La Guerra de los Clanes

Descubrimiento De Un Taltaril De Fuego

Escribiéndose...
Escrito el 19-04-2009 00:44 #1

Narsinye (Atardecer de Fuego), el Taltaril de los A-Lalla-Burrarrum-Burúmë ha sido descubierto por una de las compañías del clan Nensir Airatâri en las orillas del Loicatuine, bajo los árboles del Mistetaure (87ºE 111ºN)

Escrito el 19-05-2009 11:01 #2

EL FRUTO DEL ÁRBOL DE LA VIDA

Las altas copas de los árboles del Mistetaure protegían del calor a los viajeros, tres elfos aldalântar que habían cruzado las ásperas y cálidas arenas del desierto hasta alcanzar las selvas por el paso de Eneah. Tathâral, Voron y Althira descansaban plácidamente bajo la sombra de los espesos árboles mientras comían un poco de manzê, el pan del camino. Cuando terminaron de comer encendieron una pipa karuskwê y Voron y Tath fumaron.

- ¿Y por qué crees que la piedra está en esas ruinas? – preguntó Voron tras darle una calada a la pipa.

Hacía varios días que habían partido desde Dahald donde se habían encontrado tras regresar Voron y Althira del monte Ahaggar. Tan pronto como había recibido la noticia de que habían encontrado otro taltaril, el de los Etzenselon, Tathâral había cabalgado rápidamente a la ciudad. Encontrar los taltarili se había convertido en una obsesión para el elfo desde el mismo momento en que tuvo la negra piedra de los uonu-nyrr en sus manos. Sabía que no era el único que quería esas piedras y que, además, Branda, la balta de su clan, es posible que tarde o temprano se enterara de que estaba reuniendo esas piedras legendarias. Pero aún así, él le había pedido discreción a su hermana, ni siquiera les habían contado a Emmârdin y Aranarth que andaba buscando los taltarili. Emmârdin le había recordado que Norno les advirtió que para que Balcnîn no se hiciera con las piedras era mejor que éstas siguieran dispersas y aisladas unas de otras y sabía que el sacerdote desaprobaría que él las quisiese reunir. Pero Tath también sabía que cuántas más piedras encontrara, más poder lograría. Y esa ambición le había llevado hasta el Mistetaure.

- Es posible que los Ents le regalaran la piedra al pueblo de Laiquamiril.- respondió Tath, mientras le volvía a pasar la karuskwê a Voron. En las semanas previas, antes de partir de Dahald, el artadâko había estado leyendo viejos libros sobre aquella parte del mundo.

- Laiquamiril significa precisamente ”Joya Verde” – intervino Althira que, a pesar de la larga travesía por el desierto, parecía tener mejor aspecto que semanas atrás.

- ¿Y no creéis que el taltaril podría estar en alguna de las antiguas cavernas de las Umbar Némo? – sugirió Voron, tras darle una nueva calada a la pipa de hierbas aromáticas.- Al fin y al cabo, los ents siguen viviendo entre los árboles cercanos a las montañas.

- Bajo las frondosas copas de los árboles, los Ents vigilaban la antigua ciudad de los Elfos Verdes. – como respuesta, tath leyó entonces de un papel que sacó de su bolsillo, en el cual había copiado la pista que encontrara en un libro de Tulkatumbo.- Al morir la ciudad los Onodrim abandonaron su joya como recuerdo de la ciudad caída.

- Sigo pensando que la joya no tiene por qué estar en Laiquiamiril. – dijo Voron, al tiempo que devolvía de nuevo la karuskwê a Tath.

- En unas horas lo comprobaremos.- añadió Tath, mientras se recostaba en el tronco del árbol que tenía detrás suyo.

Cuando hubieron descansado lo suficiente, se levantaron y, después de recoger todo, emprendieron de nuevo su camino hacia Laiquamiril. Les quedaba menos de cien millas para alcanzar el río Loicatuine.

