La Guerra de los Clanes

El Ave De Fuego

Terminada
Escrito el 02-06-2009 22:31 #1

Capítulo 1: Renacer

El ruido de sus pasos resonaba contra las paredes mezclándose con el replicar lejano del agua de discurría por la caverna. A parte de aquel sonido no había más que silencio en aquel lugar, ningún sonido de animal ni el crecer de ninguna planta u hongo, en un ambiente cada vez más espeso y de aire cargado. Solo la luz que se filtraba eventualmente entre las grietas daba algo de vida a aquel lugar plagado de grises. Y junto a uno de estos haces de luz se encontraba su cita.

Korkor Ingaran era un maia sediento de poder, hambriento de seguidores, sirvientes, esclavos. Su ambición de antaño lo había convertido en lo que era, y a pesar del castigo recibido, su deseo jamás había menguado. Pues para que conformarse cuando siempre se puede conseguir más.

Los últimos años habían sido malos sin embargo. Sus fieles se habían visto reducidos a causa del comienzo de una era de esplendor por parte de los reinos de Nensir Airatâri y Marllatjay, y él había tenido que esforzarse por salvar cuanto quedaba y extender entre nuevos pueblos el culto hacia si mismo. Pérdidas y ganancias del camino hacia el éxito, camino que aquel día avanzaría un trecho más ahora que tras el ritual de los Uonu-Nyrr se encontraba ya listo para aquel encuentro.

-Bienvenido seas Osrûn Sar.- Le saludó con una sonrisa su cita.- Veo que eres puntual a nuestro encuentro.-

Korkor Ingaran devolvió el saludo. -Por motivo alguno faltaría.-

-¿Sabes la razón de este encuentro?- preguntó con interés la figura situada a escasos pasos del maia.

-No. Aunque confío que me la revelarás pronto.-

La figura asintió. -Cierto, no hay porque alargar este encuentro más que lo necesario, cada cual tiene sus quehaceres y no nos sobra a ninguno el tiempo.-

Dicho esto, su interlocutor descubrió entonces un pequeño objeto de tono oscuro que aproximó entonces al haz de luz que llegaba desde fuera. La piedra cobró entonces un brillo rojizo creciente y violento como el de unas llamas que poco a poco iba iluminando la cueva sobreponiéndose a la luz que lograba entrar del sol. La expresión de Osrûn Sar ante aquello era de perplejidad.

-Creía que todos habían caído en manos de los cinco grandes reinos.- Llegó a decir el maia ante su sorpresa.

Su interlocutor sonrió más ampliamente ante aquella observación. -Y gran verdad es esa. Pero no reparemos en los pequeños detalles, no estamos aquí para eso.-

Osrûn Sar ya iba a replicar ante aquella decisión cuando la figura frente a él comenzó a entonar una canción. Con cada verso, la piedra parecía resplandecer con mayor intensidad.

Iniðil uruš amanaišal

aþâraigas pathân,

iniðil phelûnigas,

iniðil rušurmâchanâz,

iniðil sebeþigas,

iniðil, iniðil, iniðil.

Uruš amanaišal

aþâraigas pathân,

¡iniðil! Rušurmâchanâz.

Un estallido de luz copó la estancia tras el último verso, quedando el maia cegado ante tal cantidad de luz. Cuando recupero la vista, contempló con pánico como su cuerpo ardía en llamas. Intentó instintivamente apagarse a sí mismo, para descubrir la inutilidad de ello y posteriormente que a pesar de estar ardiendo no sentía dolor alguno. Observó con mayor detenimiento su cuerpo en llamas. Éste, salvó por estar cubierto por el fuego, no tenía el más mínimo daño pareciendo en realidad la fuente de aquellas llamas. Sin dar crédito a lo que le estaba pasando miró con los ojos aún como platos a su camarada quien lo observaba con una sonrisa amplia.

-Que demonios…-

Un calambre placentero recorrió el cuerpo del maia cortando sus palabras y liberando toda su energía, todo su poder, haciéndole flotar, libre y ágil. Cuando fue consciente de nuevo, sus pies se habían separado del suelo y flotaba en el aire. Sin habérselo propuesto había tomado su forma habitual, sin embargo, esta ya no era la de un cuervo, era la de una inmensa ave de fuego. Su cuerpo crepitaba con fuerza y con un poder hasta antes desconocido.

