Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 6
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 4
Nensir mantiene el control de la ciudad

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate
Armadas perdidas por "Maianor" = 6
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 4
Nensir mantiene el control de la ciudad
Hoy habrá perdón para el dolor, hoy habrá consuelo para la angustia.
Y vuelves a alzar una vez más tu espada, que brilla con gran intensidad. Y elevas tu alma, que brilla aún más. Ahí estás, al pie de este pequeño árbol que es mío también, caído, pero con el corazón henchido al saber que has luchado con todas tus fuerzas para detener este ataque que han enviado los dioses de la oscuridad.
Hace días todo era tranquilidad en Dahald, en las calles de la cual sólo se escuchaba el murmullo inocente de los niños correteando por ellas. Los días eran soleados aunque, de vez en cuando, algún nubarrón llegaba del mar y descargaba sobre las casas pintadas de blanco.
Y, entretanto, algún manto de nieve ha caído en las cumbres de las Ondoninkwê allá en el este. Pero los árboles están en flor y los caminos del bosque parecen tranquilos. Tu empleo apenas tiene molestias, apenas tienes que hacer algo más que estar sentado en esa torre de vigía, vigilando la entrada a la ciudad. Vivís tranquilos aquí, desde hace unas semanas, y a pesar de que los viajeros digan que los caminos ocultan un temor y un aciago presentimiento. Dicen que son tiempos aciagos, pero tú disfrutas de una pinta en la taberna de la gran plaza al terminar la jornada, de las risas de tus hijos pequeños al llegar a tu hogar y del dulce y tierno beso de tu esposa al irte a dormir. Ojala esto dure, los grandes dioses lo quieran.
Pero no dura, no. Llega un día en que el sol no sale al amanecer, ocultado por nubarrones negros e inquietud extraña. Y los habitantes de tu ciudad parecen estar tensos también a pesar de que es día de mercado. Y así ha sido como, bien entrada la mañana, ya cerca del mediodía, Dirtuk, el panadero ha discutido con un muchacho que le había robado dos hogazas de pan. En cuanto se ha dado cuenta del hurto, Dirtuk ha salido como lobo en sangre detrás del muchacho y, a pesar de que el panadero no es muy ágil, lo ha atrapado. El muchacho ha suplicado perdón cuando las hogazas se le han caído al suelo, escondidas como las tenía bajo sus ropas. Pero Dirtuk está enfurecido, no es la primera vez que el muchacho le roba, ni es el único que lo hace. Le abofetea y le obliga a besarle los pies a modo de disculpa. El muchacho no quiere, llora e implora. La gente que ha ido esta mañana al mercado, a pesar de que el cielo amenazase lluvia, se acerca interesada.
- ¡Eh, tú, sucio gordo! Deja en paz a mi muchacho- grita una voz entre la multitud. Es el padre del joven que ha robado a Dirtuk, que se abre paso entre la gente y se acerca a su hijo al que ayuda a levantarse al tiempo que le propina un puñetazo al panadero -. ¿Cómo te atreves?
Gorge, el padre del muchacho, y Dirtuk, el panadero, nunca se han llevado bien en verdad. Llevan años rivalizando por unas tierras. Por ello, acaban enzarzados en una pelea y este hecho ocasiona que se origine un tumulto a su alrededor, a su lado las peleas, golpes y puñetazos se extienden como el inexorable invierno en los últimos meses de cada año.
¿Entiendes lo que quiero decirte? ¿Escuchas mis palabras en tu cabeza? ¿O el dolor de la herida te impide cualquier escucha?
Ahí estas, al pie de este pequeño árbol, caído, pero todo ya ha pasado. O, al menos eso quisiera, porque los caminos siguen inquietos, la tormenta no ha pasado y vivimos tiempos aciagos en Rómenor.
Estabas bien tranquilo en lo alto de tu torre, cerca de la entrada de la ciudad. Sí, el día había amanecido nublado pero eso a ti no te preocupaba. Sólo pensabas en el momento en que acabara tu guardia. Irías, como cada día al terminar tu jornada, a la taberna de la gran plaza, tomarías una pinta y luego marcharías para tu hogar, donde te esperan las risas de tus hijos pequeños al llegar a tu hogar y el dulce y tierno beso de tu esposa al irte a dormir. Pero esto no llegó a suceder. Ha sido un día diferente. Sí, diferente.
La gran plaza había estallado en un gran disturbio donde todos los habitantes arrojaban todo tipo de objetos sobre las cabezas de otros, donde los cuchillos y las dagas volaban con la facilidad de las pequeñas águilas sobre los bosques, donde las risas inocentes de los chiquillos correteando por las callejuelas habían dado paso a los gritos y las voces implorantes. Un gran disturbio azotaba Dahald cuando las trompetas élficas tañeron el cielo. Se había acabado la calma y tuviste que unirte a otros para acudir a sofocar aquél tumulto, algo que no fue tarea fácil.
Pero, ¡ay! Dejasteis las puertas sin vigilancia y la ciudad se convertía entonces en un blanco fácil pues, mientras intentabais contener la revuelta que se había originado entre los habitantes de vuestra propia ciudad, sombras pequeñas y oscuras saltaron los muros de la ciudad. ¿Por qué no fuisteis precavidos, Burtad? ¿No habéis aprendido de los elfos que hay que pensar en todas las posibles consecuencias de vuestros actos? Sí, ellos también comenten errores pero son más sabios que los hombres corrientes.
