La Guerra de los Clanes

Batalla 103 - Intento De Saqueo De Nirent Por La C2 De Narwa

Terminada
Escrito el 04-04-2009 18:29 #1

Fin Guerra: Narwä Hilyatâri deja de Atacar

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 20

Armadas perdidas por "Maianor" = 6

Victoria para Maianor

No hay saqueo

Escrito el 07-04-2009 16:35 #2

Largas filas de guerreros elfos vestidos de escarlata, cruzaban el puente sur de Hyôsto. Las relucientes armaduras brillaban con los rayos del sol primaveral, y los soldados iban entonando una conocida canción militar nuru. Una vez que atravesaran el río Kelsell les quedarían unos cuantos días de viaje al sur.

Las órdenes del Balî le habían llegado al Arken a través de un mensajero. Ellos eran los mejor posicionados y los que alcanzarían la ciudad de Nirent antes. Deberían volver a anexionar aquella ciudad a los territorios de Narwä Hilyatari, como ya hicieron tiempo atrás.

Después del intento surrealista y fallido de revuelta vivido en Hyôsto hacía escasas semanas, Angárato parecía no estar preocupado por alejar la Compañía del Águila. El ambiente estaba mucho más relajado.

El bosque oriental del Aldalaurë no les preocupaba demasiado. Las comunicaciones entre Osto Ohtalôsse y Hyôsto eran fluidas y constantes, por lo que sabían en todo momento cómo se encontraban los caminos. Y así avanzaron sin sobresaltos durante seis días, a buen paso pero sin exigir demasiado a los soldados, pues el Arken deseaba que tanto hombres como animales llegaran en buenas condiciones físicas.

Se encontraban próximos al Kelkaranî, cuando la perelda aprovechó un descanso para acercarse a Angárato.

-Te he observado y hace días que estás muy pensativo. ¿Qué te ocurre edelon (abuelo)? – preguntó.

Angárato le dirigió una mirada recriminatoria. Habían acordado que mientras estuvieran en la compañía, él sería el Arken y ella un Tëra (Capitán).

-¡Oh! Vamos – continuó la medio elfa con gesto relajado – No nos ha oído nadie.

-Hace días que tengo una idea en mente, y ya he tomado la decisión – contestó el Arken - ¿Recuerdas el naufragio en el Kelkaranî?

-Mmmm – Dâira echó la cabeza ligeramente atrás – Sí, fue un viaje cargado de sorpresas, no es fácil olvidar aquello. – Después de una pausa, la nieta consiguió descifrar la mirada de Angárato. - ¿No me digas que pretendes recuperar tus cosas?

- Sólo me interesa la armadura. Si no lo hago ahora, no voy a tener una ocasión mejor. Pasaremos muy cerca, y como te dije, estoy decidido.

Dâira ya sabía lo que eso significaba. Lo conocía bien porque Karaniel, su madre, era igual, y no había nada que les pudiera hacer cambiar de parecer. Era como darse contra un muro.

-¿Quieres que te acompañe?

-No, quédate con Hug, rodead los marjales y dirigiros hacia Nirent. Esperadme en las cercanías, y allí me uniré tan pronto como pueda.

(...)

Habían pasado cinco noches desde que su abuelo y el pequeño grupo se separaran. En una de las tiendas estaba Dâira, recostada sobre una esterilla con varios almohadones. En otra algo más cerca de la entrada, dormía su doncella. A la perelda le había vencido el sueño mientras echaba un vistazo a unos informes que Hug le había recomendado que leyera. Todavía los conservaba sobre el pecho, pero ahora su respiración era agitada y fuerte. Hasta el punto que Oselle la despertó temiendo que su señora se encontrara mal. Solo había sido una pesadilla pero Dâira tenía la sensación de que era algo más.

La Tëra le relató a la doncella su sueño y como Angárato perecía ahogado. Ante estas palabras la muchacha se alarmó, pero siguió escuchando. Dâira había revivido en su pesadilla la muerte de su padre, tal y como se lo imaginaba, ya que nunca llegaron a saber qué había ocurrido realmente en el mar. Pero en esta ocasión, el protagonista no era Urî sino Angárato.