-Cumple ahora con tu destino Wilini Ingaran.-

Las alas del maia se desplegaron atravesando y fundiendo la roca y como en respuesta a su camarada abandonó la cueva en un simple instante. Su espíritu flotaba más alto que nunca, más libre y poderoso, y ahora no deseaba otra cosa que descubrir hasta que punto lo era. Era el renacer de Wilini Ingaran, “Rey Supremo de las Aves”.

Escrito el 31-08-2009 17:38 #2

Desde las cimas retorcidas y oscuras de Cotumo Aicasse, Osrûn Sar contemplaba el occidente con una mirada mezcla entre el odio, la soberbia y ambición. A sus pies, Mistetaure la tierra indómita, hogar de numerosos pueblos pero dueña de ninguno de ellos y aparentemente ajenos como ella al transcurso del tiempo, lugar de los Pastores.

-Mi señor, mi amo.-

Las toscas palabras a sus espaldas hicieron que el maia se volviera con una pizca de molestia. Tras de sí, Durbhosh hincaba una de sus rodillas en el suelo mientras inclinaba su enorme cuerpo clavando la vista en el suelo.

-Todo esta listo ya como ordenasteis, amo.-

-Excelente- sonrió Osrûn ampliamente -puedes retirarte.-

Al fin había concluido la espera y su nuevo dominio, Romenor, le esperaba impaciente. Su servicio hacia Balcnîn concluía al fin y podía tomar así todo para él, libre de los tejemanejes del señor de las aguas que hacia nada les habían llevado. Ahora, al mando de los orcos como su nuevo dios de la guerra, Gâshum, Dios del Fuego, cumpliría sus propósitos.

En solitario descendió por los túneles de negra roca hacia las profundidades de Cotumo Aicasse, hacia el corazón de su retorcido reino una bóveda oscura y espinada bajo un suelo de piedra volcánica, la vieja caldera del continente, apagada, durmiente, durante centenas, hasta ahora.

Su manos ardieron en su propio fuego y con el su cuerpo se iluminó como una antorcha, sembrando el oscuro recinto de llamas y desatando así el ave de fuego que llevaba dentro. Las piedras del suelo ardieron en respuesta del calor, tornándose rojas como el carbón al rojo vivo, mientras que el suelo palpitaba entonces como un corazón, que con cada latido su retumbar era mayor. El estruendo fue finalmente una explosión y el volcán antaño dormido despertó nuevamente al fin desquebrajando la bóveda de piedra que lo había guardado como un cascarón y bañando con su lava fundida las laderas internas de Cotumo Aicasse, dando a florecer al volcán largo tiempo virginal.

Las oleadas de lava y fuego bañaba el cuerpo de Osrûn Sar como una sensación agradable, sobre su cabeza el espeso humo negro y gris por la lluvia de ceniza comenzaba a flotar sobre el cielo mientras un sin fin de voces de orcos alababan su llegar entre clamor de cuernos y tambores. La larga noche había comenzado y la era de la sangre, la edad del orco, empezaba con ella.

Escrito el 12-09-2009 20:51 #3

Las huestes de Durbhosh, Rey de los Orcos, marchaban ya montaña a bajo entre un sinfín de clamor de trompetas. Sus cinco mayores servidores, los grandes capitanes del ejército del Sol Negro cabalgaban junto a él.

Un fuerte temblo sacudió la tierra sobresaltandolos a ellos, y también a sus monturas. Una gran columna de fuego y lava ascendió desde las entrañas de la tierra alimentando aún más la columna de humo negro que oscurecía el mundo. La estela de fuego ardiente se abrió y de ella emergió dos enormes alas, hasta conformar la colosal figura semejante a un águila.

-Marchad sobre la tierra, y tomad para mi hasta el último rincon de Romenor- bramó Osrûn Sar desde los cielos. -Haced de cada habitante suyo mi siervo, y haré de vosotros reyes.-

Los orcos aullaron con sed de sangre y destrucción. Su paso a través de Cotumo Aicasse se hizo más acelerado, marchando tanto por su superficie, como por sus entrañas. La nube negra se extendió en el cielo hasta oscurecer todos los pueblos libres de Romenor. La guerra había comenzado.

