La Guerra de los Clanes

Batalla 112 - Revuelta En Hildan

Terminada
Escrito el 29-04-2009 20:26 #1

Fin Guerra: Nensir Airatâri se retira del Combate

Armadas perdidas por "Maianor" = 6

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 4

Victoria para Nensir

Mantienen el control de la ciudad y ésta pasa a formar parte permanente de los territorios del clan.

Escrito el 03-05-2009 16:40 #2

Luna, amiga de todas las mujeres,

Descienda a mí tu alegría;

Déjame ver visiones esta noche,

Emblemas de mi destino
(Busenbark, Symbo/s, Sex and the Stars, pág. 25.)

...

Brisa fresca, aroma de árboles legendarios. Tierra húmeda bajo mis pies fríos. El canto del Aldalaurë inunda los sentidos de tu hija, hija del viento, hija de la luna, hija del bosque, heredera de tu serenidad y de tu fuerza.

Mi cuerpo desnudo baila en junto a tus elementos, mis pies descalzos sobre la tierra húmeda, nutridora y fructífera, la madre fértil que otorga vida. Mi pálida piel el aire roza con su frialdad, moviéndose puro, claro, cambiando y refrescando a la vez tus ramas, moviéndose libre, develando mentiras. Sabio entre los sabios aires del Este, proveniente de tierras lejanas, más allá del Kelkarani. La humedad del rocío baña mi cuerpo, purificador y amante, fluyendo como mis emociones más profundas, absorbiendo y germinando, sanando y soñando... y así, danzando sobre la tierra húmeda, veo que danzas junto a mí, por encima de mi cabeza, enérgico y cálido a la vez, curándose a sí mismo de las heridas de una guerra latente.

Oh padre y madre, oh atama da ontarê, oh Aldalaurë, necesito tu refugio, tu cálido lyêre, mis oídos te escuchan, mi cuerpo te siente... Oh Aldalaurë, necesito tu refugio... mis oídos te escuchan... decidme lo que anhelo... Oh abedul, avellano y ciprés, enebro y fresno, proteged a vuestra hija. Sabios almendro y serbal, decidme lo que deseo saber. Pheren, árbol de la Haya, tú que me guías permíteme ver... esta noche como las otras noches, tu hija te clama... Lingwilóke Tûrêwen te clama... oh Aldalaurë mírame aquí, Nênlê Tâurel te clama...

...

Aquella noche el bosque danzó junto a la brisa del este y junto a su hija de las tierras de más allá de las cristalinas aguas del Kelorni. Una cálida brisa que acarició las tierras de Rómenor, llevándose los malos recuerdos de una guerra. Una cálida brisa que, por un momento, dio tranquilidad en más de un corazón herido por la añoranza.

Hildan respiraría paz a partir de entonces.

...

Hildan, la puerta del desierto, ciudad en la que importantes caminos unían la costa y las tierras del sur atravesando el vasto desierto de Al'varant. Ciudad conocida por la ruta de los dragones, donde inescrupulosos cazadores comercializaban las pieles de las distintas especies de los dragones de Rómenor conocidas desde siempre. Pero ya no, o por lo menos, el control hacia aquellos hombres, se había intensificado de tal manera que ya poco o nada se sabía de ellos. La naturaleza es sabia, así como los designios de sus hijos.

Muchas empresas pasaron por aquellas tierras, grandes batallas cuyo fin para algunos era netamente el poder económico mientras que, otros más idealistas, buscaban la liberación de un pueblo oprimido o sólo cumplir con el deber.

Al final aquello no importaba en nada. ¿Incrementar arcas? ¿Ideales? ¿Deber? Al fin y al cabo las batallas son batallas, sea por uno u otro motivo aquéllas producen dolor en quiénes las presencian y, por qué no, dolor en quiénes la viven en carne propia. Mientras que las llagas en el espíritu difícilmente son sanadas, la cicatrización es lenta y siempre dejará una marca en sus corazones, mas su cura no es una tarea imposible.

