿qué haces subida al armario? -preguntó el elfo, divertido.

-Nothal se niega a bajar de la lámpara. Lleva enfermo toda la semana y le toca tomarse su ración de hierbas medicinales -contestó ella, sin cesar en su intentó de alcanzar al koala. -Hace tiempo habría sido capaz de llegar hasta allí de un salto... -dijo mirando la lámpara y la distancia que la separaba del armario. -Pero tuve la genial idea de poner el armario unos metros más atrás... ¡Nothal, baja de una vez! -añadió finalmente en un grito agudo que hizo que el koala cayera de la sorpresa. Aiwëndil se apresuró a cogerlo al vuelo.

-Gracias -dijo Northiêl cuando su amigo le puso al koala en brazos y, sin decir nada, se dirigió a la cocina. -¿A qué viene la visita? Creí que estabas harto de hacerme compañía -bromeó mientras obligaba al koala a tomarse las hierbas. “Si te lo tomas te daré una ración extra de eucalipto" susurró.

Aiwëndil, divertido ante la escena, tardó un poco en contestar.

-Lo cierto es que estaba disfrutando mucho de mis vacaciones... pero ha llegado un aviso de Dakôsto. Tathâral nos ha mandado llamar.

-¿Tath no entiende el significado de la palabra vacaciones? -dijo Northiêl todavía con los cinco sentidos puestos en el koala. -No pienso pisar Dakôsto hasta que termine mi permiso.

-Nor... las vacaciones terminaron la semana pasada. Si no nos han llamado antes ha sido simplemente porque no teníamos nada que hacer. Todo estaba muy tranquilo, pero ya sabes... era la calma antes de...

-...de la tempestad, sí. Ya lo sé. En fin, parece que se nos ha acabado la fiesta -dijo finalmente la elfa mirando al koala. -Vamos a ver qué quiere el pesado del capi.

[...]

-Hemos estado observando el Ainakune -les explicó Tathâral en cuanto se presentaron ante él- y, en sus aguas, hemos visto que la guerra está próxima. Nos hemos confiado demasiado pero ahora por fin tengo permiso para llevar a cabo la ofensiva militar... vosotros os encargaréis de dirigir la defensa de Tuyrozd. Las reconstrucciones que se han llevado a cabo y los soldados aposentados allí no serán suficientes para contener la ofensiva de los uonu-nyrr... debéis partir de inmediato. No sabemos cuándo se producirá el ataque, pero será pronto. El caldero nos mostró que...

-¡Venga Tath! ¿Me estás diciendo que nos envías a proteger una ciudad en ruinas porque te lo ha dicho un caldero? -preguntó Northiêl atónita. El tiempo de vacaciones le había hecho perder la costumbre de morderse la lengua. Aiwëndil suspiró con aire cansado, sabía lo que venía después.

-En las aguas del Ainakune Tuyrozd apareció totalmente devastada... -continuó el Artadâko.

-¡Cuando fuimos hace unos meses a comprobar su estado ya estaba devastada! Es más, esa ciudad lleva hecha añicos desde mucho antes de que los aldalântar empezaran a adorar a Nensir... ¡ya la hemos defendido suficientes veces a costa de muchas vidas! Creo que es momento de dejar que esos elfos malditos a los que atacamos con tanta saña se queden con ella. Tuyrozd nunca nos trae nada bueno y es su ciudad. No van a renunciar a ella... ¡es como si a ti te pidieran que te fueras de la que ha sido tu ciudad siempre! -sentenció Northiêl, sin darse cuenta de a quién le estaba diciendo aquello.

-¡Ya basta! -dijo Tathâral, alzando la voz. -Sé muy bien lo que significa que te obliguen a abandonar el hogar. Mucho mejor que tú, me temo. Pero no estamos hablando de eso. ¡Y yo no tengo por qué justificar ante ti mis decisiones! Como superior tuyo tengo el poder de darte órdenes. Y como subordinada mía tienes la obligación de acatarlas y no cuestionarlas. Me estoy cansando un poco de tu cabezonería. Me da igual que no te guste Tuyrozd. Sé que preferirías ir a pasearte por Breald o quizá dirigir la ofensiva contra Dahald. Me es completamente indiferente. Partiréis inmediatamente hacia Tuyrozd con vuestra compañía como se os ha asignado. ¡Y no aceptaré más protestas! Tengo cosas más importantes que hacer que atender a tus caprichos -dijo finalmente el Artadâko.