Escrito el 12-09-2009 22:41 #4

Cápitulo 2: La larga noche

El jaleo creciente y el repentino clamor de trompetas alarmaron a Anna, preocupada hasta entonces únicamente en Hoshan Ghân. Nerviosa se levantó de repente tomando al emperador entre sus brazos y se dirigió hacia la puerta. El crío había roto a llorar ante el susto y Anna agradeció que Thavron le abriera la puerta de la habitación mientras ella se ocupaba de tranquilizarlo. El encierro había dañado al chico, pero sabía que poco a poco volvería a ser fuerte, y haría algún día de él un gran gobernante.

-¿Qué ocurre?- exigió Anna a la primera pareja de guardias que encontró en su descenso, quienes eran los principales responsables de vigilar al emperador.

-Nada, relevante, por favor vuelvan a su habitación. No deberían estar fuera de ella- señaló uno de los guardas. Algo que a Anna no le gustó para nada.

-No parece nada. Exijo saberlo. Llévenme con vuestro superior.- La voz de Anna estaba cargada de ira, y estaba claro que no iba a atender a razones.

Los dos guardas se miraron, sin saber quizás que hacer con aquella mujer.

-Yo me quedaré en la habitación, pero permitid a mi esposa su deseo- dijo Thavron interviniendo en aquella peliaguda situación. Algo que los guardas parecieron agradecer, ya que les permitieron tomar una decisión final.

-De acuerdo, haremos que se os acompañe hasta él, mientras vuestro esposo os aguarda en vuestros aposentos- dijo el más decidido de ellos, deduciendo que la mujer no intentaría nada si sabia que su esposo se quedaba bajo custodia.

Anna pareció aceptar el trato por lo que al poco tiempo se encontraba escoltada por varios soldados Yarai. Cuando salió al patio el cielo estaba ennegrecido en pleno día, el cual se haya casi por completo oscuro.

-¿Qué ocurre?- preguntó cuando su cometida se paró frente a un grupo de soldados que recibían instrucción en el patio.

El comandante Yarai miró con sorpresa a la joven, y fulminó con la mirada a los soldados que la acompañaban. No le hacía ninguna gracia que el emperador y aquella mujer estuvieran deambulando a su antojo por la ciudad. Fue Narakattô quien se adelantó al comandante Yarai para responder a la joven.

-Una nube negra comenzó a flotar desde hace tiempo sobre Cotumo Aicasse, pero de pronto se ha extendido por todo el cielo y por los que nos han informado un gran fuego se ha encedido en la parte noreste del Mistetaure y se esta propagando con rapidez por todo el bosque. A su vez también han llegado noticias de que los orcos se están movilizando. Por lo que parece ser que la pequeña calma que teníamos se ha roto y vuelven a la guerra mientras que a los pueblos de Mistetaure nos han dejado para ser pasto de las llamas.-

-Llevadme ahora mismo a la parte más elevada de la ciudad- inquirió Anna.

-Señorita, no va a ir usted a ninguna parte, así que vuelva con el emperador de nuevo a sus aposentos- intervino el comandante de los Yarai, visiblemente molesto.

-He dicho que me llevéis ahora mismo a la parte más elevada de la ciudad- repitió la joven llena de furia.

De pronto parecía que la temperatura había descendido notablemente a su alrededor, mientras notaba la mirada dura de la joven parecía crepitar como un mar en plena tempestad. El comandante se descubrió aceptando la exigencia de la joven y llevándola como había pedido al punto más alto de la ciudad. O al menos al punto de mejor visibilidad que había más próximo.

Nada más llegar notó como nuevamente la temperatura bajaba y un viento frío sacudía sus huesos. En el cielo las nubes negras mas cercanas parecieron crecer con tonos grises y azules, algo que pareció extenderse mientras el viento helado se hacia cada vez más intenso. Cuando este frío comenzó a suavizarse una fuerte lluvia comenzó a caer sobre la ciudad y el bosque, y hasta donde alcanzaba la vista, aunque aquello era decir poco, pues con la fuerza que caía poco se veía.

La mirada del comandante abandonó por un momento el paisaje que ofrecía ahora la lluvia y contemplo el rostro de la joven que mantenía la vista fija en el horizonte. El azul de sus ojos era ahora intenso y casi se podía decir que brillara.