La medio elfa no quería dormirse así que permaneció recostada, pensando en su padre y en lo mucho que le echaba de menos. De pronto recordó que en el sueño había visto un estandarte. Tirado sobre la orilla y cubierto de fina arena vio un gran trozo de tela negra con un extraño animal dibujado. No lo había contemplado antes y sin embargo, le era familiar.

A la mañana siguiente Hug ordenó a buena parte de la infantería ligera que se pusieran en camino. Se acercarían un poco más a Nirent para preparar el asalto. Habían hecho cálculos y el Arken no debía tardar. Querían tenerlo todo preparado para cuando él se uniera.

[Editado por Neume el 08-04-2009 15:42]

Escrito el 08-04-2009 15:41 #3

Dos días más tarde Angárato les había dado alcance. Su armadura lucía resplandeciente y los soldados miraban al General con asombro y orgullo. Sin embargo, la persona que más se alegró de su regreso fue su nieta.

-Me alivia verte de vuelta, Angárato –le dijo cuando estaban solos.

El Arken miró extrañado a su nieta, quien tuvo que justificar sus palabras.

-Bueno, es que tuve un sueño hace unos días, y… - la perelda se sintió incómoda por lo que iba a decir – Eras tragado por el mar. Fue extraño, creo que aún no he superado lo de mi padre, y por eso debí soñar aquello – añadió intentado quitarle importancia.

Angárato dio un paso más hasta situarse muy cerca de ella. Dâira frunció el ceño al ver el semblante serio de su abuelo. Seguro que no se había explicado bien. El Arken la agarró por el brazo obligándola a caminar.

-Fue solo un sueño, yo no he deseado que te…

-¿Qué me muera? – preguntó divertido – Ya lo sé, pero estuve cerca, Dâira.

Angárato le relató el incidente ocurrido en el Kelkaranî mientras trataba de recuperar su armadura. La misteriosa bruma que se levantó casi por arte de magia, como algo le había golpeado haciéndole perder el conocimiento en el mar, como se había hundido el esquife, y le habían sacado aturdido y entumecido por las frías aguas.

Entonces la medio elfa comprendió que no había tenido un sueño, si no una visión.

-No ha sido estéril mi aventura, pues no solo he conseguido mi armadura – dijo el Arken.

Pero nada más quiso añadir, y pronto se pusieron en camino. En pocas horas llegarían a la ciudad.

Mientras, en las puertas de Nirent estaba comenzando a librarse una batalla. La infantería ligera enviada por Hug y Dâira había tomado posiciones y preparado el terreno para el asalto. Quemaron los pastos y cultivos tal y como se les había ordenado, y aunque hicieron presos a un par de campesinos, que no habían llegado a tiempo de buscar refugio dentro de los muros, no obtuvieron apenas información relevante.

Pero los nirentianos habían tramado algo. Desde que recibieron el avistamiento de las tropas nurulantâr, habían esbozado un plan desesperado.

Cuando la infantería aguardaba la llegada del grueso del ejército, desde los muros de la ciudad los habitantes habían hecho sonar un cuerno. Era tan solo una forma de llamar la atención, pues a continuación, de uno de los voladizos los soldados nuru habían observado como en lo alto de la muralla, un elfo vestido con la cota de Narwä y atado por las muñecas era arrojado al vacío. Acto seguido, restos de viejas armaduras y ropas de soldados que habían quedado tras la última revuelta de la ciudad, fueron lanzadas en señal de desprecio.

En pocos minutos la ira se había extendido por todo el campamento, y los soldados, atónitos y henchidos de rabia, decidieron responder a tal afrenta, aunque eso supusiera desobedecer las órdenes expresas del Arken.

Se habían lanzado contra el portón sin un ariete que les ayudara, pero para su sorpresa, cuando se acercaban a la carrera, la puerta principal de la ciudad se abrió de par en par. Algunos pararon extrañados temiendo caer en una trampa, pero la mayoría siguió corriendo cegados por el odio, y finalmente, los pocos que aún dudaban terminaron por unirse a sus camaradas.