Después, Tathâral se dirigió a Aiwëndil para contarle los detalles de la misión y les dio permiso para irse a preparar sus cosas. Prácticamente no habían cerrado la puerta del despacho del Artadâko cuando Northiêl empezó a hablar otra vez.

-¿Has oído lo que me ha dicho? -dijo la elfa al cada vez más cansado ainakelvari. -Sabe que tengo razón, por eso no me pide de buenas maneras que vaya, sino que me lo ordena. ¡Me lo ordena! Hacía ya mucho tiempo que Tath no se mostraba tan autoritario conmigo, seguro que lo que realmente pasa es que tiene un mal día. ¡Sí! ¡Seguro que es eso! Deberíamos negarnos a ir. Te lo digo en serio, es una causa perdida. ¡En esa ciudad no hay nada! Será mejor que volvamos a entrar y...

-¡Te quieres callar! Pero... ¿tú te estás oyendo? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo, Northiêl? -le dijo al final Aiwëndil, cabreado. Ella lo miró asombrada, esperaba un poco más de apoyo por su parte.

-Me... ¿me estás diciendo que tú estás de acuerdo con él? ¡Aiwë! ¡Nos envía a una ciudad muerta porque se lo ha dicho un caldero! ¿Sabes lo que es un caldero? Una de esas cosas que se usan para cocinar... y que sorprendentemente no hablan -dijo ella como si se lo explicara a un niño. Eso cabreó todavía más al elfo.

-¡Oh! Había olvidado que la señorita “no me creo nada que no haya visto yo” se ríe de nuestros rituales sagrados. ¡Crece un poco! Date cuenta de que si hasta ahora han funcionado será por algo -contestó Aiwëndil levantando el tono de voz. -¿Qué más necesitas para tener un poco de fe en Nensir, que se plante delante tuyo? Oh, no, espera. Eso ya lo hizo y no le creíste...

-Lo del anciano... -empezó a hablar Northiêl.

-Lo del anciano es igual que todo lo demás. No te crees nada porque va en contra de tu forma de percibir el mundo, está bien. Lo aceptamos. Acepta tú también que para nosotros el agua de las cataratas sea purificante, que una oración pueda contribuir a la victoria... o que un caldero pueda avisarnos de lo que se nos viene encima...

-No estamos hablando sólo de eso, estamos hablando de que... -atajó Northiêl. No le gustaba el cariz que estaba tomando la conversación.

-¡Estamos hablando de que no te da la gana ir a una ciudad porque, por la razón que sea, desde el primer día le cogiste manía. Y nunca jamás te enfrentas a una orden que de ilógica tiene poco, pero te empecinas en negarte a ir a Tuyrozd. Ya lo hiciste la última vez, que te pasaste el viaje diciendo que no había razón alguna para ir. Y ahora estás haciendo lo mismo. Comprendo que no te guste Tuyrozd, desde luego no es la mejor ciudad de Rómenor. Pero te estás pasando de la raya, ¡es como si fueras tú la que piensa que la ciudad está endemoniada! -dijo Aiwëndil, y soltó una carcajada sarcástica. -¡Ja! ¡Eso sí sería irónico! Entérate de que esto no es un juego, es la guerra. Gente inocente está muriendo mientras nosotros estamos aquí discutiendo... Y ahora haz el favor dejar de comportarte como una niña malcriada y afrontar tus obligaciones como aldalântar -dijo finalmente. Y se fue dejando a Northiêl sola.

