La Guerra de los Clanes

Batalla 98. Ataque A Lambar Por La C1 De Al'Varant

Terminada
Escrito el 24-03-2009 23:18 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 18

Armadas perdidas por "Maianor" = 32

Victoria para Al'Varant

Se produce el saqueo de la ciudad

Escrito el 28-03-2009 23:46 #2

Lambar, despachos del Caudillo

El Caudillo permanecía sentado en su mesa de mármol, rodeado de una pila interminable de documentos e informes. Las guerras salían caras y no proporcionaban beneficios a corto plazo. Por fortuna para Lambar, los ataques de Varendia habían resultado infructuosos hasta el momento.

La fortuna les había sonreído, eso era lo que pensaban las gentes de Lambar y debían seguir creyendo, pero la verdad era un poco más aterradora. Por unos instantes, despegó la vista de los papiros y observó la habitación, esperando encontrar a alguien. Todo en calma – Se dijo a sí mismo intentando tranquilizarse, aunque seguía notando aquella presencia escalofriante, unos ojos invisibles que le vigilaban…. Volvió a concentrarse en su trabajo, debía centrarse para olvidar la paranoia creciente de los últimos días.

La puerta se abrió de repente, de un golpe seco que le sobresaltó. ¿Qué demonios? –exclamó mientras despegaba la vista de los documentos en dirección a la puerta.

Tabar entró precipitadamente por la puerta; era un hombre corpulento, feroz y despiadado. Difícil de controlar, debido a su carácter inestable y colérico. La bestia Tabar, así era como le apodaban sus enemigos. A grandes pasos cruzó la habitación y se plantó frente al Caudillo.

-¿Qué ocurre? – Preguntó intrigado el Caudillo, mientras se acomodaba en su sillón.

Tabar no dudó instante, golpeó con furia la mesa; algunos pergaminos y documentos que estaban en el borde cayeron al suelo.

-¿Por qué se ha ordenado el acuartelamiento de las tropas? – Preguntó colérico – Los perros de Varendia se baten en retirada, debemos acabar con ellos antes de que se reagrupen.

-Capitán, creo que Varendia ha captado muy bien el mensaje. Dudo que envíen a sus hijos a morir a nuestras tierras durante una larga temporada. – Hizo una pequeña pausa - Vos mismos os encargasteis de perpetrar la matanza de una forma muy efectiva. –Le dijo intentando suavizar las cosas.

-¿Y frente a los ataques sufridos últimamente por parte de los nómadas? – Preguntó.

El lo miro pensativo. Los últimos informes hablaban de un incremento de los ataques por parte de bandidos a patrullas y caravanas. Se rascó la perilla

– Informes inconcluyentes por el momento – Le respondió.

– ¿Inconcluyentes? Deberíamos acabar con los nómadas también. –Volvió a golpear la mesa con fuerza.

-Quizás yo pueda aportar un poco de luz sobre ese asunto – Dijo una voz. De la puerta emergió una silueta encorvada y huraña, se deslizaba con lentitud por el suelo, a pasos cortos. Vestía una túnica simple, azulada. Su nariz era larga y afilada como el pico del cuervo, su rostro marchito por el paso de incontables estaciones, y sus ojos negros y profundos como una poza. Un escalofrío recorrió tanto al capitán como al Caudillo.

Tabar lo miró, sus ojos se encendieron; despreciaba a aquel hombre y se había jurado que llegado el momento acabaría con él de una forma lenta y dolorosa disfrutando cada momento.

El anciano se sitúo detrás del Caudillo.

– Lo que vuestro querido capitán no os ha contado es que con la ausencia de soldados varantes a los que matar se ha dedicado a perseguir a los campamentos nómadas – Dijo.

El Caudillo frunció el ceño - ¿Es eso cierto? – Pregunto colérico.

-Los nómadas estaban ayudando a los varantes, fue a modo de advertencia. – Se defendió Tabar.

- Deberías sujetar mejor las correa de tus perros – Dijo el anciano. Tabar lo fulminó con la mirada. El anciano no se inmutó y prosiguió – Te advertí explícitamente que dejaras a los nómadas tranquilos, no conviene agitar el avispero.

-Están atacando nuestras caravanas y patrullas - Exclamó Tabar.