Escrito el 20-09-2009 00:42 #5

El viaje de regreso transcurrió sin problema alguno. Solo el cansancio hacia algo de mella en el grupo, algo mayor que el que había partido hacia Tumbolocea gracias a las incorporaciones de varios soldados procedentes de Porthos. Hacia horas que se habían adentrado en Mistetaure y ahora abandonaban la cercana ciudad de Lathûr. El invierno parecía haber llegado con premura a aquel lugar, y un manto de nieve se había extendido en su camino mientras que la nieve caía suave aunque sin pausa. El ambiente parecía haberse agitado ya ante la oscuridad del cielo, las ciudades como Lathûr, al igual que otras a su paso, contenían el aliento como si parase el tiempo, mientras todo habitante capaz se preparaba para una guerra anunciada.

No eran buenos tiempos. Y sin embargo la mente de Norno había quedado ajena de todo aquello hacia bastante tiempo. Cuando habían pasado Lathûr no pudo resistir más y se dirigió entonces al grupo:

-Nilme Istyalvao se alza poco más adelante. Yo me adelantare a vuestra llegada pues creo que hay aspectos que requieren de mi presencia lo antes posible.-

Y sin mediar más palabra, el maia aceleró su paso desapareciendo entre el frondoso bosque. Hacia bastante que había comenzado a sentir aquella presencia y no había podido evitar que cada vez aquella sensación se había incrementado más. Había demasiado en juego para esperar. Y si su hermano se encontraba en Nilme Istyalvao tendría que enfrentarse a él sin mayor demora.

Los árboles quedaron atrás y la ciudad se alzo entonces ante sus ojos. Los Yarai parecían ya dispuestos para la defensa, vigilantes en los muros. Su mirada se dirigió sin saber porque a una de las torres de la ciudad. En ella logró divisar la extraña mujer a quien llamaban Anna, había algo raro en ella. Su mirada fue entonces de ella a la pequeña figura que llevaba en brazos. Era él sin duda. Hoshân Ghân, el emperador de Nomhaldad, el verdadero. ¿Pero si él no era?...

Las puertas de la ciudad se abrieron a su paso. Intercambió saludos rápidos, algunas indicaciones y siguió a paso rápido. Su mente se dirigía sola a una de las torres, como dirigía el mismo. A su paso por las escaleras se topo con varios puestos de vigilancia, lo que le evito la necesidad de alarmar a nadie. Cuando ya se encontraba casi en la cúspide de la torre abrió la puerta de una habitación. Era amplia, provista de una cama grande, escritorio, y todo mueble necesario para dar lugar a un aposento bien acomodado. Frente a la ventana una figura lo contemplaba de pie junto a una silla.

-Te esperaba, hermano.- La voz de Thavron era amable y sus ojos y labios casi sonreían.

Escrito el 20-09-2009 00:46 #6

Según el Anciano se adentraba por las calles de Nilme Istyalvao, le recorría una extraña sensación; la visión del pequeño Emperador le había revelado que los Gimlazar estaban en lo cierto: Balcnîn le había engañado utilizando el Oráculo.

Pero aún sentía la cercanía de su Hermano, quizá Zirân y los suyos estaban en lo cierto, podía estar siendo controlado sin saberlo por su Hermano, Él lo conocía mejor que nadie y había sabido utilizar sus debilidades para engañarlo y hacerle secuestrar a un pobre niño inocente.

Norno continuó acercándose a la torre donde se encontraba el Emperador con la mente nublada por las dudas, pero un presentimiento se apoderó de él y comenzó a ascender uns torre cercana, cuando se hallaba casi en la cúspide se encontró con una extraña figura:

-Te esperaba, hermano.

-¿Qué haces Tú aquí?Qué pretendes ¿atacar Nilme Istyalvao desde dentro y fuera al mismo tiempo?

Siempre albergué una pequeña esperanza de que no te atrevieses a ésto... cuando dejaste de buscar los Taltarili incluso pensé que quizás habías entrado en razón... pero ahora veo que estaba equivocado

Habla ahora, rápido, dame una razón para que no te parta en dos aquí y ahora

Los ojos del Anciano estaban fijos y llenos de furia, buscando los de su Hermano, mientras su mano izquierda se aferraba con fuerza a la empuñadura de su espada.

Escrito el 20-09-2009 18:43 #7

Balcnîn miró a su hermano con rostro tranquilo.

- No tengo ningún interés de atacar esta ciudad ni ninguna otra, ni desde dentro, ni desde fuera. No soy yo el enemigo esta vez. Eso te lo puedo asegurar, aunque no espero que me creas.-

Las mano de Norno seguían en la empuñadura de su espada, y su rostro seguía igual de severo. Balcnîn siguió hablando mientras se sentaba en la silla, siempre con la mirada fija en su hermano.