[Editado por Nemarie el 07-03-2009 13:38]

Escrito el 07-03-2009 19:10 #3

La ciudad estaba perdida, los refuerzos no habían llegado y a los habitantes de Tuyrozd ya no les quedaba otro remedio que huir... o morir combatiendo. Ante esta situación, Taris y Brêt, la elfa y elfo al mando de la ciudad, habían tomado una decisión, una dura decisión. Cuando comprobaron que los refuerzos que habían solicitado de Neitillot no iban a llegar, o, al menos, no lo harían a tiempo de salvar la ciudad, decretaron un plan urgente de evacuación, para intentar salvar al menos a los más débiles de la masacre en la que se iba a convertir la batalla. Los dos comandantes dispusieron que todo aquel que se sintiera con fuerza suficiente para blandir cualquier tipo de arma, ya fuera elfo o elfa, se quedara en la ciudad, y que el resto, acompañando a los elfos más niños, huyeran por la parte trasera de la ciudad, e intentaran llegar a Breald, al menos, para ponerse a salvo. Y así se hizo, sólo los más débiles, o los que por cualquier razón no estaban en una mínima condición para luchar, se marcharon con los niños, dejando a los defensores de la ciudad de frente a una muerte segura, pero orgullosos, no obstante, de proteger a los suyos con su sacrificio.

La batalla fue sangrienta, las hordas de uonu-nyrr atacaban con furia, una furia nacida de la desesperación de aquellos que no tienen nada... ni siquiera nada que perder. Los invasores eran una horda desorganizada, que luchaba con más coraje que destreza, pero eran superiores en número a los defensores de la ciudad. Además, los repobladores de Tuyrozd se habían relajado en las labores de reconstrucción de la ciudad, sobre todo en lo que concernía al muro exterior, la primera defensa de la ciudad. Por ello, los invasores no habían tenido demasiados problemas en franquearlo e introducirse en la ciudad a las primeras de cambio, a pesar la lluvia de flechas de la que habían sido objeto por parte de los defensores. Pero las flechas de nada servían ahora, y eran las espadas y las lanzas las que tenían todo el protagonismo, o, en su defecto, horcas, guadañas, cuchillos y demás utensilios que en tiempos de paz servían para cultivar la tierra, pero que también podían ser armas mortíferas si era necesario, y en aquellos momentos no se podía desperdiciar nada que estuviera un poco afilado.

En muy poco tiempo los invasores se habían desplegado por casi toda la ciudad en ruinas, haciendo retroceder a los defensores hacia lo más hondo de la ciudad. Mientras, la caravana de los que huían intentaba acelerar el paso, pero era muy difícil... Entonces, a lo lejos, se oyó un estrépito de cascos de caballos que se acercaban rápidamente a la batalla. Los refuerzos habían llegado, pero demasiado tarde.

[...]

Northiêl y Aiwëndil iban a la cabeza del contingente Alda, cabalgando lo más rápido que podían, intentando llegar a tiempo de salvar la ciudad. Pero los dos intuían que eso no sería posible, pues la discusión que habían mantenido, seis días atrás, cuando el Artadâko Tathâral les había encomendado la misión de acudir en auxilio de Tuyrozd, les había hecho perder mucho tiempo, un tiempo que los habitantes de la ciudad no tenían. Así pues, desde que habían salido del Cuartel General de Dakôsto, no habían vuelto a cruzar una palabra... hasta ese momento.

-¡Mira Aiwë!- exclamó Northiêl, cuando tuvieron la ciudad a la vista- ¡Los uonnu-nyrr están dentro de la ciudad y están masacrando a nuestros compatriotas! ¡Y hay gente huyendo por la parte de atrás...! ¡Ay, no hemos llegado a tiempo... lo siento tanto!

-Ahora no es tiempo de lamentaciones- dijo Aiwëndil, con serenidad, imponente en su túnica blanca y su armadura de cuero repujado- Debemos inentar desbaratar el ataque de esos malditos uonu-nyrr. Mira, podemos penetrar en la ciudad por una de las puertas laterales, que está aún semiderruida, y coger desprevenidos los invasores... aún no está todo perdido. ¡Soldados! ¡Vamos a disparar un andanada de flechas! ¡Cargad los arcos! ¡Listos! ¡Ahora!

La lluvia de flechas cogió por sorpresa tanto los uonu-nyrr como a los propios defensores de la ciudad y sembró el caos en la batalla y, más aún, la irrupción del contingente alda en el campo de lucha.