Precisamente un elfo aldalânta se percató de que los orcos habían saltado los muros imprevistamente pero eso no evitó para que os encontrarais en una situación cuánto más curiosa.
Déjame que me ría, Burtad. Las imágenes me resultan cómicas. Por una parte, un atajo de hombres enfurecidos y ávidos de querer demostrar los buenos que son sus puños. Luego unos orcos necesitados de oro y joyas. Y, vosotros en medio, acorralados diría yo, o desbordados, sin saber dónde acudir.
No obstante, aún no ha empezado a llover en ese momento. Bueno si ha llovido sobre los orcos. Pues los pocos arqueros elfos que hay en la ciudad, que se apostaron rápidamente en las almenaras de los muros, sueltan sus flechas hacia los invasores. Pero son muchos orcos y, entre humanos y elfos, no contáis con una defensa sólida.
Sin embargo, justo cuando empieza a llover, llega una compañía aldalânta. Está capitaneada por Nênlê Taurel, una valerosa elfa. Ha hecho sonar las trompetas élficas y las puertas están siendo abiertas para recibirla. No se detienen a realizar saludo alguno, hay muchos disturbios que detener.
Voy a hacer un recuento de lo que tenemos hasta el momento de la historia. En la gran plaza hay un grupo de hombres enfurecidos, envalentonados y bravucones, que mueven puños y cuchillos con mucha ligereza y sin saber por qué. Luego, tus compañeros y tú que habéis acudido a detener aquella revuelta espontánea, algo enojados porque no vais a poder disfrutar de una buena pinta al finalizar vuestra jornada. Más allá, dos o tres arqueros elfos que viven en la ciudad desde que fuera ocupada por ellos hace algún tiempo. Por otra parte, contamos con un buen manojo de orcos, seres deformes con un lema ”saquear y saquear, destruir y destruir, matar y matar”. Y, por último, acaba de llegar una compañía élfica mejor organizada.
[Editado por aratir el 16-04-2009 19:48]
¿Qué quién soy? ¿No sabes aún quién soy, Burtad? Soy Aldalaurë, el bosque que te vio nacer y que te verá morir.
A ella también la vi nacer hace mucho más tiempo que a ti. Y, ahora, te brinda su mano y te invita a levantarte. Tú la miras, pero la luminosidad de su aura te tendría extasiado durante toda la eternidad. Pues Nênle Taurel posee la esencia de mis árboles, la pureza de mis bosques y la fuerza de mis raíces. Nació hace muchos años en algún lugar de mi anatomía. Se curtió como una valerosa elfa y, junto a Pheren, el Haya, forma un todo. Hoy es una ágil y experimentada guerrera, arquera y domadora de dragones yondeneni.
Hay más heridos a tu alrededor, aunque no demasiados. La batalla no ha causado apenas bajas entre las fuerzas defensivas. Y tu herida del costado se curará. Burtad, eres afortunado. Unos pocos no lo han sido tanto. Y otros tampoco lo serán en otras guerras. Pero tú vivirás. Y también vive tu familia. Eres afortunado. Podrás tomarte esa ansiada pinta en la taberna de la gran plaza, escuchar las risas de tus hijos cuando llegues a tu casa y disfrutar del dulce y tierno beso de tu esposa al irte a dormir.
Pero, ¿y Dahald?, ¿qué será de ella? Los orcos se han ido. Y los habitantes se han calmado. Pero hubo un momento en que notaste que todo se desbordaba a tu alrededor y las voces sólo resonaban lejanamente en tu cabeza.
Ahora también resuenan en tu cabeza los ecos de la batalla. Escuchas el rumor de la compañía de Nênle Taurel entrando en la ciudad como un huracán. Y, mientras llueve sin cesar, el ejército se divide en dos frentes. Los arqueros, numerosos entre los elfos de la capitana, se apostan en las almenas de los muros de la ciudad para, desde lo alto, arrojar sus flechas a las hordas orcas. La infantería con sus lanzas y espadas en alto penetran a través de las calles de Dahald y ayudan a desagrupar rápidamente a los invasores orcos, que se ven sorprendidos por la lluvia de flechas y las atacadas de las lanzas élficas. Tú no lo sabes, pero no son muchos y no tienen un claro líder. No obstante, para ti, todo parece el fin del mundo.
La batalla no ha durado demasiado, apenas unas horas, y los orcos han empezado a huir mientras la revuelta entre los habitantes hace ya rato que se terminó pues se encerraron en sus casas ante la llegada de los orcos.
Nênle hace sonar de nuevo las trompetas élficas cuando los orcos empiezan a huir. Algunos soldados aldalântar salen a perseguir por entre los árboles del bosque de alrededor a aquéllos que han conseguido escapar.
Dahald podrá dormir esta noche en paz. Hay muchos orcos estos días por mis bosques, pero no temo por esta ciudad, aunque sí por otras. Son tiempos aciagos los que estamos viviendo, Burtad.
Tiempos mejores vendrán, no me cabe duda. Vendrán tiempos más tranquilos y menos tumultuosos, o eso espero. Mientras tanto, hoy hay perdón para el dolor y consuelo para la angustia.
[Editado por aratir el 16-04-2009 19:46]
Resumen de la batalla.
Nensir ha perdido 4 armadas x35= 140 puntos.
Recuperables: 112 puntos.
Valoraciones: 8.8+8.3= 8,55
Recupera: 96 puntos.
Pierde: 44 puntos.
No hay recompensa.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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