Escrito el 23-05-2009 13:43 #3

El camino hacia las ruinas de Laiquamiril le resultó bastante familiar a Althira “casi como si estuviera en casa” aunque hacía poco más de un año desde aquella vez que visitara aquellos parajes cuando los yarai condujeran a los aldalântar (además de otros pueblos) al encuentro con Norno. Hacía un año que habían sabido por primera vez de los taltarili y, ahora, un año después, estaban buscando uno de ellos.

- ¡Oh, Yenna, no otra vez!- exclamó la elfa cuando llegaron al río Loicatuine.

Al igual que sucediera entonces, el río llevaba bastante caudal debido al deshielo de la nieve de las Umbar Némo por lo que tuvieron que sacar cuerdas (que habían incluido en la expedición por precaución) para ingeniar un modo de atravesar el río.

- No ha sido tan difícil, Thira. Yo me esperaba algo peor cuando me hablaste de este río - dijo Voron, cuando ya habían alcanzado el margen oriental del río.

Una vez recogidas las cuerdas, reemprendieron la marcha a través de las selvas. Las ruinas de Laiquamiril no tardaron en aparecer.

- Hemos llegado. He aquí la Joya Verde, la antigua ciudad de los Elfos Verdes- anunció Tathâral. Aunque el elfo no había visitado aquellas ruinas pues, cuando un año atrás viajaran a Nilme Istyalvao, él había tomado otro camino distinto al de la comitiva de su hermana, conocía más o menos el lugar por lo que le contaran y por lo que había leído en los libros.

Aquel lugar parecía estar desierto. Aquella ciudad fue en su pasado una esplendorosa ciudad élfica, cuyos habitantes tenían muy buena relación con los yarai. Y, cuando los orcos invadieron la ciudad atraídos por su riqueza y cayó la desgracia en ella, el pueblo yarai siguió protegiendo el lugar, aún cuando éste fuera sólo lo que veían en ese momento, un montón de ruinas. Sin embargo, hacía bastante tiempo que los yarai no se veían por Rómenor. Casi desde que los aldalântar regresaran a sus hogares después del viaje a Nilme Istyalvao, casi un año atrás.

La ciudad no era más que un conjunto de paredes semiderruidas y montones de bloques de piedra sobre lo que una vez fuera una hermosa laguna y que ahora era más parecida a una ciénaga. La selva casi había engullido aquella antigua ciudad élfica y, ahora, la vegetación era bastante densa. Se acercaron un poco más y Althira señaló un conjunto de piedras semiderruidas donde recordaba existía una pequeña puerta que conduciría al subsuelo bajo las ciénagas. Y su memoria no le fallaba, efectivamente se toparon con una pequeña puerta en la cual empezaban unas escaleras. La elfa, junto a su hermano y a Voron, bajó por las escaleras mientras el ambiente se iba volviendo cada vez más húmedo. Finalmente llegaron a una gran bóveda de piedra agrietada en numerosos lugares, en los cuales el agua se escapaba. Estaban bajo la laguna.

-¿Y ahora? – preguntó Voron, contemplando la sala en donde se encontraban. El aire era bastante pesado y húmedo, pero él ya estaba acostumbrado a algo así. Durante muchos años había estado encerrado en oscuros y húmedos calabozos de los uonu-nyrr.

Althira miró también a su hermano. No sabía si tenía alguna idea de dónde se podría encontrar el taltaril de los ents, si es que seguía en Laiquamiril.

- ¿Tú me dijiste que las paredes de esta sala estaban llenas de pinturas? - preguntó Tath a su hermana.

- Sí - afirmó ella.

- Quizás tengamos la misma suerte que tuvisteis cuando encontrasteis el taltaril de los etzenselon.- Tathâral se acercó hacia las paredes, que estaban bastante bien conservadas a pesar de que tenían algunas grietas. Se encontró entonces con las pinturas, unos bellos jeroglíficos de colores vivos que representaban escenas de un pasado muy lejano.

Voron y Althira se acercaron a los pictogramas. Había muchos dibujos, algunos muy bien conservados, otros bastante borrosos. Las estudiaron durante un buen rato.