-¡Atención!- gritó Northiêl, desmontando del caballo y desenvainando sus dos puñales- ¡Los caballos no nos sirven ya, desmontad y combatid a pie!

Entonces, los defensores de la ciudad continuaron la batalla con renovados bríos, animados por la aparición de los tan ansiados refuerzos. Los defensores se arengaron mutuamente ante esta nueva situación de la batalla, no obstante, aún eran muy inferiores en número a los invasores. A pesar de ello, ahora el sentido de la batalla se había invertido, y eran los Alda los que iban ganando terreno poco a poco a los uonu-nyrr, que aún no se habían repuesto de la sorprendente aparición de los refuerzos de los defensores de la ciudad. Aiwëndil había desenvainado a Rakkaikka, y la blandía en una danza mortal de fintas y estoques, cortando brazos, piernas, cuellos, orejas... y en muy poco tiempo su prístina túnica se había teñido de un fuerte color carmesí, tanto por la sangre de sus enemigos como por la suya propia, que manaba de los cortes que le producían las armas de los uonu-nyrr. Northiêl, por su parte, a pesar de no ser tan arriesgada como su compañero, estaba dando también buena cuenta de los enemigos con sus dos puñales, y con su inseparable koala, Nothal, bien agarrado a su espalda. En cambio, Hwesta, el halcón hembra de Aiwëndil, volaba en círculos muy por encima de la batalla, observando el devenir de la misma, sin interferir para nada, puesto que su misión era otra.

El impacto y la sorpresa de la llegada de los refuerzos de los Alda pasó pronto, y los uonu-nyrr, se reorganizaron de nuevo, y lentamente volvieron a ganar terreno a los defensores. Entonces, en el frenesí de la batalla, Aiwëndil y Northiêl se encontraron con Farodin y Nuramon, dos de los oficiales de los soldados defensores.

-Gracias por venir- dijo Nuramon, sacando su espada del pecho de un enemigo- Aunque haya sido tarde...

-Lo siento- se apresuró a decir Northiêl, mirando de reojo a Aiwëndil- Pero hemos tenido algún contratiempo en Dakôsto... no hemos podido llegar antes.

-¿Dónde están Brêt y Taris?- inquirió Aiwëndil- No los hemos visto desde que hemos entrado en batalla.

-Oh, están con la caravana de los habitantes que huyen de la ciudad- dijo Farodin- Quieren asegurarse de que salen todos de la ciudad sanos y salvos, nosotros estamos al mando en este frente.

-De acuerdo- dijo Aiwëndil.

-Bueno- dijo Nuramon- Supongo que debió ser un asunto muy urgente el que os retuvo en Dakôsto... en cualquier caso, la ciudad está perdida, y poco podemos hacer ya para salvarla, así que lo que Farodin y yo queremos es que vosotros y vuestro contingente vayáis donde Taris y Brêt y les ayudéis a proteger a los habitantes de la ciudad, y les llevéis a un lugar seguro, puesto que no tenemos muchos soldados para eso y para contener a los uonu-nyrr a la vez. Nosotros os cubriremos la retirada.

-Pero...- empezó a decir Northiêl, pero Aiwëndil la interrumpió.

-Tiene razón, Nor- dijo el elfo, que había captado el verdadero mensaje de las palabras de Nuramon- No podemos hacer nada ya por esta ciudad, lo único que nos queda es proteger a los más débiles en su huida.

-¡Pero Farodin y Nuramon, y los demás soldados también pueden venir!- exclamó Northiêl, indignada- ¡No tienen porqué morir aquí!

-Tú no lo entiendes- respondió el elfo, cruzando una mirada cómplice con los dos oficiales- Farodin, Nuramon, confío en vosotros.

-No te preocupes- respondió Nuramon- Y ahora marchaos.

[...]

Y mientras la batalla continuaba a su alrededor, Northiêl, Aiwëndil y todos sus hombres se retiraban en pos de los habitantes huidos de Tuyrozd, para protegerlos en su huida. No obstante, la mente de Aiwëndil aún estaba con los soldados que luchaban en la ciudad, en especial con los dos oficiales, Farodin y Nuramon... cuyas palabras finales encerraban un mensaje mucho más profundo: “Decid a aquellos que sobrevivan que nuestro sacrificio es por ellos, que nuestra historia no caiga en el olvido, y que nunca olvidéis que aquí, en medio de estas ruinas cubiertas de sangre, yacemos.”