Los nirentianos estaban satisfechos de ver cómo el engaño había funcionado. El enemigo chocaba contra un muro humano infranqueable al tratar de atravesar la entrada. Sin caballería ni armas de asedio, y sin posibilidad de combatir en campo abierto, los nuru iban cayendo poco a poco frente al portón, obstruyendo además el mismo.

Pocos quedaban en pie cuando el grueso del ejército llegó. La escena era desesperada y caótica. Cuerpos nurulantâr yacían amontonados frente a la puerta. Nadie podía entender por qué había comenzado el asalto antes de lo previsto. Una lluvia de flechas recibió a los nuevos invitados. Angárato entonces dio la orden a los arqueros, que ya se disponían a lanzar sus flechas en respuesta a las de Nirent.

Una de las saetas del enemigo se clavó en el muslo del Arken, quien no dudó en partir él mismo la varilla hasta que pudiera ser curado.

Las escalas a duras penas conseguían mantenerse. Algunas habían sido tiradas abajo aplastando a los soldados. Otras, con mejor fortuna, permanecían todavía en pie. De una de ellas, Dâira logró alcanzar la cima de la muralla. Dos soldados nirentianos se lanzaron a por la perelda. Desarmó rápidamente a uno de ellos, y de una patada lo empujó al patio. El soldado se precipitó en una caída de varios metros. El segundo sin embargo, antes de morir bajo la espada de la medio elfa, consiguió herirla en el costado derecho.

Las catapultas destrozaron almenas y partes de la muralla, pero a pesar del daño causado en la estructura, no habían conseguido derribar parte alguna por la que pudieran penetrar, además de la puerta. Angárato entendió que todo intento de asalto sería inútil en esas condiciones, que habían sido desfavorables desde el principio, y ordenó la retirada.

Escrito el 08-04-2009 21:52 #4

La noche se les había echado encima. Habían cruzado el río y habían alcanzado a duras penas los marjales septentrionales de Dasarohe. Lo que quedaba de la Compañía del Águila se lamía las heridas en un campamento improvisado en esas tierras insalubres.

El asalto había sido un fracaso estrepitoso que, no sólo había provocado una gran mortandad entre las tropa sino que, además, ponía en entredicho la eficacia del poderoso ejército de Narwä Hilyatâri.

Angárato estaba furioso, la precipitación de unos pocos alocados había desencadenado una serie de acontecimientos que habían llevado a una vergonzosa derrota.

Con un asalto bien planeado la victoria no se hubiera escapado pero, ahora, ya era tarde.

Una quinta parte de la tropa había sido aniquilada y había muchos heridos; no era una derrota total pero, para los orgullosos nurus, representaba una daga clavada en el corazón. Los habitantes de Nirent, aun haber tenido muchas bajas, debían de estar festejando la victoria. Ellos, sin embargo, descansaban en silencio, heridos de cuerpo y alma, con mirada encendida, planeando la venganza, una venganza sangrienta y despiadada que hiciera olvidar esa derrota… pero nada hace olvidar una derrota a un nuru.

El médico salió sudando de una tienda acompañado de un joven ayudante, ambos vestían ropas de guerra pero la sangre que las salpicaba no provenía del reciente combate ni de sus enemigos sino que era de sus propios compañeros y pacientes heridos.

-Hoy será un día muy largo, Nukeion, encárgate de coordinar los turnos de los cuidadores, yo voy a la tienda del arken, ha querido ser el último en ser atendido- se acercó al ayudante y en voz baja continuó -no es muy inteligente por su parte demorar las curas, pero es un acto que le honra-

-¿Por qué hablas en voz baja?- Preguntó el joven elfo de mirada cansada.

-¿Por qué? ¿Pero a ti donde te han educado, en una granja perdida del Hirien?-

-Claro que no, destaqué en Thyrost...-

-Ya lo sé, muchacho, ya lo sé, era un modo de hablar, es que es mejor no hablar de los oficiales de alto rango a voz en grito, aunque se digan cosas buenas, ya sabes que son muy susceptibles y los nuru no destacamos por encajar bien las derrotas-

El joven estaba vivamente afectado por la batalla, en la que había participado valientemente, y por las terribles heridas que había ayudado a curar, pero no pudo evitar sonreír al pensar que él se libraría de tener que ir a la tienda del arken.