Pasaron dos horas y, viendo que Tathâral seguía mirando las paredes, Voron empezó a desesperarse.

- ¿Habéis encontrado algo?

- Puede. Hay varios de estos dibujos que me han llamado la atención, en uno aparece una S al lado de un punto negro. - Tath giró la cabeza y les animó a que se acercaran. Althira miró con curiosidad aquel dibujo, intentando equipararlo a algo que ella conociera.

- Sí, en efecto. Una S y un punto negro. ¿Muy ilustrativo, no? - inquirió Voron.

Pero Tathâral no pareció haberle dado importancia a la ironía de su amigo y siguió mirando el dibujo. Aparecía la figura de varias personas que debían de ser elfos y ents y otras que parecían ser árboles. Y algunos trazos indescifrables.

- ¿Qué podrá significar este dibujo? - preguntó Tath.

- Los elfos verdes, al igual que nosotros y la mayoría de los kinni, aman el bosque - explicaba Althira.- Además, creo que representa algún tipo de alianza entre los elfos de Laiquamiril y los Ents del Mistetaure. Y el taltaril podría haber sido el símbolo de esa alianza.

- Interesante. En estos dibujos tiene que estar la clave de la ubicación de la piedra - dijo Tathâral que se pusó a mirar por los dibujos de al lado.

Durante un buen rato, estuvieron mirando, pero ningún dibujo parecía dar indicación alguna sobre dónde estaría lo que andaba buscando.

- Con todo mi respeto, compañero. Estás empezando a desvariar. Aquí no vamos a encontrar ninguna pista que nos indique dónde está el taltaril. Esta búsqueda es inútil.

- Creo que Voron tiene razón, Tath - dijo Althira.- Podríamos buscar por las ruinas de esta ciudad. Y si no lo encontramos...

- ¡No! ¡Tenemos que encontrar esa piedra como sea! - gritó desesperado Tathâral, tanto que sus acompañantes se asustaron. Pero al instante, y viendo las caras de ellos, se calmó.- Quizás tenéis razón. Si al menos supieramos el lenguaje escrito en estas paredes...Pero bueno, salgamos fuera e investiguemos por la zona.

Voron respiró aliviado al tiempo que asintió. Los tres elfos se dieron la vuelta y se encaminaron hacia las escaleras. Tathâral, que iba delante, se detuvo cuando había subido dos peldaños.

- ¿Habéis escuchado? - preguntó en un susurro Tath.- He escuchado varias voces fuera de aquí. Esperad.

El elfo se escurrió lentamente por las escaleras hacia la puerta de salida. Cuando ya estaba lo suficientemente cerca como para sacar levemente la cabeza, oteó el exterior. Vio entonces las figuras de varios enanos en el otro lado de las ruinas de Laiquamiril.

Escrito el 23-05-2009 20:27 #4

Uno de los enanos, de grandes barbas, señaló hacia la zona donde se hallaba la puerta en la cual estaba espiando Tathâral.

- ¡Allí! – exclamó mientras su gruesa mano señalaba el montón de piedras donde se ocultaba la puerta.

- No, Maegar. Yo creo que estaba por allá - dijo otro de los enanos, señalando otro montón de piedras.

- No, Faern. La puerta que conduce a la Sala de las Efigies se halla allí- insistió el enano Maegar, que se dirigió hacia otro de ellos que parecía ser el líder. – Dorn, créeme. Estoy seguro de lo que digo.

- Ni hablar. No puedes estar seguro de nada - intervino de nuevo Faern, lo cual provocó una discusión entre los enanos.

- ¡Basta! – solicitó el enano llamado Dorn.- Iremos primero a donde indica Maegar…puesto que él es el mayor.

Tathâral, viendo que los enanos iban a ir hacia la puerta de la sala abovedada, regresó por las escaleras hacia el subsuelo y les contó a su hermana y a Voron lo que había escuchado. Si no hacían algo les iban a pillar allí pero entonces Althira se acordó de que había una pequeña habitación al fondo de aquella sala y corrieron a esconderse en ella.