-Has provocado a las avispas, ¿qué esperabas, estúpido? – Le dijo el Caudillo.

-Los nómadas son pocos y están muy dispersos, no son una amenaza real. Acabaré con ellos- Dijo Tabar hinchado de orgullo. – Voy a traeros la cabeza de su líder para colgarla en la puerta de la ciudad. –Volvió a golpear la mesa con furia y abandonó la sala.

-Deberías atar mas corto a tu perro. Como carnicero no tiene precio, pero su inteligencia….

-Ya basta – Dijo el Caudillo - Tabar es un buen soldado, algo colérico pero se le pasará el enfado…

-Eso espero – Respondió el anciano – Recordad lo que os dije …

-Lo tengo muy presente. – Respondió el Caudillo – Ahora déjame; tengo trabajo que hacer.

Escrito el 28-03-2009 23:47 #3

En algún lugar al este de Lambar, en el desierto profundo

El silencio que precedía al alba reinaba sobre la desértica depresión. Alzó la mirada: las estrellas eran como un manto de brillantes lentejuelas sobre el azulado negro del cielo. Baja sobre el horizonte, la luna nocturna brillaba en un halo de polvo... una luna malévola, de siniestra luminosidad espectral.

Amdir examinó el terreno: rocas desnudas, dunas y torbellinos de polvo, un territorio seco, salvaje e inexplorado se abría ante él. ¿Cuántos núcleos de nómadas esparcidos por aquí y por allá, existirán realmente en el desierto? – Se preguntó.

Un emisario apareció por la cavidad que conducía al saliente de Kosori. – Las patrullas han regresado – Informó- Esta noche no hemos perdido a ningún hombre –

Amdir respiró aliviado - Gracias a Audrant – Dijo – Felicita a los hombres de mi parte.

-Así lo haré- El emisario le hizo una pequeña reverencia y volvió a desaparecer entre las sombras de la rocas. Amdir volvió a quedarse solo, la quietud y el silencio lo envolvía todo, mientras los primeros rayos del sol comenzaban a iluminar el mar de dunas y las sombras se retiraban.

Dejó que los primeros rayos calentaran su rostro, notaba que a medida que pasaba el tiempo rodeado de aquella gente, más se hacía a sus costumbres y su forma de ser. Su ritmo de vida estaba cambiando.

Los nómadas han aceptado ayudarnos, pero bajos sus condiciones, se dijo a sí mismo. Koer, el líder los nómadas de la región, había emprendido una campaña de hostigamiento contra las fuerzas de Lambar. Su principal objetivo eran las patrullas, pero tampoco se libraban de su furia las caravanas. Había demasiadas cuentas pendientes con Lambar. Sólo espero que la ira y el deseo de venganza no nuble nuestro juicio, aquel pensamiento ocupaban su mente todas las mañanas.

Después dio media vuelta y se interno en las profundidades de Kosori ninth, aquel refugio cavernoso se había convertido en su hogar y base de operaciones en las últimas semanas.

Hasta llegar a lo que era su habitación personal, su estatus de capitán le permitía tener una habitación para él solo. Corrió la cortinilla de tela que hacía de puerta y se encontró con Koer.

-Adelante – Le invitó a entrar – He preparado un poco de té, debemos discutir varios temas.

Amdir se adentró en la habitación y se acomodó enfrente del jefe de los nómadas, sobre varios cojines mullidos.

-¿Traes buenas noticias? – Le preguntó.

Koer sonrió de forma extraña. Amdir no supo cómo interpretar aquel gesto, hasta la fecha no había visto sonreír nunca al nómada. –Si, Varendia envía refuerzos. En menos de tres días habrán llegado a las inmediaciones de Lambar.

- ¿De veras? - exclamó Amdir.

-Así es. Una de nuestras patrullas fue interceptada por un explorador que os buscaba.

-¿Interceptada? – Preguntó intrigado Amdir – Pensé que nadie podía seguiros el rastro, con todo lo que he aprendido en estas semanas, hasta yo me he sentido un nómada. – Dijo avergonzado.

Koer soltó una risotada.

– El desierto es un lugar misterioso y extraño, uno nunca sabe lo que se puede encontrar en él. El Senado envío al hombre correcto para esta misión.