[Editado por auriga el 03-05-2009 16:43]

Escrito el 03-05-2009 16:42 #3

Así después de las batallas, en la ciudad de Hildan, vino un periodo de re- ordenamiento, limpieza de las calles, reconstrucción de las viviendas, administración de los suministros del pueblo, para el bienestar de la comunidad. Se construyeron graneros para almacenar el resultado de una excelente cosecha y para poder incrementar la tenencia de animales. Pero lo más importante fueron las reuniones con los líderes, ya que el fin último era llevar una convivencia en paz, luchando ahora no mediante espadas y arcos, sino con la fe en el pueblo, por una educación social en paz y olvidando el temor hacia aquel pueblo de los casi desaparecidos Uonu-Nyrr.

Incluso, Nênlê, en su ardua labor como Ainakelvari , luchó arduamente por acabar con la caza y tráfico de pieles de los dragones y logró, junto con un grupo de soldados de Hildan, detener esa crueldad, por lo menos en los sectores próximos a la ciudad, recordando siempre a sus dragones de agua, nativos de las cascadas en las cercanías de la ciudad de Neitillot.

Poco a poco las reticencias hacia la gente del norte, aquel pueblo que les había quitado supuestamente la libertad, remitieron. Al final lo que hizo fue enseñarles a ser libres, no imponiendo y respetando el ritmo de la ciudad. Los soldados poco a poco dejaron de patrullar las calles y se centraron en defender la ciudad de ataques externos, aunque sin dejar de observar el interior, como los soldados del sector. Así, fueron compartiendo una forma de vida e, incluso, algunos practicaron los rituales aldalântar.

Pero quién llevó a cabo toda esa ardua labor no se sentía tranquila. Algo en sus sueños le perturbaba y, en las aguas cristalinas, una imagen de sangre veía crecer cuando se veía reflejada en ellas. Nênlê tenía el presentimiento de que algo se acercaba, cauto entre los marjales, con deseos de venganza que no entendía... y, así, buscó las respuestas en lo más profundo de su ser... y la inmensidad del bosque, aquella noche, le dio a entender lo que ocurría.

Tomó a Kuwtawarô, su arco irrompible, conocido por las proezas en la lucha contra los Uonu-Nyrr y los mismos Loceroquén, como también su espada [i] B'rethâ y partió con un grupo de soldados hacia el oeste, en las inmediaciones de la ciudad, amparados bajo la oscuridad de aquella noche.

Mientras caminaban, las estrellas titilaban ansiosas, expectantes, al ver a una hija del bosque dirigiéndose por caminos desconocidos, guiando a un grupo de soldados, todo por un presentimiento dirían algunos, pero ella sabía que había algo más.

Se detuvieron al ver una extraña formación de matorrales secos de los cuales un pequeño hilo de humo surcaba el aire. Uno de los soldados, que logró acercarse un poco más, comunicó que se trataba de una barraca escondida en la profundidad de la tierra y Nênlê supo que ése era el lugar.

Con la sutileza característica de su raza, se acercó al lugar encontrando la entrada y, con fuerza, entraron para encontrarse con una habitación abandonada hacía muy pocas horas. El aroma nauseabundo y la visión le sobrecogieron. Un dragón silvano, de pocos años, yacía petrificado sobre el frío del suelo, mientras una de sus patas traseras temblaba sutilmente. Sus ojos perdidos y la sombra en su lengua le dieron a entender que había sido envenenado y que ya nada podía hacer y, en su ensimismamiento, logró señalar unos escritos sobre una vieja silla y, entre ellos, un mapa de Hildan, remarcados por algún motivo los pozos de la ciudad. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la Dakâr la cual ordenó el regreso inmediato. Aquello no se veía nada bien.

Escrito el 03-05-2009 18:06 #4

Nunca antes habían corrido tan rápido, ni si quiera para salvar sus propias vidas. Cientos de familias corrían un riesgo enorme por culpa de seres inconcientes.

Las calles se hicieron extensas, y los segundos, interminables. Encontrar cada pozo, cada afluente de agua, revisar manantiales... pensar en la búsqueda fue angustiante.

Llegar a la ciudad, ellos no se encontraban tan lejos, pero el camino se les hizo eterno.

No lograban entender desde cuando aquellos seres se refugiaban en la oscuridad de la noche, en aquel lugar, si fueron largas las jornadas de búsqueda, revisando cada milímetro de terreno en búsqueda de pistas que les llevase a cazadores y a sus refugios donde llevaban a cabo las extracciones de las pieles de aquella especie tan codiciada. Habrían sentido, oído, visto... pero nada...