Los enanos, en ese momento, llegaron hasta la puerta. Los elfos, escondidos en una esquina de la pequeña sala, escucharon como bajaban las escaleras.

- ¿Veis? Tenía razón.

Los enanos hablaban a voces mientras se acercaban a los grabados de las paredes mientras que Althira, Voron y Tath escuchaban con mucha atención y mucha contención.

- Sí, éste es el dibujo - dijo aquél que era llamado Dorn.- El punto negro representa la gema negra. Los ents se la llevaron de Naragundu para ocultarla a mis antepasados y se la ofrecieron a los elfos verdes. Pero ahora, después de tanto tiempo, la gema negra volverá a las manos correctos. ¿Qué dice, Maegar?

- El lenguaje del dibujo es confuso. Los elfos escriben con letras demasiado angulosas. Pero parece que habla del fruto de un árbol, no puede ser...

- Sí, si puede ser. Para los ents la gema negra era el fruto del árbol dorado, el que llamaban árbol de la vida - explicó Dorn.- Lo cierto es que seguro que esa gema la forjaron mis antepasados y la dotaron de un gran poder, según se dice. Pero no te detengas, Maegar, continúa leyendo.

- Me cuesta traducir este dibujo. Los orcos arruinaron la ciudad élfica. Los...guía...los pastores de los árboles, osea los ents...Los ents se llevaron la gema...Para salvarla del saqueo. Al otro lado de la S. ¿Qué es la S? Esto no lo entiendo. La corriente que mana de los puros...Las raíces de...esto parece ser el dibujo de cinco árboles.

- ¡Maegar! ¡No sabes! - exclamó Faern.

- ¡Calla! ¡Yo fue el que tuve que estudiar lenguaje élfico! ¡Yo! ¡Que odio estudiar! - gritó Maegar y una nueva discusión empezó entre ellos. Discusión que Dorn tuvo que parar.

- ¡Basta! Sálgamos de aquí y busquemos por las ruinas. Y, mientras, Maegar, reflexiona sobre el significado de este dibujo.

Y, acto y seguido, los enanos se dieron media vuelta, subieron por las escaleras y volvieron al exterior.

Cuando se hubieron marchado de la sala abovedada, los elfos salieron de la pequeña habitación.

- La S representa el río. Os dije que en estos dibujos estaban las pistas para encontrar el taltaril - dijo Tathâral, bastante contento. - La gema tiene que estar escondida en la orilla del río opuesta a Laiquamiril.

- Los árboles dibujados al lado del punto negro y de las letras son olmos. - indicó Althira que se había acercado de nuevo al dibujo.- Una línea señala uno de los cinco olmos, que se hallan además en círculo.

- Está claro entonces, tenemos que buscar cinco olmos en círculo al otro lado del río - dijo Tath.

Escrito el 23-05-2009 22:23 #5

Los aldalântar salieron al exterior y vieron que los enanos se hallaban en el otro extremo de las ruinas. Tathâral les pidió a Voron y Althira que le esperasen junto al margen oriental del río mientras él iba a buscar el campamento de los enanos.

Los elfos no habían tenido en cuenta que tuvieran que realizar labores de pico y pala y no habían traído ninguna herramienta útil. Pero seguramente los enanos, más acostumbrados a aquellos menesteres, tenían consigo herramientas para ello.

Los enanos habían depositado un montón de herramientas junto a la orilla oeste de la laguna, encima de una piedra rectangular que parecía una mesa. Tath se acercó sigilosamente, escabulléndose entre los muros derruidos, atento a los movimientos de los enanos, que deambulaban entre las ruinas buscando el taltaril. Finalmente llegó a la mesa de piedra y vio rápidamente dos azadas, dos palas y un pico. Con el mayor sigilo posible, tomó una azada y una pala y se giró, dispuesto a protegerse de la visibilidad de los enanos en una pared cercana. Pero, de repente, uno de los enanos dio la voz de alarma.

- ¡Nos roban!