Escrito el 07-03-2009 19:14 #4

En el Año 1602 SE, a 10 de Ether Nion.

Al Artadâko Tathâral:

En cumplimento con la misión que nos fue encomendada, a saber: acudir en defensa de la ciudad de Tuyrozd, que estaba siendo atacada por los uonu-nyrr; la ainakelvari Northiêl Dusuik, y yo mismo, el ainakelvari Aiwëndil Sangwa-hlóke, partimos el 26 de Aqua Luuis en cumplimiento de la misma, junto con un contingente de nuestro ejército, y de la que hoy, 10 de Ether Nion, acabamos de regresar, y cuyo informe es el que sigue a estas líneas.

Lamentablemente, hemos perdido el control de la ciudad, que ha caído en manos de los uonu-nyrr. La causa fue un desafortunado retraso en los preparativos de la misión, del cual me hago plenamente responsable, y por culpa de ese retraso no pudimos llegar a tiempo de salvar la ciudad. Además, el enemigo era muy superior en número a nuestro contingente que, aunque sumado al que estaba ya de antemano en la ciudad, no fue suficiente para derrotar a los uonu-nyrr. Así pues, asumo plenamente la responsabilidad de esta derrota y, consecuentemente, el castigo que creáis oportuno que merezco, poniendo mi cargo en el ejército de Nensir a vuestra disposición.

En otro orden de cosas, pudimos ayudar a los supervivientes que huyeron de la ciudad (niños en su mayoría) a escapar de la batalla y los hemos traído sanos y salvos a este Cuartel General, alojándolos en uno de los pabellones del ejército. Espero haber actuado conforme a vuestros deseos en este asunto.

Las bajas no fueron demasiadas, tenéis un amplio desglose de fallecidos y heridos en la hoja que sigue a esta, sin embargo, la pérdida de uno solo de nuestros soldados ya puede, en mi opinión, catalogarse como una tragedia. Decir también que tanto la ainakelvari Northiêl Dusuik como yo mismo, no recibimos heridas de consideración, tan sólo algunos cortes poco profundos en distintas partes del cuerpo, y, más en concreto, yo recibí el impacto de una lanza en mi muslo derecho y Northiêl recibió una flecha en su hombro izquierdo, además de los cortes y arañazos que ya os he comentado. Nada que no se pueda curar con un poco de descanso y unas vendas.

Los comandantes Brêt y Taris regresaron con nosotros, y con algunos de sus soldados, protegiendo a la caravana de refugiados de la ciudad, el resto de sus hombres, al mando de los oficiales Farodin y Nuramon, se quedaron a cubrirnos la retirada, sacrificando sus vidas en ello. Así, pues los comandantes Brêt y Taris se reincorporan a la disciplina de nuestro ejército regular, y quedan a la espera del destino que queráis encomendarles.

Para terminar, quiero pedir dos cosas:

- Que se celebre un ritual de despedida en los Templos de las Attayânarû, en memoria de los caídos en la batalla.

- Deseo que cualquier otra versión que pueda llegar a vuestro conocimiento, sobre el desafortunado "incidente" que retrasó el inicio de la misión y que provocó el desastre de la misma, sea tenida por no verdadera... sobre todo si procede de la ainakelvari Northiêl Dusuik. Los hechos ocurrieron tal y como los he descrito al principio de esta carta, ni más ni menos.

Sin más al respecto, se despide:

Aiwëndil Sangwa-hlóke.

Zâ sînâ teryessebe! Zâ nensirarit!

Escrito el 11-03-2009 13:06 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 28 armadas x35= 980 puntos.

Recuperables: 441 puntos.

Valoraciones: 8.4+7.9+9= 8,43

Recupera: 372 puntos.

Por los daños sufridos por los dirigentes recupera 105 puntos.

Total recuperación: 441 puntos.

Pierde: 539 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.