El médico jefe, un elfo corpulento que parecía más un luchador que un médico, entendió la sonrisa del joven y le propinó un codazo -¡bah!, tampoco es que sea un balrog, pero no es buen momento para ir haciendo curas dolorosas a oficiales poderosos-

El arken tenía una flecha hundida profundamente en el muslo derecho, estaba tendido en un duro jergón de campaña, rodeado de varios oficiales.

-Señor, fue el loco de Rognan-le-ki-

-¿El loco de Rognan-le-ki? ¿De qué me estáis hablando? ¿La derrota de la Compañía del Águila se debe a que un téra no ha sabido estarse en su sitio? No, señores, nos han derrotado porque ninguno ha sabido estarse en su sitio, ni el téra Rognan, ni vosotros, ni yo. Ese joven impetuoso se ha dejado llevar por la ira, pero así son nuestros soldados: fogosos y valientes, ahora no podemos quejarnos de ello, de lo que sí podemos quejarnos es de que no hemos sabido domar ese fuego-

Nadie se atrevía a interrumpir el discurso de Angárato que, furioso, se acodaba sobre la cama, cada vez más terrible a la vista de sus oficiales.

-Algunos de los aquí presentes pagará muy caro el no haber impedido esa locura- miró a un túre de cabellera negra que aguantó con aplomo la amenaza de Angárato. -los demás también lo pagaremos, nuestra vergüenza nos perseguirá hasta Valinor-

El médico pidió permiso para entrar.

-¡Que entre!- refunfuñó el arken. El médico entró.

Mientras el médico realizaba su dolorosa operación los oficiales se apartaron un poco y hablaron entre ellos en voz baja, estaban realmente avergonzados por todo lo ocurrido: se les había escapado una más que probable victoria por culpa de la indisciplina y la precipitación, unas de las “faltas” más censuradas en el Clan.

-deberíamos haber dejado que masacraran a esos estúpidos- comentó uno de ellos -el arken se recrimina a sí mismo por no haberlo hecho-

-Sí, deberíamos haberlo hecho... pero no lo hicimos... ni lo haríamos si se repitiera la situación, somos nurus, no dejamos que maten a nuestros camaradas, aunque sean imbéciles-

El médico salió de la tienda, dio un largo suspiro: todo había salido bien. Había ordenado que dejaran descansar al arken y todos obedecieron.

Cuando salía se cruzó con una joven elfa que andaba apoyada en otro soldado.

-¿Donde va téra Dâira?-

-de paseo- contestó altiva.

-No me venga con esas, jovencita, en otro momento no podría ordenarle nada, ambos somos terar, como mucho podría darle una zurra, pero ahora soy su médico y debe obedecerme, no quiero ningún herido rondando por aquí-

-Vengo a ver al arken- respondió Dâira.

-Acabo de echar de su tienda a los túrer, no puede entrar nadie, está descansando.

Dâira, contrariada, regresó sobre sus pasos y tomó el camino de su propia tienda; el costado, muy bien vendado, no dejaba de dolerle.

---

En Nirent se celebraban los funerales por los héroes muertos. Cientos habían caído por defender su ciudad. Había sido una estrategia muy arriesgada pero habían detenido al Clan Escarlata, los habían derrotado. Muchos lo habían pagado con su vida, padres de alguien, hijos de alguien.

Música solemne acompañaba el fragor de la inmensa pira.

Lágrimas corrían por los rostros de la mayoría... pero había algo más que lágrimas, había un orgullo creciente, un orgullo que se alojaba en las gargantas compungidas y en los pechos valientes. Lágrimas y Orgullo, orgullo y una contenida felicidad por saberse vencedores.

[Editado por elfo_negro el 08-04-2009 22:16]

Escrito el 13-04-2009 19:53 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 20 armadas x 35= 700 puntos.

Recuperables: 315 puntos.

Valoraciones: 8.6 + 8.0 = 8.3

Recupera: 261 puntos. Por acciones heroicas de los personajes, recupera 140 puntos. Total recuperación 315 puntos.

Pierde: 385 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.