Tathâral, escondiéndose entre los bloques de piedra, muros semi derruidos y paredes agrietadas, se dirigió hacia el exterior de Laiquamiril mientras escuchaba las voces malhumoradas de los enanos.

- ¡Era un elfo, estoy seguro!

- ¿El fantasma de un elfo verde, quizás? – decía Faern.

- Buscad al ladrón como sea – ordenó Dorn.

Corriendo, con pala y azada en mano, el aldalânta avanzó entre los árboles hacia el lugar donde había quedado con Voron y Althira. Cuando creyó que estaba lo suficientemente lejos de Laiquamiril, reduzco la marcha. Alcanzó al rato a sus compañeros, que le esperaban en la orilla del río con las cuerdas listas para cruzarlo.

- Rápido, los enanos me han descubierto y vienen detrás.

Cruzaron el río y, cuando estaban en el margen occidental del río, buscaron los olmos. No muy lejos, los elfos encontraron un grupo de olmos que formaban un pequeño círculo. Contaron cinco olmos muy esbeltos. Si el pictograma que habían visto en la pared de la Sala de las Efigies de Laiquimiril no se equivocaba, el taltaril de los Ents estaba enterrado cerca de las raíces de uno de ellos, aquél que crecía hacia el norte. Empezaron a cavar cerca del mismo, mientras Althira vigilaba por si los enanos aparecían.

Entonces, en el agujero que iba dejando la azada en la tierra, apareció una piedra negra. Tathâral la miró, era bastante parecida a aquella que encontrara en las catacumbas de los uonu-nyrr. El hermano de Althira tomó la piedra en su mano y se la enseñó a sus compañeros. Al quedarse expuesta a la luz del sol, empezó a adquirir un tono rojizo, unos destellos que le proporcionaban una luminosidad hechizante. Era, sin duda, el taltaril.

Tan atentos como estaban a los reflejos rojizos que irradiaba la piedra, ninguno de los elfos se percató de unos pasos que iban hacia ellos.

- ¡Aquí están los ladrones! – dijo la voz gruñona de uno de los enanos. Dorn, Maegar y Faern habían dado con los tres elfos.

Rápidamente, Tathâral encerró la piedra en su mano y metió ésta en el bolsillo derecho de su pantalón.

- Elfos, esa gema es nuestra. Dánosla - ordenó Dorn, señalando al bolsillo de Tathâral.- Soy Dorn, hijo de Vorn, quién a su vez desciende del grandioso Dornidrin, hijo al mismo tiempo de Ghaern el intrépido, heredero del Rey Olagondir, y esa piedra pertenece a mis antepasados.

- Si no me falla la vista, vosotros no tenéis pinta de ent. Y sólo el pueblo Onodrim podría reclamarnos esto - dijo Tath, sacando de nuevo el taltaril para lanzárselo a su hermana, que se hallaba a su izquierda. Althira lo tomó con sus manos.- Y, ahora, otros menesteres nos esperan. Tathâral, a vuestro servicio.

Los tres elfos se giraron pero, como era de esperar, los enanos no les iban a dejar marcharse. Voron y Tath, sacaron sus espadas y se volvieron a encarar con ellos mientras Althira salía corriendo, llevándose el taltaril. Una vez que los elfos habían contenido lo suficiente a los enanos como para darle ventaja a la sacerdotisa, salieron ellos también corriendo a través de la selva, en dirección hacia el sur.

Althira estuvo corriendo hasta que ya no pudo más. Resoplando y muy cansada, se detuvo bajo el tronco de un grueso árbol. Al poco rato, aparecieron Voron y Tathâral.

- ¿Y los enanos? – preguntó la elfa.

- Aún no hemos conseguido despistarlos pero le llevamos algo de ventaja – informó Tath.- Tenemos que continuar hacia el sur. Ellos habrán dejado también de correr pero no creo que desistan de ir tras nosotros.

Althira, con pocas ganas, se levantó con ayuda de su vara de avellano.

-Toma – dijo, al tiempo que le daba a su hermano el taltaril de los Ents.