-¿Estás seguro de que lo han encontrado?- Preguntó, entre ilusionado e incrédulo, Angárato.
-Sí, no hay posible error, mi señor, los marineros han identificado el barco y dicen que no se ve muy deteriorado, piden órdenes-
Angárato, junto a Pilda, un veterano capitán de la flota de guerra de Narwa, estaba en una lengua de arena del delta de Nanya. El noldo había organizado una pequeña expedición para intentar recuperar su armadura, hundida en el Kelkanari desde hacía ya demasiado tiempo. La expedición se reducía a 8 marineros y el capitán del barco: un pequeño buque de 2 palos de velas cangrejas (ahora anclado a poca distancia de la playa) que arrastraba un pequeño esquife auxiliar. Era desde ese bote desde donde uno de los marineros había visto, a través de las limpias aguas del mar interior, el naufragado barco.
-¿Ordenes?, que acerquen el bote a la playa, yo mismo iré a buscar mi armadura- Respondió enérgico el arken Angárato.
-Pero mi señor- respondió el capitán un tanto asustado -Parece ser que está a bastante profundidad, encajado en una sima peligrosa, sin contar que aquí la corriente es terrible, el encuentro del río con el mar suele provocar peligrosos remolinos-
Angárato, que ya iba sin coraza (estaba guardada en la pequeña tienda que habían montado en la playa) empezaba a desatarse las grebas. -Que se den prisa con el bote, se está levantando una extraña bruma-.
El capitán Pilda, recio hombre de mar, dio un respingo ante las palabras secas del arken y corrió a la orilla; a voz en grito, ordenó que el bote regresara.
El capitán quedó en la orilla con dos de sus marineros mientras el esquife rompía las olas a golpe de remo en busca del buque hundido, Angárato, descalzo, sin armas, sólo vestido con los pantalones y la camisa escarlata del uniforme, estaba de pié, en la proa del bote.
Cuando hubieron llegado a la vertical deseada se detuvieron. Sí, a unos 15 metros, bajo ellos, podían verse los restos de un barco, apoyados sobre un fondo rocoso en el filo de una sima más profunda.
Angárato se desnudó completamente y, tras tomar todo el aire que pudo, saltó al agua: desapareció en un “splash” sedoso y espumoso.
Sobre el mar se estaba extendiendo una espesa niebla que inquietaba a todos.