Amdir sonrío levemente

– Si que estas de buen humor – comentó Amdir.

-Si, nuestros esfuerzos están dando sus frutos, joven capitán … Los espías nos han comunicado que Lambar anda revuelto.

-Realmente es una buena noticia – Respondió Amdir.

-Así es, además hoy has de conocer un nuevo aspecto de los nómadas. – Koer siguió sonriendo – Vamos, ven conmigo.

Koer le guió por los laberínticos túneles de Kosori ninth, hasta llegar a una gran sala que solía estar completamente vacía. En ella se habían extendido sobre el suelo alfombras de colores vivos, colocado cojines y pequeños pufs, donde poder sentarse cómodamente; en las paredes de la cueva colgaban tapices, donde se representaban la vida de los nómadas. Sobre las diversas entradas a la estancia, cortinas a modo de puertas. Para iluminar la estancia, se habían encendido lámparas y candiles de aceite. Por último trajeron bandejas con frutas y carnes, botas de licor y braseros de incienso para aromatizar la estancia.

En breve, toda la tribu se reunió en pleno. Comían, bebían y charlaban entre ellos, alegremente. Aquella noche olvidarían los rigores del desierto.

Una figura emergió de la oscuridad, Koer la señaló.

- Ahí tienes a tu explorador.

Empezó su espectáculo con unos trucos de ilusionismo. Disfrutaba con la cara de admiración de los que allí se congregaron, cada vez que les hacia aparecer una moneda de la oreja, o hacia desaparecer algún objeto que mágicamente aparecía en el bolsillo de alguien.

Por último realizó un nuevo truco, tomó un trozo de tela, lo arrugó dándole forma de una pequeña rosa. Después pronunció unas palabras:

- ¡Lanzari Dekadas! – Grito - ¡Lanzari Dekadas! – Repitió con energía – ¡ Dekadas! – una llamarada de fuego brotó de su mano, la tela ardiendo convirtiéndose en una rosa del desierto azulada, que entrego a una de la Huries que había en las primeras filas.

Por último tomó su basilet y recito una de las canciones que había aprendido de los Azab.

Viñas y frutales,

Huries de generosos senos,

Y una copa rebosante ante mí.

¿Por qué he de pensar en el calor del desierto,

Y en la arena de mi botas?

Aquella noche Amdir descubrió el lado mas amable de los nómadas.


Escrito el 28-03-2009 23:48 #4

Oasis de Ahil-Sala, varios días después de la batalla de Lambar

Los chiquillos se agolparon alrededor del fatîm.

-¡Haznos un truco! – gritaban unos - ¡toca una canción! – Gritaban otros- ¡No! Queremos escuchar una historia…- Exclamaron otros - ¡Si! - Exclamaron al unísono, - ¡una historia!-.

- ¡Con dragones! Y mucha luchas… – Varios chiquillos improvisaron; se pusieron a pelear simulando lo acontecido en la batalla.

Shamal intentó calmarlos – Tranquilos, muchachos – Exclamó. – Tenemos tiempo de sobra, sentaos – les pidió.

Los chiquillos se sentaron alrededor de Shamal, abrieron sus ojos y orejas para escuchar el relato. Shamal comenzó con unos acordes de su basilet, la herida en el brazo aun era patente por lo que algún acorde se le escapó…

- ¡Tabar la bestia! – Exclamó mientras fruncía el ceño y arrugaba la cara - Todos sabéis lo malvado que era, ¿verdad?

Los chiquillos respondieron al unísono.

–Sí, ¡cruel y malvado! Y feo...

Se escucharon alguna risas..

Shamal sonrió.

–Dejó la ciudad y a toda prisa se lanzó al combate con sus huestes, estaba seguro de volver a derrotarnos en la batalla, como lo había hecho tantas veces antes… – Su voz sonó triste y alicaída.

–Las dos huestes se encontraron en Korenja Okolo – continuó –. Al anochecer, la luna nocturna, una brillante moneda plateada, colgaba alta sobre el horizonte. Bajo ese resplandor las puntas de la lanzas brillaban azuladas, entre una bruma de polvo. Tabar – Los chiquillos abuchearon al lambariano - creyó acariciar la victoria y se lanzó al combate sin dudarlo. El primer choque fue brutal, sus hombres cargaron con rabia y fiereza- Shamal gesticulaba y lanzaba golpes al aire. Los chiquillos le seguían con la mirada… - Los soldados varantes luchaban con valentía, pero Tabar era una bestia sedienta de sangre.