-No mentiré, si deje de buscar los taltarils fue porque tras que advirtieras a los pueblos de Romenor de su existencia, pusiste más fácil mi acceso a ellos. No tendría que realizar movimiento alguno, ni mostrarme, ya que la avaricia de cada pueblo se encargaría de recoger por mí cada uno de los taltarils existentes. Estando siempre en mis manos, gracias a la soberbia y la sensación de una seguridad aparente. Sin embargo, si perdí interés en ellos con el tiempo pues, a pesar de mi meticuloso plan, hubo algo que gano en importancia a mi venganza. Hoy por tanto os enfrentáis a Osrûn Sar, no a mí, pues reconocería ese estilo soberbio, temerario y chapucero en cualquier sitio. Deduzco que nuestro "amigo" cuervo tomó uno de los taltarils que estaban ya localizados en las manos de los clanes, y liberó su poder devolviéndolo antes de que se dieran cuenta. Ahora que cuenta con el poder de uno de los taltarils y la servidumbre de los orcos, ha decidido tomar la sartén por el mango, ahora que ninguno de los maias en esta tierra podemos hacerle ahora frente.

Si no huí al sentir tu presencia aproximándose, algo que bien podría haber hecho, no fue por querer un enfrentamiento. Si me he mantenido en este lugar es para ofrecerte mi ayuda.-

Escrito el 20-09-2009 19:22 #8

Norno sentía una extraña sensación al volver a estar en presencia de su hermano, por lo que siguió conversando con él:

-Cierta verdad se puede entrever en tus palabras... tú siempre fuiste más sutil en tus acciones, este ataque tan agresivo parece no ser obra tuya.

Pero aunque realmente sea obra de Osrûn Sar... puede que tú le ordenases realizar un ataque sobre Rómenor "a su manera"...

Tu buena voluntad al no huir de mí no es suficiente, pues mucho hay en juego... muéstrame al viejo Cuervo en posesión del Taltaril y entonces te creeré... jamás cederías una Joya a ninguno de tus sirvientes.

Escrito el 21-09-2009 16:39 #9

-Osrûn Sar nunca fue un sirviente realmente, solo alguien quizás con mis mismos propósitos. No puedo demostrar que posea la joya, porque por lo que se todas se encuentran aun en sus respectivos lugares. Sin embargo creo que si puedo demostrar que la uso, pues de otra forma no tendría tal poder.-

Balcnîn se acerco a la ventana, que húmeda y fría se encontraba escarchada.

-No puedo llevarte tan cerca de él como para que lo vieras por tus propios ojos, pues ambos estaríamos en peligro, más quizás yo, que me descubriría y no sería bien recibido. Sin embargo la luz queda suspendida en el aire por la humedad, y a veces solo hace falta traer esa humedad.-

La imagen borrosa de la ciudad y el Mistetaure quedó entonces relegada por otra bien distinta, la de un ave de fuego. A decir verdad no era semejante a lo que antaño fue Osrûn Sar, sin embargo la presencia de aquella imagen daba la sensación de que inequívocamente era él.

-El tiene el poder de un taltaril, cosa que nosotros no tenemos, el tiene un inmenso ejercito que ensombrece a cualquiera de los distintos pueblos de esta tierra. A nuestro favor tenemos que como maias somos más, y que si conseguimos que todos los pueblos se unan, dispondremos de una fuerza capaz de enfrentarse a la de los orcos.-

Escrito el 21-09-2009 16:49 #10

Norno contemplaba preocupado la imagen recién revelada de aquel Ave de Fuego, sin duda Osrûn Sar poseía de alguna manera el poder de una Joya de fuego y conocía a Balcnîn lo suficiente como para saber que no había sido él quien se la había cedido. Por tanto, su hermano le estaba diciendo, al menos de momento, la verdad... aunque desconocía qué se proponía hacer después.

Sin embargo, la amenaza del ejército orco era grave y urgente, por lo que decidió confiar de nuevo en Balcnîn, al menos hasta que desapareciera la amenaza de Osrûn Sar:

-Está bien... puedes contar con mi ayuda, aunque este cuerpo limita bastante mi poder y no creo conveniente deshacerme de él... así que deberemos contar con la ayuda del resto de pueblos de Rómenor y no creo que vayan a ayudarte fácilmente.

Historia finalizada.