¡Cómo tan ciega!

De repente un recuerdo llegó a su mente, junto a una visión descabellada. ¿Y si fuera gente de la misma Hildan?

Nênlê Tâurel pensó en su tierra, en sus añorados dragones de agua, y como su población iba decreciendo, por culpa de inescrupulosos, ¿acaso no veían la delicadeza y la bondad de sus cristalinos ojos? Si bien era una especie que muchos la tildaban de fuerte, poderosa, con poder, no conocían realmente el espíritu de esos sagrados animales.

En más de alguna ocasión demostraron ser más sabios que los propios humanos, pensó la Ainakelvari con su rostro rojo de rabia. ¡Ellos se agrupan en pequeñas manadas, para proteger a los más pequeños, de ninguna forma pensarían en dañar a los suyos, y menos a los demás!

Al llegar la ciudad ésta se encontraba en silencio. Tras dar la voz de alarma entre los soldados tanto de Hildan, como los aldalantar, se despertó a los líderes de la ciudad explicándoles la situación de emergencia. Se realizaría una búsqueda exhaustiva por las calles. Se organizaron cuatro secciones de búsqueda, se detendrían a los sospechosos que rondasen en la oscuridad, como los que se encuentren cerca de las aguas. Había que evitar que los ciudadanos se acercasen a buscar y a beber aquel preciado líquido, ya que no tenían la certeza que a que hora podrían haber envenenado las aguas. Mientras otro grupo tenía la labor de revisar los hogares de que todo estuviese bien.

Nênlê se unió a la búsqueda, calle tras calle, revisando escondrijos, buscando a sospechosos, pero no encontraban nada. De repente le llegó el aviso que habían encontrado a dos sospechosos, por lo que se dirigió raudamente a aquel sector. Al llegar los tenían rodeados.

La ainakelvari se acercó cauta, observando cada detalle de sus ropas, cada línea de sus rostros, oliendo, sintiendo algún vestigio para descubrir quienes eran. No fue necesario nada más. El sutil aroma de las tierras del oeste, humo y... para aquella no fue difícil descubrir el aroma de la pequeña criatura muerta no lejos de la ciudad. Eran cazadores.

Una risa brotó de los labios del hombre, “ya está hecho, las aguas están contaminadas. ¡Morirán todos, cobardes que no fueron capaces de luchar en contra de ustedes, elfa. Quedaron prendidos de su magia, pero yo los liberaré para siempre, junto con esos estúpidos animales... morirán como animales!”

Su compañero lo vio con ojos como plato al ver que sacaba el frasco de veneno y lo bebió si que él, ni los demás, pudieran hacer nada al respecto. Más la elfa se encontraba tranquila, se acercó al hombre que empezaba con las convulsiones producidas por el veneno y levantó sus manos, los protectores aires del este aún danzaban sobre la ciudad.

Observó al hombre y una lágrima brotó de sus cristalinos ojos. Por un momento, la elfa, de ropas de cuero trenzado, botas que demostraban un largo camino recorrido, su cabellera enmarañada, desapareció. La luz de sus ojos cristalinos, su piel pálida se confundió con la luna, algunos pensaron que Yenna se les había hecho presente, más otros pensaron en la bella Inanna.

Un cálido rezo brotó de sus labios, un rezo embriagador, cálido, y sus lágrimas posó sobre los labios de un cazador asombrado.

...

Aquella noche las aguas fueron purificadas por los cánticos y la pureza de las lágrimas de la joven hija del bosque. Aquella estrellada noche Nênlê Taurêl, no tubo descanso. Pero sabía que, a pesar de que aquel cazador, junto con su acompañante, permanecerían vigilados en su hogar, tenía la pequeña esperanza de que de a poco, empezarían a ver las cosas desde una forma más clara y esperanzadora.

Escrito el 07-05-2009 14:33 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 4 armadas x35= 140 puntos.

Recuperables: 112 puntos.

Valoraciones: 7.2+9.0= 8.1

Recupera: 91 puntos.

Pierde: 49 puntos.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.