Shamal se abalanzó sobre un chiquillo y simuló que le atacaba, bajo las risas de los otros muchachos.

– Con su espada mató a muchos de los nuestros y hubiera seguido matando a muchos más si no hubiesen aparecido…. – los chiquillos le interrumpieron.

– Los Mor hadair – Gritaron, pues muchos eran hijos de los nómadas - Mor hadair! – Volvieron a exclamar.

– Así es - afirmo Shamal –. Al frente de ellos, Koer – Los niños aplaudieron con fuerza y entonaron su nombre.

– Koer hablo a los suyo con estas palabras:



Anar'alah, anar'alah belore, – Por la luz, por la luz del sol, –

Sin'dorei, –Hijos del desierto, –

Shindu fallah na. – Nuestros enemigos se abren paso. –



– A lo que los Hadair respondieron – Dijo Shamal.



Anar'alah, – Por la luz, –

Sin'dorei, –Hijos del desierto, – respondieron los chiquillos.



Entonces los Mor hadair desenvainaron sus armas y las hicieron chocar contra sus yescas. Una multitud de chispas iluminaron el desierto, mientras los Mor hadair seguían entonando sus consignas.



Anar'alah, – Por la luz, –

Sin'dorei, –Hijos del desierto, –volvió a repetir Shamal , mientras que de sus manos brotaron unas débiles chispas.

Los Mor Hadair se unieron a la batalla y no mostraron piedad ninguna contra las tropas de Lambar, atacando por los flancos consiguieron romper la línea defensiva. ¡Ah! – exclamó Shamal– Aun así Tabar no se rindió y siguió luchando con fiereza – hizo una pausa–… hasta que se encontró cara a cara con Koer.

El combate fue titánico, pues los dos hombres eran grandes guerreros. Luchaban con gran habilidad, mandoble, cinta, parada y estocada. Los golpes no paraban de sucederse, hasta que Tabar consiguió impactarle varias veces, primero su acero le mordió la pierna derecha – Los niños gimieron al unísono –;después, el filo se hundió en el brazo izquierdo – los niños protestaban y se tapaban los ojos.

– Tabar se rió de Koer, pues veía que la victoria era suya –Shamal se levanto y puso los brazos en forma de jarra, después soltó una carcajada–. Pero Koer no desfalleció y permaneció inmóvil, esperando a su presa. Recordad, nómadas, el cazador paciente obtiene a su presa…. – recitó Shamal el refrán.

– Tabar se avalanzó precipitadamente hacia Koer, con su acero por delante. Pero Koer seguía inmóvil como paralizado... Hasta que en el último segundo se dejó caer hacia un lado y con su puñal le rasgó todo el costado. La Bestia rodó varios metros por la arena, aulló de dolor y su infecta sangre cubrió la arena del desierto… Y así fue, pequeños, como la Bestia murió y juntos, varantes y nómadas, derrotaron a Lambar.

La historia terminó. Los niños aplaudieron.

– Y ahora es hora de ir a dormir – Les dijo Shamal.

Los chiquillos se levantaron y se dirigieron a sus tiendas para descansar. Shamal se quedó frente al fuego, observándolo. ¿Qué te ha parecido el relato? – le preguntó a Amdir, que había permanecido sentado junto a él, escuchando.

- ¿No crees que has exagerado y endulzado demasiado la historia? –opinó Amdir. – Qué pensarán de la guerra, la has retratado de una forma demasiado amable.

Shamal se encogió de hombros.– Soy un fatîm, no un historiador. Mi misión es la de mantener la esperanza y la alegría en el corazón de los hombres…

Escrito el 01-04-2009 01:16 #5

Resumen de la batalla.

Al'Varant ha perdido 18 armadas x 35= 630 puntos.

Recuperables: 504 puntos.

Valoraciones: 7.2 + 8.0 + 7.8 = 7.6

Recupera: 383 puntos.

Pierde: 247 puntos.

Por la participación en la batalla reciben 600 monedas

Por el saqueo de una capital externa reciben 300 monedas

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.